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10 min
El largo Camino
Reales |
22.12.13
  • 5
  • 2
  • 1443
Sinopsis

Una gran prueba de amor

Esta es una historia terrible, pero a  la vez maravillosa. Dura pero extraordinariamente tierna, mortal pero milagrosamente vital. 
Me refiero a Constantine y a Nadia. Una pareja de jóvenes rumanos  que como tantos otras  vinieron  a nuestro país  esperanzados ante un futuro mucho más halagüeño que el que desgraciadamente  debían de soportar en un país tan pobre como el suyo. Solicitaron trabajo  y en poco tiempo recibieron respuesta positiva. No sólo un empleo, sino también una casa donde vivir. Todo parecía maravilloso y el ofrecimiento era irrenunciable 
Una microciudad se estaba construyendo en un “oasis” de  una zona de Toledo y necesitaban mano de obra barata.  Creyeron que las condiciones de vida podrían ser mucho más fáciles, que podrían tener un futuro mucho más esperanzador que lo que  les aguardaba en su país natal y que podrían concebir  a su hijo deseado aquí en España.
Llegaron desde Rumanía con toda la esperanza de ese mundo que habían soñado y que parecía habían encontrado. La vivienda era una de tantas que debían construir en la zona y que ya habían acondicionado como una especie de piso piloto. Allí se hospedaban junto a una familia más, Contaban con agua, luz y gas y muchas comodidades. El trabajo que le ofrecían a él era duro por que trabajaba más de 12 horas diarias como peón de albañil. Debían construir una gran urbanización en esa zona que n o tenía nada, pero que esperaban que floreciesen al son de las nuevas construcciones. Residencias, parques, jardines y hasta un parque acuático y un zoológico. Para Nadia, su mujer, el trabajo era servir en la casa del constructor. A pesar de tener un trabajo cualificado en su país, uno como médico y la otra como enfermera, aceptaron de muy buen grado lo que les tocaba y lo hacían con gran esfuerzo, profesionalidad y alegría.
Eran tiempos muy felices para ambos. Se querían como pocas parejas puedan imaginar y deseaban cada día que lléguese el momento por breve que fuese de encontrarse en casa, de contarse lo que el día les había deparado y de darse todo el amor que nadie podía ni tan siquiera imaginar. Nadia era muy buena y extraordinariamente bella. Constantine tenía un inmenso corazón. Vivían el uno para el otro y en sus ojos y en sus miradas se reflejaba la ilusión de unos enamorados
Desgraciadamente poco tiempo les duro la alegría. La crisis en España afectó con más virulencia si cabe a esa zona de la Mancha, a ese proyecto de ciudad residencial que quedó abandonada y desolada. Pronto Constantine se quedó sin trabajo. No había obras en las que trabajar. Nadia también. El constructor y su familia abandonaron ese sueño residencial y marcharon a la ciudad dejando allí unas viviendas inacabadas sin las más mínimas condiciones de salubridad (ni agua, ni luz, ni una simple línea de teléfono) La casa  en la que vivían también quedó desolada, pero era la única manera de tener un techo donde cobijarse, esperando que alguien les ayudara o les ofreciera otra salida.

Infelizmente los problemas no terminaban ahí, si no que empezaron. Desgraciadamente Nadia enfermó. Una vivienda fría, sombría, húmeda. La falta de higiene y sobretodo no tener los medios, las medicinas para curarla,  hicieron que convirtiera un  simple resfriado en una bronquiolitis aguda. Este pueblo apartado de la civilización en Toledo era uno de los pocos que quedaban sin cobertura, sin  ni tan siquiera una línea telefónica .Debían desplazarse  casi 20 kilómetros para llegar a una zona con comunicación. Pero ese trayecto sólo era posible hacerlo en coche y  desafortunadamente sólo había uno en todo el pueblo, pero ya se lo llevó el constructor que les contrató. 
En esa alejada Ciudad  había un médico y una farmacia. Debía llegar hasta allí, pero no tenía forma de hacerlo. Ni coche, ni autobús, ni tren. Ningún transporte público pasaba por la zona. Sólo había una solución, aunque algo suicida. A pie, pero no quería dejar sólo a Nadia. La notaba cada vez peor. Sus ataques de tos eran cada vez más frecuentes y sus dolores se hacían evidentes. La frente le ardía y tenía sudores fríos constantes. Aún así nunca se quejó y no le quiso preocupar al bueno de Constantine. Sólo había una manera de conseguir las medicinas y era desplazarse hasta el pueblo más cercano.
Constantine no quiso esperar más. Tenía miedo de dejarla sola pero a la vez sabía que si no encontraba las medicinas apropiadas pronto, quizás fuese demasiado tarde. Así que optó por ir lo más rápido posible. Se calzó las únicas zapatillas que tenía y su ropa habitual y comenzó  a correr. Llevaba mucho tiempo sin hacerlo, pero la necesidad era mayor que su falta de forma. Corrió sin importarle  si le dolían las piernas o lo mucho que llevaba sin hacer ejercicio. En su cabeza sólo existía su Nadia y la responsabilidad que él tenía de conseguir esas medicinas. Los kilómetros avanzaban y su pensamiento no era otro que su querida. Era terrible no poder comunicarse, no saber cómo se encontraba no poder hacer nada más que recoger esas medicinas. Deseaba estar con ella a su lado, abrazarla, ponerla sobre la frente un paño húmedo que le rebajara la temperatura, atenderla como merecía, darla esas medicinas y curarla. Luego ya pensarían en su futuro. Sabían que juntos lo conseguirían.
El bueno de Constantine continuaba trotando con la mirada puesta en esa ciudad salvadora y su mente en el padecimiento de su mujer. La tarde era fría y la ropa que llevaba era escasa. Las piernas pesadas, las rodillas dolientes y la respiración angustiosa y jadeante delataban los primeros síntomas de agotamiento. Una carretera asfaltada de 2 carriles era su pista de atletismo  y la dirección indicada con señales le llevaba hasta su destino. Tras correr más de 1 hora aún el cartel indicaba 12 km a Toledo. Por un instante se paró. Vio a un coche en la lejanía que venía a una velocidad excesiva.  Intentó hacerle señas para que se detuviera, pero no lo consiguió. No sabía si esa carretera perdida tendría algún otro coche en su recorrido hacia sus medicinas, hacia la vida,  hacia esa ciudad llamada Toledo.
Esa interminable pista no era más que una recta sin fin. Constantine continuaba devorando kilómetros, intentando que el paso del tiempo no fuera excesivamente rápido, que dios le concediese esa fuerza necesaria y ese tiempo para salvar a su querida Nadia. A pesar de las fuerzas tuvo que parar. Continuó andando buena parte del recorrido, luego otra vez trotando. De cuando en cuando pasaba algún que otro coche que por supuesto nunca se detenía..Hasta que por fin vio en la lejanía entre la bruma y el agua que caía incesantemente una ciudad y un cartel. Había llegado. Estaba en  Toledo.4 horas le había costado Por fin podía comprar las medicinas.
Llegó hasta la farmacia preguntando lo poco de español que conocía. Alguien le entendió y le indicó por donde debía ir. Efectivamente allí al fondo observó una cruz verde destellante. Sin duda era la farmacia. Desafortunadamente una caja, 20 pastillas era lo máximo que le podía dar, en caso contrario necesitaría receta médica. Pero Constantine no tenía tiempo de pedir cita, ni tan siquiera la podía traer hasta allí. Por lo que cogió las medicinas y sin tiempo ni tan siquiera para beber agua se volvió a dirigir hacia su pueblo, hacia esa ciudad fantasma que les había traído el hambre, el frio y la destrucción, pero donde estaba su amada gravemente enferma y no podía perder el tiempo.
A pesar del cansancio, del frio, de la lluvia y de la noche cerrada, aún con unas zapatillas con las suelas desgastadas no dudó en reemprender el camino de vuelta. Después de 4 horas, las piernas entumecidas, el cansancio extremo y el cuerpo y las ropas anegados de barro y agua llegó y allí estaba su mujer tumbada en la cama. se temía lo peor , pero no podía ser. No era posible que ese sacrificio fuese en vano. Los gritos de Constantine hacia su amada no surtía efecto, tampoco que la moviera para que despertara…hasta que por fin cuando ya la esperanza se estaba desvaneciendo despertó y se abrazó a su marido
-    Cariño, gracias a dios que estas vivas. No te preocupes que ya he conseguido tus medicinas. Pronto estarás curada
-    Gracias amor. Pero…¿ cómo estás tan sucio, con tanta agua y barro?
-    No ha sido nada. Pensaba que me iba a costar mucho pero todo ha ido bien
-    Yo me he quedado dormida y de repente te he visto aquí
-    Y no me voy a separar de ti
Desgraciadamente durante 2 interminables meses tuvo que seguir separándose de ella. Su bronquitis no terminaba de curarse , y cuando dejaba las pastillas, volvía a recaer, por lo que Constantine emprendía con sus viejas zapatillas  el camino a esa farmacia que estaba a 20 kilómetros. Y durante 2 meses cada  una de las semanas lo estuvo haciendo.
Un día por casualidad en su recorrido hacia Toledo encontró a un grupo de corredores. Les adelantó y les saludó. A la semana siguiente volvió a encontrar a esos mismos a los que había saludado. Esta vez le llamaron y le preguntaron que en qué equipo estaba
-    No estoy en ningún equipo, contestó con dificultad
-    No me lo puedo creer,  eres realmente bueno y rápido. Apúntate a nuestro equipo 
-    No puedo es que yo no corro por entrenar
Constantine les contó su historia y ese día su suerte cambió. Esos compañeros le acompañaron hasta Toledo y desde allí avisaron a una ambulancia para llevarle hasta su pueblo. Allí recogieron a su mujer y la ingresaron en el pequeño hospital de la ciudad. Pronto Nadia se recuperó y su Constantine siguió corriendo, pero esta vez su meta no era la farmacia si no la cinta que rompía en cada una de las carraras en las que competía. 
Constantine se convirtió en una estrella del Marathón y lo que ganó lo invirtió en una bonita casa ,allí en esa ciudad fantasma en la que comenzó todo , acompañado de su mujer y de su preciosa niña que nació donde siempre había soñado.

 

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  • Una historia de superación personal , de un amor que no conoce límites. Por suerte tiene un buen final, además está enmarcada en un lugar al que estoy vinculada, mi padre es de un pueblecito de Toledo..Saludos y Felices fiestas Oscar.
    Por suerte la historia tiene un final feliz, por que al principio me temía una conclusión mucho más fúnebre, menos mal que de vez en cuando el azar juega a favor de quien más lo necesita, un saludo y felices fiestas.
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