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5 min
El punzón
Suspense |
04.02.15
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Sinopsis

La cercanía de la muerte provocó la dilatación de su  pupila derecha; la izquierda no se podía apreciar, el punzón que la atravesaba imposibilitaba tan siquiera adivinar su color. 

Había estado nevando durante todo el día. Antes de entrar en la casa limpié la nieve de mis botas en el último peldaño de la escalera. Albert me imitó y sin intercambiar una palabra accedimos al interior.Siempre me imitaba, yo era su referente policial. El cuerpo desnudo de Sara no ofrecía ninguna señal de violencia. Blanco y frío, como la nieve que cubría las calles. El rostro ya era otra cosa. La sangre llorada desde su ojo derecho se bifurcaba formando afluentes encarnados que desembocaban en su cuello. Aún temblaba. El médico nos indicó con un leve movimiento de cabeza que no había nada que hacer.

Albert me llamó al móvil comunicándome la noticia, interrumpiendo la suculenta comida que disfrutaba con Rosa. Hacía más de cinco años que no nos veíamos. Recordamos viejos y felices tiempos a pesar de la dolorosa ruptura. Hacía tiempo que no me sentía tan feliz, incluso me animé a brindar por la felicidad de ambos. Acabamos de comer y la acompañé a casa antes de acudir al encuentro con Albert. Rosa y yo habíamos tenido una maravillosa relación que duró demasiado poco, aún así su recuerdo se presentaba muchas noches en mis sueños.

Cuando me examiné para entrar en el cuerpo de policía, Rosa era aún demasiado joven, acababa de celebrar su mayoría de edad. Yo rondaba la treintena y superar aquellos exámenes podía suponer la estabilidad que hacía tiempo buscaba. Aprobé, y mis primeros sueldos se fueron en viajes y cenas con Rosa. Sus padres no me veían con buenos ojos, era demasiado mayor para su princesa. Cuando ella acabó de amueblar su cabeza yo acabé de poner la última estantería en mi piso de alquiler. Mi vida fue la única que quedó vacía.  Se largó con un tipo aún mayor que yo. Nunca se lo reproché, pero las heridas de aquella relación aún permanecen abiertas. Mi psiquiatra dice que debo eliminar esos recuerdos.

Precisamente, a primera hora había tenido una visita con el doctor Barnés, el psiquiatra que guía mi vida desde hace varios años. Por supuesto en la policía nadie sabe que acudo a un loquero. Es la única persona que conoce mis miedos, mis obsesiones y mis lapsos de memoria. La medicación que me receta funciona a las mil maravillas y mis ataques son cada vez más esporádicos. Nos estrechamos la mano y acudí a mi cita con Rosa  en un restaurante que habíamos frecuentado años atrás.Todavía nevava y la ciudad estaba ya cubierta de un enorme manto de nieve.

La noche anterior cené en un bar cercano a mi piso. Estaba más concurrido de lo habitual debido a un partido de fútbol, el del siglo lo habían llegado a calificar. La gente no paraba de pedir cervezas y disfrutaban escupiendo su ira con babas que colgaban de los insultos lanzados hacia el equipo rival. Creo que yo era el único ajeno a lo que considero un estúpido juego. Leía el periódico del día con las noticias a punto de caducar mientras esperaba que me sirvieran una ensalada y una botella de vino. Me sorprendió la llamada de Sara. Tuve que salir fuera del bar para poder escuchar su voz melancólica.La nieve caía lentamente, como si la gravedad no ejerciera su atracción y los diminutos copos se iban posando dulcemente sobre el asfalto. Estaba triste, llorosa. Le prometí acercarme después de cenar.

Sara fue un amor que parecía que nunca se rompería. Nos alejamos de mutuo acuerdo pero siempre inventábamos algún motivo para vernos. Su repentina boda resquebrajó los cimientos de nuestra unión y Sara pasó a ser uno más de mis recuerdos. Por eso me sorprendió su llamada, hacía tiempo que ni tan siquiera oía su voz.

Esa tarde había estado acabando uno de mis grabados en madera. Era un pasatiempo reciente que conseguía relajarme y abstraerme de mis obsesiones.

---

Estando en casa de Sara nos llamaron desde la comisaría. Habían hallado otro cadáver. Igual que Sara, un punzón incrustado en su ojo izquierdo había acabado con su vida. Fuimos a la dirección que nos dijeron en el coche de Albert. Durante el trayecto oía lejana la voz de Albert divagando acerca de conjeturas sobre los crímenes cometidos. No despegué los labios, a mi mente acudían imágenes borrosas que me empezaron a inquietar. Mis vacíos de memoria empezaban a llenarse y no me gustaba demasiado lo que recordaba.

Saqué un cigarro y rebusqué el encendedor en el bolsillo de mi abrigo. Algo punzante se clavó en mi pulgar. Cuando Albert aparcó frente a la casa de Rosa le dije que no hacía falta entrar.Ya sabía quien era el asesino. Albert alucinó cuando me declaré culpable, su maestro se caía del pedestal.

El psiquiatra de la cárcel me explicó que cuando se habla de eliminar o matar recuerdos, siempre se habla en sentido figurado. Yo había eliminado mis recuerdos de manera literal. Sobre un enorme patio por el que deambulaban los reclusos, caían los últimos copos de nieve.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  • Genial, purple. Buen ritmo y bien marcadas las pistas. Quizá el cuento pide que profundices algo más, pero aún así es un muy buen trabajo.
    Muy bueno y una trama que aunque se espera un poco cuando empiezas a hablar del psiquiatra, está tan bien planteada que no puedes hacer otra cosa que seguir leyendo. Me ha encantado, como digo, la estructura, me gustan mucho las historias de este tipo. Vienes y vuelves en los tiempos, mediante flashbacks y flashforwards. Un relato complejamente maravilloso. Un saludo.
    Excelente relato. Me han encantado las imágenes tan plásticas y originales que utilizas.
    Entretenido y bien tramado. Un saludo.
    Esta vez no has dado pie a finales abiertos, has dejado la historia atada y bien atada. Hacia la mitad del relato ya venía rumiando que el protagonista era en verdad el asesino. La interpretación literal de la recomendación del doctor es verdaderamente macabra, sin embargo no puedo dejar de sentir algo de lástima por el pobre hombre. Ambas mujeres le traicionaron dejándole en la estacada, aunque no se merecían acabar de esa manera. Un saludo purple.
    Si señor, muy bueno, que bien enlazas las dos historias de las chicas con los problemas psíquicos del protagonista para transformarlos en una historia que confluye en ese final truculento. Gran relato. Un saludo.
  • Relato para un concurso sobre "la gula".

    Relato para el Torneo de Escritores, duelo 28. Lo he dejado tal como lo presenté, probablemente debería cambiar el final, como apuntó Paco durante el torneo. No he tenido demasiado tiempo, quizás más adelante lo revise y modifique algunas partes que tampoco me acaban de convencer.

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    Mi segunda aportación para un concurso de microrrelatos de fantasía.

    Relato para un concurso de microrrelatos MICROFANTASY III.

    Relato que envié al TORNEO DE ESCRITORES para el duelo 4. Como últimamente estoy escaso de tiempo y de ideas, publico este relato.

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