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7 min
El nadador
Reales |
21.03.15
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Sinopsis

La perfección, podía traer la felicidad, o eso cree mucha gente, en esta historia real, os muestro lo duro que puede significar para el alma la búsqueda de un canon, de una perfección y el dolor de primera mano, espero que os guste.

Resonaba en sus oídos, junto al eco de las gotas de ese maloliente vestuario al caer, los latidos del otro mundo, de su otro lado, de sus sombras, de su mal, de él mismo... Dios había vuelto a caer, tanto que le miraba a sus llorosos ojos, a su rasgada garganta... a sus labios manchados... y volvía a no decir nada, juzgante y castigante... el mundo se volvía a caer sobre sus hombros... su alma volvía a estremecerse en ese grito, en ese eco de las gotas en aquel vestuario maloliente... había visto de nuevo sus sueños morir.

Sus músculos entumecidos del miedo, sus pies, fríos témpanos que no abrigaban las chanclas, el bañador de competición, fino como el papel de fumar, apretado como la soga al cuello del ahorcado le agobiaba... Las gafas entre sus dos gorros... Ya no faltaba poco para que le llamasen a nadar... Una prueba más, un trozo de metal más, más medias lunas grotescas en la cara de su entrenador, de su padre y de sus compañeros... ¿ A qué precio?... 

Su mente era una cueva, fría y sola, abandonada en que sus pulmones se dolorían con cada aliento que se escapaba de su boca, su mente era el dolor, el frío infierno del desierto, las lágrimas de los más valientes soldados, el beso esquivado, el dolor, no hay palabras que lo definan mejor, solo dolor...

Había sufrido meses y meses de un vacío constante, su vida no tenía sentido, su día a día era sufrir la sensación de vivir en un oscuro pozo en el que nadaba y nadaba inconsciente de sui ascendía o descendía, desesperado porque apenas quedaba oxígeno en sus pulmones, angustiado porque su piel era azufre y su alma se desvanecía con cada lágrima... Y Dios... Él cayó de nuevo y le miro expectante y en silencio sepulcral, no decía nada, pero él también lloraba...

Pese a los auriculares en sus oídos escuchó su nombre... Y su cuerpo se accionó como un resorte avanzando hacia las postas y los podios para nadar el 100 metros mariposa... Su mente lloraba porque seguía avanzando y alimentando a la muerte, paso tras paso, avanzaba ligero y con dolorosos pasos, porque su alma se agarraba al suelo mojado rogándole no avanzar más, rogándole terminar con esto... Las mujeres, los estudios, la natación, los amigos, no todo podía ser perfecto, y en su intento de ser perfecto se daba cuenta que la divinidad solo trae sufrimiento... El tacto de los labios de las chicas eran ceniza, y sus palabras, sus te quieros, sus abrazos se los seguía llevando el viento... Las mentiras dominaban su lengua, lo que a ojos y oídos de tantos parecía una vida plena a él le hacía sentir vacío... Seguía nadando esperando alcanzar la salida de su pozo, pero no veía nada, y el oxígeno se acababa... Llego a su puesto, silla del podio 4, la mejor marca de la serie... el estudio al cual se entregaba cada día sacrificando el sueño y la cordura ocupó entonces sus pensamientos, ya que era otra luz inexistente en su túnel, otro esfuerzo por legar lo más rápido y mejor posible a su destino, y que en el camino le y había producido tantas heridas como segundos de respiración... El pitido sonó, tenía que subir al podio y tomar la posición de salida americana...

su padre acudió en su mente, ese gran apoyo al que todo contaba y a la vez nada, esta vez las lágrimas si se escaparon de sus ojos, mentiría y diría que se le habían metido al acabar la prueba...

"Preparados" sonó en el altavoz, seguido de la contracción de todos sus músculos, 3 segundos, nada más le separaban del agua, en la cual pudo ver su reflejo, en la cual vio su alma... Su alma era aquel niño pequeño, de fina y pálida piel, con labios gruesos y una mirada negra perdida en el horizonte, con sus gruesos y carnosos labios entre abiertos que dejaban entrever unos graciosos y preciosos dientes flancos como las perlas... Un pelo negro como la noche con un pequeño remolino en el flequillo que lo hacía precioso. Y como el cuadro de Dorian Gray fue creciendo y envejeciendo mostrando la viva imagen de la muerte que e hizo cerrar los ojos... 

La bocina sonó y con ella saltó como un guepardo famélico a su presa... El agua estaba congelada, y el movimiento de sus piernas en la salida submarina le impulsaba más allá de la mitad de la piscina... Una primera brazada, rugiente como la necesidad, con un silencio escabroso, al introducir de nuevo la cabeza, una segunda igual, o incluso más fuerte con un resonar de todo el pabellón animando a un cuerpo sin alma, al tiburón que se alzaba como un pájaro y que se introducía en el agua con la furia de la bestia encarcelada. Su técnica era perfecta, un cuerpo y una posición aerodinámica que le hizo en pocos segundos alcanzar los primeros veinticinco metros y tocar la pared para proseguir con la prueba al grito de ánimo de una novia a la que no quería, de unos amigos a los que no conocía, de un entrenador al que no admiraba, de una vida que se disolvía en el cloro y en e agua...

Unos segundos de submarina, salía el último del agua, pero primero en el puesto, como los grandes, como Phelps, como Le Kloss, como él mismo, y en poco tiempo sus dedos volvieron a rozar el áspero tacto de la pared, indicando que solo le quedaban cincuenta metros.

Sus piernas eran turbinas y sus brazos remos vikingos, que empujaban y empujaban como si el mismísimo diablo tirase de ellos. Su pecho ardía como el infierno, y su mente le había abandonado... Volvía a ver a esas humanoides sombras que le animaban, "imbéciles" pensó, ya que sabía que nada había que le animase, no era más que una máquina a la que habían activado como un interruptor... 

Últimos veinticinco metros, submarina más larga, menos oxígeno y dos brazadas sin respirar, y su alma desde el fondo de la piscina llorando, sin decir nada...

Apenas un par de brazadas más, el resto de rivales apenas podían saborearla estela que su nado dejaba, y la última brazada, con la que agarro la perdición del cuello, con la que besó a la derrota. Resultado: 56 segundos en nadar 100 metros a estilo mariposa, en lo alto, una mirada hueca que lloraba, y mientas se dejaba hundir, Dios bajo entre lágrimas, para finalizar que su alma se la había llevado la perfección y que en su corazón, no quedaba nada.

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