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16 min
El Qüahalh; el come hombres (continuación)
Terror |
19.01.15
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Sinopsis

Continuación de las pesquisas macabras de Teodoro

 

La primera parte del recorrido le permitió a Teodoro ir en su camioneta, ya que sólo se trataba de un camino de tierra que se adentraba por entre árboles secos y ramajes, pero alrededor de pasada una hora de internamiento en el bosque mientras la noche caía implacable, el camino se cerró abruptamente por una espeza mata de árboles y troncos tirados por todas partes. De cualquier manera le era imposible seguir conduciendo, asi que aparcó a un costado, sacó una linterna que tenía, la mochila y se adentró en la negrura.

No tuvo duda de que ése era el sitio que le había indicado el señor, pues, al otro lado de la barrera que cortaba el camino, el resplandor amarillo de la linterna mostró un pequeño y estrecho sendero. Apenas se veía, pero era indubitable para quien sabía que ahí estaba.

El silencio era total, y a cada paso se hacía más opresivo. Teodoro se extrañó de que no se escucharan ruidos de ningún tipo de animal, pero al cabo lo olvidó.

Caminó y caminó durante lo que parecía una eternidad, hipnotizado por el sonido de sus propios pasos, lo que le otorgaba una extraña sensación de intemporalidad, hasta que a cierta distancia vislumbra algo que parece ser una fogata. Al pensar que se trataba del hombre que buscaba, se dirijió hasta allí, pero, a medida que se acercaba lentamente, un sonido extraño le hizo detenerse. Era un sonido siniestro, como si estuvieran machacando carne... Da unos pasos más, lento... Apaga la linterna. Se acerca un poco más al lugar de la fogata. El sonido se hace más nítido y aumenta de volumen. Clagg... Clagg... suena ahora. Como se estuvieran triturando huesos... Lo ve; en el suelo hay dos piernas tiradas, de un hombre que tiene a una bestia en el vientre y que le está comiendo las visceras.

"Madre de Dios, qué es esto"

Teodoro retrocede lentamente intentando por todos los dioses no hacer ruidos. Entonces la bestia se detiene.

Silencio.

Se escucha como olfatea la bestia. Es un sonido fuerte, profundo y vigoroso. Por suerte entre él y esa cosa hay un arbusto. Pero si eso se moviera rápido...

Inconscientemente Teodoro se oculta entre la negrura. Pero la bestia sospecha. Al parecer tiene un instinto sobrehumano. De repente se mueve. Un bulto oscuro y grande, como un gran lobo, se mueve al otro lado del arbusto.

"Viene para acá". "Maldita sea, quién me manda a meterme en esto..."

Un angustioso momento de silencio espectante. Hasta que con la rapidez del relámpago, dos ojos malévolos e infectados de odio aparecen justo frente a él.

"Es una bestia"...

La cosa emite un gutural e impío alarido justo antes de que le explote la cabeza de un escopetazo... Teodoro alcanzó a cerrar los ojos justo antes de que todo su rostro y cuerpo quedaran chorriados de tibia sangre.

-Tú, ¿eres valiente o un completo estúpido? ¿Qué haces ahí?

Teodoro abre los ojos, aún atontado y se voltea para ver quién le habló. Pero no alcanza a ver más que una oscura silueta.

-¿Qué dice...?

-Que qué crees que estás haciendo joven. Ustedes, los del pueblo siempre me han causado mucha gracia. ¿A qué has venido aquí? ¿A que te maten?

"Parece la voz de un viejo"

A la tenue luz de la fogata aparece frente a Teodoro un hombre delgado, canoso, que parece viejo pero al mismo tiempo ágil. Y que viste ropas gastadas.

-¿Qué has venido a hacer aquí, chico? -Le tiende una mano para ayudarle a incorporarse. En la otra lleva una escopeta.

-Pues verá... -Aún se encuentra medio alelado. Mira desconcertado al viejo y luego la bestia decapitada despatarrada en el suelo. Después, un poco más allá, el cadaver del hombre con el vientre despedazado. Finalmente vuelve a mirar al viejo. -Creo que es a usted al hombre que busco, señor. -concluye.

 

 

-¿Qué? -El viejo le mira con mirada penetrante. Sus ojos brillan; dan la impresión de como si estuvieran mirando hacia el infinito. "En el pueblo no le hablan porque dicen que está loco", recuerda que le dijo el señor. -¿Que me buscas a mí? ¿Y eso por qué, chico?

Teodoro se queda un momento en silencio. Aún trata de reponerse de todo lo que ha pasado.

-¿Podemos ir a otro sitio para explicarle? -dice al cabo de un momento.

-¿A otro sitio?

El viejo se queda mirándolo fijamente, con una especie de media sonrisa en el rostro que no dejaba de tener cierto aire burlón. Luego estalla en una sonora carcajada que deja a Teodoro algo incómodo.

-¿A otro sitio dices? ¿A un café, un bar? ¿A caso es muy serio lo que quieres decirme? Anda ya.

-Por favor, señor. Sólo será un momento. -insiste Teodoro.

El viejo parece pensar un momento antes de decir:

-Está bien. Vamos a tu camioneta.

-¡Qué! ¿Cómo sabe que...?

-Vamos, en el camino te lo explico.

Empiezan a recorrer el camino que Teodoro había tomado para llegar hasta allí. Es una oscura noche sin luna, por lo que sobre su cabeza hay una gran oscuridad. En derredor, todo sigue tan silencioso como cuando él subía este mismo sendero.

"Este viejo se mueve como una culebra", piensa. "Parece atento a cada sonido". Apenas puede sentir su presencia unos pasos más atrás.

-Dígame, señor -dice Teodoro- ¿cómo supo que tengo una camioneta aparcada al final de este sendero?

-Porque eres muy ruidoso, chico. Te oí llegar y te estuve siguiendo para ver qué te tramabas.

-¿Qué...? Vaya, ni siquiera me enteré...

-Estos son momentos en los que se debe estar muy atento, sino... te puede costar muy caro.

Teodoro se detiene, se voltea y encara al viejo.

-Es justamente por eso que estoy aquí -dice- Me he enterado de las extrañas matanzas que han ocurrido en el pueblo y alrededores y estoy aquí porque me dijieron que usted sabe una historia que está relacionada con todo ello... Algo sobre un Qüahalh... algo que come hombres... Quiero saberlo, quiero que me cuente lo que sabe.

El viejo permanece en silencio con su mirada perdida.

-Con que por eso estás aquí. Puede que lo que te cuente te quite las ganas de dormir, chico. Además, si yo no estuviera aquí, estarías muerto. Ese engendro te hubiera devorado como a un caramelo. De modo que, si eres un poco sensato, regresa por donde viniste.

Teodoro se queda un poco turbado recordando los ojos de la bestia justo frente a él, y después la explosión de su cabeza y el chorro de sangre.

"Es cierto"... "Si no fuera por él, yo..."

-¿Qué era eso? -logra decir,, un poco turbado- ¿Eso era el Qüahalh? Esa especie de lobo.

-Qué disparates dices, chico. Eso sólo es un maldito engendro, una maldita plaga que puebla los cerros, y que se alimenta de todo tipo de mamíferos, y de hombres, como viste. Esas cosas le tienen miedo al Qüahalh.

Mira fijo a Teodoro y dice:

-El Qüahalh no es de este mundo.

El viejo pasa por el lado de Teodoro que está petrificado por la sorpresa.

-¡Espere!

-Muchacho, cuando lleguemos a tu camioneta, te contaré la historia y luego te irás. ¿De acuerdo?

-Lo que diga, señor... Gracias.

 

 

 

 

 

En un momento estuvieron dentro de la camioneta de Teodoro. Al entrar y encender la luz de dentro pudo ver más claramente al viejo. No parecía exactamente un vagabundo, pero sí tenía una apariencia muy descuidada. Tenía el canoso pelo un poco alborotado, una barba hirsuta, el rostro un poco sucio y las ropas un tanto desordenadas, pero sin embargo parecía un hombre lúcido, atento, en posición de sus facultades racionales... O eso le pareció a Teodoro. Se sobresaltó cuando el viejo le dijo:

-No te quedes mirándome así y dime, muchacho, ¿por qué estás aquí, exactamente?

Teodoro ordenó un momento sus ideas antes de comenzar a hablar.

-Pues verá -dijo- Tengo un amigo que trabaja en un periódico en la ciudad de Valpo, que es la ciudad vecina donde yo vivo. -Miró al viejo para ver si decía algo sobre si conocía el lugar o no, pero al parecer no parecía importarle lo más mínimo. Estaba sentado a su lado, en el asiento del copiloto, mirándo al frente, muy atento al entorno. Teodoro siguió: - La cuestión es que él se enteró de la misteriosa matanza que ocurrió aquí el 3 de agosto de 2012 y fue el único de todos los que trabajan en el periódico que le pareció algo mucho más extraño que una cruel y macabra carnicería. Decía cosas, que nada tenía sentido, y que si por él fuera vendría personalmente a investigar, pero por su trabajo y familia no podía venir. Así que se acordó de mí, de que yo podía disponer de tiempo libre, me llamó, me planteó la situación y yo piqué como pez el anzuelo... Lo digo porque este tipo de cosas siempre me han llamado la atención, me han obsesionado... Me ofreció dinero a cambio de investigar todo lo relacionado con lo ocurrido... Pero le seré franco; el dinero no me interesa, sólo quiero saberlo todo, todo lo relacionado con las muertes del 3 de agosto y de hace cincuenta años. Y sobre todo, sobre el Qüahalh. Por eso estoy aquí.

Se quedó callado un momento esperándo que el viejo hablara. Tuvo que esperar un buen momento porque el hombre parecía perdido en sus pensamientos. Hasta que por fin éste dijo:

-De modo que te enteraste de lo ocurrido hace cincuenta años.

-Me lo dijo un señor en el pueblo. Pero sólo hizo una alución somera, no entró en detalles.

El viejo espiró profundamente por la boca.

-Todo empezó ahí -dijo-. Hace cincuenta años, con esa bestial matanza, todo empezó.

-¿Cómo? -preguntó Teodoro.

El viejo giró raudamente el rostro hacia Teodoro, le clavo la mirada y le dijo con una expresión grave:

-Está bien, muchacho, te lo contaré. Si crees que estoy loco no me importa una mierda. Puedes pensar lo que quieras, ¿de acuerdo? Te lo contaré y tú harás lo que quieras.

-De de... acuerdo.

 

El relato del viejo.

 

En un atardecer de hace cincuenta años me dirigía a mi hogar después de pasar una buena tarde montaña adentro. El sol ya se había puesto y la noche caía rápida. Calculé un poco mal el tiempo que me tomaría llegar por lo que la noche me pilló aún en la montaña. Caminaba y no veía casi nada, si no fuera por las estrellas y una media luna que se vislumbraba a lo lejos tras los cerros lejanos. Entonces, en pleno silencio y tranquilidad surge un sonido como eléctrico, como electromagnético... ese sonido que precede a los terremotos, un sonido profundamente perturbador, me quedo quieto tratando de localizar su origen. Pero no lo encontraba aunque miraba en todas direcciones...

Entonces aparece un punto luminoso en el cielo... Un punto que brilla intensamente y que de repente se hace más grande, y bajo él aparece un rayo luminoso igualmente que da directo al suelo. Me froto los ojos porque creo estar alucinando, pero la cosa siguió ahí por unos pocos segundos más, hasta que desapareció abruptamente y con él el sonido. Todo vuelve a estar tranquilo momentáneamente. Hasta que justo bajo donde había caído el rayo aparecen dos siluetas. Las veía en medio de la oscuridad porque eran como fluorecentes. Yo estaba totalmente paralizado mirándo todo. Era algo que me superaba por completo. No recuerdo haber cuestionado nada...

Me oculté un poco porque mi instinto me decía que no debía dejarme ver por esos seres. Sentía una especie de maldad a su alrededor. Me escondí para ver qué harían.

Veo que se dirigen a una cueva que había por ahí cerca. Entran y ya no los alcanzaba a ver.

Luego de un rato me pregunté que qué estarían haciendo en ese lugar, cuando la cueva se ilumina con el mismo color de los seres y surge otro sonido siniestro. Un sonido que no pertenece a este mundo. O si pertenece son causados por grandes catástrofes. Un sonido infernal, etéreo, destructivo que duró unos pocos segundos y disminuyó gradualmente hasta desparecer igual que la luminosidad dentro de la cueva. Y nuevamente todo vuelve a estar en oscuridad y silencio.

Así pasa un buen momento. Yo no me atravo a mover ni un dedo; y aunque lo hubiese querido no hubiera podido... Tal era el asombro, el impacto que me causó lo que observaba.

Entonces, tranquilamente salen las dos siluetas fosforescentes y se paran justo en la entrada de la cueva. Parecían estar dialogando o algo. De repente a los dos los envuelve un halo como de vapor tenuemente luminoso, que poco a poco se hace más brillante hasta que sólo se ve la luz. Surge un rayo hacia arriba, empieza a sonar nuevamente el maldito sonido, que en ese momento me hizo pensar que una maldita nave espacial aparecería espontaneamente y destruiría todo... Pero al final del rayo luminoso surge otro gran circulo más o menos ovalado. La parte de abajo comienza a subir a través del rayo, llega arriba y desaparece en un microsegundo junto con el sonido. Todo desaparece como si se hubiera tratado de una maldita alucinación. Ni rastro quedó.

Después de un momento me acerqué a la cueva por la curiosidad. Quería saber qué diablos había pasado. No podía creer que todo había sido fruto de mi imaginación. Pero como todo estaba oscuro no pude ver una mierda. Echo una ojeada dentro pero nada. Entonces decido que volvería al otro día. Y me fui.

Esa noche no pude dormir por la impaciencia que sentía. Asi que una media hora antes de que amaneciera, cogí una linterna y salí. Cuando estaba llegando al lugar el cielo ya había empezado a aclarear. Todo estaba tranquilo y silencioso.

Penetré en la cueva con los sentido muy alertas; no sé, pero estaba preparado para encontrar cualquier cosa.

Era una cueva un poco profunda, la luz de afuera no daba hasta el fondo, así que tuve que encender la linterna para orientarme. Me adentraba poco a poco en una gigantesca garganta, el frío se hacía cada vez más notorio, y yo movía el haz de luz en todas direcciones buscando la prueba de que no me había vuelto loco.

Junto con mi búsqueda aumentaba la ansiedad de encontrar algo... Algo, por muy espantoso que fuera, que me dijiera que no estaba perdiendo la maldita cordura. Entonces lo oígo.

"Ahí está, maldita sea", pensé. "Ahí está la maldita prueba".

Era un sonido burbujeante, como una erupción de alguna sustancia viscosa. Lenta, espesa, repulsiva. Trato de captar su origen, cosa que hace que me adentre aún más en la gran garganta. Camino lentamente a madida que el sonido se hace más claro. Entonces otros sonidos aparecen. Esta vez, son varios y de cualidad distinta; suena horriblemente, como la eclosión y el nacimiento de un especimen repelente, suena esta vez como si estuvieran naciendo pequeñas y horrendas bestias... Empiezo a sentir un temor, pero me obligo a seguir. Hasta que el rayo de mi linterna me desvela lo más horrendo que había visto hasta entonces.

No recuerdo exactamente lo que sentí en ese preciso momento, pero sin duda algo del todo desagradable. Fue como si el mundo fuera un espejo y se rompiera en cientos de pedazos, mostrando que la vida no es tan amena como se pensaba... En la tierra había una especie de huevo del tamaño de un balón de futbol, pero con grandes venas que surcaban su superficie; venas anchas, repletas de asquerosa sangre purulenta y mucosidad nauseabunda. El maldito huevo palpitaba como si fuera un corazón... se hinchaba y su superficie mostraba un tejido de lo más asqueroso; cuando se contraía, el tejido se arrugaba y rezumaba un pus fosforescente que era lo que impregnaba todo a su alrededor. Palpitaba y hacía ese repulsivo sonido mucoso... ¡Era como si el jodido huevo respirara!

A su alrededor habían unas especies de sabandijas con colas, grandes, que se arrastraban al parecer completamente ciegas. Eran como cincuenta, negras, moquillentas, como grandes babosas peludas... Tenían unos ocicos pequeños y puntudos y unas diminutas y amorfas orejas pequeñas. Se arrastraban para chupar el líquido rezumado del huevo, y emitían pequeños sonidos como de pequeñas bestias. Las miré un momento aguantando las ganas de vomitar debido al horrendo hedor que había empezado a sentir, hasta que en un momento, al centrar el haz más fijo en estos abominables seres, uno a uno, con una lentitud mortuaria, comienzan a abrir los ojos. ¡No eran de este mundo! Jamás esta naturaleza ha creado algo que pueda producir tanta locura en alguien. Esos horrendos agujeros negros eran una verdadera puerta a otra dimensión, oscuros, pero más oscuros que la oscuridad, te atrapaban y una vez te tenían debías luchar con fuerza para no ser atrapado...

Luego de un momento que no sé cuánto duró, se me cayó la linterna y salí corriendo del lugar. Puede parecer exagerado, pero la mirada de esas repulsivas criaturas es algo que te sacude por completo.

Salí corriendo de la cueva a la clara mañana aún sintiendo esos malditos sonidos en mi cabeza. Unos metros alejado me detuve. Miré atrás unos segundos y luego me fuí.

 

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¿Sobre mí...? Pues no sé, soy un tipo sociable, tranquilo, que disfruta mucho de los lugares naturales como bosques, montaña, playas... me gustan mucho los animales y la buena lectura, por supuesto. Mi afición es el Ajedrez...

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