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12 min
EL LLANTO DE SUSANA
Drama |
09.02.14
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Sinopsis

Susana lloraba, y desconocía la razón.

Susana lloraba siempre que preparaba la cena. La mayoría de veces las lagrimas se escapaban de sus ojos verdes sin ningún tipo de razón aparente, como si necesitaran huir de algo o de alguien. Aquello escapaba a la compresión de la mujer , algo que ni siquiera la ciencia o las terapias habían logrado solucionar. Sin embargo aquel extraño hecho tenía un pequeño lado positivo: solamente lloraba durante ese pequeño periodo de tiempo, en ningún otro momento las lagrimas se dignaban a hacer acto de presencia. En numerosas ocasiones aquel factor benigno había jugado en su favor y también en su contra. Cinco años atrás en una tarde fría de otoño su padre murío tras sufrir un fulminante ataque al corazón. Aquel golpe supuso un gran cambio en la vida de Susana pero nadie pudo ver como sufría, nadie vio dolor en su mirada y todos creyeron que era una témpano de hielo. Solo pudo demostrar su enorme pesar ante la mirada de su marido que intentó consolarla sin resultado. Durante varias noches Susana dejó vía libre a las lágrimas, que chocaban contra la encimera, mientras limpiaba el pescado, freía unos huevos, aliñaba la ensalada o echaba sal a la carne.

Poco a poco la falta de su padre se esfumó y Susana trató de olvidarlo ayudando a su pobre madre a salir adelante. Su madre en su subconsciente nunca le perdono no haber llorado en el funeral de su padre aunque agradecía su ayuda constante y necesaria para poder sobrevivir. Sin embargo la salud de Matilde empezó a empeorar y su hija sintió que su pobre madre no aguantaría mucho. Durante los meses en los que la fiebre no dejaban de azotarla y las pesadillas le impedían el sueño Matilde pudo comprobar la verdadera razón por la que Susana no era capaz de llorar en cualquier momento ni situación. Aunque no podía entenderlo, su corazón decía que su hija sufría por ella más que nadie y que debía dejar de culparla por aquel extraño defecto. Tras casi medio año de penurias Matilde se recuperó a pesar de que perdió parte de la vista y del oído.

Fue en esa temporada cuando ocurrió un encontronazo que marcó la vida de Susana de nuevo. Al ver a su madre en ese estado decidió pedir la baja para poder ayudarla y tuvo una charla con su jefe, un hombre serio pero atractivo a su modo. Para dolor de la mujer su jefe no le permitió dejar el trabajo temporalmente y ningún tipo de súplica ablando su corazón. Susana, ya se iba cuando sintió la mano de su superior en la espalda. Suavemente comenzó a acariciarla y a besarla por todo el cuerpo. Susana se apartó con un empujón y el hombre le aconsejó que si quería poder seguir trabajando debía pasar con él la noche. Dicho esto la abrazo y siguió besándola para horror de de esta que no consiguió apartarse de nuevo. El hombre empezó a desnudarla y a desnudarse el también y la mujer quiso llorar y sollozar. No lo consiguió dado su raro caso y su jefe dando por echo que quería sexo la empujó tirándola sobre la mesa. Susana intentó decirle que parara pero entre los gemidos de placer del cerdo de su jefe no pudo hacerse escuchar. Llena de impotencia le mordió con fuerza primero y le golpeó después dejando su nariz llena de sangre, y medio desnuda como estaba corrió lejos de la oficina adentrándose en las oscuras calles y en la noche que se cernía sobre la ciudad. Su marido se cansó de preguntarle que era lo que había ocurrido pero Susana no dijo nada ni tampoco preparo la cena. No quería que su marido la viese llorar. Bien entrada la noche llamaron al teléfono. Antes de atender la llamada supo que era algo referente a su madre. Una voz femenina le notificaba que Matilde se había caído escaleras abajo y que se encontraba ingresada en el hospital. No perdió ningún instante y media hora más tarde se encontraba acompañado de un médico hasta la habitación de su madre. Al parecer el golpe había sido tal que se encontraba en un estado de “shoc” total, dormida o en coma como dijo el medico. Aquella losa fue demasiado para la pobre mujer que calló cuan larga era en brazos del doctor.

No tardó en despertar aunque si un tanto aturdida y conmocionada.

Los médicos volvieron a verificar el estado de Matilde aunque su hija ya lo tenía asumido. Destrozada volvió a casa donde recibió el cariño de su marido que ya no podía llegar a entender como la vida podía hacer sufrir tanto a alguien. Mientras disfrutaba de algo de cariño Susana recordó el incidente con su jefe y el pulso se le aceleró. Aún así logró conciliar el sueño. A la mañana siguiente no tuvo valor para ir al trabajo y le dijo a su marido que se encontraba enferma. Cuando, a los dos horas, de irse su marido, se oyó el teléfono la mujer empezó a temblar. Al colocarse el auricular en el oído escuchó que era el abogado de su jefe, citándola para una reunión ya que la habían denunciado por acoso sexual. Aquello era demasiado y Susana temblaba de furia de camino al despacho. A la hora acordada empezó la reunión en la que se encontraban aquel hombre repugnante para el que trabajaba y los abogados de cada uno. En su interior brotó un odio profundo mientras escuchaba las mentiras que salían de la boca de su jefe. Sin embargo la voz le fluía natural y no dejaba entrever ningún tipo de engaño oculto en sus palabras. Tras horas de debate Susana comprendió que no podía hacer nada para ganar, era imposible. Cabizbaja salió de la sala y empezó a bajar las escaleras. De repente la mano de su jefe la agarró la cintura y Susana recordó la situación del día anterior. Sin poder soportarlo agarró la mano del hombre. “Ipso Facto” se encontró contra la pared del descansillo agarrada por las muñecas fuertemente mientras la viscosa lengua de su jefe le lamía todo el cuello. En una situación normal las lágrimas hubieran fluido libremente y los gritos de impotencia se hubieran escuchado por todo el edificio. Pero Susana era incapaz. Cuando sintió los fríos labios del opresor encima de los suyos propios se preguntó como había podido mentir con tanta facilidad ante los abogados, como las palabras de un mentiroso podían ser más reales que las de alguien que dice la verdad. Aunque siendo el propietario de tantas empresas hacer chantaje no podía ser muy difícil y sobretodo siendo un hombre y el polo opuesto una mujer. Sintiendo como le ardían los pulmones acumuló su fuego interior el la pierna que alzó y con la que golpeó con dureza la pierna del hombre. Gimiendo de dolor soltó a Susana no sin antes abofetearla y hacerla sangrar de la nariz. La mujer resbalo y estuvo a punto de rodar escaleras abajo; por suerte logró parar su cuerpo a tiempo y acabo de rodillas al final de las escaleras mayores. Al ponerse de pie pudo oír la voz de unos empleados que socorrían a su jefe. Muerta de miedo abandono sin reparos el lugar no sin antes oír a aquel ser asqueroso llamarla “zorra”.

En aquel estado deprimente llegó al hospital y a pesar de tener problemas para entrar a ver a su madre finalmente se apiadaron de ella y pudo lograr su objetivo. Casi sin fuerzas anduvo hasta el cuerpo de Matilde. La anciana, rodeada de aparatos, parecía más mayor de lo que era y su sonrisa de cariño se había esfumado. Llena de angustia Susana se acercó lentamente hacia el lecho y cerró los ojos y en vez de negro los recuerdos empezaron a despertar poco a poco.

“Como si retrocediera en el tiempo vio la nítida imagen de su pequeña casa hace años cuando tenía once años de edad. Como muchas otras veces su padre había vuelto algo borracho a casa y de mal humor. Su madre cocinaba mientras su hermano jugaba con un avión de juguete. El hombre gritó preguntando por su cena a lo que la mujer respondió que no tardaría. Ella, Susana, veía todo desde un rincón en el que jugaba con una muñeca. Poco después todos se dispusieron a cenar y su padre empezó a quejarse de la comida. Para distraerlo su madre cambió de tema y su marido le contestó de mala manera que le habían despedido del trabajo. El movimiento se interrumpió y el tiempo también. Milésimas de un segundo fue lo que necesitó Matilde para empezar a vociferar a su marido. Los niños asustados dejaron la cena y se fueron. Sin embargo Susana se quedó en una esquina viendo la escena y su hermano se marchó a dormir. Lo único que entendía es que su padre había echo algo muy malo y que su madre gritaba y gritaba. Entonces el hombre se alzó y empezó a vociferar también. Para poder soportarlo Susana se tapó ambos oídos pero la voz de su madre y de su padre le taladraba la cabeza. Todo empezó a dar vueltas y Susana cayó al suelo mientras se retorcía de dolor. En un último esfuerzo se asomó para poder ver lo que pasaba. Durante ese segundo todo cambió para siempre. La niña vio como su padre colorado alzaba la mano y la estrellaba contra el pómulo de su mujer, vio como su madre ponía los ojos en blanco y caía para atrás golpeándose la cabeza, vio como el suelo y la mesa se llenaban de sangre y como el cuerpo inerte de su madre parecía un saco de patatas, vio como su padre se llevaba una mano a la cabeza... y el “ cállate” de su padre logró enmudecer su llanto, aquel alarido la marcó a fuego para siempre aquel grito y la imagen de su madre que parecía estar muerta tendida en el suelo. Entonces su padre salió de la cocina y la vio. Susana no hizo nada para detenerle cuando la alzó en brazos y la besó el cuello como nunca había echo, no hizo nada cuando subió las escaleras y la acarició el cuerpo, no hizo nada cuando abrió la puerta de su habitación y entró llevándola en brazos cerrando la puerta tras de si.”

Un dolor punzante le empezó a oprimir el pecho al abrir los ojos. Estaba en el hospital junto a su madre. Llena de pena la beso en la frente y después de pensarlo durante unos minutos la desenchufó del conector que le permitía seguir respirando. Al hacerlo creyó ver una sonrisa en su cansado rostro a pesar de no estar segura del todo y sonrió para sus adentros. Ya en la planta baja recapacitando sobre lo que había hecho algo la heló la sangre de las venas. En un café del hospital vio a su marido sentado en una mesa tomándose un café. Junto a él había una mujer joven y rubia que le hablaba entre risas. Estaban agarrados de la mano cariñosamente y Susana notó que se querían. En un momento de la conversación ella se levantó y le besó con dulzura. El hombre respondió a aquel beso con la misma dulzura que su acompañante. Mientras veía esto metros más lejos la mujer notó como todo a su alrededor se desmoronaba. Sin querer observas más, pensando que había sido suficiente apartó la mirada. Velozmente salió del hospital y empezó a correr. Corría para olvidar todo y alejarse del mundo, corría para que nadie pudiera conocerla ni hablarla, corría para poder empezar de nuevo, para poder construir otro podium en el que sentirse mejor consigo misma, corría para poder encontrarse, ya que se había perdido por el camino... En definitiva corría para lograr otra oportunidad, una oportunidad sin muerte , sin infidelidades, sin machismo, sin odio y sin rencor, sin pasado y con futuro... otra oportunidad en la que poder derramar lagrimas en cualquier momento, en la que su llanto se escuchara sin barreras que lo impidieran. Una nueva oportunidad como la que le estaba blindando la vida al dejarla correr y huir de toda esa mierda, al dejarla ser una nueva y mejor persona.

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  • Muchas gracias por tu valoración. Tienes razon, el final te deja totalmente indifererente. Igual debería enderezarlo. Saludos, MysticSelene.
    Me quedo con: "sin pasado y con futuro"... Algo intrigada durante la lectura con qué le pasaría a Susana y al final me he quedado un poco ¿...?. Te doy un 3 Xabier. Un saludo.
    Muchas gracias por tu valoración Lore. Ya se que me queda mucho por recorrer, demasidado para ser exactos, pero me da igual. Lo importante es seguir. Y tranquilo, que prefiero las críticas negativas a las positivas. ¿De que vale oir solo alagos? Para poder aprender tienes que recibir y hay que saber aceptar todo tipo de crítica constructiva. Y por eso os agradezco a tí y a Edgardo vuestra valoración. Trataré de mejorar de ahora en adelante. No dudes que os seguiré leyendo a ambos. Saludos.
    Me alegro que te gustase mi estilo, tengo muchos estilos, pero me sorprendió un poco tu valoración después de tu comentario. Demasiado weird. Luego vi que tenías 18 años, y me di cuenta mi querido amigo, que es imposible llegar a una sensación parecida a la del relato con tan solo 18 años. Al menos es muy complicado. Gracias por tu lectura. No te quedes con mi exageradamente negativa valoración. Pero poco mas puedo decir que no haya dicho Edgardo.
    Disculpa si no hice ningún tipo de comentario. Puede que se me pasara comentar. No era mi intención ofenderte. Muchas gracias por tu valoración y tu comentario. Lo tendré en cuenta.
    Demasiado esfuerzo narrativo para una historia pobre. Las estrellas son para cumplir con el imperativo condicionante de TR. Recibí dos valoraciones tuyas y ningún comentario, me parece mala onda
  • Entonces...el bosque tuve que pagar las consecuencias.

    Una carta cuyo contenido supone un antes y un después.

    Nunca se sabe lo que se puede llegar a escuchar a través de las paredes.

    Un accidente y dos historias.

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    Lo que puede pasar en una noche...

    Llegaba el final y él solo sentía frío.

    Él esperaba a las puertas del cine cuando empezó a nevar.

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A mis 18 años llevo toda mi vida escribiendo. Amante de la escritura, de la lectura, de la música y de la natación. Estudiante de derecho e ingenuo y soñador por naturaleza. También clarinestista, pianista y guitarrista.

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