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4 min
EL NIÑO
Varios |
18.07.15
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Sinopsis

El Niño es una inquietud, una latencia. Y como imagen es inquietante y movilizadora quizá porque siempre está evolucionando hacia algo más. Este relato es una pequeña epopeya inspirada en un lluvioso anochecer de febrero. No es perfecto pero su intensidad no me deja ignorarlo.

 

El niño asomó su cabeza por entre las sábanas, entreabrió los ojos y percibió un rumoroso silencio en la penumbra.

Rumoroso silencio…

El mundo estaba muy lejos y sordo. Apenas si lograba percibir sus apagadas voces y sus confusos movimientos. A lluvia, a risas intensas, a gritos exaltados.

No quería salir a él. Ese mundo era un vergel de asombro y a la vez un conjunto de horrores confusos. Prefirió persistir bajo sus sábanas perfumadas, conducentes a su mundo de sueños en donde lo vería una y otra vez.

Pero cuando despertara… no escucharía su voz.

 Escondió su cabeza y se arrebujó contra la almohada abrazándose a ella como si se tratara de su pecho cálido. Las sábanas le recordaban –también- al regazo de su madre.Sin embargo, el latido dentro suyo no daba tregua. Era un golpeteo rítmico y de invasiva presencia que subía hacia su garganta de modo imperioso. Construía un diálogo inquietante con el rumor lejano del sordo universo y entre ambos tejían un puente de sonidos y sensaciones que hacía vibrar al niño.

“No quiero estar aquí… pero me asusta el camino hacia aquel lado”

Cerró los ojos nuevamente y los apretó con fuerza tratando de conjurar ese llamado que sonaba como una pesadilla deliciosa de sirenas. Pero fue inútil.

 La seducción era fuerte.

El latido sordo golpeaba como  pulsión violenta en su estómago. Apartó las sábanas de un tirón y el impulso que lo hizo sentarse en la  cama lo mareó. Estaba jadeando cual si hubiera recorrido un escabroso camino y sin embargo su travesía aún no había comenzado.

El voluptuoso lecho era tentador. El refugio seguro de penumbras y susurros actuaba con una voz hipnótica que pugnaba por mantenerlo en su abrazo. La lámpara de tela dorada que arrojaba su luz tamizada sobre la pequeña mesa se aparecía como las sutiles amonestaciones maternas enseñando el camino seguro.

Pero el rumor lejano era …demasiado real.

“Está allá y debo encontrarlo”

 Pensar en los héroes de sus libros de cuentos y en las narraciones estrambóticas de su padre lo animó a dar los pasos necesarios para abrir la puerta y aventurarse al corredor sombrío.

Quizá la aventura palpable fuera aún mejor que soñar. Nunca se sabe, claro. La aventura llevada a la tierra y el aire podía ser decepcionante. Pero el deseo de verla cumplida y sumergirse en ella era demasiado intenso.

La sala estaba minada de fantasmas. Formas oscuras que parecían mirarlo sin miradas y susurrar sin voz.

“No son más que muebles”  

El miedo casi lo hace llorar.No era un miedo a las apariciones de seres de ultratumba: era el terror a no saber que había más allá. Si, el miedo era una marabunta en su espalda, un nudo de llanto  que producía náuseas. ¿Podria cantar? Eso siempre lo alentaba.¿Y si alguien lo escuchaba? Entonces su fuga sería imposible.

¿Y si él se escuchaba a sí mismo…?

El primer verso fue un gimoteo ahogado sin sentido. Lo asustó su sonido sucio y el carraspeo en su garganta lo obligó a respirar. El segundo fue una exhalación amplia sin sonido. Y el impulso de la tercera lo arrojó contra la puerta inexplicablemente abierta que lo llevó a la noche sombría.

No había nada ahí fuera. Sólo un silencio fresco como su mar en su amanecer de verano. Y el rumor de miríadas de caminos que le sonreían con el sabor de la libertad.

El niño que cantaba escuchó su voz adulta, extrañamente hermosa, certeramente seductora. Ahora ni Él ni nadie podría resistirse a este canto de sirenas.

 

2011-2015

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Actor, autor y director de teatro, artista visual y ansioso creador de historias y de pedazos de ellas.

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