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6 min
EL FINAL DE LA NOCHE
Terror |
17.10.14
  • 3
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Sinopsis

Me lo contaron como una historia que sucedió hace muchos años y si fue real o ficticio nadie lo puede saber. Solo es contar como detrás de una tragedia puede haber otra mucho peor.

 

 

        La noche se va cerrando tímidamente sobre la ciudad y la casa de Hortensia, quien para variar se encuentra enfrascada en una discusión con su hija Laura, una adolescente que acaba de cumplir veinte años, inconformista y con su propia revolución a cuestas.

    Tarde de sofá con palomitas y televisión. 19.45 horas.

–Si quieres organizarme la vida empieza por pagarme el carnet de conducir, estoy harta de depender de los demás para ir a cualquier sitio – Laura le habla a su madre sin mirarla aparentando interés en un programa de televisión que tampoco mira.

– Pues busca trabajo, yo tampoco tengo coche y no se me acaba el mundo por eso–  ladea su cabeza hacia su hija y añade con contención– tienes veinte años y ya eres mayorcita para poner algo de tu parte

Laura le lanza una mirada calculada en la que mezcla rabia y al mismo tiempo resignación tras lo cual su madre mueve la cabeza de un lado a otro.

–¿Sabes mamá? ayer volví a soñar con la abuela–le inquiere de repente bajando el volumen de la televisión– esta vez era diferente y más real que otras veces. Me dio miedo

– Yo también soñé con ella, pero como siempre me trasmitió paz, mucha paz

Doña Hortensia miró a su hija y le apretó la rodilla afectuosamente.

– Esta vez me dijo que la felicidad estaba cerca– añadió acercándose a la muchacha y dándole un beso en la mejilla.

– Me voy a la habitación, no me apetece ver tele

– No pongas la música muy alta

         Las horas pasan como aletargadas acompañando a Hortensia que muy acomodada en el amplio sofá alterna cabezadas y momentos de atención al televisor cuando suena con fuerza el teléfono.

–Hortensia, soy Raúl, siéntate y escúchame- la voz de su esposo suena atropellada y temblorosa.

–Que ha pasado Raul no me asustes

– Me ha llamado la policía y tenido que ir al hospital– deja pasar unos segundos para que Hortensia lo asimile–  ha habido un accidente y Laura iba en ese coche. No te muevas de casa que ahora paso a buscarte

– ¿qué me estás diciendo? –  tarda en responder aturdida sin conseguir articular una frase coherente.

– Esta bastante mal Hortensia, no te muevas de casa enseguida estoy ahí

– No lo entiendo, eso es imposible– la mujer llena sus pulmones aire para proseguir– La niña esta aquí conmigo, no ha salido en toda la tarde– Hortensia no dice nada mas apretando el terminal ajena totalmente al medio–¿Raúl?

        Cuelga el teléfono con aire pensativo de no entender nada. De la habitación de Laura no se percibe ningún sonido y la televisión está apagada sin que recuerde en qué momento lo ha hecho.

       Se levanta y se dirige a la habitación de su hija y se pega a la puerta para escuchar en su interior. El silencio más absoluto como respuesta y sin pensar empieza a bajar la manilla para abrir la puerta. La puerta está cerrada.

– ¿Laura? –  golpea suavemente con los nudillos– Laura ábreme la puerta.              

Suena el timbre de la puerta principal de la casa. Hortensia corre a abrir justo antes de caer en estado de pánico ante la incomprensible situación.  Raul se planta ante ella con ojos de haber llorado y sin decirle nada la abraza con fuerza.

–Laurita ha muerto, Hortensia– le dice tomando distancia y con los ojos muy brillantes- Raúl continua–en el coche iban tres personas, no se sabe que ha podido pasar- toma aire de nuevo- dos han fallecido y por ahora solo han podido identificar a Laura, acabo de verla

–No lo entiendo, de verdad, si la niña esta aquí en casa, no ha salido en toda la tarde, se ha metido en su habitación hace… bueno, ya algunas horas

Su marido la deja continuar sin interrumpirla mirándola con expresión beatífica.

–Me estas asustando, acabo de ir a su habitación y no me abre la puerta, se ha encerrado con llave

      Cogiéndola de la mano le susurra con dulzura- Hortensia venga coge el abrigo que tenemos que ir al hospital– la mujer rechaza la caricia con cierta violencia y se levanta.

–Mira Raul, voy a buscar la llave de repuesto y te lo demuestro- desaparece por el pasillo hacia su habitación con pasos largos - ¡y luego a ver qué me dices!

          Raúl se derrumba confuso en el sofá y entra en una especie de trance sin darse cuenta del paso del tiempo ni la tardanza de su esposa.

         Segunda llamada.23. 50 horas.

Raúl da un respingo y descuelga el teléfono– soy yo mismo, dígame por favor– escucha sin pestañear ni mostrar emoción alguna y deja hablar a su interlocutor.

– ¿Ya han identificado al otro fallecido? – pregunta con voz casi inaudible y la respuesta que le llega al otro lado del telefono le deja petrificado. 

– Eso es imposible, ahora estoy en su casa y hace un momento he estado hablando con ella, Hortensia no puede haber muerto, no, seguro que se trata de una equivocación

        El antes taimado y vencido Raúl se convierte en un tornado de furia y lanza el teléfono por la ventana atravesando el cristal. Grita, llora y maldice. Su voz truena por toda la casa vacía y se filtra a través de la ventana rota.

        No hay timbre ni llamada. 09.05 horas de la mañana siguiente..

–Pasaré yo primero, tengan cuidado y piensen que la casa lleva cerrada ya 10 años, se ha acumulado mucho polvo y hay una ventana rota con cristales aun por el suelo–la vendedora de casas entró con los posibles clientes y conociéndose su oficio se adentraron hasta la sala.

–Como ven la casa está sin muebles con todas las habitaciones cerradas, de estructura excelente y les puedo asegurar que es una buena compra

–Y sobre todo no hagan caso de habladurías, ni es una casa embrujada ni jamás se ha cometido ningún crimen aquí– les guiño un ojo y poniéndose un poco seria añadió.

–La única verdad es que la última familia que vivió en la casa se deshizo por un accidente de tráfico muy trágico, murieron primero la niña y horas más tarde su madre en el hospital. El padre que era el que conducía se salvó

        La agente inmobiliaria suspiró hacia ninguna parte y añadió– cuando salió del hospital no podría soportar su culpa y desapareció para siempre

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