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6 min
El examen de su vida
Suspense |
08.07.18
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Sinopsis

Una reflexión para un tema de actualidad...con cierta exageración

Aquel domingo Christian la pasó encerrado en la habitación del sexto piso en una de las avenidas más céntricas de Toledo. Era un fin de semana caluroso y soleado del mes de junio y se preparaba para examinarse de la selectividad, por lo que estaba nervioso y responsabilizado, ya que el resultado de esa prueba definiría  parte de su futuro y, quien sabe también, si de su vida.

Su pequeño cuarto de poco más de 10 metros cuadrados, le aislaba de todo aquello que pudiera distraerle. Una pequeña ventana que asomaba hacia la Calle Mayor, era el único vestigio que le hacía recordar que aún existía vida, que los coches rujían, que las personas caminaban y que el intenso sol resplandecía.  Cada cierto tiempo se levantaba de la mesa buscando que sus piernas no se acomodaran en una  única posición y que su mente pudiera por un momento evadirse de los conocimientos  que su cerebro intentaba guardar y su memoria recordar. Algebra, física cuántica, números, fechas, nombres que parecían  como datos sin sentido, y  que le hacían perder hasta la noción del tiempo. Pero ese tiempo corría más rápido aún de lo que imaginaba y la fecha del examen  cada vez estaba más próxima y  la prórroga no era posible.

Necesitaba descansar pero no debía, relajarse pero el paso del tiempo lo impedía. Sabía que el esfuerzo merecía la pena, pero esa intensidad parecía exagerada. Su teléfono permanecía en silencio y sus padres, de los que una fina pared les separaba, actuaban con tal sigilo que parecieran no habitar en la misma  casa.  Esa ventana del cuarto y unos sigilosos golpes secos sobre la puerta, que anunciaban la hora de la comida, fueron su única relación con el mundo en aquél fin de semana pero, ni aun así, porque mientras comía, por su cabeza aparecían todos aquellos conceptos que debía recordar y , quién sabe ,si por una pequeña distracción, pudieran quedarse en el olvido, en el baúl de aquellos recuerdos que su mente no fuera capaz de procesar .

Aunque es probable que Christian no lo recordase pero era domingo y estaba atardeciendo ya. Se levantó de la silla en la que permanecía postrado durante todo ese fin de semana y realizó unos pequeños  ejercicios de estiramientos, primero las piernas y luego de todo el cuerpo, alzando los brazos como si quisiera tocar el cielo y cerrando los ojos para disfrutar de ese momento de relax.  Bajó sus manos   y se dirigió al pequeño ventanal sintiendo la pequeña brizna de aire que provenía del exterior, de ese mundo al que sus estudios ese fin de semana habían impedido conocer. De repente abrió los ojos y observó a  Sara, su novia,  como paseaba calle abajo, con ese porte elegante que tenía siempre, con su pelo rubio rizado que movía al compás que dictaba su paso y  esa camiseta roja ajustada a su perfecta fisonomía   y aunque no podía observarlo imaginaba ese bello rostro del que se enamoró nada más conocerla. Sucedió en un bar que frecuentaba con sus amigos.  Una noche apareció  junto a un grupo de chicas. Christian enseguida se fijó en una de ella, por sus ojos brillantes, su sonrisa luminosa, la perfecta armonía de su cuerpo. Quizás las copas de más que había ingerido aquella noche posibilitaron a Christian que se acercara a ella sin pudor  y a partir de ahí comenzaron una relación tan bonita como intensa, solo interrumpida por ese fin de semana, por ese examen al que se enfrentaba.

Desde la atalaya del sexto piso continuaba observando a su querida novia, deseando poder verla, abrazarla. Por un instante la cifras y las letras se tornaron en sentimiento, en su cerebro solo existía Sara.

Cuando…de repente un golpe seco, un grito de dolor, un coche en medio de la calle y unos metros más abajo una mujer  con una camiseta roja tendida en el gris asfalto. Las ambulancias hicieron sonar sus sirenas y las personas se arremolinaban en torno a ese cuerpo que yacía en el suelo sin prestarle   demasiada ayuda. Desde el sexto piso Christian  asomado a la ventana gritaba con desesperación, angustia y agonía  un” SARA” tan grande que silenció toda la escena. Desapareció del ventanal atravesó la puerta de la casa y  descendió las escaleras sin ni tan siquiera mirar los escalones, solo queriendo llegar cuanto antes a socorrer a su amada. En menos de un minuto ya estaba en la calle, pero para su sorpresa observó que no había ruido de ambulancias, ni tumulto de gente alrededor de su amada, ni tan siquiera los coches habían detenido la marcha fruto del atropello. Daba la sensación de que nada había ocurrido de que todo había sido fruto de su imaginación, de ese cerebro al que el exceso de información le había jugado una mala pasada, de que había visionado por error algo que nunca ocurrió.

Cuando se dirigía hacia casa nuevamente, aun pensando y suspirado por lo que afortunadamente no ocurrió,  divisó en la lejanía a una chica con una camiseta ajustada roja,  de pelo rubio  y que se desplazaba con rapidez y elegancia calle abajo. Pensó que aquello era lo  que había imaginado desde su habitación. Pensó que debía evitar el atropello por lo que salió corriendo gritando nuevamente y en repartidas ocasiones el nombre de su novia que pareciera no querer  oírle., Su única obsesión era  llegar a ella para evitar que cruzara la calle.

De repente un golpe seco, un grito de dolor y un cuerpo tumbado en el gris asfalto. La gente se arremolinó alrededor de ese cuerpo yacente y pronto los sonidos de las ambulancias daban paso a los servicios de emergencias.

Entre el grupo de gente que  se arremolinaba junto al cuerpo  había una mujer con una camiseta roja,  pelo rubio y rizado que observaba en la lejanía el tumulto.

Desafortunadamente y  a pesar de haber estudiado todo el fin de semana, Christian no pudo presentarse al examen. Un tremendo atropello le dejó postrado en una cama del Hospital Provincial de Toledo.

 

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  • Es bueno el texto, capta el interés desde el comienzo y lo mantiene con un lenguaje ágil y efectivo; pero me parece que el final apela más a la confusión que a la habilidad del narrador, y convierte el relato de suspenso en relato fantástico. Creo que puedes mejorarlo. Saludos. Un abrazo.
    Excelente, un relato sorprendente
    Buen relato y giro final en la historia. Se mantiene el interés desde la aparición de la novia hasta el desenlace. Saludos
  • Solo nos damos cuenta de lo importante,cuando nos falta.

    Tan fea era que hubo que sacar una Ley por la cual se multaba a quien osara exponerla en público.

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