cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
El poeta y la mosca
Varios |
21.11.16
  • 5
  • 0
  • 632
Sinopsis

Un poeta en un aprieto.

 

Si digo que al poeta lo asaltaron las musas en medio del campo un soleado día de primavera, mentir, lo que se dice mentir, no mentiré; ahora bien, si quiero describir fielmente cómo contactó repentinamente con Euterpe y con Talía, digo que el poeta se encontraba debajo de una encina azuzado por un apretón: sí, eso que en el rico idioma castellano  toma tantas formas, siendo «cagar» la más coloquial. 

El poeta estaba cagando bajo una encina un soleado día de primavera, cuando las musas manipularon su cerebro de improviso, forzando al hombre a crear un poema de desamor.

De pequeño, el poeta, había asistido a innumerables campamentos y colonias, y gracias a esas experiencias infantiles sabía que nunca se ha de salir al campo sin llevar en el bolsillo una cantidad prudente de papel, del tipo que sea; por ese lado nada que objetar, pero ya se sabe que si el poeta enamorado se tortura buscando la perfección en la forma, el despechado se tortura, además de por la forma, por el fondo del asunto (el corazón roto y todo eso). Una doble tortura que hizo que nuestro poeta cogiera el bolígrafo y olvidara la libreta. Con las musas vigilándolo de cerca no le quedó otro remedio que escribir su poema de desamor sobre el papel de las urgencias; así: en cuclillas y de un tirón.

Al tiempo que una mosca avanzaba zumbando de popa a proa para quedar suspendida ante sus ojos bizcos, el poeta se dio cuenta del fatal error y en un gesto reflejo levantó el brazo izquierdo, con el poema en la mano, como queriendo salvar su obra de la destrucción. La mosca se le posó en la nariz y tuvo que darle un manotazo con la mano derecha; acto seguido miró en todas direcciones, sin éxito: al alcance de sus dedos solo habían verdes gramíneas, tierra húmeda y retamas en flor (si en lugar de una encina fuera una higuera). Oyó voces cerca y todavía se acuclilló más, eran gentes que paseaban; la mosca volvió a zumbar y el poeta se preguntó qué haría el insecto a sus espaldas, obteniendo de sus neuronas una rápida respuesta que desató el furor por impedir a manotazos que aquel bicho tenaz se le posase en la cara.

Las voces aumentaron: era la hora del paseo matutino y el camino se estaba llenando de artríticos, hipertensos, cardiacos, colesterolémicos, veganos, ornitólogos de boquilla,  lánguidos, runners, ultrarunners, minirunners…y, en general, de todos los poseedores de una tarjeta Decathlon. Y el allí, con la mosca cojonera.

Prácticos, los poetas, no es que tengan fama de serlo, pero suelen ser aplicados, y mientras esperaba una solución a su incómoda situación aprovechó para repasar sus desamores y, con el movimiento del basto papel, mantener alejada a la mosca importuna.

—«Al abismo frio expulsado.»… ¿Frio? ¿Por qué? No tengo claro que un abismo, en sí, pueda ser frio o caliente, es una sima, un agujero gordo y profundo; o quizá sí, pero me incomoda la redacción —pensó el poeta—. «Como lágrimas en la lluvia.»… ¡Joder! si eso es de Blade Runner ¡Anda que…! «Fundida el alma para siempre/a mí esqueleto/títere de flaco alambre.»…No, no va bien: parecen versos de los Altos Hornos de Bilbao. «Te amo como la lapa que a su ballena ama.»… ¡Por Dios, si eso es parasitismo! Qué ordinariez. Y la frase huele a pescadería de Mercadona. «Ni te huelo en la almohada/ni te veo en el espejo/ni te siento en la ducha/o en tu toalla.»…Pero eso es porqué está todo limpio, tiene un sentido higiénico, no poético. «Tu mirada roza mi piel/tu mirada mentira/como una brisa de hiel.»… ¡Eso es lo que necesito, algo que roce mi culo!

El poeta miró a la mosca y dijo: « ¿Sabes que te digo? Que todo tuyo». Se limpió con el poema, se levantó y siguió su paseo curado de desamores y otras manías.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Nací humano; ahora tengo dudas.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.06.20
10.03.20
13.08.19
Encuesta
Rellena nuestra encuesta