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5 min
El factor M, II parte.
Ciencia Ficción |
30.09.15
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Sinopsis

Segunda parte de ''El factor M''.

Luego de asesinar a Blair, Walker levantó la vista y observó a su alrededor: no había ningún ser vivo, no había ninguna entidad a la que pudiera despojar de su esencia, lo cual era el único ímpetu que movía su poseída mente. Ante esto, el granjero reunió varias bocanadas de aire, y corrió rápidamente hacia la casa del difunto, con el objetivo de acabar con su esposa, ahora viuda.

En un minuto cruzó una buena parte del valle, hasta llegar a su objetivo. Entonces, sin ningún gesto cauteloso ni ningún sigilo, derribó la puerta e irrumpió en el interior de la vivienda.

Sus ojos furiosos buscaban a la viuda. Pasó por todas las habitaciones, sin encontrarla, lo cual aumentó su ansiedad y desesperación.  El dedo en el gatillo de la escopeta no aguantaba más. Su cuerpo estaba cada vez más tenso, pero insistió en quedarse allí, pues sabía que la señora tarde o temprano aparecería.

Y apareció, pero no de la mejor manera para Walker, pues un sartenazo en la cabeza casi lo noqueó, dejándolo en el suelo, aullando de dolor. La señora Blair, asustada por la presencia de la escopeta, pateó el arma un par de metros, y se dispuso a inmovilizar al victimario, golpeándolo un par de veces más, hasta dejarlo inconsciente.

A continuación, llamó a la estación de policía más cercana:

-¿Aló? Habla Anne Blair, ¡Necesito que vengan rápido!- dijo con voz inquieta.

-¿De qué se trata?- preguntó el policía.

- Un vecino se volvió demente y me quería matar, lo tengo acá, está inconsciente- respondió rápidamente la señora Blair.

-Vamos en seguida- replicó el agente, colgando la llamada.

Un poco más calmada, Anne Blair ordenó un poco su turbado pensamiento, y atinó a pensar en su marido: ¿Estaría bien? ¿O habrá tenido un encuentro con este loco que, seguramente, hacía tanto ruido hace un rato?

Preocupada por Owen, la señora Blair salió rápidamente de la casa. Sus avejentadas extremidades no cooperaban mucho en la tímida caminata, pues el agudo estrés al que recién se  enfrentó había terminado por debilitárselas aún más. Sin embargo, el nexo que lo unía con su pareja era más potente, así que no tuvo intenciones de rendirse.

Luego de buscar por unos minutos, sin éxito alguno, Anne percibió una presencia extraña. Sintió que, por el otro costado del valle, por ahí donde estaba su casa, un individuo vacilaba. Para comprobarlo, volvió las espaldas y agudizó su visión. En efecto, una mancha con una evidente forma humana caminaba por ahí, lo que hizo pensar a la viuda que el agente de policía ya había llegado a su hogar.

Ya que era más preciso y seguro estar con el agente, Anne dirigió sus pasos de vuelta a la residencia Blair. Sin embargo, cuando ya estuvo a cierta distancia, vio que la silueta empezaba a agrandarse, hasta que pudo distinguirla, acercándose a  rápidas zancadas. Fue entonces cuando se dio cuenta de que quién estaba merodeando por ahí era el furioso Walker, y que ahora se dirigía amenazadoramente hacia ella, con un objeto en la mano, posiblemente un cuchillo.

Ante esta visión, Anne se echó a correr a toda velocidad, huyendo del asesino que quería acabarla. Sus piernas olvidaron el estrés, la presencia de las várices y el envejecimiento, pues ahora estaban en una situación de peligro, de vida o muerte, que no tenía tiempo para esa clase de problemas.

Los nervios y la lucha por sobrevivir cegaron su orientación, por lo que fue a parar a la casa de Walker, la cual, afortunadamente para ella, conocía desde antes, producto de un par de invitaciones a tomar té que el vecino le había hecho en ciertas ocasiones.

Atinó a meterse en el baño, y mientras aguardaba la inexorable llegada del perseguidor, colocó muebles en la puerta y rogó al cielo que alguien la ayudara, que al policía se le ocurriera ir a la casa del granjero, que algún vecino curioso se aproximara…

Walker llegó un minuto después a su residencia, y supuso que su víctima estaría acorralada dentro de alguna habitación, por lo que se dispuso a atisbar en cada cuarto, hasta que llegó al baño, donde sintió a la señora Blair revoloteando dentro.

Mientras tanto, al otro lado del valle, el policía llegaba a la residencia Blair, donde le extrañó ver la puerta rota y la escopeta en el piso. Registró todo el interior, sin encontrar más rarezas que aquellas dos, llamando su aguda atención las pisadas en el pasto, que se alejaban de la casa hacia el horizonte.

El agente siguió el rastro corriendo, pues sabía que algo malo estaba teniendo lugar o, al menos, se estaba gestando. Cuando llegó a la casa de Thomas Walker, escuchó un desgarrador grito masculino, seguido de un silencio mortal, cosa que lo tensó demasiado, haciendo que su mano temblara sobre su comunicador policial, pensando en pedir refuerzos.

Sin embargo, se tranquilizó cuando vio la silueta de la señora Blair en la puerta. Se acercó a ella, diciéndole:

-¡Señora Blair! ¡Soy el agente McKoy! ¡Vine a ayudarla!

Anne Blair no respondió, sino que se abalanzó, cuchillo en mano, contra el policía, quien logró, con sus entrenados reflejos, evitar el apuñalamiento. Luego, sin vacilar sobre la verdadera índole de la viuda, se defendió sacando su revólver, apuntando a la encolerizada mujer, advirtiéndole:

-¡Señora Blair! ¡Suelte ese cuchillo de inmediato o abriré fuego!-

No obstante, ante una nueva aproximación del filo, McKoy disparó…

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    Te extraño. A casi dos años de tu partida, te dedico este poema.

    Primera parte de ''2235'', un relato de Ciencia Ficción, protagonizado por el capitán Green y sus cuestionamientos personales que lo embarcarán en un viaje a través de sus orígenes.

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