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El Microrrelato: Su evolución en España
Varios |
14.04.15
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Sinopsis

Estudio sobre el Microrrelato. Séptima entrega.

El Microrrelato: Su evolución en España

Para el desarrollo de esta entrega he sintetizado la información expuesta por:

  • LAGMANOVICH, David. La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Palencia: Menoscuarto, 2005.
  • VALLS, Fernando. Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español. Madrid: Páginas de Espuma, 2008

Hubo algunos autores que ya publicaban a principios de los sesenta y hoy se siguen editando: Arturo del Hoyo (“En la glorieta” y “El triste” pertenecientes a En la glorieta y en otros sitios, 1972), Antonio Pereira (Picassos en el desván,1991, donde nos comenta que en el propio entorno se pueden encontrar los materiales para componer una fábula sencilla sin tener que escribir una novela río, Juan Eduardo Zúñiga (publica en los cincuenta, pero casi toda su obra aparece en los años ochenta. Escribió microrrelatos que tenían una gran carga simbólica y alegórica como “El ángel”, “La rosa” y “El jugador”. Otros autores serían Gonzalo Suárez (“Enamorado”, “Salida de emergencia” y “Pertenencias”) y Ramón Gil Novales (“La casa” e “Instantánea”).

A partir de los años 70 se incrementaron las publicaciones de microrrelatos en nuestro país, y a finales de los ochenta y principios de los noventa, los autores empiezan a escribir siendo conscientes de las novedades que aportaba esta narrativa breve. Entre los autores que se ocuparon del género con continuidad citaremos a Antonio Fernández Molina, Javier Tomeo, Rafael Pérez Estrada, José Jiménez Lozano y Luis Mateo Díez.

Los microrrelatos de Antonio Fernández Molina se caracterizan por la presencia del humor y del absurdo, muy cercanos al surrealismo, como en los titulados “El caramelo”, que pertenece al libro Dentro de un embudo (1973) y “La oficina” de Arando en la madera (1975).

Las Historias mínimas de Javier Tomeo (1988) fueron en un principio poco valoradas por parte de la crítica, y guardan semejanzas con las piezas de Kafka, Buñuel y las vanguardias. En esta obrase alternan textos narrativos breves y microteatro. Otras piezas serían Bestiario y Patíbulo interior (publicadas ambas en el año 2000).

El malagueño Rafael Pérez Estrada compuso La sombra del obelisco (1993) El domador (1995), y La sombra de los atardeceres (1998), donde hace uso de motivos como el del doble y del espejo. Valls (2008: 49) los llama “ilusiones poéticas”. En sus microrrelatos no hay lugar para el sentimentalismo, y “la violencia y la belleza conviven para acercarse a la emoción y al misterio”.

También hemos de mencionar algunos relatos breves escritos en otras lenguas de España, como los de Juan Perucho o Los cuentos portátiles de Pere Calders, (“Confesión”, “El expreso” y “Balance).

Las noventa y una piezas de El cogedor de acianos (1993) de José Jiménez Lozano podrían considerarse “microrrelatos ejemplares”. Sus personajes son seres solitarios con una vida marcada por un suceso oscuro. En Un dedo en los labios (1996) encontramos reescritura de textos antiguos como en “La recordadora”, nueva versión bíblica de la mujer de Lot.

Luis Mateo Díez compuso Los males menores (1993) donde coexistían cuentos y microrrelatos, y solo en su versión definitiva se separan estos últimos del conjunto y se publican bajo el título de Los males menores. Microrrelatos. La mayoría de ellos termina con un final imprevisible como en el titulado “El pozo”, donde un recuerdo de la infancia desemboca en una realidad imposible de explicar.

Valls (2008) sostiene que José María Merino, Ignacio Martínez de Pisón y Enrique Vila- Matashan compuesto microrrelatos aunque no le hayan dedicado un libro completo. Algunas de las piezas de Días imaginarios (2002) de José María Merino podrían considerarse microrrelatos, como la titulada “Vecinos”. En Cuentos del libro de la noche (2005) hay un contraste entre las páginas del “libro del día”, donde lo escrito permanece inalterable a las del “libro de la noche”, que tienen distintos significados y pueden ser borradas para escribir otras”. En la segunda parte de La glorieta de los fugitivos (2007), organizada en forma de microrrelatos, aparecen reflexiones sobre las formas narrativas breves y sobre el Quijote.

Entre los autores que han empezado a publicar en la última década podemos citar a Neus Aguado (Paciencia y barajar, 1990), Pedro Ugarte (Noticias de tierras improbables, 1992), Ángel Guache (Sopa nocturna, 1994), Julia Otxoa, Carmela Greciet, Hipólito G. Navarro, Anelio Rodríguez (Relación de seres imprescindibles, 1999) y Pedro Casariego Córdoba (Verdades a medias, 1999).

En Materiales para una expedición (2002) Pedro Ugarte plantea cuestiones de tipo metaliterario.

El libro Cuentos del lejano oeste (2003) de Luciano G. Egido contiene microrrelatos en los que aparecen el motivo del doble y relecturas de personajes de la literatura universal.

Juan Pedro Aparicio incluía en su primer libro de cuentos, El origen del mono (1975), un microrrelato titulado “El presentimiento”, aunque no fuera consciente de ello. En La mitad del diablo (2006) va disminuyendo el tamaño de las piezas según avanza la lectura, de treinta y nueve líneas que tiene la primera pasaremos a una sola en la última.

Hipólito G. Navarro realizó un experimento parecido, pero estructuró su libro en orden decreciente, terminando con un texto de siete palabras como homenaje al de Monterroso. Entre sus obras destacan: Relatos mínimos, 1996; El aburrimiento, Lester, 1996; Los tigres albinos, 2000, Un libro menguante, 2000; y Los últimos percances, 2005. Clara Obligado (Por favor, sea breve, 2001) y Luciano G. Egido (Cuentos del lejano oeste, 2003), también experimentaron con estructuras similares.

Juan José Millás (Articuentos, 2011), y Manuel Vicent (A favor del placer, 1993), han compuesto piezas breves, “a caballo entre el artículo literario, la fábula y el microrrelato”, donde utilizan componentes narrativos aunque no siempre cuenten una historia.

Algunas mujeres se decantaron por la escritura de microrrelatos, como Julia Otxoa con Kískili-Káskala (1994), Un león en la cocina (1999), Un extraño envío (2006) y El juego del diábolo (2008). Neus Aguado (Paciencia y barajar, 1990) y Carmela Greciet (Descuentos y otros cuentos, 1995) también lo hicieron aunque fuese de manera parcial.

Entre los autores que han nacido en fechas más recientes citaremos a Ángel Olgoso, José Manuel Benítez Ariza, José Alberto García Avilés (su producción de microrrelatos continúa inédita), David Roas y Andrés Neuman (nacido en Argentina. Ha publicado algunos libros de microrrelatos como El que espera, 2000 y Alumbramiento, 2006).

En base a estas investigaciones nos atrevemos a afirmar que España es uno de los países que cuenta con un mayor número de escritores de microrrelatos, y que incluso han surgido editoriales dedicadas casi en exclusividad a estas narraciones breves como Thule (Micromundos), Páginas de Espuma y Menoscuarto.

Hemos de destacar los primeros estudios realizados en torno al microrrelato hispanoamericano de Francisca Noguerol, y los de Irene Andrés-Suárez sobre esta clase de narraciones. Ínsula fue la primera revista académica española que se interesó por esta modalidad narrativa. Quimera le dedicó dos números monográficos en el 2002, y ese mismo año, la profesora Francisca Noguerol organizó en Salamanca el Segundo Congreso Internacional dedicado al microrrelato.

Gran parte del éxito experimentado por los microrrelatos ha sido gracias a la publicación de antologías como La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas (1990) de Antonio Fernández Ferrer; Por favor se breve (2002) de Clara Obligado; Dos veces cuento. Antología de microrrelatos de José Luis González (1998); así como los trabajos de Fernando Valls en la recopilación Ciempiés, en Los microrrelatos de Quimera (2005), y en los monográficos de las revistas Quimera e Ínsula.

Asimismo, cabe mencionar Mil y un cuentos de una línea (2007) de Aloe Azid, formada por microrrelatos, aforismos y greguerías; y los Relatos relámpago (2007), en la que se recogerán piezas de cinco nuevos narradores extremeños nacidos entre 1967 y 1976: José María Cimbreño (“El fregadero”), Francisco Rodríguez Criado (El héroe de aldea Morety “La verdad sobre La metamorfosis”), Pilar Galán (“Grafología”), Elena García de Paredes (“Dragón” y “Sirenas”, versión posmoderna de la Odisea) y José Ramón Santos(“Capítulo VI, primera parte”).

Otra prueba de la vitalidad del género en la actualidad sería la publicación de Astrolabio (2007) de Ángel Olgoso, y el que en 2008 hayan aparecido dos volúmenes de microrrelatos de autores nuevos como Rubén Abella (No habría sido igual sin la lluvia) y Juan Gracia Armendáriz (Cuentos del jíbaro), donde se incluye el microrrelato “No es hora de fantasmas”, variante de los relatos protagonizados por casas embrujadas como los de Poe.

Por último, señalar el gran aumento experimentado en cuanto al número y la calidad de los libros publicados en España se refiere, la proliferación de cursos universitarios centrados en el microrrelato (Salamanca, Valladolid, Potsdam y Málaga); así como su mayor presencia en los medios de comunicación.

 

 

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Mi nombre es Gabriel Ramos y me gusta leer y escribir. Últimamente he escrito relatos breves y algunos cuentos cortos. Agradeceré sus comentarios y sugerencias para mejorar.

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