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9 min
El pecado de tu mirada. Erótico¡¡solo adultos!!
Varios |
06.04.15
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Sinopsis

Abro los ojos en plena noche, una mano cruza mi pecho y me la intento quitar de encima como puedo. Al tirar de ella suena un molesto sonido metálico que me hace encogerme en la cama. Me doy cuenta de que Brenda, la chica con la que follé anoche aún sigue esposada a la cama. Estoy desnudo y no recuerdo a que hora nos quedamos dormidos.

Capitulo 1

 

La mañana era fresca con aromas a otoño y un cielo gris lamento acompañaban a Marcos que con tan solo siete años acababa de recibir una noticia que desviaría el rumbo de su vida. El avión donde viajaban sus padres acaba de ser derribado por extremistas mientras sobrevolaban tierras Ucranianas, nadie, ni siquiera la prensa más radical se explicó el porque de esas acciones sobre un vuelo de pasajeros. Rose, la tía de Marcos, le explicaba  intentando contener las lagrimas que sus padres jamás volverían porque díos lo había recogido ya entre sus brazos. Tal vez fue justo en ese momento cuando dejé de creer en Dios.

Pasé la adolescencia viviendo en casa de mi tía con sus dos hijos a los cuales demostraba querer más que a mí. Fueron años de gran confusión pero terminé acostumbrándome lo me ayudó a desarrollar lo que años más tarde denominaría mi psicólogo como inteligencia emocional. Fue también al cumplir los dieciocho, cuando pude conocer la gran fortuna que me habían dejado mis padres, de los cuales prácticamente no me quedaban recuerdos en parte porque yo mismo los había intentado borrar para no dañar mis ya castigados sentimientos. Diego Carrera, abogado de mi padre, me llamó el mismo día que cumplí la mayoría de edad para que acudiera a su despacho y explicarme cada una de las cosas de las que disponía mi herencia.”Marcos tendrás el mundo a tus pies”.Dijo con tono elevado y chulesco. Me sorprendió saber todo aquello, mis tíos jamás me dieron una vida acorde a esa gran fortuna y aunque no me faltó de nada tampoco viví nada extraordinario.

 Me explicó Diego que mis padres habían escondido la mayor parte de mi herencia para evitar desacuerdos familiares y que toda aquella fortuna sería en beneficio mío al cumplir la mayoría de edad. Es decir, hoy. Además de una gran suma de dinero se encontraban mansiones en costas espectaculares de España o Miami, acciones de las mayores compañías petrolíferas, yate, helicóptero e incluso un jet privado. También, de entre toda la multitud de bienes de los que tuve que firmar papeles hasta que me dolieron las yemas de los dedos y rodeado de tres abogados más que decían ser antiguos empleados de mi padre, se encontraba Mi Princesa, un castillo junto a la costa y alejado como a tres horas en coche de Manhattan. El mismo que yo años más tarde adaptaría para cumplir en el todas mis fantasías sexuales mas extremas. Fue ahí, en Mi Princesa, donde por primera vez me diese cuenta de mi debilidad por las mujeres, o por el sexo o por el dolor placentero, como también fue ahí donde conocí a Kate White la mujer que me enseñaría como satisfacer a una mujer, pero también a odiarla.

Me trasladé rápido a Mi Princesa. Mis ojos no podían creer todo aquello que contemplaban. Aquel entorno me dejó paralizado. Una preciosa y húmeda enredadera escalaba de entre aquellas enormes piedras color arena dorada que levantaban el antiguo y clásico castillo reformado

Rodeaban a Mi Princesa una fresca y verde llanura que siempre amanecía escarchada, eso perfumaba con un olor embriagador todo aquel pintoresco paisaje. Tres torres asomaban de entre la espesa enredadera. Desde las torres más altas podía pasar horas observando el afilado acantilado, o como rompían las olas del mar salpicando su espuma sobre varios metros de altura que arrastradas por la brisa pasaban por el castillo en forma de olor a marisma.

Algunas veces me sentaba junto a un viejo puente de madera que cruzaba un pequeño arroyo o montaba a caballo por la fina arena blanquecina del mar, cualquier cosa por desconectar de la presión de la ciudad y sus malos recuerdos. Aquel entorno me absorbió por completo lo que me llevó abandonar pronto la universidad. Decidí seguir mis estudios con profesores privados y así fue como conocí a Kate White. Treinta y siete años, bellísima mujer de ojos verdes, muy intensos. Me explicaba sus lecciones al mismo tiempo que andaba con tacones sobre una alfombra heriz, caminaba  a paso lento, pisando el pelo corto y suave de aquella gigantesca maravilla que cubría la losa oscura del enorme y alto salón donde la voces parecían ser mucho más profundas. Las palabras de sus labios no tenían fin  y pasaba largos minutos cruzando de lado a lado la alfombra hasta que se cansaba, y sin cortar su explicación se sentaba sobre la mesa y frente a mí.

 Su falda era tan corta que podía mirar entre sus piernas y soñar entre sus bragas, eran sentimientos nuevos para mí, mi corazón se aceleraba descontrolado, se me erizaba la piel y dejaba de prestar atención de los números para adentrarme en fantasías que mi mente aún antes había imaginado.

Pasaron unas semanas hasta aquel día en el que  Kate se diese cuenta de aquello, no dijo nada, continuó con aspecto serio durante toda la clase pero un cambio en su mirada hizo que me percatara de ello. Yo avergonzado por aquel incomodo momento pensé que cuando saliese de allí jamás la volvería a ver. Kate terminó su clase y salió casi sin despedirse.Al día siguiente volvió, además traía consigo un maletín que nunca antes le había visto traer. Me extrañó ver aquello pero no quise preguntar. Vestía tambien diferente. Pantalón vaquero y una camisa blanca que llevaba abrochada hasta el penúltimo botón de su cuello. Su gran melena la traía recogida con una cola que a la vez recogía con un moño muy bien trabajado. Me sentí sucio.

Kate se sentó directamente sobre su mesa y me pidió que me acercara. Me acerqué extrañado. Ella miró fijadamente a mis ojos que parecían estar muertos y sin alma.

-Marcos ,ayer me dí cuenta que te gusta mirar mi entrepierna mientras explico la lección, ¿Verdad?.La cara de Kate no mostraba enfado pero la mía acaba de ser abierta en canal. Moises y la división de los mares. Mi cabeza se hunde y me siento miserable. Mi boca habla casi sin pensar.

-Si.., disculpe señorita Kate, jamás volverá a pasar. Me siento muy incomodo por ello.

Kate no me permitió acabar mis disculpas.

-Desde luego Marcos, jamás volverá a pasar, pero ¿sabes?, creo que has sido un chico malo y deberías recibir tu castigo ¿ no crees?.

-¿Castigo? Me quedo frío observando como mueve sus labios al mismo tiempo que siento escalofrío. 

-Si Marcos, tu castigo. No te habrás dado cuenta aún pero a tus veinte años ya eres extremadamente atractivo, tu mirada.., uff.., créeme, desde ayer no paro de imaginar algo contigo,me encanta que te guste observarme, y a esa edad Marcos, cuando tengas la experiencia necesaria morirán las mujeres por tí.¿Te gustaría ver mucho más Marcos?,¿saber hasta donde puede llegar el placer? ¿Quieres recibir tu castigo por lo que me hiciste pasar ayer?¿ Aprender a dar placer a otras mujeres y que sientan lo que jamás han sentido?, ¿quieres que sea tu señorita mala,.. Marcos?

Tantas preguntas me dejan sin aliento y con pocas respuestas. Miro a Kate con cara de incredibilidad mientras intento pensar. Castigo, atractivo, ver mucho más, aprender ,señorita mala. No me aclaro y no puedo creer lo que escucho, pero algo dentro de mí y casi inhumano contesta sin razonar.

-Esta bien, pero…¿A que te referieres con mi castigo? Mis ojos preocupados por descubrir la respuesta se arrugan.

Kate frunce los labios y clava sus ojos en mí. Me quedo helado al ver como el pecado de su mirada paralizan y destruyen mi alma.

Cap 2

Diez años después…

 

Abro los ojos en plena noche, una mano cruza mi pecho y me la intento quitar de encima como puedo. Al tirar de ella suena un molesto sonido metálico que me hace encogerme en la cama. Me doy cuenta de que Brenda, la chica con la que follé anoche aún sigue esposada a la cama. Estoy desnudo y no recuerdo a que hora nos quedamos dormidos. Brenda se mueve un poco aunque sigue dormida, lo suficiente como para conseguir salir por debajo de su brazo. Enciendo la luz de mi I phone para buscar la llave que abre las esposas. La botella de vino que bebimos anoche junto con la lencería de Brenda está tirada en el suelo. Sobre la silla de madera sigue la cuerda que usé para amarrar sus piernas y comer entre sus piernas mientras gemía. Empiezo a recordar cosas. Mi vocecilla interior me dice que  anoche me pasé con Brenda y que ya es hora que cambie o volverá a suceder aquello que no debió suceder. Mi vocecilla me repite que busque una mujer normal, que te llene y que no solo sea por el sexo. El recuerdo de la cara de Brenda gimiendo con gritos de placer disipa ese malestar de inmediato. Mi yo perverso saca pecho. Además pienso que con ella puedo llegar a ese nivel, está más que cualificada porque llevo años follándola. La llave está tirada en el suelo, sobre la alfombra blanca que cubre toda mi habitación. En la oscuridad casi no puedo abrirlas, cuando estoy a punto de dejarla esposada tengo un golpe de suerte y por fin entra para dar el medio giro que necesito para abrirla. Le beso la muñeca que esta algo marcada y se la dejo caer suavemente sobre la almohada. Lo hago todo con delicadeza para no despertar a Brenda que duerme desnuda. Me doy cuenta que la palma de mi mano está marcada en su nalga derecha, se aprecian los cinco dedos marcados como a fuego en su perfecto trasero respingón que me volvió loco anoche. De nuevo aparece mi vocecilla humillante y me dice que soy un cobarde por azotar a una mujer pero vuelvo a destruirla esta vez con la imagen de Brenda corriéndose de placer y pidiendo esos azotes.

 

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    Agradecería todo tipo de criticas con el fin de mejorar la forma de escribir mis relatos.Saludos a tod@s.
  • Abro los ojos en plena noche, una mano cruza mi pecho y me la intento quitar de encima como puedo. Al tirar de ella suena un molesto sonido metálico que me hace encogerme en la cama. Me doy cuenta de que Brenda, la chica con la que follé anoche aún sigue esposada a la cama. Estoy desnudo y no recuerdo a que hora nos quedamos dormidos.

    El beso. Mi primer beso, unir mis labios a los suyos y sentir que abro de golpe mi caja de la independencia , la caja donde guardo todos mis secretos, sentimientos y emociones se abre y aparecen de golpe meciendo mi alma con un millón de sentimientos que tenía guardados y profundamente olvidados esperando el momento justo para dejarlos fluir con toda su fuerza para que puedan recorren cada milímetro de en esos momentos mi erizada piel. El cuello, los brazos, hasta la planta de mis pies sienten un hormigueo que no desaparece. Mi oído parece que escucha una melodía cuando me dice que seré para siempre su princesa, guapa y delgada princesa que le hace volar como los sueños. La princesa que lo hace volar por el aire. Su princesa del aire. Arhi la princesa del aire me dice con su sonrisa perfecta. Yo vuelo con él sobre todas esas luces de la ciudad que reposa bajo nosotros como un cuadro, a esta altura solo el destello de las luces es apreciable, lo demás es inmóvil y silencioso. Lo miro. Ya no le veo como Alex el misterioso, ahora lo siento mío. Es una parte íntima de mí, sus labios han saboreado los míos y eso es una cosa sería. Al menos para mí. Jamás besé a nadie y jamás sentí querer hacerlo hasta ahora. Me coge de la mano y me ayuda a levantarme. Los ojos le brillan y siento que a mí también porque se refleja en su mirada que sigue penetrándome hasta dentro.

    La brisa del beso...la brisa del beso..la brisa del beso..

    Te amo..te amo...te amo..te amo..

    Carlos acercó su cara a la de Blanca para besarla pero unos centímetros antes de tocar sus labios cambió el destino de su boca para dirigirla al cuello, sus mejillas se rozaron. Carlos sopló suave. El aire cálido rompió sobre la delicada curva de su cuello y acababan moviendo la fina camisa de hospital que la vestía.

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Agradecería todo tipo de criticas con el fin de mejorar la forma en la que escribo mis sentimientos.

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