cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

7 min
El payaso Risón III (final)
Drama |
03.11.14
  • 5
  • 2
  • 973
Sinopsis

Tercer y último capítulo de este relato donde el payaso Risón emprenderá un viaje para alejarse de todos los problemas que conseguían martirzarle y así tratar de encontrar alivio.

(   Enlace a la primera parte del relato: http://www.tusrelatos.com/relatos/el-payaso-rison   )

(    Enlace a la segunda parte del relato: http://www.tusrelatos.com/relatos/el-payaso-rison-ii)

 

 

Emprendiendo el viaje

 

 

Los nudillos seguían impactando con cierta dureza detrás de la vieja y carcomida puerta. Llevaba encorvado en aquella posición fetal varios minutos sin atreverme a tomar el camino que me aclarase quién o quiénes estaban llamando reiteradamente. Las lágrimas habían cesado; el sosiego parecía comenzar a tomar parte en aquella pesarosa escena donde el retrato de Isabel había discurrido entre mis manos hasta caer sobre los marrones ladrillos que se extendían por todo el piso. Unos potentes rayos solares se colaban a través de la ventana impactando sobre el cuello empapado de mi camisa, dándole intensidad a la fibra rojiza de la cuál estaba confeccionada. La mesa, junto a las sillas, observaban con atención el rastro vergonzoso que había dejado tras mi zarandeado paso hacia la ventana. Los cristales de la esfumada botella se repartían y extendían armoniosamente por toda la habitación, habiéndome incluso causado molestias cuando me tumbé en el frío suelo e imité a los bebés. El rondado armario, donde mi mejor amigo se hallaba depositado, se erguía empotrado perfectamente a mis espaldas sin mostrar el menor signo de debilidad ni arrepentimiento. Mis turbados ojos emprendían un enérgico vuelo libre de ataduras para posarse sobre todos los elementos y estancias que albergaba mi rango de visión. Había cesado paulatinamente el molesto aporreamiento de la puerta, creí encontrar la forma de evadirme de aquellos estridentes sonidos simplemente haciendo caso omiso a las advertencias, que comenzaban a gestarse y escandalizar el pasillo de aquel bloque de viviendas. Cerré los ojos y abracé de nuevo el retrato recuperado de mi mujer para tratar de conciliar el preciado sueño, el cual conseguía adelantar las horas y los acontecimientos a ritmo desenfrenado. Desgraciadamente, aquello no perpetuó durante mucho tiempo, estaba evadiendo el problema pero no solucionándolo. Una mañana cualquiera en la que el Sol volvía a brillar galante, sin previo aviso debido a la falta de predisposición alguna por mi parte para abrirles la puerta, las autoridades irrumpieron en el apartamento haciendo uso de la fuerza bruta, echando la puerta abajo con un pesado y sofisticado aparejo sin que me diese tiempo a salir de mis absortos descansos.

 

Mis empequeñecidas pupilas hicieron acopio de todos los reflejos y destellos que en la calle se pronunciaban, requiriendo la protección continua de los párpados. Mis ojos habían permanecido demasiado tiempo en aquel entorno exasperante, acostumbrándose así a la tibia penumbra que bailaba con la oscuridad a altas horas de la noche. Multitud de curiosos se agolpaban a escasos metros de la entrada del bloque esperando mi salida escoltado por la policía. Pude reconocer algunos rostros que me observaban impasibles, sin sentimiento alguno reflejado en ellos. Comprendí que tras mi máscara de pintura y nariz de invención propia, se encontraban unos deteriorados rasgos faciales que nadie que hubiera acudido a una de mis actuaciones conocería en aquellas circunstancias. Intenté cubrir mi vergüenza con las manos mientras el camino hacia el coche que me llevaría a la comisaría se acortaba. El sol bañaba en áureos reflejos a los niños jugando en el parque que quedaba a mi izquierda, radiantes de vitalidad y futuro. Aquella angelical visión no consiguió alejar los males de mi desvencijada mente, la cual se introdujo con rapidez ocupando el asiento trasero del coche policial.

 

* * *

 

La tarde se ilustró en las alturas, dejando al Sol escondido tras los altos edificios del barrio caro del pueblo. El viaje y estancia en comisaría me resultaron tolerables, tras una larga discusión cargada de amenazas por parte de un juez de tez severa por mis irrefutables actos ilícitos, me dejaron marchar. Fue durante el camino de vuelta cuando tomé la determinación de afrontar la idea de realizar un viaje, un viaje que me permitiese alejarme de aquel lugar infernal donde los recuerdos impregnaban mis alrededores, un viaje que me permitiese encontrar la redención y borrar lo antaño acontecido, un viaje que me llevase a un territorio tan lejano e inexplorado, que al mismo tiempo me acercara a mi amada esposa. Mis zancadas se aceleraban al compás que en mi cabeza se ordenaban armoniosamente los pasos que decidí seguir, los cuales me habían rondado mucho tiempo atrás y ahora por fin iban a realizarse. Dudé, evidentemente no era un camino fácil de tomar, pero el pozo negruzco donde las ya conocidas manos habían conseguido hundirme hasta que solamente mi nariz pudo actuar como proveedor de oxígeno, conseguía no dejarme ver otra posible solución. Me pertreché de todos aquellos elementos y burocracias que aprobasen mi despedida tranquilamente, antes de que la orden de desahucio llegase a manos de las autoridades como un mandamiento y procedieran con ella, estaba decidido a desaparecer antes de que ellos me hicieran desaparecer. Encontré oportuno visitar la pequeña capilla situada en una zona apartada de la ciudad, adyacente al cementerio donde los desdichados que nos dejaban iban a ser sepultados. Nunca fui creyente, es más, nunca recé, y por lo tanto, nunca supe hacerlo. Pero lo hice, por Isabel, por mí, por todas aquellas personas que sufren en silencio, por todas aquellas injusticias divinas que rompen nuestros esquemas de vida sin previo aviso ni culpabilidad. Tras salir por la puerta y dejar atrás la solitaria silueta del edificio me sentí renovado, desconozco si fue por inspiración divina o por simple sugestión de la mente. Mis lágrimas habían bañado el húmedo ladrillo del lugar que había escuchado mis oraciones.

 

Abrí con delicadeza la puerta, pues no había dentro de mí el más mínimo rastro de ira o enfado, mi alma se encontraba aplastada, desprovista de vida. Entré al piso como una alma en pena a quién no se le deja descansar. Mientras me despedía, observaba todos los componentes de aquellas habitaciones que tantos buenos recuerdos nos hicieron pasar a la unidad familiar. Fui cerrando tras de mí todas las puertas, sellando definitivamente aquellos capítulos. Poco más me quedaba por hacer, de la bolsa donde había guardado los pertrechos saqué una nota y un bolígrafo y comencé a redactar mi despedida donde quedó plasmado el por qué de mi viaje. Acto seguido y con manos temblorosas, estiré hasta sacar por completo una larga y robusta cuerda, áspera y seca como el destino que me aguardaba. Aquella soga era mi billete hacia aquellas tierras cercanas a mi esposa, la acomodé plácidamente en mi cuello y decidí saltar de la silla donde me encontraba subido. Mi visión comenzaba a tornarse negra, multitud de puntitos variopintos recorrían junto a mis ojos todo el habitáculo. Súbitamente vi el retrato de Isabel en el suelo, ambas miradas coincidieron y entonces me lamenté, fue un error haber dejado que presenciase mi vergüenza en su exponente más crítico. Pero poco más que arrepentirme pude hacer hasta que dejé de patalear y mis brazos cayeron apuntando hacia la superficie.

 

Mis pulmones exhalaron el último hálito de oxígeno que mantenía con vida mis constantes vitales, creí entonces ver el contorno perfectamente definido de mi mujer acercándose con paso lento y rostro apenado hacia mí. ¿Había escogido el viaje correcto?

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Muchas gracias Ana María. Estuve dudando entre varias alternativas, al final opté por la de emprender "el viaje".
    Un brillante final para un buen relato.
  • El mundo que conocemos se haya envuelto en frío y desolación. La humanidad trata de sobrevivir día a día al hostil entorno. (Breve introducción a una serie de relatos que iré introduciendo.)

    Utilizamos el término "salvaje" para referirnos a ciertos aspectos de la naturaleza, pero ¿La entendemos realmente?

    Microrrelato que intenta lidiar con la cruda realidad que concierne la violencia de género.

    Microrelato emotivo donde un hombre lucha contra las fuerzas opresoras de un amor fallidamente correspondido.

    Breve relato que describe una sociedad avanzada y equilibrada.

    Un aterrador monstruo vive en el sótano de una tranquila casa. La hija pequeña pronto sentirá curiosidad y empezará a indagar y entablar contacto con el malvado ser.

    Tercer y último capítulo de este relato donde el payaso Risón emprenderá un viaje para alejarse de todos los problemas que conseguían martirzarle y así tratar de encontrar alivio.

    Un extraño navío aparece repentinamente en las costas caribeñas. Un grupo formado por tres investigadores se desplazará al lugar para tratar de averiguar qué misterios esconde esta aparición.

    Segunda parte del relato "El payaso Risón". En esta ocasión vemos de primera mano, contada por el protagonista del relato, su perturbada visión sobre la oscura existencia que padece diariamente y de la cual no logra ver la salida.

    Permítanme presentarme, soy un hombre que ha recorrido el mundo entero, sabio y esclarecedor camino junto a vosotros. He robado el alma y la fortuna de muchos seres, no sin haber disfrutado haciéndolo debido a mi picaresca personalidad.

  • 29
  • 4.71
  • 106

Joven de 20 años aficionado a la escritura que trata de llevar al papel sus más interesantes cavilaciones.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta