cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

8 min
El monstruo del sótano
Drama |
09.11.14
  • 5
  • 5
  • 1232
Sinopsis

Un aterrador monstruo vive en el sótano de una tranquila casa. La hija pequeña pronto sentirá curiosidad y empezará a indagar y entablar contacto con el malvado ser.

El monstruo del sótano

 

 

Mi madre siempre me decía que los monstruos existían y vivían cercanos a nosotros. Siempre he sido una chica racional e inteligente, incluso desde pequeñita cuando los cuentos de hadas y duendes me aborrecían y obligaban a desconectar de aquellas historietas improvisadas, y no la hubiera creído por nada del mundo, pero mi hermosa madre se empeñaba en hablarme del señor DuMonde, un malvado ser que habitaba el sótano donde guardábamos todos los muebles y el material que no fuera servible, así como una gran cantidad de papelorio donde podías encontrar toda clase de facturas pasadas. La puerta por la cual accedías a la escalera que conducía a aquella desconcertante habitación comenzó a dibujarse fría y aterradora ante mis pequeños ojos, pocas veces me atreví a abrirla.

 

Una oscura noche donde la Luna se posaba sobre un negro telón profanado por millones de puntitos fijos, mi inseparable gato Zumi decidió hacer caso omiso a las ininteligibles advertencias de mamá y bajó peldaño a peldaño la escalera que conectaba directamente con la habitación, perdiéndose entre la creciente penumbra. Desconocía por qué la puerta se encontraba abierta, no era nada habitual que el cuarto se encontrase accesible. Me acerqué al marco de la puerta y contemplé aquel mar infinito y falto de iluminación mientras llamaba reiteradamente al animal. Dos ojos rojizos comenzaron a materializarse a la par que unos gruñidos agudos comenzaban a sonar dentro de mi cabeza, sin duda alguna era él, el señor DuMonde, de quien mi madre tanto me había hablado. Mi sangre se heló súbitamente sin dejarme esbozar un chillido que describiera mi terror interno, salí corriendo hacia mi habitación y me tapé completamente con las sabanas. No me atreví a girarme durante la carrera para comprobar si me seguía, aunque pronto mis dudas quedaron resueltas. Unos desagradables chirridos comenzaron a emitirse al otro lado de la puerta, DuMonde estaba llamándome con sus afiladas uñas. Cómo conseguí dormirme aquella noche todavía es un misterio para mí hoy en día. Nunca le conté a mi madre mi encuentro con el monstruo, pero sí le preguntaba constantemente acerca de mi padre, a quien hacía años que no veía.

 

– ¿Mamá, cuando va a venir papá a vernos? –preguntaba inocente cual corderito que es engañado y conducido directamente al matadero.

– Papá sigue fuera, cariño. Está trabajando muy duro para que podamos vivir bien. Pero antes de irse dejó esta foto para que no le echáramos de menos hasta que volviera –me tranquilizaba mientras me enseñaba la fotografía donde salíamos los tres sonriendo.

 

Al mismo tiempo que mi edad aumentaba, mis miedos hacia los monstruos decrecían a ritmo veloz. En la escuela solía comentar aquella horrible experiencia con mis más íntimas amigas, de quienes ninguna respuesta aterradora pude obtener. Todas reían y efectuaban miradas cómplices que delataban la gran tontería que les había contado. Fue tal el acoso que recibí por parte de mis compañeros cuando el rumor se extendió que me armé de valor y una noche donde los truenos trazaban infinitas líneas blancuzcas en las alturas decidí bajar al sótano. “Eres una miedica que cree en monstruos aún a estas alturas”, me gritaban en tono burlesco por los pasillos. Estaba dispuesta a conseguir que se tragasen aquellas duras palabras, así que equipada con una linterna que emitía una luz muy débil y entrecortada, seguramente debido a la falta de pilas, empecé a descender los peldaños lentamente para hacer el menor ruido posible y así no delatar mi presencia. Cuando me encontraba a la mitad del tramo, unos maullidos que desgarraron el sepulcral silencio en el cual me hallaba inmersa consiguieron que girara sobre mis talones. Se trataba de Zumi, sabía lo que allí abajo me aguardaba y trataba de advertirme, a lo que yo respondí con un simple “fuera” para volver a mi misión.

 

La débil luz comenzó a posarse en todos los rincones de la habitación, desnudándola y dejándola a merced de mis curiosos ojos. No recordaba haber bajado allí en muchísimo tiempo, todo me parecía extraño y desconocido. Me fijé en una pequeña ventana donde entraban unos frágiles hilos de luz que apenas incidían sobre la multitud de objetos que allí había. Repentinamente, el cielo se iluminó con virulencia y la iluminación del lugar cambió radicalmente. Pude ver perfectamente como unas enormes fauces se abrían a escasos centímetros de mi rostro para tratar de comerme al compás que unos rojizos ojos se posaban en mí. Dejé caer la linterna, la cual se fragmentó en mil pedazos cuando yo ya me encontraba cerrando la puerta. Otra vez tuve ese encuentro frío con el señor DuMonde, un misterioso ser antisocial y poco cortés con las visitas. A menudo me preguntaba por qué a mi gato Zumi no le hizo nada en su visita unos años atrás. Quizás fuesen amigos, pensé. En aquellos instantes era consciente de que me vería obligada a mentirles a mis amigas si no quería que mi fama de miedica siguiera gestándose a ritmo acelerado en los pasillos del colegio.

 

El tiempo pasó volando cual enérgico gorrión surca raudo los mañaneros cielos azulados. Por aquel entonces tendría la edad de trece o catorce años y esta vez sí estaba dispuesta a dialogar con el monstruo y hacerle escuchar mis quejas. Su mero pensamiento me había aterrado a lo largo de mis primeros años y pensaba cambiar aquella situación. Recientemente había terminado mis estudios en el colegio y no estaba dispuesta a que mi pésima reputación se trasladase conmigo al nuevo instituto. Arropada con la luz solar que albergaba el sótano, decidí bajar mientras gritaba su nombre. No recibí respuesta alguna, lo cual me inquietaba. ¿Sería posible que durante el día no apareciera aquel grosero ser? Mi verdosa mirada comenzó a analizar todos y cada uno de los elementos que allí se encontraban. Multitud de cajas apiladas en los rincones acompañaban a enormes estanterías repletas de libros, algunos de los cuales pude identificarlos debido a que los había utilizado a lo largo de los años anteriores. Una gran mesa central se mostraba repleta de chismes que yo no lograba entender ni quería hacerlo. A mi derecha pude divisar de nuevo aquella conocida y enorme boca, situada en una gran cabeza de ojos rojos que me observaban atentos sin pestañear, que trató de comerme en el pasado. Quizás se trató del momento más vergonzoso de mi vida, aunque por suerte lo viví en solitario. Por fin conocí al señor DuMonde, mi ansiado deseo durante la infancia se había cumplido y nada más práctico parecieron esbozar mis labios que una estrepitosa carcajada. No sé como le sentó al monstruo que se riesen de él, pero desde luego a la enorme estatua en forma de dragón que yacía adyacente a la barandilla de la escalera no pareció inmutarle.

 

Acto seguido decidí aprovechar la mañana y curiosear entre los inacabables papelorios que allí había. Para mi sorpresa, encontré una caja donde la palabra “denuncia” se encontraba escrita en el lateral de ésta. Tras observar detenidamente las numerosas fotografías que había dentro de un sobre sellado, quedé paralizada, muerta de miedo como lo estuve años atrás con mis fortuitos encuentros. Unos papeles que se encontraban en el fondo de la caja me afirmaron lo evidente, mi padre era un maltratador que en aquellos momentos se encontraba cumpliendo condena. Mi madre había sufrido su incontenible ira durante años hasta que decidió poner fin a su injustificable tormento cuando yo todavía no tenía uso de la razón. Nunca quiso alarmarme y por ello respondía con falsas evasivas a mis preguntas. Estupefacta, comprendí entonces las palabras de mamá mientras dos cristalinos ríos discurrían sobre mis rojizas mejillas, los monstruos realmente sí existían y caminaban junto a nosotros. Me acerqué y acaricié tímidamente al grisáceo dragón que durante tantos años había temido. Lo abracé y besuquee con todas mis fuerzas, el señor DuMonde nunca había querido hacerme daño por fiero que pereciese, se había limitado a protegerme de aquel terrible secreto hasta que fuera lo suficientemente madura para comprenderlo y asimilarlo, una ardua tarea que se presentaba triste y desgarradora ante mi raciocinio. Mi conciencia se llenó de tristes pensamientos puesto que había confundido el rol de aquel trozo de piedra perfectamente tallado y definido.

 

– Ha sido un placer conocerle. Muchas gracias por todo, señor DuMonde.

 

Y desde aquel mismo día, el señor DuMonde dormiría y conviviría junto a mi en mi desordenada habitación, contemplándome con aquellos hermosos ojos rojos cual zafiro reluce inaccesible tras el escaparate de una joyería.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Los monstruos existen y caminan junto a nosotros, no están en nuestros sótanos. Triste el secreto que descubrió tu protagonista. Muy emotivo tu relato. Muy bueno.
    ¡Muchas gracias a los dos por vuestro tiempo dedicado! :)
    Muy bien logradas las evocaciones... y los finales con amargo sabor a infancia perdida... Chau... un abrazo...
    Excelente relato y muy buen narrado. Como dice la madre de la protagonista, los monstruos existen.
    Excelente relato y muy buen narrado. Como dice la madre de la protagonista, los monstruos existen.
  • El mundo que conocemos se haya envuelto en frío y desolación. La humanidad trata de sobrevivir día a día al hostil entorno. (Breve introducción a una serie de relatos que iré introduciendo.)

    Utilizamos el término "salvaje" para referirnos a ciertos aspectos de la naturaleza, pero ¿La entendemos realmente?

    Microrrelato que intenta lidiar con la cruda realidad que concierne la violencia de género.

    Microrelato emotivo donde un hombre lucha contra las fuerzas opresoras de un amor fallidamente correspondido.

    Breve relato que describe una sociedad avanzada y equilibrada.

    Un aterrador monstruo vive en el sótano de una tranquila casa. La hija pequeña pronto sentirá curiosidad y empezará a indagar y entablar contacto con el malvado ser.

    Tercer y último capítulo de este relato donde el payaso Risón emprenderá un viaje para alejarse de todos los problemas que conseguían martirzarle y así tratar de encontrar alivio.

    Un extraño navío aparece repentinamente en las costas caribeñas. Un grupo formado por tres investigadores se desplazará al lugar para tratar de averiguar qué misterios esconde esta aparición.

    Segunda parte del relato "El payaso Risón". En esta ocasión vemos de primera mano, contada por el protagonista del relato, su perturbada visión sobre la oscura existencia que padece diariamente y de la cual no logra ver la salida.

    Permítanme presentarme, soy un hombre que ha recorrido el mundo entero, sabio y esclarecedor camino junto a vosotros. He robado el alma y la fortuna de muchos seres, no sin haber disfrutado haciéndolo debido a mi picaresca personalidad.

  • 29
  • 4.61
  • 190

Joven de 20 años aficionado a la escritura que trata de llevar al papel sus más interesantes cavilaciones.

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
19.09.18
25.05.18
Encuesta
Rellena nuestra encuesta