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5 min
El hombre oscuro (I parte)
Fantasía |
24.04.15
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Sinopsis

Este es uno de mis últimos relatos. Como es largo, os lo voy dejando por partes. Hoy, la primera. Espero vuestras opiniones.

La mujer atravesó el cementerio que daba paso a la mansión con pasos rápidos, ignorando la fiebre que había hecho mella en su persona desde hacía unos días. Temblaba y un sudor frío le recorría todo el cuerpo; notaba que las fuerzas estaban a punto de fallarle, pero no podía detenerse. No ahora. No cuando su destino estaba tan próximo, cuando veía brillar, con un tenue fulgor verdoso, la ventana de la torre de aquella casa donde había pasado sus años de adolescencia.

El cementerio no la asustaba. Lo conocía. Resultaba extraño, pero lo consideraba como una parte de ella misma que se había quedado atrás hacia mucho. Si se hubiera encontrado mejor incluso se habría detenido entre sus lápidas y hubiera dado un paseo, pero un dolor difuso se había adueñado de sus articulaciones y temía que si se demoraba no tardaría en perder el sentido. Y estaba lo otro… el miedo, el terror que la perseguía desde que abandonase la ciudad. El horror que iba tras sus pasos y que si todavía no había logrado darle alcance había sido sólo por pura suerte, quizá inmerecida. Tenía que llegar a la mansión. Tenía que travesar sus grandes puertas de hierro forjado y una vez dentro nada podría alcanzarla.

Salvo él.

¿Cómo la recibiría?, se preguntó, desechando casi de inmediato la opción de que no se dignase a hacerlo. Porque si no lo hacía sería su fin. El ente oscuro que la asediaba le daría alcance y perdería no sólo la vida, sino su propia alma. Él tenía que dejarla entrar, que franquearle el paso a su morada que antaño había sido de los dos. Tenía, si no que perdonarla, apiadarse de ella. A pesar de que la piedad no fuera una emoción con la que el hombre tenebroso lidiara a menudo.

¿Cómo sería su encuentro? Dudó mientras tropezaba con una piedra resbaladiza y a punto estaba de caer. ¿Cómo sería ahora que habían pasado más de quince años, que ella era una mujer de más de treinta y cinco años y él debía rondar los cincuenta? ¿La recordaría? ¿La habría olvidado? Se reprochó a sí misma, mientras avanzaba, el hecho de estar haciéndose esas preguntas mundanas y triviales, cuando era tanto lo que se jugaba, pero no podía evitarlo. El tiempo había transcurrido con rapidez y había dejado sus huellas no sólo en su espíritu, sino en su cuerpo. Todavía era una mujer hermosa, no eran pocos los caballeros que se lo decían a diario, pero había dejado atrás la frescura y lozanía de los veinte años tiempo ha… quizá, a sus ojos, se hubiera convertido en una anciana, acentuada esa impresión por el rencor que, sin duda, él debería albergar en su corazón.

Un viento frío le erizó los pelos de la nuca, haciéndole recordar que su perseguidor se aproximaba. Mientras ella recorría a pie la distancia que la separaba de la mansión oscura al fondo del cementerio, su enemigo viajaba mezclándose en el viento, en las sombras, en las mismas nubes y, si se detenía, le daría alcance. A diferencia de ella, el mal que seguía sus pasos no necesitaba dormir o comer; no tenía que parar para aliviar alguna necesidad de un cuerpo perentorio. A diferencia de ella, el mal que quería darle caza no podía morir. Podía ser destruido, sí, pero con habilidades que iban más allá, mucho más allá, de su poder. Un poder que se encontraba mermado por la enfermedad y el agotamiento y que tampoco le serviría de mucho ahora.

La mujer echó la vista atrás. Una nube negra teñida de gotas púrpura y jirones color sangre se desplazaba hacia ella desde el horizonte. Aún se encontraba lejos y podía ser una nube más, pero por un instante su corazón se detuvo. Un instante tras el cual aceleró el paso, sorteando lápidas y cruces, hasta que sus manos se aferraron al pesado aldabón de las puertas de hierro, que golpeó sin piedad varias veces, desesperada, anhelando poder entrar en aquella casa que le parecía el único refugio seguro que podría ampararla.

Los segundos pasaron y la puerta continuó cerrada. Los minutos transcurrieron. El mal presagio en forma de nube oscura, deshilachada, se desplazaba con una velocidad antinatural hacia ella; a la misma velocidad que poco a poco iban adquiriendo los latidos de su corazón. Un frío intenso la recorrió desde la base de la columna vertebral hasta la cabeza y creyó que iba a desmayarse. Por un instante, sólo por un instante su fe flaqueó: él no iba a franquearle el paso a su morada. La odiaba y con razón. No la dejaría pasar. Estaba perdida…

Y entonces, la puerta se abrió.

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  • Este relato no tiene comentarios
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Periodista y escritora. Acabo de publicar mi primera novela, Linus de Inferno, mezcla de fantasía con algo de Ciencia Ficción. Está disponible en Amazon, el papel y ebook. Estoy muy emocionada con ese proyecto.

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