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9 min
EL FUNERAL
Amor |
12.10.21
  • 5
  • 8
  • 380
Sinopsis

Anduriña oficia el funeral de su madre.

El guardián vigía del oscuro intenso dormita envuelto en su capullo blanco, bajó la guardia en el preciso instante en que, el resplandor que estalla al unísono con la sirena de la fábrica, salta furtivo al patio y lo troncha en dos.

Como blanca espuma de champán dorado, chorrea cansino por el tapial descascarado, se adueña del llano, rodea canteros y se embarra en las sombras de las torres espigadas.

Los helechos que al hervir de la pava eran violáceos, ahora serruchan mansos al viento pobre y el aserrín, en mil astillas declara verdes las hojas altas. Cuando el espacio se llena de lo habitual, y se pueden comenzar a inventariar los detalles gruesos, lo minucioso, aguarda agazapado para saltar al abordaje. Suenan pasos presurosos que avanzan por la gramilla raleada, frenan en seco sobre ladrillos borrachos de agua jabonosa y mandan a vuelo el mantel de migas blancas y amarillas, deleite del remolino de patas veloces y picos voraces con rumbo nido.

¡Ya es hora! El circo de Anduriña comienza la función. Dio de comer a sus fieras y ahora es el turno de la malabarista del tiempo, acróbata de ollas y sartenes, domadora de escobas fuentones y plumeros, equilibrista de regaños y premios, la maga que saca conejos de la galera

ante sus polluelos.

Lo que no habrá hoy, son risas. Los payasos esperarán colgados en el perchero de los viejos ángeles: hoy es día de pájaros volados. Vaya a saber que volcán de juventud dio simiente a esa pila de escorias.

Los pájaros de Anduriña no son calandrias gorriones o zorzales. Son cuervos.

Avalancha negra planeando en térmicas propicias de nostalgia. Caen en espiral sobre los granos, las hojas y desgreñan los escombros de sus penas.

Pero son propiedad privada. Su hechura de hembra sabia, custodia firme que sus desprolijos aletazos no enlacen a ningún desprevenido al nudo de su alma.

Su refugio es el huerto, vestida de negro rompe la tierra con una azada herrumbrada, hace saltar terrones como tupidas lágrimas, luego los revuelve con una palita aniñada.

Peina la tierra con sus manos, suave, deshace los grumos. Se deja atrapar por el ritual ancestral. A cada caricia el surco responde con vírgenes aromas, impregnan su cuerpo, lo penetran con la fe de los fieles a la mezquita en Ramadán.

Siente al tacto raíces trenzadas, cadenas doradas que viajan bajo tierra, de planta en planta y al árbol que las atenaza.  La conexión promueve recuerdos, la casa de piedra con techo a dos aguas, armaduras de aluminio conteniendo mares de burbujas espesas recién ordeñadas, la redonda luz de primavera enmarcada en lo alto del triángulo, la chimenea de los cuatro vientos pregonera de guisos y pasteles a lomo de humo negro. El río, patina derretido su desfile en ensordecedores escalones, vestido de estelas y arcoíris y la ropa toma sol en sus orillas de piedra. El tulipán rojo de aspas de obleas y cantos de sirena. La gente en las ferias. Rostros cansados rodeando la mesa. Perros ladrando a lobos recortados en la luna llena.

El composto descansa junto a su falda negra esperando turno para entrar al juego.

La mano en su quehacer encuentra una protuberancia y un golpe energético la sacude íntegra. Su tez bebe el color de las calas. ― ¿Eres tú Arantxa? -pregunta Anduriña-

El viento redobla su voz de fantasma. Parece partirse en fragmentos de huesos el origen y por el aire se mildespedazan las ramas del árbol pintado en pizarra.

¿Eres tú Arantxa? -Repite abrumada-

Las chapas de la letrina baten sus fauces de acanalados dientes flojos.

Anduriña inclina su torso sobre el granulado y envuelve a su cuerpo un invisible manto.

Es día de San Juan. Para atraer lo bueno, hay que quemar lo malo.

‹‹No sé si estas raíces son tus formas actuales, dijiste a mi partida que estabas enferma, que el bosque esperaba cubrirte en su celta esencia. Que en la necesidad buscara tu imagen en sustancias de dioses, el parpadear del relámpago, el ojo del fuego.

No sé si esto es real o es delirio de mis cielos. Sólo sé que es injusto presenciar a diario danzas de muertos. ¿Y madre? ¿Está contigo? ¿Rehiciste su cuerpo salpicado? ¿Y padre? ¿Qué gritó su pecho de queso ante el pelotón que quemó sus ideas?

¡Me empujaron! ¿Y resulta que no quieren soltarme?

La vida es un sueño, la idea no deja de perseguirme en cada tarea en que pierdo mi voluntad para sumergirme como la cuchara de madera caldero adentro. Es una ilusión, ¿no? ¿Buscar la felicidad para, de pronto, perderlo todo? ¿Y crearlo nuevamente para volver a perder y perderme? ¿Quién ha tenido la crueldad de manejar nuestros hilos a su antojo y con desdeño?

¡No!, no es ilusión. ¡Es una quimera!

¿Cuántas veces he tenido que calmar mi sangre sin dilucidar si evocar al cielo o al infierno? Porque, ¿sabes? ¡Madre! ¡Amada madre! Me cuesta horrores entender, ¿qué hubo de bueno en soltar tu mano? Combatir al tirano, sufrir penurias, vomitar en los mares la hiel que inflama mi llama. ¿Es esto estar viva? ¿En verdad lo crees? ¿Crees que así, con tu espectro volando por los aires en mis sueños, despertando aferrada a Imanol ahogada en un río ardiente de deshielos, se vive? ¿Con los niños que crecen como crece mi soledad a cada una de sus inocentes preguntas y mis evasivas respuestas? Bebiendo la sombra de los rincones para no sombrear a nadie. Sin poder escupir más que un mísero padrenuestro de domingo a oídos de representantes de escaleras truncas. Si los ruegos sirvieran de verdad y no de anzuelo de jugosas limosnas ¡Hubiera estado allí! Hubiera tomado tu lugar. Exterminaría mi cobardía de sufrir antes de ver sufrir, porque sufrir lo imposible es morir mil muertes.

¡Tengo miedo mamá! De convertirme en mi muñeca de trapo. Incapaz de sentir. De observar y entender que el brillo de la estrella en el estanque, es su dominio, y el mío, mi oficio humano es seguir andando. Que sus manos fueron el pasamano para que hoy esté aquí y sea pasamano de las tiernas ramas que se multiplicarán. Este sitio, al que acudo con tanto amor en cada amanecer y en el que sufro dieta de atardeceres expropiados por los eucaliptos del ferrocarril, representa a la perfecta trilogía que nos une: Arantxa, Madre, Anduriña. Las veo. Sentada en mis pañales de tela, abuela cosecha maíz y tú cantas dulces canciones que dibujan sonrisas. Por sobre los bordes de solemnes libros de escuela, subidas a escaleras cortando la vid. Y en fuentones de madera, los triangulares círculos negros, perecen en nuestro baile alocado que da vida al vino feliz.

¡Tengo tanto miedo, madre! De que mi espíritu sea de hollín. Lo confieso, si pudiera en este acto reparar todo desgraciado suceso, tomaría esta calabaza, símbolo de tu cráneo roto y por manos sabias, estas raíces que perdieron la savia. Vientre de repollo, piernas de yuca, pelos de chala y las ocultaría de los cuervos, de los gusanos, de todo lo que te degrade, recurriré a las cenizas para que te desagravien y luego sí, dejarte en tierra, para que reposes en mortaja verde, lumínica, silenciosa. Que tu mirada limpia se conserve inocente y suba niño a niño las escaleras de las libertades.

Es aquí, queridas mías, en este ritual necesario, donde la intuición se vuelve certeza: aún en las hogueras más altas, las sombras acechan. Es necesario honrar el linaje. Transfórmense y transfórmenme en energía positiva, que el poder de las Valquirias prevalezca sobre el menester del llanto y la queja. Libero de cadenas mi alma para volar a alcanzarlas, a llorar lágrimas guardadas en represas que, se construyen con amor y terminan matando de dolor. Las abrazo, fuerte, largo, siento en mí, el aroma de sus días y les pido que me alienten a continuar, me protejan y transfieran sabiduría. Por los míos que, en ausencia de tantos, son más suyos que nadie››

La tierra suelta va cubriendo los despojos del incendio de verduras, Anduriña saca de su pecho un escapulario como ofrenda final, percibe un pliegue nunca visto, lo abre y aparece una pequeña nota en letra de Arantxa:

“Que nadie te haga dudar, cuida tu rareza como la flor más preciada de tu árbol. Eres el sueño realizado de todos tus ancestros. Gracias por sanarnos.”

Jesús llega corriendo, Imanol mira desde la ventana del bar con ojos de chupitos rebalsados.

― ¡Mamá, mamá! Saqué diez en la lección que me enseñaste.

Anduriña sacude su pecho de cenizas y recibe el abrazo desmesurado de entusiasmo. Ve a Imanol que a lo lejos lleva su mano a la boca y la extiende lanzando un beso enamorado. Cae al suelo por el peso del niño y del beso y se revuelcan jugando.

Mira el cantero y dice:

― ¡Han estado aquí, las dos! Las conozco, no crean que me engañan ¡De buena gana les haría lavar el guardapolvo de este crío!

― ¡Hala Jesús! ¡Que hoy es San Juan y hay que celebrarlo! A preparar las sardinas, lanzaremos faroles por la noche y bailaremos, como les gustaba a las abuelas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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  • Un relato fascinante, en el que lo folclórico tiene una trasendencia muy vital que llega más allá de todo lo predecible.
    Excelente, me ha guastado mucho la forma de entrelazar, y guiarnos hasta donde nos ha querido llevar... ¡¡¡¡Muy bien!!!!
    Un buen relato con varias historias en si que se entremezclan para darle un toque que da gusto leer, un saludo
    Excelente prosa para contarnos una historia donde la realidad se nos presenta envuelta por una hechicera capa de misterio, con el solsticio de verano como telón de fondo. Muy buen relato.
    Somos la suma de los que nos han precedido, que nunca perderemos mientras los guardemos en la memoria. Abrazo, Roluma,
    Muchas gracias Ana por tu presencia constante y tu lectura incondicional. Un abrazo. ¡Feliz dia!
    Muchas gracias Ana por tu presencia constante y tu lectura incondicional. Un abrazo. ¡Feliz dia!
    Hermoso! un relato narrado con un rico y metafórico lenguaje, con una semántica impecable, que nos adentra en lo profundo de un sentimiento ancestral en la existencia del personaje principal. Felicitaciones Roluma...Feliz tarde!!
  • Jirones de la vida diaria.

    Anduriña oficia el funeral de su madre.

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Soy águila. De las que vuelan alto. De las que ven sin proponérselo. Tengo maestros de los que no acepto palabras. Tengo lapices que dicen lo que siento. Cuando vuelo mi vuelo, cuando respiro mi cielo.

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