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5 min
EL PRIMER IDIOMA DEL VIENTO
Fantasía |
14.11.14
  • 5
  • 2
  • 1985
Sinopsis

con el mito de la Torre de Babel empiezan todos los cursos en todas las facultades de Antropología. Esta es mi breve reinterpretación tras leer El Circulo de los Mentirosos, muy recomendable.

Cuentan los antiguos textos, y aun con más fuerza la voz de la experiencia, que hace siglos se erigió una torre alta como ninguna que rivalizaba con las creaciones más esplendidas de Dios, creadas para que el hombre empequeñeciera tan solo de verlas.

Pronto, colinas y montañas fueron las que descorazonadamente empequeñecieron ante la gran torre, que día a día iba creciendo por la propia ambición del hombre, pues el corazón se le hinchaba a cada día que pasaba.

Y se dio que la torre de barro y piedra, allá en los primeros días, iba creciendo y los demás hombres, a la lejanía la veían e iban hacia ella. Unos fueron para comerciar, pues les faltaba de esto y les sobraba de aquello. Otros tan solo iban para adora aquella figura, que tan solo podía ser obra de unas manos superiores. Y otros, más prácticos, iban a depositar su grano de arena en aquella playa de la invención humana.

Se dio para aquel tiempo, como es sabido de esta historia, la primera del hombre, que todo hombre hablaba indistintamente la misma lengua y no había problema alguno de entendimiento. Todo hombre y mujer podía conocer a su vecino y todos compartían, sin problemas sus conocimientos, por lo que todos acabaron teniendo las mismas creencias, los mismos hábitos y las mismas costumbres.

Pero diose que la Torre cada vez era más alta y ello requería, sencillamente, una mayor base. Cada nuevo piso requería un nuevo anillo exterior en los pisos inferiores. Y decidiose que cada uno de estos anillos iba a ser un gran salón. Y este gran salón sería una extensión del salón siguiente. Y los pisos cada vez eran más grandes y la Torre ya iba siendo mayor que la mayor de las montañas que hubiera visto el más intrepido de los viajantes que allí se congregaron.

Resultó pues, que la Torre, al ser mayor que la suma de todos los pueblos de los que procedían las gentes, se convirtió en el centro del mundo, lo que enojó mucho a Dios, pues había repartido a los hombres por el ancho mundo, y ellos se juntaron todos ante una obra de blasfemia a sus creaciones.

Y este centro del mundo iba creciendo con la gran Torre. Y al final, unas pocas familias se iban encargando de tal puerta o de tal sección del salón, y estas otras familias se encargaban de esos pórticos o de esos balcones.

Y como que unos habían venido de un sitio con un comercio y otros habían venido con otros, intentaron hacer fortuna con tales objetos. Unos tenían muchas ovejas y otros eran grandes fabricantes de ciertos collares. Se dio entonces el caso que unos y otros iban decorando las grandes puertas que levantaban con sus elementos. Unos hacían caramillos con los huesos de los animales y otros finos instrumentos de madera que hacían girar aspas, que a su vez producían cierta música. Al poco, todos los grupos y todas las familias quisieron crear músicas en sus puertas ya fuera con juncos, arcillas, telas o martillos y cinceles. Y todo ello era fácil, porqué al irse levantando, el viento cada vez soplaba más fuerte y en ningún momento el viento callaba a la Torre.

Cada una de las familias pensaba que su sonido era superior al de los demás, pues el viento prefería su puerta para hablarles y cantar su canción a través de su instrumento, y fue aquello a lo que decidieron llamar el idioma de Dios.

Empezaronse a llamar entonces las familias por el tintineo de sus huesos o el silbido de sus flautas y poco después este nombre que se pusieron fue creciendo: si unos eran los “sh” su casa era la “shó” y sus huesos, los “shó'ut”, y ésto, exactamente, pasaba con todos las familias. Unos silbaban como sus flautas y otros cloqueaban igual que el sonido de sus huesos al tintinear. Otros tatareaban igual que sus telas al mecerse con las brisas.

Cuando vio Dios que esto sucedía, enfureciose e hizo enarbolar los más fuertes vientos que jamás el hombre vio.

Los pisos superiores cayeron sin piedad ante el ataque de los vientos, y de los inferiores pocos quedaron en pie. Pero el viento no arreciaba y entre ellas, las familias peleaban por cual era la música que mejor sonaba, cual era la más natural y la más pura. Todo ello mientras seguía soplando el viento. Las primeras guerras se dieron entonces. Y compitiendo, entre peleas y disputas, intentaron unos y otros levantar de nuevo las paredes de su Torre, pero Dios, que ya les había dado tiempo a los hombres para recapacitar sobre su absurda torre, y consternado ante tamaña insolencia ante Él y entre sus creaciones, lanzó un rayo justo en medio de la obscura Torre tan potente, que todo cuanto había alrededor salió disparado y solo unos pocos sobrevivieron, pero inmensamente lejos de la torre.

Desconcertados, los hombres y sus familias intentaron, ahora temerosos de Dios, reconstruir tan solo sus familias, allá lejos en donde habían ido a parar, ya fueran selvas, desiertos o islas, sin llegar a darse cuenta, que sus pequeños instrumentos colgados en sus inmensas puertas, habían llegado a cambiar su lenguaje, y fue desde entonces, que nacieron las diferentes lenguas y ya nadie volvió a entenderse.  

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