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4 min
El niño que soñaba con volar
Infantiles |
24.03.19
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Sinopsis

Esta historia fue escrita hace unos años inspirada para niños. Me encantaría que me explicarais lo que os transmite esta historia. Gracias!

Había una vez un niño pequeño que soñaba con volar y todas las mañanas se despertaba a la misma hora bien temprano para ver el amanecer. Quería ver el sol como salía del mar y llenaba el cielo de luz y un azul claro inmenso.

 

El niño tenía por costumbre ver a un pájaro volar en el firmamento y no sabía cómo podía volar tan alto en el cielo. Volaba y volaba y hacía círculos cerca de la playa.

 

Un día por la mañana, el pájaro se situó cerca de la orilla donde el niño se posaba siempre. El niño no supo qué hacer cuando se le acercó. Entonces el pájaro le dijo:

 

-¿Por qué me miras tan fijamente por la mañana? ¿Acaso quieres volar?

 

El niño se sorprendió al oír sus palabras y no supo qué hacer ni qué decir. Tenía miedo a decirle la verdad al pájaro.

 

Por un lado quería explicarle que tenía unas ganas tremendas de volar, pero por otro lado no sabía si realmente valía la pena decírselo.

 

Así que se quedó callado un momento y al ver que el pájaro seguía mirándolo fijamente se armó de valor y le dijo:

 

-Uno de mis sueños es volar.

 

A lo que el pájaro le dijo:

 

-¿Y por qué no vuelas? -preguntó el animal.

 

-Porque no puedo. Soy un humano- le contestó el niño.

 

El pájaro tardó un momento en contestar y le dijo:

 

-Yo te puedo enseñar a volar, pero primero tienes que ir a la montaña más alta de estas tierras y pedirle al águila que vive allí que te de una de sus plumas mágicas.

 

Una vez dicho esto, el pájaro salió volando y volvió a situarse en el firmamento haciendo círculos en el cielo.

 

El niño quiso hacer lo que le había dicho el pájaro ya que tenía muchísima ilusión en poder volar, así que se fue corriendo a la montaña más alta de su tierra y la empezó a escalar. Le costó mucho, mucho, mucho subir hasta el pico y cuando llegó no pudo creer lo que se encontró. Allí en el centro sólo encontró una piedra, pero ni rastro del águila. No había ningún ser alado mágico en lo más alto de la más alta montaña.

 

Así que se quedó sentado en la roca viendo el horizonte y pensando que podría hacer para poder volar.

 

Se quedó esperando un rato muy largo mientras miraba toda la vista de la montaña. Era espectacular. Nunca había visto nada igual.

 

Cerró los ojos y se imaginó a él mismo con unas alas super grandes volando por toda la Tierra.

 

Así estaba cuando de repente abrió los ojos y delante de él había un águila super grande y super colorida con una pluma blanca en su pico.

 

Al ver al águila, el niño no se asustó y alargó su mano tomando la pluma. En ese instante el águila desapareció de su vista y él no supo hacer otra cosa que cerrar los ojos otra vez y deseó con todas sus fuerzas tener dos alas tan grandes como las del águila.

 

Una vez abrió los ojos notó algo en su espalda, giró su cabeza lentamente y vio un par de alas bien grandes de color blanco, tan blanco que todo relucía a su alrededor.

 

Cuando se dio cuenta de que todo eso era real, que sus alas eran de verdad, las tocó y notó su tacto aterciopelado y suave entre sus manos.

 

Entonces decidió extender sus alas y de un salto empezó a volar.

 

Voló y voló hasta donde se encontraba el pájaro que le había dicho como poder volar.

 

Una vez lo vio, voló con él en silencio y juntos hicieron círculos en el cielo.

 

Una vez pasado un rato, el pájaro descansó en la orilla de la playa y el niño fue con él.

 

Después de descansar tranquilos, el niño le dijo:

 

-Gracias por haberme dicho cómo poder volar. Me has dado el mejor regalo del mundo que era cumplir mi deseo de volar. Estoy en deuda contigo.

 

El pájaro sonrió con su pico y le dijo:

 

-No estés en deuda conmigo. Realmente hice lo que yo quería, que era tener un compañero con el que poder volar.

 

Y así es como en esta historia, el niño y el pájaro volaron juntos desde el amanecer hasta el atardecer.

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