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8 min
El gato
Terror |
08.01.15
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Sinopsis

Los animales pueden buscar venganza. Eso es seguro.

Pablo pensó que no era más que una indigestión, causada por haber comido demasiado, algo que le pasa a todo el mundo.
Después de tomar un par de antiácidos-y pasar como una hora en el baño-Pablo estaba listo para descanzar.

"Mierda, no le di de comer al maldito gato" recordó Pablo de repente mientras ponía la cabeza en la almohada. "Ah que importa, un día no importa, los gatos son buenos sobreviviendo"
Tal vez tenía razón, un día nada mas. Además los gatos pueden cazar su comida de vez en cuando. Algo que los perros no hacen. Punto para los felinos supuso Pablo.

Pensó en ver televisión, pero las náuseas aún le subían por la garganta, así que decidió quedarse a oscuras.
La puerta-que no estaba cerrada-empezó a abrirse lentamente, produciendo el típico crujido que se escucha en las peliculas de terror. Pablo observó mareado mientras la oscuridad del pasillo se mezclaba con la de su habitación. Un poco de miedo subió por su espalda.
Como pudo se levantó de la cama, sientiendo que el vómito le saldría sin previo aviso. Un par de ojos lo observaban en la oscuridad, brillando como luciérnagas. "Maldito seas gato" susurró Pablo.
Encendió la lámpara en su mesa y vio como el gato estaba sentado al pie de su cama. Sus enormes ojos verdes lo miraban. Lo vigilaban.

"Diría que lamento no haberte alimentado, pero ni siquiera me agradas, así que vete y déjame dormir"
Era tonto discutir con un gato, pero Pablo se sentía cada vez peor, su estómago rugía-no de hambre, obviamente-pero de un dolor que sólo el exceso de comida chatarra en una sola cena puede causar.
El gato saltó a la cama y se dirigió hacia Pablo. PURRRRR PURRRR
El animal era tierno eso sí, pero Pablo lo odiaba.
Purrrr purrr seguía el gato. Pero antes de que pudiera acomodarse al lado de su amo, Pablo lo tomó por la cola y lo lanzó fuera de la habitación. El animal chilló de dolor, cayó sobre sus patas y se esfumó en la oscuridad del pasillo. No sin antes mostrarle a Pablo sus ojos brillando en la oscuridad.

No le tomó mucho tiempo a Pablo en darse cuenta que algo andaba mal con su estómago. Había dormido un poco entre el sueño y la realidad, pero cuando abrió sus ojos y miró lo hinchada que estaba su barriga solo pudo contener el aliento. Aterrado.

Cualquiera que hubiera visto a Pablo en ese momento, hubiera pensado que el tipo era un hombre embarazado. Su estómago se había inchado tanto como el vientre de una mujer con seis meses de embarazo.
"Qqque cccara- aaahhh"
Pablo intentó moverse, pero al hacerlo era como mover un enorme globo lleno de agua, podía sentir líquido moviéndose en su interior, el dolor era intenso. Pablo pensó que un movimiento brusco y su estómago estallaría. Y lo que saldría sería peor que la mierda que dejó en el baño. Eso era seguro.

"Oh Dios oh Dios oh Diooooos"
Puso una mano temblorosa sobre la piel en su estómago, la piel estaba tan estirada que las estrías se veían claramente. Iba a reventar. Si eso había pasado en un par de horas, algo peor pasaría en el resto de la noche.
"Esto no es normal, no no no." Cierto, no era normal. Pero si no hacía algo pronto, sólo podría empeorar. ¿Empeorar cómo?

Su celular estaba en el bolsillo de su pantalón, y éste estaba en el suelo. Agacharse mientras su barriga estaba llena de porquería no sería fácil. Además el dolor solo aumentaba.
Igual, como pudo, se agachó como una madre recién operada. El maldito pantalón parecía estar pegado al piso. Sudor le cubría la cara, el sonido del agua meciéndose entre sus entrañas lo mareaba, las náuseas sólo aumentaban.
Finalmente el teléfono salió del bolsillo, Pablo lo sujetó como lo mas valioso en su vida, se recostó en la cama otra vez, suspirando como si hubiera corrido un maratón. Un enorme erupto salió de su boca, como el sonido de una trompeta. El aroma era rancio. Putrefacto. Eso solo lo hizo sentir más aterrado.
Miró su estómago y vio como una enorme burbuja de líquido rojizo salía de su ombligo. "¡MIERDA!" Ahí fue cuando escuchó como se abría la puerta. Otra vez.

PURRRR PURRRR PURRRR
El maldito gato no se callaba, el maldito gato había regresado en el peor momento. El maldito gato quería jugar...
"Vete vete vete...por por favooor"
La almohada estaba empapada de sudor, y ahora la sábana tenía horribles manchas de sangre por todos lados, su ombligo parecía la tapa de una olla de presión, dejando poco a poco que la presión saliera. Tal vez eso era bueno, excepto que aún así el estómago de Pablo seguía hinchado, y gases putrefactos seguían saliendo de su boca. Además el gato no dejaba de ronronear.

Es fácil saber cuando realmente estás jodido. Puedes buscar el lado positivo, buscar opciones en las que puedes salir del problema en el que estás. Pero, a veces, simplemente sabes que estás jodido. A veces sabes que vas a morir y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.

Eso fue lo que le pasó a Pablo en aquella noche. Había olvidado el celular en su mano, había olvidado el dolor que subía por todo su cuerpo.
Sólo podía pensar en el gato, el gato que lo observaba con sus enormes ojos verdes. Sus grandes y enojados ojos verdes.
Intentó empujar al gato lejos de la cama, pero sus fuerzas se habían ido. El gato paseaba por la cama como un rey, acercando sus patas cada vez mas a su amo, a la barriga hinchada de su amo.

El gato sonreía, Pablo lo supo, tal vez lo merecía. Después de haber mojado al gato con agua helada, después de haberlo pateado en las costillas con sus zapatos de cuero, después de haber aplastado su cola con la pata de la silla-a propósito-, después de haberlo dejado sin comida. Ah si, y de haberlo aventado tomándolo por la cola. Si, Pablo lo merecía. Y el gato lo sabía.

Imaginen esto: ustedes toman las sobras de comida que se han acumulado por un par de días, carne, pan, arroz, salchichas casi enteras, tal vez algo de tocino y huevos casi crudos.
Pongan todo en una licuadora, no olviden poner salsa, mucha salsa.
Licúen todo sólo un par de veces, tomen la pasta-mientras ven los trozos de comida aún flotando entre la salsa-y pónganla en una bolsa.
No llenen la bolsa, sólo hasta la mitad. Ahora soplen hasta formar un globo. Amarren la bolsa evitando que el aire salga.
Ahora tienen un globo irregular-pero funcional-lleno de comida a medio licuar. Busquen a alguien cercano-a alguien que odien-y láncenlo a la cara de esa persona.

Ahora imaginen que la cara y mayor parte del cuerpo de esa persona no sólo está empapada en comida a medio comer y a medio licuar.
No, imaginen que esa persona está bañana en sangre, tal vez algo de intestinos, trozos suaves de lo que alguna vez fue un estómago, un vaso, algo color marrón, mierda tal vez, algo amarillento como la pus, pero de alguna forma mas baboso y rancio. Ahora imaginen el olor. El olor que sientes al abrir un bote de basura después de un par de días bajo el sol.
Imaginen las larvas de las moscas escurriendo entre los restos ennegrecidos de lo que alguna vez fue comida. En lo que alguna vez fueron órganos funcionales.

Ahora sólo una última cosa:
Imaginen llegar a casa después de haber estado cuidando a su madre en el hospital por días.
Alegres de llegar a casa con sus amados o amadas.
Van a la habitación, ven que la puerta está abierta, entran y ven a su esposo o esposa en la cama, brazos extendidos a los lados, su cabeza hacia atrás con un expresión de horror y dolor en sus ojos blancos. Su boca bien abierta, diciendo AAAAAH, un par de moscas anidando en en la garganta.
Un grito ahogado sale de ustedes, y mientras observan la sangre y entrañas esparcidas por la cama e incluso en la pared-entrañas que salieron de su esposo o esposa cuyo vientre está abierto como si hubiera tragado una bomba-su gato pasa entre sus piernas.

Sus dulces ojos verdes diciendo:
"Te extrañe tanto, el hombre malo se ha ido...tengo hambre, ¿quieres comer?"

Y lo último que escuchan mientras caen de espaldas, es a su gato, alegre y despreocupado: purrrr purrrr

 

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