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6 min
El mejor momento del día
Varios |
06.11.12
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Sinopsis

El alma también necesita cafeína

Laura tomó la lata de tomate de la cinta transportadora y la enfrentó al lector, que no reaccionó. Una vez más tecleó el código de barras manualmente sobre el teclado de la registradora. Dos meses hacía que fallaba, divertido al principio porque rompía la monotonía, pero al cabo solo un acto rutinario más. Productos con código descifrable y productos con código indescifrable, subconjunto de estos últimos los que la caja rechazaba obligándola a darle una voz al charcutero para que se acercase a ver el precio.  Cierto nerviosismo en las personas que esperaban junto a la caja y una sonrisa cansina esperando que nadie protestara. Hasta la hora del cierre muchos códigos buenos, muchos códigos malos y muchos precios por preguntar a voces, menos mal que el mediodía rompía la reiteración. Después de recoger iba a casa, con hambre, y si su madre no había preparado la comida cocinaba algo rápido. Las pastillas que su madre tomaba no actuaban siempre con las misma rapidez y entonces, antes de quedar dormida en el sofá, le preparaba la comida, estofado de carne, lentejas con chorizo o tortillas de patatas, sus favoritas. Pero eran más los días que la encontraba dormida y tenía que hacerse una chuleta de aguja, un filete de pollo empanado o un par de huevos fritos. A continuación el café y el cigarrito, eso no lo perdonaba. Si para entonces su madre  había espabilado le contaba alguna cosa: Que bueno Aurelio, el repartidor de Bimbo, que está a ver si me mete en la fábrica, que salen a las cinco, ya ves, casi toda la tarde libre y ganaría un poquito mas, y no trabajan los sábados, genial, ya te digo. Pero si mamá , siete años de depresión a cuestas, continuaba dormida, se entretenía probándose ropa o maquillándose, buscando ese rostro que nunca terminaba de conseguir, así hasta las tres y media, hora  de su siesta, una horita todas las tardes que le sentaba como mano de santo. Sin su siesta no era persona el resto del día. Mientras llegaba el sueño imaginaba que tenía dinero, que tenía tiempo, que tenía un amante que la colmaba, porque Julio era un desastre, un jodido egoísta que la mayoría de las veces la dejaba a medias. No debió empezar con él, todo fue por fastidiar a Rocío, que le había birlado un chico que a ella le gustaba. Así empezó todo, sin estar por Julio, solo por jorobar, y no es que estuviera mal pero era un amante pésimo y Laura siempre terminaba en el servicio de su casa, desahogándose con los dedos. Asco de vida, ojalá que cambiara su suerte porque no sabía cuanto era capaz de aguantar. Desde que su padre se largó con Rosa, de eso hacía ocho años, todo fue de mal en peor. Su madre enfermó, ella comenzó a faltar a clase, con su padre discutía cada vez más, tanto que ahora solo se veían en contadas ocasionas, la ESO aprobada por los pelos hasta dejar los estudios para echar una mano en casa.

    Se sentía vacía, hastiada de su aburrido trabajo, hastiada de la depresión que le robaba lo mejor de su madre, hastiada de Julio y sus maneras toscas y zafias faltas de romanticismo, o de ternura, o lo que fuera que faltara a aquella jodida relación. Y encima no era capaz de echarla un polvo en condiciones. A veces pensaba que sería mejor dormir y no despertar más. Algunos días, después de un orgasmo insulso sentada sobre la taza del inodoro, desmadejada el alma, harta de llorar porque mascaba la infelicidad, sentía deseos de coger el frasco de somníferos su madre y tomárselo entero, anhelante por entregarse a un sueño eterno. La rescataba la imagen de Raúl, un chico al que veía casi a diario junto al supermercado. Se presentaba en las inmediaciones veinte minutos antes de su entrada para encontrase con él, vecino de un portal cercano que salía a esa hora para ir a clase de inglés, moreno de piel y pelo, estilizado, de lánguidos andares, con un culito encantador y unos ojos grises limpios y claros a los que se asomaba dichosa. Casi siempre llevaba un libro en la mano, la saludaba con una sonrisa y si tenía tiempo conversaban unos minutos. El mejor momento del día. Todos se lo notaban, cuando entraba al supermercado el charcutero decía que le sentaba muy bien la siesta, que volvía radiante. Ella sonreía  y callaba, pensando en Raúl y esperando el próximo encuentro, esos breves minutos que la llenaban de emoción, de esperanza, de luz, esos segundos que la prometían que ahí, en alguna parte, existía un mundo distinto, diferente, con la puerta abierta, esperándola.

    Un día Raúl dejó de pasar. Cuestión de trabajo, cambios de horario. Laura se entristeció y lloró como nunca había llorado, en el llanto encontró la respuesta. Pensó en su vida, en lo bien que se sentía cuando estaba junto a él, y quiso tener más momentos agradables, mas miradas de ojos limpios y claros. Supo que en ella estaba la potestad de conseguirlo, de soñar y reír, de encontrar los sueños y las risas de otros. Rompió con Julio: No necesitaba a ningún cretino amargándole la existencia. También dejó de lamentarse por el estado de su madre, buscando que las sonrisas fueran llenando los huecos dejados por los silencios. Encaró el supermercado con otro aire, convencida de que aquel no era su destino, solo una estación de paso. Y lo enfrentó con ánimo jovial, más fresco, con el aire de los que saben que todos necesitamos ojos limpios y claros para asomarnos en su espejo y puertas abiertas de par en par aguardando nuestro paso.

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  • Destila sensibilidad y conocimiento del alma femenina, esa que dicen que no existe :)
    Muy bueno el relato con Moraleja, aunque lo que más me ha gustado es la sinceridad de lo que dices de ti en el encabezamiento de tu página, Emotivo lo de tu Madre ¿Cual son las otras dos cosas que más te gustan además de escribir?
    Me has motivado ender, ultimamente tenía asco de mi vida, bueno, de llevar la misma rutina la cual era tan estres escolar entre otras cosas. Como bien lo platicas "sólo es una estación de paso"; momento que pueden ser vacíos y sin chiste, donde sufres, te sientes como una piedra tirada en el camino y crees que tu vida ya no da para más, pero que sin embargo no son para siempre porque la vida es así y la vida sigue y sigue y nos regalará más. Muy bueno, saludos.
    Lo bueno que tiene leerte es que sabes que siempre encontraras (y desde hace años)algo bueno; lo malo es que leyéndote me creo un inútil escribiendo
    Reinventarse o no atreverse... That's the question.
    Me gusta la idea de estar de paso. como el sentido de ese mismo estar y a la vez las expectativas de poder encontrar algo nuevo. Por lo literario ya sabés. Esta muy bien escrito
    comparto solución y como siempre Ender tu relato nos va llevando...
    De lo mejorcito que leído por aquí. Sin duda cada uno es único dueño de su futuro, y único responsable de su suerte. Felicidades
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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