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12 min
El MUDAKIRA DE SAMIR II
Reales |
16.04.13
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Sinopsis

La historia se reparte en tres capítulos...los niños soldados y el porqué de su crueldad. Siempre detrás de ellos está la mano negra...

Esa noche, le comentó a Marco lo ocurrido. Antes de que terminara la primera frase, ya le había cortado la conversación el italiano, para advertirle que eso no era nada bueno. Que le había visto con el equipo y que posiblemente para otro día le estaría esperando con algún compinche. No necesitaba explicarle las intenciones.

 

Al día siguiente, Lucas acompañó a la guarnición australiana en una incursión para intentar localizar a dos voluntarios holandeses desaparecidos hacía una semana.

 

Envió la crónica desde los equipos militares. Cuando su colega le preguntó si había subido a conectar, Lucas se dio cuenta de que a lo mejor había perdido una oportunidad de encontrarse con el lanzador de piedras.

 

En la próxima visita al cerro, el periodista tuvo en cuenta las palabras de Marco y llevó consigo un simple cuaderno y un bolígrafo. Hacía unos días que su hermana no dejaba de pedirle que le describiese uno de esos atardeceres africanos.

 

Cuando llegó a la cima, lo vio en su silla de piedra. Lucas se alegró de aquel encuentro provocado.  Cuando se acercó, el muchacho le cedió el sitio. Lucas le dijo en francés que no se levantara, pero puso cara de no entender el idioma.  No dejaba de gesticular para que el periodista tomara asiento. Lucas así lo hizo para que le prestara atención y así poder presentarse de alguna manera.

Mediante señas, repitió su nombre varias veces, hasta conseguir que lo balbuceara. A su vez el chico, golpeándose el pecho, repitió Samir hasta que él lo pronunció.

 

Se acordó de la advertencia de Marco y observó que estaban solos. Sintió alivio.

 

Mudakira –Dijo Samir indicando el cuaderno que Lucas había dejado encima de la piedra. Sonrió y repitió cuaderno en árabe al tiempo que dejaba el bolígrafo encima.

 

–Qalam –dijo el chico tocando el bolígrafo…

 

Ya anochecía, cuando en el alto del cerro, dos siluetas se enzarzaban en un teatro mudo.

Brindaron con dos chicles por la estrenada amistad. Cuando se despidieron, Samir ocultó el cuaderno y el bolígrafo debajo de su mugrienta camiseta, antaño verde, ahora violácea y dada de sí dos tallas.

 

En la primera hoja, Lucas le había puesto su nombre y nacionalidad. Samir no sabía leer ni escribir, pero si atinó a sacarle punta al bolígrafo para subrayar el nombre de su amigo. Se oía el ruido de las puertas al cerrarse y la noche advertía con su toque de queda. Lucas murmuraba para si el título de la crónica del día siguiente: “El mudakira de Samir, primera parte”.

 

En los siguientes días, los rebeldes estuvieron más activos de lo normal. Se acercaba la fecha de las elecciones y querían tener resonancia internacional. A Lucas se le dobló el trabajo. Aún así, al final del día, acudía al encuentro con su amigo. Aunque llegara cansado, no quería defraudarle porque no sabría explicarle el por qué de su ausencia.

 

Algunas veces, Samir acudía a casa de Lucas, pero Marco no era partidario de que entrara y viera los equipos electrónicos. Por eso, los dos periodistas salían de casa y se sentaban los tres en un pozo seco que había enfrente de la puerta de entrada.

El italiano, tenía conocimiento del árabe que hablaban en el poblado, por eso hacía de intérprete entre los dos amigos.

 

Así se enteró Lucas que Samir era huérfano, no había conocido a sus padres. Un tío suyo, que había sido pastor de cabras, le permitía vivir en su casa a cambio de traerlo todo el día de un lado para otro haciendo recados inútiles.

 

Dejaron de preguntarle cosas del pasado y familiares porque se entristecía.

 

Lucas convenció a Marco para que permitiera a Samir ser el encargado de traer el agua de cada día, desde el pozo. El italiano aceptó de mala gana, pero pasados unos días también lo usaba de guía por el poblado y gracias a él, también perfeccionaba el árabe hablado.

 

Un día, Samir acudió a la cita del pozo seco, con un paquete envuelto en una tela sucia. Los periodistas se miraron desconcertados al ver como protegía el envoltorio.

Miró para un lado y para otro, asegurándose de que nadie lo estuviera viendo.  Fue destapando el secreto de la tela andrajosa con tal ceremoniosidad que cualquiera diría que dentro guardaba una reliquia del mismísimo Dios.

 

Cuando apartó la tela del todo, los occidentales se volvieron a mirar más desconcertados si cabe que la primera vez.

 

– ¡Fútbol! ¡Gol! –Dijo Samir extendiendo sus delgados brazos azabaches sosteniendo una deshilachada pelota con las corduras a la vista, del color de la tierra y prácticamente desinflada.

 

Lucas caminó hacia el chico. Cuando recogió la esfera de sus manos para observarla, ya había deducido que les invitaba a jugar al fútbol con la pelota que tanto apreciaba.

Observó la pelota. En esos momentos, Lucas hubiera dado todo lo que tenía, su ordenador, su móvil…todo a cambio de una pelota de esas que se venden en cualquier centro comercial de España por tres euros.  “¿Como puede escasear tanto la felicidad en un sitio donde vale tan poco?”, pensó.

 

Después de unos cuantos regates alrededor del pozo seco, Marco salió de la casa con tres botes de coca cola que había comprado a precio de oro en la guarnición militar. Samir no tenía mucha práctica para beber del bote. Bebía con ansia pausada para no derramar ni una gota de aquel néctar que apenas había probado en una ocasión, cuando un soldado había tirado a sus pies, un bote desde un convoy.   

 

Mientras Samir sopesaba una y otra vez la agonía del refresco, Lucas, con su navaja de mil usos, recortó las hilachas y con un rotulador negro, pintó encima de las costuras de la maltrecha pelota, los pentágonos originales que componían su fisonomía.

 

Cuando terminó, el aspecto del balón hizo olvidar al chico la tristeza por haber terminado el refresco. Le pidió a Lucas que le dibujara en su mudakira una pelota idéntica. El periodista le dibujó los contornos y Samir rellenó de forma cuidadosa los pentágonos de negro. Anochecía, cuando Samir se alejó abrazado a la tela sucia y a tres botes vacíos de coca cola, cuyo uso como vasos, era muy apreciado. Lucas percibió cierta felicidad en su caminar cuando el muchacho se perdió calle abajo mirando la primera página de su mudakira. Reprochó al destino la desigualdad de los seres humanos.

 

Los días previos de las elecciones, Lucas, apenas vio a Samir. Llegaron más periodistas extranjeros y observadores. Se intensificaron las escaramuzas de los rebeldes con los refuerzos de las Fuerzas Internacionales.

 

Pero la causa de la agitación en el poblado, no era por las elecciones, que importaban poco a sus habitantes, era difícil practicar el voto secreto, por lo tanto acudir a votar, sólo podía traer problemas cuando se fueran los observadores internacionales.

 

Pero la hipocresía de Occidente, había traído al pueblo muchas novedades, cosas nunca vistas, armas, aparatos de comunicación… pero sobre todo, alimentos cuyo sabor no tenía nada que ver con lo autóctono.

 

Cuando los rebeldes declararon nulos los resultados de las elecciones de forma unilateral, según ellos por falta de rigor, se endurecieron las diferentes opiniones y los observadores occidentales regresaron a su mundo perfecto con la conciencia amordazada.

 

Lucas fue llamado a regresar y sólo se quedaron allí los periodistas freelance y los corresponsales de guerra.

 

No consoló a Samir la promesa de comunicarse con su amigo a través de Marco ni las camisetas estampadas con escenas de Nueva York que le regaló Lucas.  Cuando el periodista se subió al vehículo militar que le llevaría al aeropuerto de Abéché vio lágrimas de arcilla en las mejillas de Samir.  Cuando se alejó el transporte, se sintió algo aliviado al ver como Marco llevaba al muchacho cogido del hombro, camino de la calle del pozo seco.

 

 

 

*   *   *

 


El domingo se juntó toda la familia en casa de los padres de Lucas, para celebrar que estaba de vuelta. La pasión que ponía Lucas en relatar los días en África hizo que su madre mirara a su padre y este hiciera un gesto de resignación. Se estaba complicando la idea de que su hijo permaneciera estático en un despacho.

 

Durante el café, su hermana, le comentó que había ido recopilando todas las crónicas de El mudakira de Samir, y que su cuñado quería proponerle que las publicara en días a definir, en una columna del periódico. Le pareció bien si el rotativo aprobaba la idea. 

El editor dio el visto bueno para cuando hubiera la primera reestructuración de contenidos del diario.

 

Después de unas cortas vacaciones, le esperaban su cuñado y el editor para decirle que las críticas se habían rendido a las primeras columnas de El mudakira de Samir.  Lucas empezó a creer en el periodismo altruista y en la hipótesis de que podía hacer algo por cambiar el mundo.

 

El equipo de redacción le propuso que cubriera una página del dominical con parecido contenido al de su columna.

 

Él, pidió tres páginas y contenido gráfico en todos los dominicales del mes y viajar a África para documentarse.  Le dieron largas diciendo que lo estudiarían y Lucas se culpó de egoísmo por volver a Chad, al ver que se alargaba el plazo de estudio. Pero su columna tenía cada día más adeptos y eso provocó que cedieran a su petición.

 

Marco se había ido a Palestina y ya no tenía contacto con Samir.

 

El policía del puesto de control de la Terminal 4, reclamó la atención de un compañero para que investigara el contenido de una bolsa, que acababa de pasar el detector. Sacó los elementos sospechosos y después de examinarlos, le dijo al propietario que podía cerrar de nuevo el equipaje. Lucas colocó de nuevos las tres pelotas desinfladas dentro de la maleta y se dirigió a la puerta de embarque de Air France con destino a Paris.

 

Cuando llegó al poblado, era media tarde. En la plaza de la Casa de Gobierno, había más gente de lo normal. Se acercó a un grupo de hombres que hablaban todos a la vez sin dar unos a los otros la oportunidad de entenderse.

 

Uno de ellos, salió del tumulto y se dirigió hacia él. Era el casero que habían tenido Marco y él en el anterior viaje.  Según se iba acercando, era más visible su enojo. Le quería decir algo, pero su exaltación no permitió que Lucas entendiera lo que pasaba.  

 

En la esquina de la plaza, estaba un convoy militar. Se dirigió hacia ellos, dejando al casero gesticulando con los brazos hacia el Cielo.

Se dirigió al militar que parecía tener el mando y le preguntó en francés que estaba pasando.

 

–Va a venir un funcionario a darles las últimas noticias de la incursión de los rebeldes de hace dos semanas. –le dijo un militar que parecía estar al mando, en un francés bastante asequible. Lucas se lo quedó mirando, como esperando más explicaciones.

 

–Hace dos semanas, –aclaró el militar –los rebeldes entraron por la noche en el pueblo y mataron a tres hombres.

 

Matar a tres personas en una noche no era nuevo para los habitantes del pueblo, había pasado otras veces y no se había echo tanto revuelo.

 

–También han secuestrado a cinco niños –aclaró el militar –el mes pasado matamos a diecisiete  rebeldes en una confrontación y ahora están reclutando civiles.

 

A Lucas se le despejaron las incógnitas y fue corriendo al encuentro con el casero.

 

Éste, pensó que si le conseguía explicar que uno de los secuestrados era el chico que les visitaba en la casa, seguramente se la alquilaría de nuevo, al menos mientras la desaparición de los niños fuera noticia.

 

Lucas no sabía como indagar en la búsqueda de Samir. Se acordó de Marco, tenía más experiencia en estos casos, sabría decirle como actuar.

 

Pero el italiano le dio pocas esperanzas. Intentó convencerle de la estadística mandaba en estos casos.

 

–Aunque lo encontraras un día… no será el mismo Samir –le dijo ante la imposibilidad de convencerlo de que un niño soldado, no vuelve a ser niño nunca más.

 

Desde el periódico, le metieron prisa en la elaboración del artículo para el dominical.

 

“El mudaquira de Samir”, Capítulo I: Los señores de la noche.  

 

Redactó con rabia, como los rebeldes entraban impunemente en los pueblos sin protección militar y mataban a meros sospechosos de colaborar con el gobierno. Raptaban a mujeres y niñas para esclavitud sexual y reclutaban a niños para hacer de ellos niños soldados, muy fáciles de adiestrar en el terror y apropiados para misiones suicidas.

 

Ningún niño secuestrado con anterioridad, había vuelto al pueblo. Lucas se sintió incapaz de dar con su paradero o forma de localizarlo.

 

Aún no había pensado el argumento del artículo del siguiente dominical, cuando se enteró de que se estaba preparando una incursión en territorio rebelde, en las montañas.

 

Los mandos militares aceptaron contar con él en la misión. Estaban seguros de su éxito contra los insurrectos, así que la presencia de un testigo internacional no estaría mal.

Cuando se estaban acercando a las montañas, Lucas dudó del éxito de la escaramuza en territorio rebelde. Era notorio, que los soldados no tenían intenciones de entrar en una refriega. El escándalo que hacían, les precedía un par de kilómetros.

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  • Con gusto he leído estos dos capítulos.
    Pobre niño, esos dramas de niños soldados claman al cielo, hay guerras que son ignoradas. A mi es un tema que me enciende. Muy bien trazada la amistad entre el reportero y el niño, con escenas enternecedoras y llenas de sensaciones. Espero la próxima entrega.
    Fascinante, bello y entrañable la labor de aprendizaje y descubrimiento de un Samir, el despertar de su naturaleza, infantil, pobre y musulmana, al contacto con los retazos de la cultura occidental. Cada gesto, cada detalle, cada objeto es un mundo para el niño, un universo de emociones y sensaciones que paladea con deleite supremo como si todo fuera un sueño y cada segundo fuera el último; y lo vive con la " ansia pausada " como si fuera " reliquia de Dios " y " derramando " lágrimas de arcilla"; y encima aprendí dos palabras árabes. Un afectuoso saludo, Lucía.
  • Llegó mi turno... esta semana estaba muy liada pero no he querido que pasara más tiempo... así que Roberto es hora de que pienses en una buena venganza... jejeje. Esto se acaba y me da penaaaa...lo he pasado bien. Gracias a todos por dejarme compartir espacio en estas páginas.

    La historia se reparte en tres capítulos...los niños soldados y el porqué de su crueldad. Siempre detrás de ellos está la mano negra...

    La historia de Samir la voy a repartir en tres entregas...

    Espero que no tengamos que esperar a esto para firmar un contrato indefinido... ojalá se arreglen las cosas pronto...

    No he podido evitar incluir un toque de romanticismo...drama...y alguna sorpresa. Espero que os guste,lo he escrito con mi mejor intención y he disfrutado haciéndolo. Ahora le toca a nuestra compañera Marfull así que ánimo, y a seguir escribiendo que es lo de que se trata.

    De lo bueno a lo malo solo hay un paso...y viceversa...

    A veces se escoge el camino equivocado para llegar a un fin...

    Una ilusión... un hecho... y no solo una vida destruida. Es un relato largo y por eso lo enviaré en tres o cuatro capítulos. Me apetecía volver...

    A escribir se aprende escribiendo, no dejemos nunca de hacerlo.

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Me gusta escribir para transferir a la realidad cosas positivas. Y en esta balanza de la vida además de obligaciones compartimos aficiones.

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