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4 min
El Padrino III y la versión IV
Históricos |
30.08.20
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Sinopsis

El Padrino III y la versión IV

Por: Felipe Solarte Nates

A diferencia de sus matones hermanos, Michael Corleone, (Al Pacino) el menor, ha sido reservado por El Padrino (Marlon Brando), para que estudie en una buena universidad y se encargue de lavar la imagen de la familia. A fortalecer su cara de ciudadano ejemplar contribuye su decisión de irse al ejército de los Estados Unidos en plena Segunda Guerra Mundial; pero cuando recién regresa, el atentado contra su padre ordenado por una familia mafiosa rival, despierta la sed de venganza que lo arrastra a dirigir el vórtice de violencia  característico  de las bandas que a sangre y fuego se disputan toda clase de rentables negocios ilícitos, y en la práctica, desplazando a sus hermanos mayores, se erige como el nuevo Padrino.

A su servicio cuenta con: tropillas de expertos matones que fuera de sus rivales también se encargan de eliminar testigos incómodos; hábiles abogados defensores expertos en toda clase de leguleyadas; policías y jueces corruptos; periodistas pagos, ejecutivos que administran sus empresas legales; banqueros que también lavan sus dineros; senadores que legislan a su beneficio;  estrellas de la farándula que amenizan sus fiestas,  etc, etc.

En la película El Padrino III, en medio de la función de Opera, que presagia el trágico final de la saga, intercambiando imágenes mostradas en diferentes sitios, donde se desencadena una vorágine de asesinatos y envenenamientos de los que no se salva, ni el Papa Juan Pablo I, por intentar sanear el Instituto de Obras Religiosas y el Banco Ambrosiano del Vaticano, que se habían convertido en principal lavandería de dineros de la filantrópica mafia, el director Francis Ford Coppola, devela hasta que círculos del poder civil y religioso se extienden los tentáculos de la Cosa Nostra italiana, insinuando que el capo de todos los capos, no era Michael Corleone, sino el bonachón primer ministro de Italia.

Este recuerdo me lo despierta la columna de John Mario González, publicada en el Tiempo del 25-08-2020, titulada: “Uribe y Andreotti”,  que en uno de sus apartes reza:

“Si fuera por su fama, invocaciones a la Madre Teresa, relaciones con la Iglesia o poder, Giulio Andreotti hubiera sido santificado tan pronto falleció. Fue siete veces primer ministro de Italia, ministro de Defensa, de Asuntos Exteriores y Economía, senador vitalicio; tal vez el mayor referente de la política italiana de posguerra, por encima de De Gasperi o Aldo Moro. Al igual que a Uribe, no le faltaron defensores desde cardenales, ministros y columnistas, que expresaron su estupor e indignación; que proclamaron su inocencia, víctima de una retaliación estúpida y conspiración judicial. Pero Andreotti también era el amo de las sombras. Como instigador del asesinato del periodista ‘Mino’ Pecorelli, del presidente de Sicilia, Piersanti Mattarella, y de décadas de connivencia con la mafia siciliana. Aunque fue procesado, terminó absuelto por prescripción, como muchas veces ocurre en la historia judicial italiana.”

 

En la Colombia actual, con tantas investigaciones en contra del presidente Uribe y la revelación de oscuros episodios de su pasado, relacionado con muchos de sus inmediatos colaboradores condenados por diversos delitos, mientras se ventila una seguidilla de maniobras oscuras tejidas por abogados de ‘mostrar’ y ‘abogansters’, manipulación y muerte de testigos y maniobras vergonzosas para impedir que avancen las investigaciones y declaren testigos como Mancuso, portadores de comprometedores secretos para importantes personajes de la política y el empresariado colombiano, parece que en vivo y en directo estuviéramos viendo la versión de El Padrino IV.

 

“El país exige justicia y también claridades, vengan de donde vengan, porque si no, habrá muchos Andreotti que, como decía el ex primer ministro italiano Aldo Moro, antes de morir en su secuestro, ocupen el poder para hacer el mal.”, termina su columna González. 

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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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