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7 min
El faro de las almas perdidas
Reflexiones |
24.07.18
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Sinopsis

Visiones retrospectivas del tiempo en un mismo espacio.

Desafiando la fuerza de aquel extraño mar, se alza el antiguo faro, originalmente centro militar, torre de control, convertido hace años en vigilante insomne de aquella peligrosa costa.

Las gélidas aguas del Átlantico norte, ascienden en olas transparentes estallando contra su base.

Bajo la claridad lunar destaca como una estación espacial, que dominase el océano de otro mundo. Es un lugar mítico, lleno de enigmas.

Una empresa compró al gobierno aquel edificio abandonado creando allí un lugar para la difusión de música electrónica, experimental, punto de encuentro de la élite cultural de la ciudad.

Artistas, músicos, productores, gurús, y bohemios de todo tipo se dan cita en ese misterioso lugar.

El faro de Okenash ha sido transformado en un enorme local circular que se eleva a una altura de vértigo sobre las mareas. Arriba, varias salas giran lentamente sobre si mismas haciendo cambiar el paisaje desde los ventanales interiores, un buen ejemplo de arquitectura móvil, que no solo se desplaza en sentido circular, además las diversas pistas pueden comunicarse en un momento dado, bajar o subir de niveles, haciendo que la gente y los distintos ambientes se intercambien con relativa frecuencia, dando la impresión de no saber donde estás. Cuando sucede, una gran conmoción se apodera del público, la gente grita y se dirige a su vez de un sitio a otro, las luces se eclipsan, se reactivan otras y nuevos colores lo inundan todo. Es como vivir un extraño sueño. Y esa música, a veces ecléctica, pero siempre sorprendente… tampoco da tregua a las emociones.

Al entrar te ponen una pulsera que registra tu identidad. Allí figura el nombre con el que quieres que te conozcan. Solo al tocarla intercambia la información con otros dispositivos similares dando acceso a tus redes contactos que puedes aceptar o no.

Amanda es mi nombre de esta noche. La voz amable de una androide de ciencia ficción habla como si nos invitase a un viaje más allá del sistema solar, diciendo:

“Bienvenidos soñadores, ajustad vuestros cinturones porque vamos a entrar en un nuevo principio.”

Y su última palabra se repite en un eco durante unos instantes. Los focos suben hasta escalas lumínicas donde nada puede verse y luego, de nuevo, la penumbra,

coloreada débilmente con mandalas de líneas ultravioleta que lo cubren todo. 

Dibujos geométricos a partir de luz invisible ¿Como lo hacen? 

Siempre me he preguntado que pasa cuando dejo que un láser verde o azul penetre en mis pupilas. Realmente, solo siento… la intensidad.

Voy a una de esas barras de cuarzo pulido que tienen un tacto tan especial, me sirven ese cóctel azulado "Nirvana" que pido. Aquí no se busca demasiado alcohol, están mejor estos cócteles, mezcla de sabores y sustancias psicotrópicas que pueden darte paz, euforia, deseo sexual, insensibilidad emocional o amor incondicional, 

tendrás lo que elijas, pero su efecto dura una sola noche.

Me siento en el suelo, en un lugar reservado donde veo girar el cielo desde enormes cristales verticales. Un chico se sienta a mi lado, no habla, lleva un anorak, y parece guapo, pero apenas se le ve con la capucha. Me resulta demasiado familiar, no deja de llamar a alguien desde su móvil. Parece nervioso y triste, llora en la oscuridad, se baja la cremallera del anorak e inclina el rostro entre las sombras dejando ver una camiseta con dibujos japoneses. ¡Conozco al autor de los dibujos que lleva! Rozo su muñeca y aparece un nombre que no me suena de nada… Él no ve como yo veo a lo lejos a una chica con falda corta y botas altas que camina a un enorme ventanal y su móvil bajo su ropa se enciende y se apaga, sin parar. Ella apoya las manos y la frente contra el cambiante firmamento.

Aviso a este chico, pensando que es a ella a quien está llamando pero...

Me sorprendo sintiendo que puedo traspasarle ¡No existe! Es solo un holograma, una sombra, la grabación de alguien que debió pasar por aquí, hace mucho.

Una pareja en un sitio aun más apartado, ajenos a todo retozan sobre los sillones, y al intentar rozarlos sucede lo mismo, ¡no son reales! Su pasión es un reflejo en el tiempo, otra grabación que se proyecta en el faro de las almas perdidas cada noche.

Hay gente que lleva bailando horas, otros andan solitarios o en grupos, riendo o bebiendo o mirando al vacío como si en sus ojos ya no quedasen preguntas. Y entonces empiezo a pensar en qué es real y qué no lo es, en este lugar, si definitivamente estoy rodeada de fantasmas o el fantasma… soy yo. Sé que únicamente la información de las pulseras sigue activa en estos hologramas.

Una nueva pista se abre y conecta, su luz relaja mis neuronas. De repente vuelvo a ver al chico del anorak allí pero con otra ropa más ligera, se que es él porque lleva la misma camiseta con dibujos japoneses. Y entonces le reconozco. Voy hacia donde está sin ningún miedo.

Habla con un grupo de amigos y clava en mí su mirada azul.

—¿Amanda? —Pregunta sin dar crédito a sus ojos

 —Sí, soy yo. —¿Ésta noche te llamas Amanda?

—¿Y tú te llamas Elihaad? —

Él ríe. —Sabes que soy John, pero también la misma persona con la que acabas de intercambiar información hace unos minutos. Rozaste con la tuya la pulsera de mi otro yo. El yo de hace 12 años, de la última noche que estuve aquí.

Miro a sus amigos y por mi expresión deduce lo que estoy pensando.

—Sí, ellos también son reales no te preocupes —me aclara. —Suponía que conocías el sistema.

—No. Solo vine aquí la primera vez. Hace 12 años… cuando la persona que más quería en el mundo me decepcionó, sin llegar a saber nunca si alguna vez le importé.

—Lo entiendo. —asintió él, poniéndose más serio.

—No. Ignoras la verdad John, mira a tu alrededor. Él se gira y vemos pasar cerca al fantasma de mi otra yo, lleva una falda corta y botas altas, su bolsillo se ilumina con llamadas que no cesan y ella sin atreverse a responder lo aprieta contra su corazón y de nuevo lo guarda llorando, apoyando las manos y la frente contra un enorme cristal. Al otro lado de la sala, el chico del anorak no para de llamarla con desesperación pero ninguno de los dos ve al otro. El chico del anorak arroja su teléfono contra el suelo haciéndolo trizas, en el momento en que ella, venciendo por amor al miedo le responde… con una llamada perdida en la nada, que durante 12 años queda oculta en los pliegues del tiempo. Como un mensaje lanzado al mar sin destino.

Y desde el faro de las almas perdidas vemos lo que fuimos, lo que hicimos… y lo que no sabíamos. Y nuestras miradas se abren con asombro, con esa certeza que precede... A la intensidad.

2018 —all rights— Marian Vanderlest. Todos los derechos reservados.

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Joven pintora y escritora. Estudié un Grado superior en Geografia e Historia en la UNED, y realizé también estudios de Artes y oficios. Hace años publiqué un libro de relatos "El espejo de oro" y me gustaría publicar más, trabajo como modelo, eventualmente. Pero escribir es mi verdadera pasión.

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