cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

39 min
El Payaso [Capítulo 1]
Terror |
25.03.14
  • 0
  • 0
  • 1335
Sinopsis

Una parvularia gótica comienza a alucinar con un hombre disfrazado de conejo, quien la manipula al punto de terminar siendo la principal sospechosa de una serie de asesinatos relacionados al narcotráfico, para demostrar su inocencia descubre la verdad tras el conejo junto con un horrible secreto.

Acompañado de un trueno la luz se cortó en su pequeño departamento de un ambiente.

Escuchó unos gritos femeninos, que apenas sobrepasaban el fuerte sonido de la lluvia cayendo contra el sucio pavimento. Se levantó con celular en mano a mirar por una de las gigantescas ventanas que daban a la calle.

En medio de la profusa lluvia, un auto contra un poste, mientras una mujer salía confusa gritando pidiendo auxilio.

Marcó para llamar a la policía, mientras contempló como de los edificios cercanos los mayordomos y conserjes salían a auxiliarlos.

Un cable de corriente cayó sobre ellos, comenzando a chocar contra el metal mojado del auto, chispas saltaban dañando principalmente a la histérica mujer.

Los conserjes retrocedieron, a pesar de la insistencia de la mujer cuyos gritos Lisa conseguía escuchar vívidamente.

Una contestadora automática sonó, pidiendo marcar 1 de ser un asalto, 2 de ser una violación, 3 de necesitar asistencia inmediata… y así continuó Lisa escuchando con atención, hasta llegar a la parte de registrar el choque.

Uno de los conserjes consiguió con un palo de escoba, alejar el cable, mientras los otros con mucha fuerza intentaban sacar la puerta achicharrada.

Del interior lo primero que cayó fueron latas y botellas, Lisa de inmediato asumió eran de alcohol. “15, accidente vehicular”. Lisa simplemente colgó.

Morbosamente continuó como silencioso espectador del grotesco espectáculo, del edificio de al frente varios otros se asomaron, con sus cámaras grabando o tomando fotografías; entre ellos, su vecina amiga, justo frente a ella.

Lisa la saludó con un gesto de cabeza, que la mujer respondió con una sonrisa.

El conductor sin una de sus piernas estaba en shock, la mujer histérica recibió una cachetada de uno de los mayordomos, mientras otra persona se bajaba de un auto con un pequeño botiquín, que Lisa sospechó inservible.

Una respiración en su nuca se hizo presente pero ella estaba sola. El estupor frío la dominó.

Cerró sus ojos y contuvo la respiración, apretando fuertemente el celular que tenía en la mano. A medida que se giraba continuaba sintiendo aquella presencia, allí, atrás de ella, observándola. No obstante, nada encontró.

Retomó la respiración e instintivamente intentó prender la televisión, sin resultados.

Volvió a su cama y comenzó a revisar su celular, prendió la Tablet, tenía temor pues a pesar de que no veía nada, continuaba sintiendo a la presencia allí, en su habitación, juzgándola.

Las baterías de la Tablet y el celular pronto se acabarían pero su angustia no desaparecía, esa sensación persistente de que alguien, desde un punto fijo de la habitación, aquella esquina más oscura, alguien la miraba.

Se levantó y fue al pequeño baño, donde no quedaba espacio ni si quiera para una tina, sacó unas pastillas para dormir, evitando mirar los espejos aunque de haber mirado, no hubiese visto más que su reflejo.

Su rostro perfecto. Su nariz perfilada, de una forma tan ideal que mujeres pagaban para obtenerla, con pequeños agujeros, huellas de sus piercings. Sus pómulos pronunciados, sus ojos cafés amarillentos que ahora sin la espesa capa de pintura negra, se veían grandes y almendrados.

Se tomó la tableta junto a la cama y acomodando su pijama, colocó música y se tapó. Mas la sensación continuaba, persistente y cercana, de que alguien a su espalda seguía mirándola.

Bajó lentamente la frazada, observó el reflejo del agua y por leves segundos vio una sombra negra, grande que se mantenía allí, parada atrás de ella.

Instintivamente se giró para mirar, para confrontarla pero nada encontró más que su ventana y las luces rojas y azules de las ambulancias que llegaban, sin sonido a buscar al infortunado conductor.

Un pesado sueño se apodero de su conciencia, entregándola al constante sueño que dominaba sus noches. Ella huyendo por un bosque sombrío, repleto de árboles secos y quedando atrapada en el lodo, donde cada vez se hundía más.

Despertó con la primera alarma de su celular antes de apagarse por la falta de batería. Para su sorpresa, se encontraba perfectamente vestida, incluso con sus característicos bototos negros, los cuales tenían barro en la parte inferior.

Pantalones negros ajustados, gastados. Una polera de The Ramones y su chaqueta de cuero. Fue al baño, para encontrarse pintada, a la perfección e incluso peinada, un mohawk perfecto.

No podía haber estado durmiendo hace tanto, pensó, de caso contrario su cabello no estaría así. Llena de dudas continuó mirándose en el espejo, buscó en sus bolsillos, pistas, señales, cualquier cosa pero nada encontró más que sus cigarros.

Prendiendo uno tomó su bolso, donde metió sus cosas y echándose el bajo a la espalda, se fue en moto a su trabajo.

Llegó a jardín infantil de escasos recursos, en una de las comunas más pobres y criminales de su país.

Entró a la sala de profesores, esa vieja habitación envestida por el paso del tiempo y el descuido para encontrarse con aplausos y otros gestos de admiración.

Sus colegas, quienes desde hacía unos meses la rechazaban basándose únicamente en su apariencia, ahora la aceptaban y con profundo respeto.

Verónica, su vecina del saludo distante de la noche anterior, la abrazaba con cálida familiaridad, besándola dulcemente en los labios.

Lisa pareció sorprendida, no porque fuese ajena a las caricias femeninas o específicamente de Verónica, sino por que hacían unas semanas, la relación la dio por terminada.

No hizo comentario alguno, al igual que la femenina y curvilínea Verónica, que se excitaba con los tatuados y fibrosos brazos de Lisa. Ambas estaban conscientes de una conversación pendiente, cuyo lugar y momento para hablarlo, no sería ese.

Lisa llegó entonces a su sala, donde como siempre, se encontró con los apoderados de los niños a quienes cuidaba. Todos salvo por el pequeño Martín, junto a su escuálida y sufrida madre.

La reacción de los padres fue similar a la de sus colegas, aplausos y manifestaciones de apoyo, acompañadas de cosas simples para una improvisada coincidencia.

La bis nieta de la Sra. María, una mujer trabajadora que sobrepasaba la edad para continuar criando, le entregó un lindo dibujo, en un marco de palitos de helado.

Lisa no pudo evitar sonreír al encontrarse con su propia imagen, al nivel de heroína de capa al viento, delante de sus niños, quienes sonriente se tomaban de las manos.

  • Gracias – le dijo con una amigable expresión, entonces buscó en sus bolsillos y sacó un chocolate – yo también te tengo un regalo – le dijo entregándoselo.
  • Yo también quiero Tía Lis – se comenzó a escuchar en repetidas ocasiones, por diferentes voces infantiles, todas similares, todas cándidas.

 

Lisa tenía el suficiente sentido común para saber que siempre tenía que tener dulces o juguetes para todos, así que se los entregó a medida que los niños cariñosamente la saludaban.

A diferencia de sus padres, esos niños no se dejaban influenciar por el prejuicio de su dura apariencia, sino por la calidez y preocupación del trato, que en ocasiones, era más grande y expresivo que el amor de sus propios padres.

La Sra. María, avergonzada y dando la cara por todos, se le acercó. Lisa la miró incómoda, no eran necesarias disculpas o explicaciones.

Aun así, la Sra. María sentía que necesitaba dárselas.

  • ´Mija – partió diciendo, con un tono de voz que era inherente de los trabajadores de campo de la zona – Uno es ignorante y tiene malas costumbres, que como vieja, son difíciles de quitar. Si alguna vez la hice sentir mal o le dije alguna tontera, por favor perdóneme. A mí y al resto de estos idiotas que me acompañan.
  • Está bien – dijo Lisa, ansiosa a que se fueran para poder empezar sus clases.

 

Lisa estaba tan acostumbrada al rechazo, que no sabía cómo comportarse con la aceptación. Con la honesta aprobación de la gente que le rodeaba. Nunca deseo ver a sus monstruos como molinos de viento, tampoco lo esperó, no era una situación conocida.

  • Difícil semana que le ha tocado Señorita – dijo entonces Vladimir Puchenko, responsable padre de 44 años, caucásico de buena apariencia, cuya falta de educación era solo descubierta por su forma de expresarse – Yo le encargue a mis primas, que en la peni, me la trataran bien – le comentó refiriéndose al corto tiempo que Lisa estuvo privada de libertad.
  • Me trataron bien adentro – le confesó – No sé si habrán sido sus primas, pero sean quienes fueron, fueron muy amables.
  • Es que así es la ley de la cárcel señorita – le explicó el hombre, mientras se agachaba a la petición de su preciosa pequeña hija, a abrocharle el zapato – Si usted viola, maltrata o asesina a un niño, sea o no su hijo, le esperan las penas del infierno. Si usted salva un niño, que está pasando las penas del infierno, le espera el cielo.
  • Así parece – le comentó fingiendo sorpresa por unos tatuajes de juguete de la pequeña hija de Vladimir, Amelia, que adornaban su brazo izquierdo.
  • Los ha estado guardando hace tiempo, quería usarlas el día en que volviera, no pasó un día en que no preguntase por usted.
  • Entonces eso amerita una foto – dijo Lisa, acercándose respetuosamente a la niña y tomándose una fotografía, en que ambas sonreían.
  • El negro siempre fue raro… - continúo diciendo Vladimir mientras Lisa revisaba la imagen junto a Amelia - …pero de ahí a hacerle daño a un niño, a su hijo, nunca me lo esperé.

 

Lisa no emitió comentarios, simplemente hizo un gesto de absoluto repudió a la acción de “El Negro”. Vladimir volvió donde su mujer, que desde el fondo le hizo un gesto.

La mañana pasó sin problemas, Lisa cumplió su rutina llena de canciones, bailes, coreografías, temperas y lápices de colores.

Llegó el atardecer y Lisa quedó con un par de niños, cuyos padres pasaron largamente el horario de salida de los niños.

Lisa los sentó en un círculo, sobre una colchoneta y les pasó instrumentos musicales. Panderos, flautas y triángulos.

Sacó su bajo y lo conecto a un parlante, comenzó a tocar NIB de Black Sabbath.

  • Tía, tía – dijo Amelia mostrándole un pandero roto – el mío no funciona.
  • Pucha… - exclamó con una mueca - … te compraré otro ¿ya? Mientras pide prestado otro de la caja, alguno de tus compañeros.
  • ¿Puede ser uno rosado?
  • Si
  • ¿Puede ser uno con flores?
  • Si – respondió riendo y volvió a tocar.

 

Los niños cantaban y se movían a su alrededor. Lisa ocupaba el bajo como guitarra, con todo el punteo inicial, se escuchaba siniestro y fantástico.

A pesar del ruido de la habitación, Lisa escuchó unas uñas, que golpeaban en su ventana. Nuevamente fue embargada por el temor. Al girarse vio un payaso, parado allí, asustada se colocó delante de los niños, instintivamente.

El payaso era repugnante. En vez de hombre era una abominación, sonreía y le hacía seña. Entonces el payaso le indicó que guardase silencio, con sus dedos en los labios y caminó por afuera de la ventana, como si buscase una puerta por donde entrar.

  • Niños, saldremos de aquí – le dijo Lisa asustada, los niños sin entender nada la miraron preocupados.
  • ¿Qué pasó tía? – preguntó Amelia asustada.
  • Nada, nada. Esperaremos a los papitos afuera, en la entrada.

Lisa olvidó mochilas y carteras, con lo puesto y los niños de la mano los sacó. Entonces frente a ella, al final del pasillo, de un salto apareció el payaso.

Lisa retrocedió asustada, sin dejar de mirarlo, como se le acercaba. Lanzó un grito cuando chocó contra algo.

  • Tranquila – calmó un hombre de aspecto varonil, sacando una placa identificadora de la policía, venía con una mujer a su lado.

 

Lisa miró hacia donde debía estar el payaso, pero no encontró a nadie, preocupada miró a Amelia y a los niños, quienes sin entender nada miraban a los policías.

  • Soy el comisario Puentes, ella es mi compañera Caballero, necesitamos hacerle unas preguntas sobre Augusto Urzúa…
  • ¿Ese es el papá de Martín? – preguntó Amelia y Lisa asintió.
  • Estoy con los niños, me tendrán que esperar un momento.
  • Está bien.
  • Saldríamos a la entrada, a esperarlos en el patio. Si quieren me acompañan – ofreció con exagerada amabilidad, principalmente por que seguía asustada ante la presencia de ese espectral hombre disfrazado.
  • Está bien – respondió Puentes, admirando la belleza bruta de Lisa mientras que Caballero, apática con los niños hizo una mueca.

 

Puentes preocupado observó cómo Lisa se movía con temor, a pesar de que Lisa intentaba disimularlo, no se alejaba de sus niños, no dejaba puertas sin revisar, no dejaba que los niños se alejasen de su lado.

En silencio Lisa y los policías esperaron a que los padres llegaran. Vladimir miró con especial preocupación a los policías, debido a sus malos antecedentes, le era instintivo el resquemor.

Entonces Lisa y los policías volvieron a la sala, Puentes y Caballero se sentaron en los pequeños asientos y tomaban notas, mientras Lisa arreglaba a su alrededor las cosas, aun preocupada por la presencia de aquel extraño hombre.

  • Señorita Van Rysselbergh… - dijo Caballero bruscamente, cortando celosamente el aparente hechizo que la intensa mirada felina de Lisa sobre Puentes - … Hemos venido a interrogarla con respecto a la desaparición de Augusto Urzúa – Lisa no tenía información anterior al respecto, así que prestó atención – Fue raptado violentamente de la casa donde se quedaba.
  • ¡ME alegro! – exclamó con una honesta sonrisa - ¿Está muerto?
  • Dada su situación, no le conviene mostrarse tan feliz… - aconsejó Puentes.
  • No tengo nada que ocultar – respondió desafiante – y me alegro pues un animal capaz de violar a su propio hijo, no merece compasión alguna, espero haya sufrido y lamento el no haberlo visto yo pareciendo allí, pagando las culpas por lo que le hizo a Martín.
  • ¿Dónde estaba anoche, entre las 11.30 y las 5.30? – preguntó entonces Caballero, mirando con desagrado la expresión de fascinación con que Puentes observaba la pasión con que Lisa hablaba en contra de Urzúa.

 

Lisa guardó silencio, recordó que cuando apagó su Tablet eran las 10.30, posiblemente se durmió como a las 11 tras ver el accidente. Su alarma sonaba a las 6, así que inevitablemente en esas horas se encontraría durmiendo.

  • Durmiendo – respondió.
  • No tiene apariencia de dormirse tan temprano – le comentó desubicadamente Caballero.
  • ¿Parezco un búho acaso? – preguntó burlesca, haciendo reír a Puentes, quien fue amedrentado sólo con una mirada de Caballero – Estuve observando desde mi departamento un choque, Vicuña pasado por escasos metros de Coquimbo.
  • ¡Ah sí! – exclamó el hombre – La electricidad se cortó.
  • Sí – le respondió – Si quieres “pruebas”, hasta que me dormí, posiblemente como a las 11, estaba mirando por la ventana y mi colega, Verónica, quien vive al frente me vio. Al igual que varios de sus vecinos, por si quieren preguntarles.
  • No será necesario – respondió Puentes poniéndose de pie y con un gesto indicándole a su compañera que se fueran, quien no tenía intención de irse – ¿Tiene menos cuerdas esa guitarra o es idea mía?
  • Es un bajo – explicó.

 

Guardando la guitarra en su estuche, fue acompañada por los policías a cerrar el jardín. En donde Puentes continúo la amena conversación con Lisa, en donde averiguó donde tocaría aquella noche, el “Bar de Maurice”.

  • ¿Puedes al menos aparentar profesionalismo? – alcanzó a escuchar Lisa, de Caballero increpando a Puentes al interior del auto, quien continuaba coquetamente sonriéndole a Lisa – Ella es una sospechosa de rapto, quizá homicidio.
  • Pero de un pedófilo ¡¿A quién le importa?! Por mí, que siga matando bestias y limpie esta caga de país.

 

Lisa estaba sentada en la barra, conversando animosamente con Maurice, sobre su experiencia en prisión, en donde terminó bromeando con que se tatuaría una lágrima bajo el ojo, cuando perdió el hilo de la conversación al ver quien llegó.

Verónica, magnifica, provocativa, un ajustado vestido rojo, tacones incómodos y su melena negra, planchada, cayendo con potencia. Perfectamente maquillada.

No quedó cabeza sin voltearse ante la presencia de Verónica, contemplándola como si se tratase de una deidad. Lisa no fue excepción.

Verónica pudo haber estado vestida un poco inadecuado al estilo del resto de los metaleros, pero no le importó, no era a ellos a quienes intentaba deleitar con su presencia.

  • ..Como todos los viernes – escuchó Lisa, de una coqueta Verónica que se sentaba junto a ella en la barra.
  • Si fuese 10 años más joven – le comentó Maurice halagándola y entregándole un trago rosado, una exclusividad – y tuviese vagina – se burló, despertando una sonrisa en Lisa, quien intentaba disimular su atracción por su ex amante.
  • Estoy por tocar… - le advirtió Lisa, para que Verónica no pretendiera entablar un diálogo serio con ella.
  • Lo sé. E venido a eso
  • Ah… ¿Alguna petición especial?
  • Algo de Pearl Jam, quizá Black – Lisa hizo una mueca – Es verdad, no puedo esperar cosas románticas de tu parte – reprochó intentando ser indiferente, pero no lo consiguió.
  • Black no es de amor, es de desamor.

Lisa se levantó tras tomarse su vaso y caminó al escenario, donde el resto de la banda, incluyendo el carismático vocalista María José Gurruchaga, la esperaban.

Lisa desde antes de lo sucedido con Urzúa recibía ovaciones cuando salía al escenario, todos alababan su talento musical, que superaba por lejos, al de cualquiera de los integrantes del resto de la banda, despertando celos en María José.

Lisa desde el escenario podía ver a Verónica, sentada seductoramente en la barra, con su preciosa y larga pierna cruzada, sobre su otra pierna artificial, la cual estaba pintada de forma que pareciera ser mecanizada, un hermoso trabajo hecho por Lisa.

  • Oye – le dijo al baterista, los guitarristas se le acercaron y María José escuchó a la distancia, fingiendo no prestar atención, en un intento vacío por mantener lo que él consideraba liderazgo – alguna romántica de Pearl Jam.
  • ¿Black? – preguntó uno de los guitarristas – de las románticas sólo se me Black.
  • Black no es de amor… - dijo el baterista, dándole la anterior a la previa explicación de Lisa - … Es sobre un hombre que acaba de ser abandonado por su mina – comentó refiriéndose a mujer - … y no tiene idea por qué, pero dignamente le desea buena suerte.
  • Si, sigamos analizando las canciones de Eddie Vedder – comentó otro de los guitarristas, un cocainómano que necesitaba tocar para botar sus energías extras - … cómo si este hueón – le dijo refiriendose ofensivamente a María José – pudiese alcanzar los registros de Vedder…sobre todo en Black…Toquemos “My Father`s son”… ¿Se la saben? – todos asintieron – No es romántica, pero es Pearl Jam. Es algo.

 

Fue tan mala la interpretación, que de haber estado Eddie Vedder en el público, posiblemente hubiese golpeado a María José con una guitarra hasta darle muerte.

Para que dejase de dar lástima, alguien del público le cortó el micrófono y siguió el resto de la banda, ante un animado público que saltaba y movía sus cabezas al ritmo de la energética canción.

María José, en un intento desesperado por llamar la atención, cuando descubrió que no pasaba nada con el micrófono, se tiró al público, lamentablemente el público lo ignoró y cayó bruscamente al suelo. Verónica fue a atenderlo de inmediatamente, Lisa miró con desconfianza tanta atención.

Terminó de tocar pasado la media noche, Maurice le indicó que José María estaba siendo atendido por Verónica en la parte de atrás.

Cuando entró encontró a Verónica jugando con su celular, lejos de María José que vomitaba arrodillado en el wc. Lisa lo ignoró y se alegró de encontrar a Verónica lejana a él.

Verónica fue a besarla y Lisa le respondió apasionadamente acorralándola contra el espejo. El baño estaba asqueroso, confort sucio y orina por todos lados, el olor nauseabundo más vómitos le provocaba al altivo José María.

  • ¿Podemos dejar todo atrás? – preguntó Verónica.

 

Antes de responder Lisa vio por el espejo al payaso, que atrás de ella observaba a María José. Asustada se alejó, sin decirle nada a Verónica. El payaso entonces salió del baño, Lisa decidida lo seguiría.

  • Fue un accidente – le explicó Verónica antes de que Lisa saliera, Lisa simplemente la miró feo.

 

Las luces estroboscópicas y la gente bailando, no le permitían tener siempre a la vista al Payaso, pero a pesar de esto y con dificultad conseguía encontrarlo siempre, entre la gente lograba ver su espalda amplia y su nuca con escasos pelos.

Finalmente lo perdió entre la multitud, Maurice apareció de pronto tomándola del brazo.

  • Necesito que me acompañes – le dijo llevándosela a la oficina.

 

En su oficina encontraron a Ricardo, el guitarrista cocainómano ocupando el tocadiscos para consumir cocaína. Como un juego, tenía varias ileras, en distintos radios y tenía que achuntarle para jalarlas.

  • Esto no puede seguir pasando – le dijo Maurice – menos ahora que andan oficiales rondando.
  • ¿Oficiales? – le preguntó Lisa alejándose de Maurice.
  • Si, un tal oficial Puentes apareció mientras cantabas, hizo un par de preguntas y se fue, por la desaparición del pervertido al que golpeaste – entonces Maurice felicito con un palmetazo en la espalda – Excelente.
  • ¿Qué te preguntó específicamente?
  • Nada específico, tampoco es como si le fuese a responder. Me preguntó cuándo tocabas normalmente. Lo que pasó anoche – acá Lisa se sobresaltó – pero no te preocupes, no le conté todo.
  • ¿De qué estamos hablando?
  • ¡Lo de anoche! – exclamó. Lisa lo llevó al exterior, mientras Ricardo gritaba por que ganaba en su juego - ¿Ocurre algo malo? ¿No debía decir algo? Me hubieses dicho, de todas formas evite lo de la sangre – Lisa lo miró aún más asustada – Qué llegaste a tomarte algo, con las manos con sangre y me pediste el baño. Te fuiste sin pagar.
  • Lo siento – dijo sacando su billetera, pero fue detenida por Maurice, quien con un gesto se disculpaba para volver a su trabajo.

 

Lisa preocupada se fue, evitando a Verónica a quien pudo ver entre la gente buscándola. Llegó a su casa cerca del amanecer, directo al baño.

Prendió la ducha, se demoraba el agua en calentarse. Se desnudó frente al espejo y miró varios moretones nuevos alrededor de su cuerpo, cuyo origen no entendió.

Se sacó sus piercings y los dejó en un joyero de tallarines secos, que tenía en un lugar especial en una repisa.

Se metió al agua, se metió bajo el agua, dejando esta bajara su cabello, con sus ojos cerrados y sus manos apoyadas contra la pared.

Un chillido llamó su atención, era un dedo contra un vidrio húmedo. Miró al exterior, con sus manos limpió su visión deteriorada producto del maquillaje que caía en sus ojos, una sombra gigante estaba en el baño con ella, escribiendo algo en el vidrio.

Asustada se asomó sin meter ruido, solo vio los zapatos gigantescos rojos. No era creyente en Dios, pero pensó que era un buen momento para ponerse a rezar.

Se escondió en un rincón, sin cortar el agua y comenzó a rezar, en un murmullo silencioso. Entonces la cortina del baño se abrió violentamente y Lisa lanzó un grito.

  • Cálmate – escuchó de Verónica – Soy yo – le dijo entregándole una toalla - ¿Hasta cuándo me ignorarás?
  • ¿Cómo entraste? – le preguntó poniéndose la toalla.

 

Miró de reojo al vidrio y parecía decir “Augusto Urzúa”, aunque ahora con dificultad se leía, por la condensación de la puerta abierta.

Lisa a ciegas en la otra habitación comenzó a quitarse la pintura. Verónica la siguió, ya molesta.

Peinó su melena y comenzó a secarla.

  • Todos cometemos errores.
  • Acostarte con otra persona no es un error, no es como que te caíste encima tras tropezarte, no es un error.
  • …pero aun siento cosas por ti.
  • No sé Vero, me tendrás que dar tiempo – le respondió
  • Quizá podemos ocupar el tiempo de mejor manera – le dijo.

 

Lisa la miró encontrándola acostada en su cama, tapada con su sábana y su ropa botada en el suelo, junto a su pierna artificial.

Tocaron al timbre, Lisa fue a la puerta y encontró al detective Puentes parado. Abrió y éste de inmediato le sonrió coqueto, cuando miró a Verónica acostada en la cama aparentemente desnuda y Lisa recién bañándose, no necesito más indicaciones para darse cuenta de lo que ocurría.

Ambas pudieron leer las emociones en el expresivo hombre, pasó de coquetería a decepción, para luego excitación que parecía ser de perversas fantasías. Luego seriedad.

  • Necesito me acompañe.
  • ¿Qué pasó?
  • El Señor Maurice confirmó que usted no pasó toda la noche durmiendo, que fue la información oficial, así que la interrogaremos de nuevo.
  • ¿A esta hora? Desearía hubiesen puesto este mismo grado de interés en el abuso de Martín.
  • No estaba yo a cargo de esa investigación.
  • Lo sé, sólo te digo, que de haber un poco de consciencia en este mundo, lo de Martin no hubiese llegado a lo que llegó.

Puente no emitió juicio alguno, Lisa fue al baño a vestirse, dejando solo a Verónica con Puente, en un incómodo silencio.

Lisa salió con sus atuendos habituales, pero sin pintarse o peinarse. No se veía mal. Bajaron juntos del departamento.

  • ¿Cómo que tu compañera no vino contigo? ¿No que ustedes deben andar en duplas?
  • Así debiese ser – le comentó sin entrar en más detalles - ¿Ustedes son…?
  • No, ya no – respondió – Ella es la vecina de la que te hablé.
  • ¿Y qué me dices de lo de Maurice?
  • No me acordaba – le respondió rascando su cabeza y comenzó a mentir – Me fume algo, hace mucho que no lo hacía y terminé bebiendo algo. Solo eso – Puentes asintió.

 

Se subieron al auto y Puentes condujo a una cafetería, sorprendiendo a Lisa, quien lo miró extrañada.

  • Mira… - le dijo - … si te soy honesto, seguí tu caso con detención, todo lo que viviste y todo lo que hiciste por un niño. Si me casará y tuviese hijos, me gustaría tuviesen una profesora como tu…
  • …ok…
  • … ¿Quieres pasar a tomarte un café?
  • ¿No íbamos a la estación?
  • Ya eres sospechosa… - le respondió - … si informo que se te pasó el detalle del trago, Caballero y Cienfuegos…
  • …. Cienfuegos…
  • Ah. Verdad que lo conoces.
  • Si, él fue quien llevó la investigación. Entonces la cosa es que quieres “ayudarme”. Si pretendes conseguir algo más, aparte de un café, de antemano…
  • No, jamás haría algo así – respondió ofendido – Mi inmoralidad tiene un límite – respondió haciéndola reír.

 

Se sentaron en el café que recién abría, aun ni si quiera prendían las máquinas de expreso y ellos ya ordenaban.

  • Igual tendré que llevarte a la estación, tú nuevamente dirás tu coartada, nombrando a tu vecina y tu barman. Cuando Caballero diga “pero no fue lo que dijo antes”, tu respondes “Antes no fue un interrogatorio formal” y listo ¿Está bien? – ella asintió.

 

Tras un desayuno silencioso, en que no conversaron de nada en especial se fueron al cuartel. Donde en la sala de interrogatorios esperaban a Lisa, Caballero y Cienfuegos.

  • Srta. Van Rysselbergh, tanto tiempo, espero se encuentre con ánimos de cooperar hoy.
  • Los mismos ánimos que usted tuvo para el caso de Martín.
  • Le recuerdo que faltarle el respeto a un oficial es penado por la ley.
  • Le recuerdo que la violación de un menor también lo es.

 

Los dos se miraron incómodos, Lisa le guardaba mucho resentimiento por todo lo sucedido, aunque estaba al tanto que Cienfuegos no era culpable, él cumplió con todo correctamente, fue el juez quien dejó en libertad a Urzúa, dada las irregularidades en la investigación.

  • ¿Dónde estuvo entre las 11.30 y las 5.30 de esta madrugada? – preguntó Caballero.
  • En mi casa, fumando hierba y luego aparentemente fui a tomarme algo donde Maurice.
  • ¿Por qué no nos respondió eso la primera vez?
  • Por qué no era un interrogatorio oficial.

 

Entonces la puerta se abrió, una mujer se asomaba y le hacía una mueca a Cienfuegos, indicándole tenía una llamada urgente. En ese momento aprovecho de entrar el Payaso, se paró atrás de Caballero, apoyando sus manos contra el respaldo.

Lisa pálida intentó disimular su visión.

  • ¿Se encuentra bien?
  • Si
  • ¿Usted sabía dónde se encontraba el señor Urzúa?
  • Solo sé lo que dijeron en la televisión, con unos familiares.

 

Caballero saca de una carpeta la ficha escolar de Martin, donde le indica una dirección. Lisa constantemente desviaba su atención al payaso, quien la miraba fijo, amenazante.

  • ¿Es esa su letra?
  • Sí, pero no sabía que era donde ESA TÍA que se estaba quedando – entonces miró de frente al Payaso y preguntó desafiante - ¿Tienen alguna prueba que me vincule a ese lugar?
  • No, pero tenemos en video la amenaza que le hizo a Urzúa el día del juicio.
  • Del juicio donde fui condenada a cárcel por el secuestro de un menor, ya que no quería que su padre siguiera violándolo, estando al tanto la madre de su ubicación…sí…secuestro. El día en que un violador quedó libre, por la “irregularidad” de que le robase el celular, donde habían videos de él violando a su hijo para denunciarlo a la policía. Si, si recuerdo “Ese Juicio”.
  • Usted cometió un delito, sea por la justificación que sea. Si usted asesinó a Urzúa, pagará por él, usted no está sobre la ley. Sin importar quien sea su abuelo.
  • Tengo más que claro que no estoy sobre la ley, aparentemente Urzúa si ¿Dígame, que se siente trabajar en vano? Pues aparentemente no importa a quienes ustedes apresen, ya que un juez luego los dejará libres.

Caballero se preocupó cuando Lisa comenzó a alargar las últimas palabras. La cara de Lisa se alargó, a medida que perdía control de su cuerpo, comenzó con movimientos repetitivos, como tragar saliva y un gesto con la mano, como si estuviese contando.

  • ¿Está usted bien? – preguntó, pero no hubo respuesta.
  • Tres…- tragó saliva – sieeeeteee, cuatro – tragó saliva – cero.

 

Los labios de Lisa se colocaron morados, su piel exageradamente blanca, mucha rigidez y su vista perdida.

  • Necesito una ambulancia – gritó Caballero al exterior, donde Puentes coqueteaba con una oficial junto a una máquina de agua.
  • Tres, nueve – decía Lisa con mala pronunciación.

 

Lisa parecía querer pararse, Caballero fue donde ella y la contuvo, con la rigidez que tenía, de pararse se caería.

  • Seis, dos, siete, seis, seis, seis – ya dijo guturalmente, con mucha dificultad antes de perder el conocimiento completamente.

 

Lisa despertó al interior de una habitación de hospital, donde le sacaban de la cabeza unos electrodos. Se sentía muy cansada, cómo si hubiese corrido una maratón.

Caballero a su lado jugaba con su celular, agregándole los números que Lisa dijo. Caballero tenía memoria eidética, por lo que la numeración se clavó en su cerebro.

  • Hola. Estabas en interrogatorio cuando te dio una convulsión. Llamamos a tu abuelo hace unos minutos.
  • Ok.
  • Amor – dijo la enfermera cariñosamente – El doctor vendrá en un momento a conversar contigo.
  • Ok.

 

Lisa prendió la televisión, mientras la enfermera sacaba las cosas con dificultad. Encontrandose en la pasada con un arrogante y prepotente Raúl Van Rysselbergh, debió volver a entrar para que el pasase, quien ni si quiera la ayudo a sacar el equipo.

Vestía elegante, setenta años, muy alto, maciso, ojos claros y cabellos blancos. Caballero en cuanto lo vio se levantó.

  • Señor, soy el agente Caba…
  • No me importa quién sea – increpó Raúl – Ustedes expusieron a mi nieta a esta condición, le pediré se retire.
  • Señor, la Señorita Lisa...
  • ¿Tienen una orden de detención? ¿Dónde está la orden del juez? Sin ninguna de ellas le pediré se retire – Caballero no supo que hacer más que salir del lugar – Para la próxima vez que pretenda interrogarla, deberá ser conmigo presente. A menos que quiera una demanda…

 

Caballero se retiró humillada, Lisa no disfrutó la situación. Hablaría con su abuelo al respecto cuando entró el doctor, sin siquiera mirarla a la cara comenzó a revisar la ficha.

  • Epilepsia parcial simple, sufrirá de auras que le alertarán cuando tenga una crisis, aunque le dejaré un medicamento que tomará una pastilla y media cada 8 horas. La dejaremos esta noche en observaciones, para saber cómo reacciona al medicamento. No puede consumirlos con alcohol, otras drogas y evite trasnochar – dijo saliendo.
  • ¿Quién se cree ese doctor que es? ¿Incapaz si quiera de mirarnos a la cara? – preguntó Raul indignado preparándose para irlo a buscar.
  • Abuelo, da lo mismo – le dijo Lisa.
  • Pero es que no corresponde, quien se cree que es…pediré un traslado, ese es el problema de estos hospitales para pobres…
  • Abuelo, da lo mismo, solo pasaré la noche acá. No hagas más problemas.

 

Lisa no se dio cuenta cuando se durmió, despertó al amanecer con su abuelo durmiendo en una silla junto a ella.

Frente a ella estaba el Payaso, mirándola fijo, con sus ojos brillantes, era lo único prácticamente que e podía divisar en la oscuridad.

  • No existes
  • Tu tampoco – le respondió con una voz zarrapastrosa, ausente de emoción, ausente de vida.

 

La puerta se abrió y entró una enfermera, con un carrito que no entró. Sacó unas pastillas en un vasito de cartón y le en otro vaso llevó agua.

  • Hola linda – saludó adentrándose y mirando hacia donde Lisa hablaba – Va, te escuché hablando dormida. Tómate los medicamentos. Ahora, sagradamente debes respetar los horarios.
  • Si – dijo tragándoselos – Has tenido síntomas raros – preguntó tomando la ficha médica y anotando que le daba la dosis.
  • ¿Cómo cuáles?
  • Dolor de cabeza, mareos, dolor de estómago, alucinaciones…
  • ¿Alucinaciones? ¿Cómo ver un payaso gigante? – la enfermera la miró seria y luego lanzo una risotada, que Lisa copió, entonces ambas se pusieron serias – No estoy viendo un payaso gigante – la enfermera salió y el abuelo comenzó a despertarse, con un fuerte dolor de espalda.

Caballero llegó con dos carpetas a su oficina, donde Puentes en su escritorio jugaba con una pelota contra estrés mirando un video en youtube.

  • Veo que tu mañana ha sido productiva.
  • Lo ha sido, este es el video de la amenaza
  • ¿En serio? – preguntó acercándose - ¿Un millón de visitas
  • Eso no es todo, mira, lee los mensajes.

 

Puente deslizó la página y Caballero leyó, cientos de mensajes, de distintas partes del mundo apoyando el proceder de Lisa.

Otros cientos contando historias dramáticas, de vivencias infantiles y como encontraron un poco de justicia en Lisa, proyectando sus propios demonios en Urzúa.

Puente colocó el video desde el principio, tenía el logo de un conocido canal nacional, se tomó durante la franja de noticias.

  • Acá me encuentro, afuera del palacio de justicia para transmitir en directo, sobre el juicio de Lisbeth Van Rysselbergh, nieta del conocido abogado y empresario Raúl Van Rysselbergh, quien a sí mismo colocó un recurso de amparo para sacar a su nieta de prisión, como recordaremos resultado del anterior juicio por secuestro del menor de iniciales M.U.Y, el pasado 4 de abril.
  • Como recordaremos – decía otra mujer en estudio – La señorita Lisbeth trabajaba como parvularia en el Jardín Infantil Los Pollitos Cantores cuando se dio cuenta que el menor, su alumno, estaba siendo abusado por su padre, ya que al acompañarlo al baño, el niño presentaba dificultades para obrar. El menor le pidió ayuda al párvulo, quien de inmediato llamó a la policía para informar la situación pero todo quedó en nada por falta de pruebas. El menor aterrorizado no quiso volver con su padre, por lo que la señora Lisbeth lo secuestró, manteniendo al tanto a la madre del menor y a su vez, le borró el celular al padre del menor, Augusto Urzúa, para entregárselo como pruebas a la policía, ya que como el menor le informó “El papá hacía películas con él”…me informan en directo que viene saliendo el abuelo, el Sr. Raúl Van Rysselbergh.
  • Claramente… - decía Raúl dando una cuña a otro periodista - … mi nieta hizo lo que cualquier persona, con un poco de empatía haría por un niño que le pide ayuda, esto no tiene nada que ver con mi estatus social o el nivel de pobreza en que el menor se desarrolla, esto son derechos internacionales vulnerados, mi nieta simplemente…

 

La cámara rápidamente va al otro lado, donde Lisa se iba a subir a un elegante auto de vidrios polarizados, el chofer le abría la puerta cuando aparece Urzúa.

Lisa no titubea en golpearlo en la cara y comienza a propinarle una violenta golpiza, con mucha destreza, que debe ser detenida por carabineros, mientras afuera, manifestantes gritan en favor de Lisa.

  • ¡Te juro que nunca más te acercarás a Martín! – amenazó, siendo contenida por Raúl quien la metía de vuelta al auto.

 

Puentes y Caballero se miraron, Caballero dejó dos archivos sobre el escritorio, uno muy grueso y el otro delgado.

  • Adivina cual es el de Urzúa y cuál es el de tu nueva diva – Puentes tomó el grueso para encontrar el de Lisa – Posesión, consumo, micro tráfico, desordenes varios, agresiones varias, robos…todo tapadito y salvaguardado por el abuelito…al punto, que Cordova debió cobrar favores para llegar a él.
  • ¿Cómo es que trabaja en un jardín infantil?
  • Es parte de un programa de rehabilitación por drogas, desde que está limpia trabaja allí y los delitos cesaron…hasta ahora
  • Sí, pero era un pedófilo así que no importa – entonces Puentes hace un gesto – Quizá deberíamos ir a hacerle una visita al Sr. Van Rysselbergh – Caballero todo el camino se fue pendiente, de un auto que sospechaba le seguía, sin decirle a su compañero, quien prestaba atención al camino.

 

Lisa llegó a casa de su abuelo, una mansión decorada al estilo victoriana. Se quedaría un par de días, al menos hasta que la situación con sus medicamentos se regularizara.

Mientras el abuelo guardaba el auto en el estacionamiento, Lisa se bajó para visitar a su madre al antejardín.

Ema (41) parecía un ángel, con su cabellera larga, lisa y rubia.

En cuanto la vio se levantó a abrazarla, acariciando su cabellera con cariño.

  • Lisa, Lisa, Lisa – dijo nerviosa.
  • Si mamá, soy yo – respondió pacientemente, dejando que la madre le tocara el rostro.
  • Lisa, Lisa, Lisa ¿Eres tú? – volvió a preguntar
  • Si, mamá, soy yo – le respondió cariñosamente.

 

Ema desde la adolescencia sufría catatonia, provocada tras una brutal agresión sexual en que le trajo como resultado el embarazo no deseado de Lisa y una encefalopatía.

Ema desvariaba y decía frases de poca coherencia, tenía una anormalidad en sus movimientos también, en ocasiones eran torpes, en otras eran simplemente extraños.

Lo máximo de lucidez lo conseguía cerca de su hija y el máximo de estupor (inmovilidad física) cuando estaba cerca de su padre, el Sr. Raúl Van Rysselbergh.

Raúl era un miembro de la elite, un importante empresario que dedicó toda su vida a causas sociales y a agrandar sus riquezas. Poderoso y acaudalado, efectivamente era el responsable de que las faltas de juventud de Lisa, hubiesen pasado inadvertidas.

Ema se pierde un momento en sus pensamientos, un poco de saliva corre por su boca, Lisa la limpia con su manga, sacándola de su letargo.

  • Lisa, Lisa, Lisa ¿Eres tú?
  • Si, mamá, soy yo – respondió nuevamente, con la misma paciencia, mientras le hacía una trenza en su larga cabellera.
  • Lisa ¿Me peinas como tú? – le dijo mirando a su moicano.
  • Ruth se enojará – le respondió sonriendo, refiriéndose a su abuela, una altanera y clasista mujer.
  • No me importa – entonces nuevamente se pierde en un punto fijo – Lisa, Lisa, Lisa ¿Eres tú?
  • Si, mamá, soy yo – respondió con un poco de pena, terminando la trenza.

 

Lisa entró con su madre de la mano, se encontró de frente con Ruth, de 69 años. Intolerante, arribista y con una obsesión por guardar las apariencias que a Lisa le desesperaba.

Ruth era el motivo principal por el cual Lisa no pasaba tanto tiempo con su madre como quería.

  • ¡Ay Dios Santo! – exclamó Ruth al ver a Lisa - ¡Raúl! ¡Raúl! ¿Cómo permitiste que esta niñita viniera así? ¿Qué dirán los vecinos?
  • No me importa – gritó Raúl desde la cocina haciéndola enojar.
  • Si te quedarás en esta casa, obedecerás mis reglas y te vestirás como corresponde – No permitiré que andes como un mamarracho.

 

Mientras tanto, Caballero seguía preocupada del auto, prendió el gps de su celular, con intención de denunciar la situación con el teléfono de Puentes, quien seguía sin entender que ocurría. Entonces se fijó en los pares de números.

  • Espera – le dijo a Puentes obligándolo a detenerse a un lado del camino. El auto que los seguía obligatoriamente debió adelantarse y seguir su camino, intentando disimular.
  • ¿Qué ocurre? ¿Me dirás ahora que ocurre?
  • Son coordenadas… - dijo y de memoria anotó unas coordinadas en el google earth de su celular - … Vamos para allá, vamos al Cajón del Maipo.

 

Puentes obedeció sin hacer mayores preguntas, sabía cómo llegar al camino que Caballero emocionada le indicaba. Guardó silencio, esperando la mujer ordenara sus pensamientos para explicarle.

  • Cuando Lisa tuvo la crisis, recitó una secuencia numérica, no sabía que eran los números hasta ahora, son unas coordenadas.
  • La gente habla incoherencias en las crisis epilépticas.
  • ¿Tanto como para dar una coordenada tan cercana?

 

Llegaron entonces a una carretera en medio de un cerro, cercana al río pero al otro lado de la urbanización.

Caballero emocionada bajo corriendo, con el celular en mano, cuyas coordenadas continuaban triangulándose, aunque no con tanta exactitud como ella quería.

Caballero impresionada quedó, al encontrarse con el dantesco escenario. Augusto Urzúa moribundo, con el rostro lleno de cocaína y una herida en el estómago. Señales que fue torturado y dejado con esa herida a morir desangrado.

Cuando Puentes lo vio, tomó su radio para pedir una orden de arresto para Lisa.

Lisa en su casa estaba junto a su madre podando unas rosas, cuando vio al payaso, con una pizarra infantil en la mano, escrito con tiza decía “Vladimir Puchenko”.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Este relato no tiene comentarios
  • Este relato no tiene valoraciones
  • La heredera al trono debe seguir con la tradición de su familia, de ser la "sacerdotiza" por no decir esclava sexual de unas criaturas que fueron en un pasado asociados con dioses, ella elije no seguir su destino. Si quieren leerlo completo, pueden descargarlo gratis. "Ella" J. Descortés

    Si le gustó, puede seguir leyendo en el facebook de "Andrea quiere abortar".

    Primera escena. Si quiere leer más, puede descargar el primer capítulo en la página de facebook bajo el nombre "Andrea quiere abortar"... Gracias!

    Marcos hará lo que sea necesario para escapar de la Friendzone en que Emiliana lo mantiene desde adolescentes.

    Un hombre que cometió un terrible error.

    Nunca descargar imágenes de facebook de tu ex. NUNCA.

    El cerebro es capaz de procesar lo que se escucha unos segundos tras la muerte.

    Un hombre consigue estar con la mujer que ama, el mismo día en que ella se quitaría la vida, evitándolo.

    Basado en hechos reales...

    Marianela una mujer muy embarazada, a pies descalzos quiere rescatar a su hija de la guardería, en medio de una apocalipsis zombie.

  • 20
  • 4.45
  • 385

Si existen cosas que odio son: 1. auto-referencia 2. las listas 3. la ironía. NECESITO FEEDBACK....GRACIAS!

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta