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4 min
EL HOMBRE DEL SOMBRERO GRIS
Amor |
16.04.15
  • 5
  • 6
  • 751
Sinopsis

A la vuelta de cualquier esquina puede sorprendernos la vida....

 

Todos los días salía a caminar. Para él era una rutina.

Yo al principio solo lo observaba. Esas cuadras que recorria lento parecía disfrutarlas, sin importar el cielo con sol o con nubes. Nada lo detenía.

Se quedaba diez o quince minutos, no más, charlando con el repartidor de diarios; parecían viejos amigos de la infancia, aunque nunca pude oír de que hablaban, a veces reían.

Cuando llegaba a la plaza, a su banco de siempre, se sentaba de cara al sol los primeros cinco minutos. Yo podía ver como ese baño de luz le llenaba de brillo sus profundos ojos negros.

De a poco fuí acortando las distancias, hasta que un día,sin más, me senté a su lado, en ese que parecía su lugar. No importaron las diferencias de edad, de contextura (él parecía muy fuerte) ni de opiniones o de gustos.Simplemente nos hicimos amigos.  Y cada tarde a la misma hora, nuestro encuentro parecía el primero.

Me contó tantas cosas, a veces en tercera persona, para que yo no me sospechara que se trataba de su propia vida. Yo solo escuchaba y aprendía. Me hacía reír con sus aventuras, sus chistes traviesos y su ironía, eran parte de su carácter y yo lo adoraba. Fue así como empecé a conocer su soledad, disfrazada de compañías; sus desamores cotidianos con un amor vacío al final; sus ganas de disfrutar, aprender y vivir y sus pocas posibilidades de hacerlo. Su terrible necesidad de que algo o alguien alegrara su vida y un miedo terrible a aceptarlo.

A veces jugábamos al ajedrez en ese mismo banco, para justificar nuestros silencios. Era una hermosa forma de estar juntos sin necesidad de palabras. Y era ahí cuando lo descubría mirándome profundamente a los ojos, como buscando en mí quién sabe que cosa.

Para mí todo era un aprendizaje a su lado. Hablar del clima, de pesca, de cine, de música o de sueños postergados. Cada palabra suya colmaba mi alma. A veces yo llevaba refrescos, otras algo rico para amenizar nuestros encuentros; pero me reía porque nunca acertaba sus gustos...eran tan simples y yo quería halagarlo.

Ahora, que entiendo todo, me doy cuenta que solo buscaba menguar su soledad, que todo gesto de cariño o ternura para él era una caricia. Qué algo o alguien lo había lastimado y que inexorablemente solo quería huir del desamor y no sabía cómo. Todo se fue haciendo carne y piel en mí. En él.... nunca supe hasta el otro día.

 

Llevaba una semana sin aparecer. Me parecía raro y empecé a preocuparme. Pero en verdad no sabía donde ir a buscarlo. Su paradero para mí  era tan incierto como su alma. La otra tarde escuché a dos ancianos hablar sobre lo ocurrido:

_Viste el hombre del sombrero gris, el que siempre se sentaba acá...qué raro el otro día se suicidó. Dicen que los bomberos cuando lo sacaron de las vías le encontraron un papel entre las manos.

"MI secreto amor... como explicarte lo que siento. No tengo palabras. El miedo a sufrir me paraliza. Nunca pude superar los desengaños. ¿como hacerme cargo de tu dulce corazón si apenas puedo con el mío? Te quiero, sabelo. Por siempre tuyo. Gracias por estar."

Ahora, sentada aquí, lo pienso, lo siento, puedo respirar su perfume y oír su cálida voz. Nunca pude explicarle claramente lo que siento, que jamás iba a lastimarlo, que el desamor conmigo no existiría.

Me  pongo en marcha lento, muy lento...con un papel en mi mano. "Querido amor...nunca entendiste cuanto te quiero...mis silencios y mi compañía no te bastaron. Ya no puedo esperarte más. Ya no estarás más solo...voy a tu encuentro."

Lento... muy lento. Masticando el aire, con el sol en mi cara...sus ojos negros anclados en mí, su fuerte mano en mi cintura. Caminaré solo cinco cuadras hasta la estación del tren...

Tal vez en este corto trayecto que me separa de él me sorprenda nuevamente la vida.

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  • Gracias Isabel. Me gustan mucho tus relatos llenos de ricos recursos.
    MUY profundo. Lo trágico me puede. Qué gran frase final.
    Gracias Néstor. Si mi prosa es sencila, lo sé. Ojala pudiese escribir como lo haces vos o Ana María con tantos y tan bellos recursos. Lo mio es mas sentimental en el arte de la escritura pero me da placer hacerlo.Mucho más leerlos a Uds. por eso me gusta mucho este rincón de Tus relatos. Gracias por leerme. Abrazo
    Mirta, me has emocionado con esta historia tan bella y tan llena de sentimientos. Me has dejado un rastro de melancolía. Mi más sincera enhorabuena. Un fuerte abrazo
    Perdón...todo resuelto. Nada imposible para una hija de 22 años que se lleva bien con la tecnología. Espero les guste.
    Alguien quiere explicarme porque si transcribo todo el relato perfectamente prolijo con puntos y aparte cuando lo publico me corre todo de lugar y queda este engendro desacomodado. Amo el lápiz y el papel a la vieja usanza. GRRRRR
  • Hay olores que se impregnan en nuestra memoria.

    Es sin duda el coraje a seguir lo que nos impulsa a la vida a pesar de todo.

    Observar la vida.

    Deberíamos de tenerlo en claro para ser plenamente felices.

    Volver el tiempo atrás....quién no lo quisiera alguna vez en su vida.

    Hace frio....y el corazón lo siente.

    Les presento con toda humildad (de verdad) la parte 2 del relato iniciado por Gustavo L: Ruiz. Ha sido un reto para mí salir de lo romántico, de hecho no tengo su maravillosa inventiva y creo que esta parte denota un toque femenino. Espero les guste, en especial a Gustavo. GRACIAS por la generosidad de compartir tu obra confiandolé el final a otro.

    Tu poder sobre mi...aquietas mis ansias.

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soy una habitual y constante lectora, de todo. Y una incipiente y simple escritora, de poco.

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