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3 min
EL LEÓN Y LA CANGREJA
Infantiles |
16.03.21
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Sinopsis

 

-Abuelo, abuelo, por favor,  cuéntanos la historia del león y la cangreja.

Todos los días, desde la cima de un árbol, el león, egocéntrico y erguido, observaba la pradera buscando una hembra para impresionar.

Él sabía cómo cautivar a cualquier animal femenino: con su ostentoso caminar en dos patas sacando hacia afuera sus pectorales como si fuera un soldado de la Antigua Roma. No había hembra que se resistiese a su andar, a su sonrisa, a su mirada; era un ejemplar muy cotizado, un auténtico presumido y la envidia de todos los machos. El león enamoraba a todas las que se le cruzaban por su camino, mas él nunca se enamoraba; siempre decía: «Yo nunca me enamoro».

Una tarde caminaba, como de costumbre despertando suspiros, cuando se topó con una cangreja, pero ésta ni lo miró. El felino animal detuvo su andar y pensó: «Seguramente esta cangreja no me vio » y volvió a pasar por su lado, meneándose con elegancia. Sin embargo la cangreja siguió sin mirarlo.

Ofuscado, el león decidió arremeter con su infalible cortejo que incluía bailes, pasito lunar y rugidos románticos. Esos trucos nunca le habían fallado pero tampoco le resultaron con la cangreja.

Muy triste regresó a su cueva con los brazos caídos. No dejaba de pensar en la cangreja, hasta soñó con ella. Al amanecer se bañó, se perfumó, se peinó y fue a buscarla. En el camino muchas hembras cayeron rendidas a sus pies, pero el rey solo quería conquistar a la cangreja. Una vez que la vio, puso su mejor voz seductora y la saludo con su clásico:

—Buenos días, bombón.

La cangreja lo miró y le sonrió muy lentamente. De pronto el felino sintió mariposas en su estómago y pensó: « ¿Me estaré enamorando?».

Desde ese día nunca dejó de cortejarla. Ya no le importaba ninguna otra hembra, solo quería estar con la cangreja. Pero a pesar de todos sus esfuerzos, el rey de la selva no lograba conquistar a la pequeña crustáceo.  Después de muchos intentos el león estaba a punto de rendirse. Ya estaba cantando canciones tristes al viento cuando de pronto la cangrejita se le acercó, le dio un gran beso y luego se retiró.

MORALEJA: Nadie supo cómo terminó esa historia de amor. Sólo se sabe que nunca pero nunca debes decir: «Yo nunca me enamoro».

 

 

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