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El microrrelato: Su evolución en Hispanoamérica I
Varios |
14.04.15
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Sinopsis

Estudio del Microrrelato. Quinta entrega.

Para el desarrollo de esta entrega he sintetizado la información expuesta por:

  • FERNÁNDEZ, Marcial. El microrrelato en México. 12 de noviembre de 2006 a las 15:40. (Publicado en el suplemento El Ángel, del periódico "Reforma", el 29 de octubre de 2006) http://www.ficticia.com/mesa.php?i=1084029&c=200611&o=0&PHPSESSID=89ac1da1bcbaebe154a035b6fa026d17
  • LAGMANOVICH, David. La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Palencia: Menoscuarto, 2005.
  • ROJO, Violeta. Breve manual para reconocer microcuentos (ampliado). Caracas: Equinoccio (Ediciones de la Universidad Simón Bolívar) ,2009.
  • VALLS, Fernando. Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español. Madrid: Páginas de Espuma, 2008

El microrrelato alcanza una gran difusión en la época moderna, al nacer el cuento como género literario debido a dos fenómenos: el auge de las vanguardias con su renovación expresiva, y el mayor número de revistas que necesitaban textos breves ilustrados para llenar sus páginas culturales. También contribuyeron a esa expansión los congresos internacionales de microrrelatos que tuvieron lugar a partir de 1998. (Lauro Zavala fue el precursor de los congresos internacionales de minificción celebrados en el 2008, y creador en el 2000 de El cuento en red, una revista electrónica sobre narrativa breve).

Como indica Fernando Valls (2008), el microrrelato experimentó un gran desarrollo en Hispanoamérica. En Argentina sobresalieron Adolfo Bioy Casares, Anderson Imbert, y Mempo Giardenelli. Dentro de la tradición mexicana René Avilés Fabila. Incluso menciona la creación tres revistas muy importantes para la consolidación del género: El Cuento (1964), dirigida por Edmundo Valadés; su continuación Puro cuento, dirigida por Mempo Giardinelli, y la revista colombiana Ekuóreo.

Lagmanovich (2005) menciona que algunos textos breves, por ejemplo, “El insomnio”, y “El comercio”, incluidos en Cuentos fríos, del escritor cubano Virgilio Piñera, guardan relación con la literatura del absurdo y con el existencialismo de Kafka. Y que no se deben olvidar Los relámpagos lentos del poeta dominicano Manuel del Cabral, en los que se encuentran textos breves escritos en forma de parábola parecidos a los microrrelatos, como el titulado “El político”.

Posteriormente añade que el mexicano Edmundo Valadés compuso microrrelatos contenidos en Sólo los sueños y los deseos son inmortales, Palomita (1986), mientras que el argentino Enrique Anderson Imbert escribió textos de reducida extensión a partir del primer libro de narrativa breve La prueba del caos (1946).

Para Valls (2008), el caso del despliegue del microrrelato en Hispanoamérica ha sido enorme por la calidad y el volumen de los libros que se publican, la proliferación de concursos, antologías, cursos universitarios y congresos, así como su presencia en los medios de comunicación.

Lagmanovich, (2005) explica la presencia del microrrelato en diferentes países de Hispanoamérica, México, Colombia, Venezuela, Chile, Uruguay y Argentina.

La evolución del Microrrelato en México

(Para la evolución del Microrrelato en México se utilizó de manera integra el artículo de Marcial Fernández ya que en muy pocos párrafos describe con maestría el tema).

El microrrelato, tal vez el más nuevo de los géneros literarios —o bien “un género polisémico, susceptible de diversas lecturas genéricas”, apunta Lauro Zavala en "Paseos por el cuento mexicano contemporáneo" (Nueva Imagen, 2004)—, nace como tal a principios del siglo XX en obras del argentino Leopoldo Lugones (1874-1938), del mexicano Carlos Díaz Dufóo hijo (1888-1932), del chileno Vicente Huidobro (1893-1948) y del colombiano Luis Vidales (1904-1986), entre un largo etcétera de autores latinoamericanos que empiezan a utilizar la brevedad extrema para escribir segmentos importantes de su obra narrativa.

Así, a partir de la década de los cincuenta, aparecen tres libros fundamentales para comprender, mediante el ejemplo, el microrrelato: "Cuentos breves y extraordinarios" (1953), de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (compiladores); "La oveja negra y demás fábulas" (1969), de Augusto Monterroso (autor), y "El libro de la imaginación" (1976), de Edmundo Valadés (antólogo), quien, además, en "el cuento, Revista de Imaginación", promueve, desde 1968 hasta la muerte del maestro en 1994, no sólo el Concurso del Cuento Brevísimo, cuyo requisito de participación es “un texto que no exceda el tamaño de una cuartilla por una sola cara y a doble espacio de la máquina de escribir”, sino también como creador de microrrelatos y divulgador de microrrelatistas de todas partes del mundo.

De esta manera, los primeros cultores mexicanos y que colocan a México a la vanguardia en lo que se refiere a dicho género son —además de Díaz Dufóo hijo, Monterroso (que si bien nace en Tegucigalpa, Honduras, en 1921, y se nacionaliza guatemalteco, es en México, lugar de su residencia desde 1944 hasta su muerte en 2002, en donde escribe la mayor parte de su obra) y Valadés—: Mariano Silva y Aceves (1886-1937), Genaro Estrada (1887-1937), Alfonso Reyes (1889-1959), Julio Torri (1889-1970), Francisco Monterde (1894-1985), Mariana Frenk-Westheim (1898-2004), Salvador Novo (1904-1975), Juan José Arreola (1918-2001), Guadalupe Dueñas (1920-2002) y Salvador Elizondo (1932-2006). Asimismo, hay que agregar los nombres del francés-español Max Aub (1903-1972), y del catalán Pedro F. Miret (1932-1988), transterrados en México a razón de la guerra civil española.

Y si bien, con la obra de estos escritores, México marca la pauta a seguir durante el siglo XX en cuanto a la creación de microrrelatos, es el ya citado Lauro Zavala, académico de la UAM-Xochimilco y autoridad en cuanto al estudio de la narrativa contemporánea, quien en 1998 coordina el Primer Congreso Internacional de Minificción, que tiene su sede en la Ciudad de México y en el que se reúnen investigadores de gran parte de la geografía de la lengua española, y con el cual se da inicio a diferentes coloquios cada vez más concurridos y especializados en el fenómeno de la brevedad: el segundo se lleva a cabo en 2002, en Salamanca, España; el tercero, en 2004, en la Universidad de Playa Ancha, Chile; el cuarto, a finales de junio de 2006 en Buenos Aires que, pensado como un encuentro nacional, con la participación de ponentes llegados desde Jujuy (al norte de dicho país) hasta de la Patagonia (al sur del continente), acaba por convertirse en internacional, con académicos, editores y microrrelatistas de otros cinco países, Colombia, Chile, España, México y Venezuela. Y ahora mismo hay otro coloquio, también de carácter internacional, en Suiza.

En dichos congresos, pues, ¿quiénes son los microrrelatistas mexicanos que suelen estar en el centro de las discusiones?

A los ya mencionados se suman René Avilés Fabila, Óscar de la Borbolla, José de la Colina —que aunque nace en Santander, España, vive en México desde 1940 y está por publicar "Portarrelatos", libro en el que compila casi todas sus microficciones—, Beatriz Espejo —maestra de varias generaciones de creadores de brevedades—, Guillermo Farber —uno de la grandes autores surgidos de la revista "El Cuento"—, Felipe Garrido y Rogelio Guedea —quienes publican un microrrelato cada semana y cada quince días, respectivamente, en "La Jornada Semanal"—, Mónica Lavín, Agustín Monsreal —en su más reciente publicación, "Los hermanos menores de los pigmeos" (Ficticia Editorial, 2004), recoge casi toda su narrativa brevísima—, José Emilio Pacheco, Raúl Renán, Joaquina Rodríguez Plaza —española que se exilia en México, en donde todavía vive y da cátedra en la UAM-Azcapotzalco, al imponerse la dictadura en España— y Guillermo Samperio.

Sin embargo, aquí no acaban los autores nacionales que han escrito al menos un libro de “cuentos brevísimos” o que, en distintas publicaciones, han contribuido a que el microrrelato se le considere un género literario independiente, es decir, con características, técnicas y cánones precisos a pesar de —o gracias a— su polisemia. Entre los nacidos en la década de los cincuenta destacan Marco Antonio Campos, Héctor Carreto, Adolfo Castañón, Leo Mendoza y Juan Manuel Valero; entre la generación de los sesenta, Luis Humberto Crosthwaite, Sergio García Díaz —su microrrelatario "La pasión por las moscas" (Fontamara, 2006) se encuentra en las mesas de novedades—, Luis Felipe Hernández, Jorge F. Hernández, Carlos Martín Briceño, Luis Bernardo Pérez y Cristina Rivera-Garza; entre la generación de los setenta, Amaranta Caballero, Víctor Cabrera —su libro "Episodios célebres" (Instituto Mexiquense de la Cultura, 2006) también se encuentra en las mesas de novedades—, Alberto Chimal, Marcos Leija, Fernando Sánchez Clelo, Will Rodríguez, Socorro Venegas —recientemente antologada en Argentina en el libro "Nosotras, vosotras y ellas", de Raúl Brasca (antólogo)— y Heriberto Yepes, y entre la de los ochenta, Juan Maya —aunque inédito, es becario de reciente nombramiento de la Fundación para las Letras Mexicanas—, Édgar Omar Avilés —el más reconocido de su generación y que está por publicar "La noche es luz de un sol negro"— y Praxedis Gilberto Razo —quien forma parte del consejo editorial de la revista "La risa de la hiena".

Existen, no obstante, muchos otros escritores mexicanos de renombre que se han acercado creativamente al microrrelato, enriqueciéndolo: Andrés Acosta, Rosa Beltrán, Agustín Cadena, Mauricio Carrera, Martha Cerda, Ana Clavel, Ana García Bergua, Javier García-Galiano, Margo Glantz, Andrés Henestrosa, Ethel Krauze, Hernán Lara Zavala, Roberto López Moreno, Jaime Moreno Villareal, Luis Arturo Ramos y Raymundo Ramos, por sólo mencionar a los más conocidos.

Pero, a contracorriente de lo que sucede en otros géneros literarios, en el siglo XXI no son los grandes nombres los que suelen abordar de manera cotidiana este tipo de creación, sino escritores —las más de las veces anónimos, pues enmascaran sus nombres con pseudónimos diversos— que forman comunidades en Internet para compartir y discutir sus microrrelatos. El caso, por ejemplo, que se da en www.ficticia.com es significativo, porque más allá de su creación como un portal especializado en cuento iberoamericano en general, mexicano en particular, los usuarios de la página solicitaron a los hacedores de la misma un espacio dedicado única y exclusivamente para escribir, leer y comentar en línea y en tiempo real minificciones, o lo que es uno de sus derivados: el microrrelato.

Así, a partir de aquella petición surge la Marina, un sitio virtual dentro de Ficticia en donde un médico (Alfonso Pedraza), un biólogo (Rubén Pesquera Roa), una secretaria (Eréndida Herrera) y un impresor (Ricardo Robles), han logrado coordinar por más de cinco años, mes a mes de manera ininterrumpida, un taller-concurso diario de microrrelato en el que participan 20 talleristas-maestros, un número indeterminado de talleristas-alumnos y un reconocido escritor, académico o editor invitado que, además de sugerir el tema mensual del certamen, al final del mismo funge de jurado de una selección de microrrelatos realizada por los talleristas. Y si es cierto que en la Marina participan personas de cuanto país se habla el español, el proyecto en sí es mexicano y está dando frutos interesantes, el más reciente, la publicación de "Piedras de luna" (El viejo pozo/Universidad Autónoma de Chiapas, 2005), de Amèlie Olaiz.

Por último, el más reciente libro sobre el tema es "El cuento jíbaro, antología del microrrelato mexicano" (Ficticia Editorial, 2006), de Javier Perucho, en el que se antologa obra de 56 autores acompañadas con un importante estudio que trata de explicar y definir los alcances y delimitaciones del que se supone es el más exquisito, sutil y preciso de los géneros literarios.

La evolución del Microrrelato en Colombia, Venezuela, Chile, Uruguay y Argentina continuará en la siguiente entrega.

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