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15 min
EL HEREDERO DE LUZ 2ª PARTE
Fantasía |
07.01.18
  • 5
  • 2
  • 1869
Sinopsis

Siguen las fantásticas aventuras del heredero de un Reino Maravilloso y lleno de Magia...

Dolorido, Kain, abre los ojos, y mira a su alrededor. ―¿Dónde estoy? ―¿Ya despertó, Alteza? –Un gracioso hombrecillo, de no más de un metro de alzada, corretea hacia el muchacho, llevando entre sus manos un tazón de caldo caliente―. Ha dormido durante dos días. ―¿Quién eres? –Kain, toma el bol y bebe la sopa, hambriento―. ¿Dónde estamos? ―En mi cueva –el hombrecillo, corretea de un lado a otro, ordenando y limpiando cada rincón de su hogar―. Me llamo Puuk. ―Ah, yo soy… ―Sé quién eres –el enano, sonríe―. Te llamas Kain, y eres el heredero del Reino, ¿me equivoco? ―No, pero, ¿cómo sabes todo eso? ―Yo sé muchas cosas –el enano, lanza una risotada―. Mis años me lo permiten. ―Entonces. ¿Sabes dónde están mis amigos? –Kain, se sienta en la orilla del camastro, y  mira preocupado a su anfitrión―. No puedo recordar lo qué ocurrió tras el ataque del equidna. ―Oh, vaya –el hombrecillo, se detiene junto al joven y se sienta a su lado―. Tus amigos… ―¿Sabes qué ha sido de ellos? ¡Dímelo, por favor! ―Fueron apresados por los soldados de Tenebro. Pero, antes pudieron ponerte a salvo, y me pidieron que cuidase de ti. ―Como hace diecisiete años –suspira el joven Príncipe―; la gente arriesga su vida por salvarme, ¡y yo no soy capaz de hacer nada! ―Tranquilo, jovencito, sé como te sientes… ―El hombrecito, pone una de sus pequeñas y rechonchas manitas en el brazo de Kain. ―He de ir en su busca –con una llameante mirada en sus ojos, el muchacho, se alza del camastro donde ha pasado durmiendo los dos últimos días, y camina decidido hacia la entrada de la caverna―. ¡Voy a rescatar a mis amigos! ―¡Espera, joven Príncipe! –Espantado, Puuk, corre en pos de su huésped, en un intento por detenerlo. ―No –Kain, se detiene, y mira al enano―; no me intentes detener. Si no vas a ayudarme, quítate de mi camino. ―¡Está bien! –Puuk, toma su larga pipa de tabaco y su zurrón, y sale de la caverna―. ¡Estoy preparado, vámonos! El chico, un tanto sorprendido, echa a andar tras el hombrecillo, que avanza dando graciosos saltitos. ―¿Puedo hacerte una pregunta? ―¡Claro, chico! –Puuk, se detiene y, con un silbido, enciende su pipa―. Pregunta, pregunta. ―¿Dónde está el Palacio de Tenebro? Al oír la pregunta, el enano, comienza a reír y a saltar. ―¿Se puede saber de qué te ríes? ―Perdona, pero no he podido evitarlo –Puuk, seca sus lagrimeantes ojos, y se sienta en una roca―. La verdad es que no lo sé. Nadie lo sabe; dicen que Tenebro, usa un hechizo muy poderoso para mantenerlo oculto e, incluso, que el Palacio, se desplaza a través del espacio. ―¡Maldita sea! ¿Cómo vamos a llegar hasta ellos, si no sabemos dónde están? ―Tal vez, exista una posibilidad… ―¿Cuál, por favor? ―El Mapa de Luz –el enano, da una larga chupada a su pipa, y sonríe―. Es un mapa mágico, nos dirá hacia dónde se desplaza el Palacio del tirano. ―¡Vamos, pues! ―Descansemos primero –dicho esto, Puuk, ante la estupefacta mirada de Kain, cierra los ojos, y se queda dormido. Mientras, lejos de allí, en una oscura celda. ―¿Brent, compañero, estás despierto? –Robert, con aire abatido intenta por enésima vez despertar a su amigo. ―¡Silencio, prisioneros! –Brama uno de los guardias, blandiendo su espada, de forma amenazadora. ―¡Malditos monstruos! ―Furioso, el noble DeGrind, sacude los barrotes de la celda―. ¿Dónde habéis llevado a mi sobrina? ―¡Vuelve a tu rincón! –El brutal carcelero se acerca a la puerta, y golpea al cautivo con la empuñadura de su espada. ―¡Volved vosotros a vuestro oscuro agujero! ―¡Ya despertaste! –Robert, sonríe al oír la voz de su viejo amigo. ―¡Pronto os llegará la hora, criaturas! –Brent, rabioso, aprieta los puños―. ¡El Príncipe Kain os dará una lección! ―¡Pronto, Kain, nos liberará del tirano! –Robert, con aire triunfal, une su voz a la de Brent. En otro rincón del Palacio. En la hermosa Sala del Trono, una terrible figura, interroga al Maestro de Torturas. ―¿Habéis logrado  hacer hablar a la jovencita? ―No, mi Señor Tenebro –el cruel anciano, se frota las manos―. ¡Pero yo haré que nos diga dónde se esconde el joven Príncipe! ―Así lo espero, mi fiel lacayo –el monstruoso ser, un demonio de tres metros de estatura y largos y afilados cuernos en la frente, se alza del Trono, y camina hacia su subordinado―, es completamente necesario que encontremos a ese muchacho; es el único obstáculo para obtener el poder absoluto y gobernar este Reino. ―Mi Señor, recuerde que el muchacho no es el único Luminae… ―Pero el otro prisionero no me preocupa, ¿acaso no sabes que sólo los Luminae de Sangre Real son capaces de usar sus poderes de Luz? ―Disculpe mi ignorancia, Señor. ―Ordena traer a la cautiva, yo hablaré con ella –los ojos de la bestia, brillan cargados de salvaje furia, mientras sacude su cola de reptil. ―Sí, mi amado Señor –el Maestro de Torturas, se aleja caminando de espaldas, hacia la puerta de la sala, mientras inclina su cabeza de forma servil―. Ahora mismo hago venir a uno de los soldados con la prisionera. Ya anochece, cuando, Kain y Puuk, se ponen en camino hacia el lugar donde se oculta el Mapa de Luz. ―¿Falta mucho todavía? –Cansado el muchacho se detiene jadeando. ―No, estamos cerca –su nuevo amigo, también para su marcha, y le espera varios metros más adelante―. ¡Parece mentira! –Refunfuña el hombrecillo―. ¡Si yo fuese un joven de noventa años! ―¡Mira! –De repente, el joven Príncipe, echa a correr, dejando atrás al sorprendido gnomo―. ¡Creo que hemos llegado! ―¡Espera, Príncipe Kain! ―¿Qué sucede ahora? –Kain, para de golpe, y dedica una mirada impaciente a Puuk, que se limita a hacerle un gesto, pidiéndole silencio, mientras señala hacia el cielo, donde un numeroso enjambre de arpías, acaba de hacer acto de presencia. ―¡Dioses! –Puuk, aterrado, se lanza a tierra, cuando, las bestias aladas inician el ataque, sus afiladas garras por delante, agarrando al enano por los hombros, y elevándolo en el aire de la noche. ―¡Grñieck, Grñieck! –Con su asustada carga entre sus sucias y cortantes garras, dos de las monstruosas arpías, suben varios cientos de metros… ―¡Malditas bestias! –En tierra, armado con una larga vara de madera, pues perdió su daga luchando contra el equidna, el joven Kain intenta mantener a raya a sus aladas enemigas. Arriba, por encima de las nubes, las arpías, dejan caer al gnomo al vacío. Sin embargo, Puuk, lejos de perder la calma, se limita a extender la ceniza de su pipa, mientras silba. Al instante, la ceniza extendida, se transforma en una alfombra voladora de color gris, sobre la cual se aposenta el enano cómodamente. ―¡Kain, agárrate! –La alfombra, desciende a toda velocidad, en dirección al joven que, exhausto, está a punto de soltar la vara y rendirse, ante el ataque de los monstruos voladores cuando Puuk, estira sus bracitos, y logra coger la mano del muchacho, para, seguidamente, volverse a elevar en el cielo nocturno dejando atrás a las horribles criaturas. ―¡Por todos los dioses! –Sorprendido, Kain, se asoma al borde de la alfombra mágica―. ¿Esto es resistente? ―Pues, la verdad, no lo sé –Puuk, pensativo, se acaricia la blanca barba―; todo depende de la calidad del tabaco… ―No ha terminado de decir estas palabras, cuando la alfombra comienza a deshacerse en una finísima lluvia de grisácea ceniza, cayendo los dos al vacío. Por fortuna, la caída no resulta mortal, pues vuelan a baja altura, aunque sí bastante dolorosa. Mientras, en la Sala del Trono de Tenebro. ―¡Nunca te diremos dónde está escondido el Príncipe! –Rabiosa e indignada, la valiente Deriana, escupe contra la fea cara del monstruo. ―¿Por qué os empeñáis en no colaborar, mi bella muchacha? –Mostrando una espantosa mueca, que pretende ser una sonrisa, Tenebro, acaricia el lindo rostro de su prisionera―. Tarde o temprano, acabaré encontrando al Heredero de Luz. ¡Y, cuándo acabe con él, seré el ser más poderoso! ―¡Pues, ya puedes buscarlo tú solito, porque nosotros no vamos a traicionar a nuestro amigo! ―¡Graurg! –Las narices de Tenebro, humean por la furia, mientras golpea salvajemente, los brazos del oscuro Trono―. ¡Sois unos estúpidos, todos vosotros! De repente, jadeando a causa del cansancio, el Maestro de Torturas hace acto de presencia en la Sala del Trono. ―¡Noticias, mi Señor! ―¡Habla, fiel lacayo! ―Nos han llegado informes de las arpías… ―El anciano, toma aliento. ―¡Sigue! ―Han visto al Príncipe dirigirse al Mapa de Luz. ―¿Iba acompañado? ―Sí, mi Señor, le acompañaba un enano. ―¿Un enano, con una pipa? –Tenebro parece cada vez más furioso, a medida que su fiel servidor le informa. ―Sí, mi Señor, ¿acaso le conoce? ―¡Maldito Puuk! –Se halla tan furioso que, se alza del Trono y de un manotazo, lo arranca del suelo y lo estrella contra una pared―. ¡Debí acabar con él, hace dieciocho años, cuándo tuve la oportunidad! ―¡Vaya! –Sonríe Deriana―. ¿Así que, tuviste problemas con un enano? ―No siempre fue un enano. Hace años, era un poderoso hechicero, al servicio del Rey; de alguna manera logró descubrir mis planes de conquistar el poder, y sacrificó la mayor parte de su Fuerza Mágica para proteger el Reino. ¡Consiguió retrasar mi intento un año entero! –Tenebro, parece haber crecido, ante los ojos de sus dos callados espectadores―. ¡Pero esta vez, acabaré con él, y con el Príncipe! Puuk y Kain, contemplan, fascinados, como el bello Mapa de Luz, fluctúa ante ellos, en todo su colorido y esplendor, mostrando el Reino de Luz, en toda su extensión. Y, un punto negro, que se desplaza… El Palacio de Tenebro. ―Se dirige hacia las costas –Puuk apunta con su pipa al punto oscuro del plano―. Medio día de camino, poco más o menos. ―Me parece que no vamos a tener que esperar tanto para llegar –Kain, de cara a la entrada de la gruta, y de espaldas a Puuk y al Mapa de Luz, puede ver como un grupo de sicarios de Tenebro, penetra en la caverna. La lucha es breve, pero intensa y los soldados, resultan fácilmente vencedores y Kain y su pequeño compañero son atados y llevados ante Tenebro. ―¡Adentro, enano! –Brusca y salvajemente, uno de los carceleros, empuja a Puuk a la celda ocupada por Brent y por Robert. ―¡Hey, más cuidado, feo! –El hombrecillo se levanta de un salto, y sacude el polvo de su traje. ―¿Puuk? –Brent, al reconocer a su amigo, se acerca a ayudarle―. ¿Dónde está el Príncipe, amigo mío? ―Tenebro, nos cogió por sorpresa. ―¿Dónde han llevado al Heredero de Luz? –Brent, comienza a mostrarse un poco impaciente, y vuelve a sentarse en el estrecho e incómodo camastro. Puuk, se acerca a Brent, y le dedica una sonrisa llena de ánimo. ―Ahora que estamos juntos, todo será más fácil. ―No entiendo tus palabras, Puuk. ―Kain, ha vuelto a tu lado, Brent –el enano se muestra inmensamente feliz, y ríe y salta por la oscura mazmorra―. ¡Todo se va a arreglar por fin! Robert DeGrind parece, si cabe, más sorprendido aún que su compañero y escucha, boquiabierto, las palabras del hombrecillo. ―¿Nos oculta algo? –Pregunta intrigado, al tiempo que se incorpora en su litera. ―¡No, claro! –Puuk, empieza a mostrarse tan confundido como sus amigos. Hasta que, de repente, recuerda―. ¡Ahora lo comprendo! ―¿Qué? –Robert y Brent, saltan, a un tiempo, de sus camastros. ―La Amnesia Mágica. Hace dieciocho años, me enfrenté a Tenebro y logré salir victorioso. Pero, él me arrebató parte de Magia y de mi masa corporal…, y me convirtió en un enano. ―¿Pero, qué es eso de la Amnesia Mágica? –Pregunta Robert. ―Después de la batalla, y para que Sus Majestades no sufriesen, utilicé el poder que me quedaba para crear un hechizo que hiciese olvidar lo sucedido, hasta el nacimiento del Heredero de Luz –el hombrecito, hace una pausa en la historia―. Pero ha llegado el momento de anular la Amnesia Mágica… Kain, maniatado a un grueso poste, contempla indefenso, como Tenebro, se prepara para iniciar la última parte de su plan, y hacerse con el control absoluto del Reino de Luz. ―¡Mi querido Príncipe! –Tenebro ríe satisfecho de su victoria―. ¡He vencido! ―¡Aún no has vencido, maldita bestia! –El joven se debate, intentando liberarse de sus ataduras―. ¡Aún no! Súbitamente, todo el Palacio, comienza a temblar, desde los cimientos, hasta la torre más alta. ―¡Oh, mi Señor! –El aterrorizado Maestro de Torturas, hace acto de presencia, corriendo desesperado―. ¡Los prisioneros se han escapado! ―¡Mientes! –Una negra nube de Oscuro Poder, surge de las abiertas fauces de Tenebro. ¡Y, el Maestro de Torturas, queda convertido en un montón de cenizas! En ese momento, la puerta de la Sala del Trono, vuelve a abrirse y, Robert DeGrind, Brent Tares y un anciano alto y delgado, saludan al tirano. ―¡Suelta al Heredero de Luz, monstruo! –Brent, hace un gesto con sus brazos y, al instante, un hermoso lobo de luz blanca, brota de su pecho, dispuesto a enfrentarse a Tenebro, que retrocede, más sorprendido que asustado. ―¡Eso es imposible! –Brama la bestia―. ¡Sólo los Luminae son capaces de hacer tal cosa! ―Tienes razón –sonriendo, Puuk, da un paso al frente―. ¡Te presento al hermano de la Reina Aisha! ¡El Conde de Tares! A una orden de Brent, el lobo de luz salta sobre Tenebro, que cae sobre su cola de reptil. Mientras, Robert corta con la espada arrebatada a uno de los carceleros, las ligaduras que sujetan al joven Kain. ―¡Alteza! ¿Dónde llevaron a mi sobrina? ―Vi como dos sicarios de Tenebro la llevaban a una celda. ―¡Id en su búsqueda! –Brent se ha enzarzado en una terrible lucha con el tirano―. ¡Puuk y yo nos encargaremos de Tenebro! Kain y Robert, marchan de la sala, para ir en busca de Deriana. ―¡Tío Robert, estoy aquí! –Minutos después, la voz de la muchacha les llega, débil desde el interior de una celda. El hombre toma las llaves de los carceleros inconscientes, y abre la puerta de la mazmorra. ―¡Deriana, pequeña! –Feliz, Robert, se abraza a su sobrina que, sonríe y le devuelve el abrazo. ―¡Me alegra ver que estáis bien los dos! ―Ahora, hemos de salir de aquí –pide el joven, saliendo de la mazmorra, tras besar a Deriana fervientemente. Mientras, en la sala de torturas, la situación ha tomado un giro drástico y Tenebro ha logrado dominar a sus rivales, que yacen en el suelo, malheridos. ―¡Esta lucha, debe ser entre tú y yo! –Ruge la bestia, dirigiéndose a Kain. ―¡Prepárate, pues! –Con los ojos centelleantes, el Heredero de Luz, se planta ante su temible rival. Todo sucede velozmente. El Oscuro Poder de Tenebro es fácilmente derrotado por el ave de luz y el tirano, a pesar de sus intentos por salir victorioso, desterrado a las oscuras Tierras del Olvido, lugar donde los malvados criminales del Reino de Luz, cumplen condena… ¡Por toda la eternidad! FIN EPÍLOGO Han pasado varios años, y todo es felicidad en el Reino de Luz. Brent, pasea por el bosque, en compañía de un lindo niñito, y de su gran amigo, Robert DeGrind. Caminando, caminando, los tres llegan a la cabaña derruida. ―¡Mira, tío Brent! –El pequeño, sonriente y feliz, corretea hacia la choza en ruinas―. ¿Quién viviría aquí? ―Ven aquí, Dennent –Brent, toma en brazos al niño, y le sonríe―. Aquí vivió tu padre, antes de conocer a tu madre. ―¡Uau! ¿En serio? –El pequeño Príncipe, mira a Robert que le guiña un ojo, y le revuelve los cabellos. Negros y blancos.
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  • Quizá, un último consejo que te podría dar, este ya de carácter personal, seria que profundizases un poco más en ese mundo tan enriquecido que has creado. Tus relatos comienzan genial, pero pierden algo de fuerza cuando aceleras la historia para concluirla. Quizá un serie compuesta por varios capítulos habría resaltado todavía más su atractivo. Un saludo.
    Me ha gustado mucho tu historia. He sabido mirar dentro de ese universo que tu mente ha creado, y por tanto voy a darte las cinco estrellas que ese esfuerzo merece. Sin embargo, como lector y autor de esta página también debo ponerte en aviso de tus errores de formato. Escribe el texto en un documento de Word y pégalo aquí, si no es facil que los puntos y a parte se omitan, como te ha ocurrido, dificultando la lectura y restando atractivo al texto (podría provocarte críticas negativas). Además, una segunda lectura exhaustiva te ayudaría a depurar alguna coma mal ubicada. Por lo general me gustan tus historias, compañero. Me gusta como las escribes.
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