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15 min
El extraño pasajero.
Suspense |
13.06.14
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Sinopsis

Cuando vas conduciendo de noche, por una carretera solitaria, cualquier cosa puede suceder... Publicado en su momento por entregas, he aquí la versión íntegra para los que no lo leyeron entonces.

 

El auto se deslizaba veloz por la espaciosa carretera. Pilotado por experta mano, trazaba las curvas con maestría y devoraba ávidamente las rectas, desplazándose con suavidad y seguridad sobre el asfalto. Tras su estela vertiginosa, se arremolinaban las últimas hojas del otoño, que flotaban un momento en el aire, para caer de nuevo, quietas y muertas.
Los potentes faros rasgaban la oscuridad de la noche. Noche negra de Luna Nueva y el cielo velado por negros nubarrones, barruntando tormenta. Frías ráfagas de viento soplaban por momentos, agitando los toxos y las xestas que poblaban los márgenes de la carretera y sacudiendo las copas de los robles, abedules y pinos que, cual guardianes silenciosos, flanqueaban la marcha del vehículo.
Aferrando con fuerza el volante, Paloma Martín sonreía meneando la cabeza, mientras escuchaba las declaraciones de Jesús Gil sobre el árbitro de turno. Aficionada al fútbol desde pequeña, seguía con interés todo lo relacionado con este deporte.
Además de joven, guapa y morena, Paloma es profesora de EGB en un colegio de los Oscos y este viernes de finales de Noviembre del año 1993, regresa a su domicilio, tras una tediosa reunión del claustro de profesores, más larga de lo previsto.
Moviendo con habilidad la palanca de cambios, Paloma remontó una cerrada curva en cuesta que bordeaba un bosquecillo de robles. La fuerza del viento había aumentado y las furiosas ráfagas doblaban violentamente las ramas de los árboles, amenazando con partirlas. La joven las miró intranquila y apretó el acelerador para alejarse de la zona boscosa. El vehículo, potente y fiel, superó con facilidad la pendiente y alcanzó el campo abierto. Aquí la carretera discurría en llano, por la cima de una colina, entre grandes extensiones de pastizal, algunos matorrales y esporádicos grupos de pinos.
Nada de esto veía, sin embargo, Paloma, cercada por el espeso manto de oscuridad, roto sólo por una estrecha franja, delante del automóvil. En la radio había finalizado el programa deportivo y daban el parte informativo: otro atentado de ETA, un par de manifestaciones, varias declaraciones de políticos atacándose mutuamente, las últimas acciones de serbios y croatas...en fin...lo de siempre.
Paloma deseaba que un día ocurriera algo emocionante y diferente, algo sorprendente que rompiera la monotonía de la vida del mundo: una visita de marcianos, un enorme meteorito acercándose a la Tierra, el monstruo del Lago Ness, El Hombre de las Nieves, el hombre lobo paseándose por Nueva York. ...La joven entornó los ojos, soñadora, evocando todas estas cosas. Luego, los abrió de golpe, al divisar la forma blanca en mitad de la carretera.
Reprimiendo un grito, clavó los frenos. El coche se detuvo con un chirrido de neumáticos a escasos centímetros del inesperado obstáculo. Los perfiles del mismo, en un principio confusos y nebulosos, se habían definido con inquietante nitidez: un hombre, tocado con gorra y luciendo un impermeable de color claro, estaba plantado en mitad de la carretera. Tenía los brazos extendidos hacia delante, abiertas las palmas de las manos, como queriendo protegerse del golpe o detener el vehículo.
Paloma respiró hondo, desplomándose en el asiento. Le temblaba todo el cuerpo y el corazón galopaba en su pecho. Las manos del hombre rozaban prácticamente el morro del coche: medio metro más y lo hubiera atropellado. Superada la terrible impresión de los primeros segundos, la chica recuperó un poco la presencia de ánimo y observó al extraño e imprudente personaje que tenía delante, sin atreverse, de momento, a abrir la puerta. A la luz amarillenta de los faros, estudió los rasgos faciales del individuo que aparecían deformados por una mueca de intenso terror: una alucinante mezcla de sorpresa y miedo que parecía haberse congelado en su rostro. Las ráfagas de viento hacían ondear los faldones de su impermeable, una especie de guardapolvo, y la lluvia, que había comenzado a caer, azotaba su cara. Paloma observó fascinada como las gruesas gotas rebotaban en la visera de la gorra negra. En el centro de la misma, la joven maestra acertó a distinguir un pequeño bumerang de color rojo que le resultó familiar y, por un momento, aquel dibujo absorbió toda su atención, porque añadía una nota de color al siniestro aspecto del individuo.
A todo esto, el hombre del impermeable y la gorra negra con anagrama rojo, parecía ignorar por completo las inclemencias meteorológicas. El tipo permanecía perfectamente inmóvil e impasible, las piernas separadas, los brazos tendidos y el gesto de profundo espanto reflejado en sus ojos, desmesuradamente abiertos.
Por la cabeza de Paloma desfilaron varias conjeturas sobre la naturaleza del asunto, dudando si se encontraba ante un loco peligroso o ante un bromista de muy mal gusto. Decidiendo finalmente que, fuera lo que fuese, no parecía persona propicia para entablar una relación amistosa, la joven maestra pisó el embrague para meter la marcha atrás.
El individuo bajó los brazos y se aproximó al coche con pasos apresurados. Antes de que Paloma pudiera reaccionar, sorprendida por su brusca movilidad, el hombre abrió la puerta y se introdujo dentro del vehículo. La inquietud de antes dio paso al miedo y Paloma se temió lo peor. Escenas de películas y noticias de asaltos, violaciones y macabros asesinatos estallaron en su mente en sucesivos fogonazos. Su corazón volvía a latir con fuerza y un reptil helado y viscoso comenzó a deslizarse por su estómago, su vientre y sus piernas. La angustia y el pánico la inmovilizaron momentáneamente.
Luego, tras unos segundos que parecieron interminables, y después de constatar que el invasor no se mostraba agresivo, Paloma se tranquilizó un poco y decidió enfrentar la insólita situación pidiendo explicaciones al individuo por su incalificable actitud. Al fin y al cabo, no está nada bien andar por ahí asustando a la gente de noche y colándose en el coche de uno sin preguntar como si fuera un taxi en hora punta. Así que, respiró hondo y se volvió hacia su singular pasajero: Este parecía haber recuperado su pertinaz inmovilidad y permanecía impasible mirando al frente, con las manos cruzadas sobre el regazo.
Paloma carraspeó, intentando que su voz sonara tranquila:
- ¿Qué quiere?
El individuo contestó sin girarse:
- Lléveme a San Martín, por favor- su voz sonaba ronca, pero educada.
- Pero....
Paloma trató de elegir con cuidado las palabras. Se sentía como una equilibrista caminando sobre un hilo muy fino, tendido sobre un barranco sin fondo. Cada sílaba era un paso que podía arrojarla al terrible vacío, acechante bajo sus pies. Sorprendida ante aquel repentino cambio de modales, la brusquedad de antes y la amabilidad de ahora, Paloma se quedó un momento indecisa. Abrió la boca para replicar, pero en vez de eso, asintió, puso la primera y aceleró suavemente. Al fin y al cabo, San Martín quedaba cerca, unos tres kilómetros, más o menos, y el tipo ya no parecía tan peligroso.
El viento y la lluvia habían arreciado y caía un auténtico diluvio, de forma que los limpias apenas daban abasto y la visibilidad se había reducido considerablemente. Por un momento, Paloma tuvo la sensación de estar participando en una mala película de miedo: la noche, el viento, la tormenta, el singular pasajero; todo parecía preparado para crear el adecuado clima donde desarrollar la representación. Bueno, se dijo para si, esperemos que, al menos, la película termine bien. Como para asegurarse de que esto sería así, miró de soslayo a su acompañante y se encontró con unos ojos helados que la escrutaban maliciosamente.
-¡¿Qué?! - Paloma respingó y estuvo a punto de perder en control del coche.
- Me bajo aquí- susurró él, moviendo apenas los labios.
La chica detuvo el coche y se encaró con su pasajero. La expresión de amenaza que había creído leer en su rostro y que tanto la había asustado, había desaparecido. Ahora la miraba con una expresión mezcla de miedo y sorpresa y la joven casi sintió pena por él.
- ¡¿Aquí?! - Paloma señaló incrédula el desolado paraje, azotado por el viento y la lluvia- pero... ¿no quería ir a San Martín?
El pasajero volvió a mirar al frente y señaló la pronunciada curva que, unos metros más adelante, partía un bosquecillo de pinos y abedules. Luego habló y lo hizo con naturalidad, la voz ronca y educada, sin modular.
- Iba a San Martín, pero me maté aquí y no pude llegar.
La joven maestra parpadeó, mirándolo sin comprender. No había oído bien; es decir, sí había oído, pero claro, aquello no podía ser.
- Perdón ¿Qué ha dicho? Me parece que no he entendido bien.
El hombre se volvió hacia ella y la miró directamente a los ojos. La expresión de dolor y pena se había acentuado en su demacrado rostro. Habló otra vez y su voz, lejana y cavernosa, estremeció a la joven:
- Me maté...Hace un año que estoy muerto...Y ahora...debo regresar.
Atónita y aturdida, Paloma observó cómo los ojos de su extraño pasajero giraban dentro de sus órbitas y quedaban en blanco. La piel de su pálido rostro se tensó y reventó en los pómulos y mejillas, descubriendo la carne y el hueso; los labios tumefactos se abrieron con un chasquido seco y la lengua, negra e hinchada, asomó entre ellos, como la cabeza de una culebra saliendo de su agujero. Bruscamente, el horrendo ser extendió su brazo izquierdo y una mano esquelética aferró la muñeca de la joven. Paloma gritó. El fantasma acercó su rostro al suyo:
- Tengo que regresar - repitió - Y tú vendrás conmigo.
Paloma percibió el fuerte olor a cadáver y se desmayó.
El aire frío, que entraba a través de la ventanilla entreabierta, despertó a la joven maestra, liberándola de su pesadilla. Paloma sacudió la cabeza y se restregó los ojos, tratando de hacerse una composición de lugar. Las imágenes del sueño permanecían vívidas en su mente y se estremeció recordándolas. Unos pinchazos sordos en las sienes la situaron de nuevo en la realidad. Recordó el calmante que se había tomado para aliviar la jaqueca, justo al salir de aquella insoportable e interminable reunión. La receta advertía de que "podía producir somnolencia si se mezclaba con bebidas alcohólicas". A lo largo de aquel día había ingerido tres o cuatro y no pensaba en la receta cuando se tomó los vinos. Por lo visto, el efecto se había acumulado y al final se produjo la "fatal reacción".
Con cierta dificultad, Paloma recordó el desagradable aturdimiento y la pesadez de párpados que la habían obligado a desviar el coche a la orilla de la carretera, en un barrizal rodeado de matorrales. Después apagó la radio, recostó el asiento y se deslizó, apacible e irremediablemente, hacia el mundo de la inconsciencia. Y en ese mundo había permanecido...consultó su reloj y respingó palmeándose la frente:
- ¡¡ Las 10 y media!!... Es decir...a ver... un momento - Paloma hizo rápidos y apresurados cálculos - ¡Había estado dormida 2 horas y media! ...¡Caramba con las pastillitas! La joven se prometió a si misma que, a partir de ahora, se tomaría más en serio las indicaciones de las recetas.
Ya con la cabeza más despejada, volvió a conectar la radio, arrancó el coche y se incorporó a la carretera. Pensó que, después de todo, era una suerte no tener a nadie en casa preocupado por su tardanza. La noche era muy oscura, sin Luna y con el cielo cubierto. Aunque en ese momento no llovía, lo había hecho con anterioridad, como atestiguaba el asfalto reluciente y la hierba de los márgenes, brillante bajo la luz de los faros.
Paloma redujo al llegar a una curva y, una vez superada, puso de nuevo cuarta y pisó el acelerador, ansiosa por llegar a casa. En la radio Jesús Gil arremetía contra la UEFA, la FIFA y el PSOE; Los serbios bombardeaban Sarajevo. A la chica le pareció que todo aquello ya lo había escuchado antes... ¡Claro!.. ¡La pesadilla! ...Pero había sonado muy real, como si lo oyera de verdad...Y sin embargo, cuando despertó, la radio estaba apagada... ¡¡LA PESADILLA!!...Que curioso... Hace un momento, la había olvidado por completo.
Los detalles del sueño irrumpieron bruscamente con espantosa claridad: el impermeable gris ondeando al viento, la gorra negra con el dibujo rojo, los ojos blancos, la lengua hinchada, ... el contacto duro y frío del hueso en su muñeca...Instintivamente, se la frotó, mientras un escalofrío la sacudía. Y ¡EL OLOR!... ¡El horrible olor!... Qué curioso, recordaba el olor...Que tontería: un olor no se puede recordar...A menos que... Sí... ¡Lo estaba oliendo, realmente lo olía otra vez!
Paloma respiró hondo, sacudió la cabeza y luego se echó a reír, al percatarse de lo ridículo que resultaba todo aquello. Había comenzado a llover de nuevo y una espesa cortina de agua, impulsada por un fuerte viento, azotaba inmisericorde el vehículo. El martilleo del agua se mezclaba con las voces indignadas que condenaban la nueva acción criminal de la banda terrorista, en la capital de España. Paloma esbozó una mueca de disgusto y apagó la radio. Empezaba otra vez el dolor y el ruido la molestaba. Los ecos de la noticia quedaron flotando en su mente.
- "Vaya día que llevamos" - pensó distraídamente- " Dos atentados en menos de..." Y entonces cayó en la cuenta de que sólo éste era real, el otro lo había oído en su sueño. - ¡Qué curioso! - Paloma sacudió la cabeza haciendo ondear su hermosa melena negra - : El cabreo de Gil, el atentado, la lluvia, el viento...todo igual que en su sueño. Había oído que estas cosas sucedían a veces, pero nunca se lo había creído demasiado.
Al final de la larga recta, justo al iniciar la pronunciada curva hacia la izquierda, había un hombre de pie en mitad de la carretera. Vestía un impermeable de color claro que ondeaba sacudido por el viento y se cubría con una gorra negra con anagrama rojo. Tenía los brazos extendidos al frente, como pidiendo auxilio.
Paloma lanzó un grito, aferró fuertemente el volante y apretó el acelerador. Las imágenes del espantoso sueño la acosaron, al tiempo que el olor a muerto retornaba por momentos, haciéndose insoportable. Todo ocurrió en unos pocos segundos, pero a la joven maestra le parecieron eternos. El tiempo pareció congelarse y la chica tuvo la sensación de que el coche se detenía, mientras la fantasmal aparición se aproximaba rápidamente a través de la espesa lluvia. Paloma observó, aterrada, que el rostro del hombre, así como sus ropas, estaban cubiertos de sangre, lo cual le hizo perder el poco sentido racional que le quedaba.
El ruido del brutal impacto se mezcló con el histérico chillido de la chica. Después, a más de 100 por hora y fuera de control, el viejo y fiel Chrysler 150 destrozó la valla de protección y se precipitó por el barranco. Segundos más tarde estallaba en llamas.
La noticia apareció en grandes titulares, dos días después, en la página de Sucesos.
EXTRAÑO ACCIDENTE EN LOS OSCOS
San Martín de Oscos. J.J. -: Un extraño y espectacular doble accidente tuvo lugar ayer en la carretera comarcal Vegadeo - Pesoz, a la altura de San Martín de Oscos. Un Chrysler rojo, matrícula O - 4529 - Z, se salió de la calzada y cayó a un barranco, tras arrollar la valla. Su ocupante P.M.R., joven maestra de la zona, pereció carbonizada. Al parecer, la excesiva velocidad del vehículo sobre el piso mojado provocó el fatal desenlace.
Lo curioso del caso es que, justo unos metros más atrás, unos 100 aprox., se produjo otro accidente, prácticamente a la misma hora: un joven viajante de comercio que conducía una furgoneta de reparto, perdió supuestamente el control de la misma y se fue monte abajo. El vehículo, con la parte delantera destrozada, fue localizado a unos metros de la carretera, en un bosquecillo de pinos y matorrales.
Lo extraño del asunto es que el cadáver del hombre apareció en la cuneta, recostado contra la valla. Ni la policía ni el forense se explican cómo pudo subir hasta allí, puesto que las terribles heridas que presentaba deberían haberle causado la muerte en el acto: rostro totalmente destrozado, cráneo reventado con salida de masa encefálica, pulmones perforados por varias costillas, una de las cuales había dañado el corazón, y otras múltiples fracturas por todo el cuerpo. En el momento del accidente, vestía un impermeable de color claro que apareció completamente desgarrado y cubierto de sangre.
En medio de la carretera, justo sobre la línea continua blanca, yacía, como mudo testigo de la tragedia, una gorra negra con un anagrama rojo en forma de pequeño bumerang.

                                                                            FIN

 

 

 

 

 

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  • Puedo decir poco más...en este caso se cumple la maxima de que no hay historias buenas o malas, sino historias bien o mal contadas. Sabes crear un ambiente que se palpa, unos dialogos creibles, e impregnar el relato de una tension que te atrapa, y te invita a seguir leyendo...Excelente amigo Paco. Disfruto en mis trayectos de metro descubriendo historias como esta...Disculpa la ausencia de tildes pero en el movil es complicado
    Un relato genial, Paco. Suspense y horror puro y duro. Y una nueva y original versión del mito de la chica de la curva. Creas una tensión y una atmósfera palpable con esas descripciones. Muy bueno. Saludos.
    ¡SENSACIONAL! Me atenido enganchado a su lectura desde el principio al fin. Un fuerte varazo.
    Genial, lo mejor que he leído desde hace días.
    Leí en su día parte del relato. Ahora completo, se degusta mucho mejor. La vida y la muerte retratadas como parte de un todo.- Un saludo
    Muy bueno, inspirado en la chica de la curva me parece. Pero al menos le das un mejor final que es típico "fue a su casa y su madre le dijo que habia muerto hace años". Y es interesante como conbinas el sueño premonitorio en la historia. Además me agrada la variedad de palabras que usas. Saludos.
    relato muy bonito muy buena imaginacion :-)
    Relato ambientado en una zona preciosa que he tenido el gusto de visitas varias veces y que siempre me sorprende. Eso sí, nunca he encontrado un fantasma en una curva pero me fijaré la próxima vez. Como siempre narrativa exquisita y un final que te deja pensativo. Un saludo.
    Impresionante la revisión del mito de la chica de la curva mezclada con la inevitable visita anunciada de la muerte, como siempre espectaculares las descripciones que te meten en el ambiente y crean el clima perfecto de misterio y terror, un placer leeerte Paco, un saludo.
    Perdón, puse el comentario que le había hecho a Pielfría en su relato. Tu relato , de misterio y casi terror ,con final sorprendente, vuelve a ser una clase de narrativa. El simple hecho de leerte, creo que ya te lo he dicho alguna que otra vez, hace que valga la pena pasarse por esta página. Un abrazo y perdona por el error.
  • Las guerras dejan muchas heridas; a veces, las peores son aquellas que no se ven...

    Desde siempre, las noches de Luna llena han sido escenarios abonados donde germinan las historias más singulares...

    42 minutos....2.520 segundos....ni uno más, ni uno menos... es el tiempo que tiene José Villamañe para localizar el cofre con los 7 lingotes...

    HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

    HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    Y en búsqueda de los 7 lingotes, llegamos al capítulo VII. A medida que se acerca el final, la carretera se empina cada vez más y las curvas retorcidas se vuelven más traicioneras por momentos...

    Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

    Enigma tras enigma, José Villamañe sigue aproximándose a ese tesoro oculto...

    Paso a paso, enigma tras enigma, minuto tras minuto, José Villamañe sigue acercándose al preciado tesoro con un valor estimado de 252.000 euros.

    José Villamañe continúa la carrera contrarreloj para descifrar los enigmas que le permitan encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

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Desde niño, he tenido en los libros a mis mejores amigos y "quién tiene un amigo, tiene un tesoro " ; al día de hoy, sigo buscando cofres enterrados y disfrutando del botín. Os invito a conocer mi blog: castroargul3.blogspot.com.es

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