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3 min
El quirófano
Amor |
21.07.18
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Sinopsis

La primera vez en un quirófano nunca se olvida. Lo importante es poder contarlo

No se me podrá olvidar nunca aquella mañana del mes de mayo en la que por primera vez debía entrar en un quirófano. Hay quien indica que para esa primera operación debes de prepararte más psicológica que físicamente y bien que lo hice.

Supe que llegaría el momento como así le tocó a mi padre y, muchos hablaron de efecto contagio, por lo que estaba predestinado a atravesar ese quirófano, observar esa cama desnuda y fría, ese foco que parecía iluminar las entrañas del cuerpo y ese olor a muerte.

La noche anterior no dormí, soñaba insistentemente en que la operación no iba a ir bien, que se iba a complicar en exceso y que no iba a tener tanta suerte como  tuvo mi padre en su ya pasada primera  operación "a vida o muerte". A pesar de que mi mujer intentaba tranquilizarme  no lo conseguía y yo seguía girando sobre sí mismo, clavándome todos aquellos pliegues que se adivinaban en  el colchón y dejando la almohada empapada en sudor por  ese miedo, por esa pesadilla que solo pude vencer al ingerir una pastilla que me dejó plácidamente dormido , hasta que el despertador interrumpió mi sueño  al amanecer y supe que había llegado el día, el momento tanto tiempo  esperado, aquella operación que iba a cambiar mi vida, que me iba a curar de todos aquellos males que solo podría superar con esa  esperada intervención.

Aún tengo grabado a fuego aquél día, mi deseo era que pasara cuanto antes, pero la anestesia no hizo efecto en mi cuerpo. De repente noté como a mi alrededor había muchas personas, todas ellas con uniforme de color verde que parecían no prestarme  excesiva atención. Me miré y observé como  yo también llevaba el mismo uniforme que ellos, me di la vuelta, anudé a mi cabeza un pañuelo y con la ayuda de mi compañero me puse los guantes. Solicité un bisturí. Al poco, realicé una perfecta incisión sobre el cuerpo de mi padre.

Al día siguiente me desperté sentado en una silla en la unidad de cuidados intensivos del hospital. Comprobé como mis manos estaban unidas a la de mi padre que permanecía tumbado en su cama. En la cabecera una máquina registraba los movimientos acompasados de su corazón. No pude evitar llorar, pero de emoción   al comprobar que mi primera operación fue un éxito y que el corazón de mi padre latía más esplendorosamente que nunca. En ese instante  supe que esa era mi profesión, como así lo  fue la de mi padre  que generosamente  quiso que su hijo fuera el que le  operara de esas arterias obstruidas que impedían bombear su corazón

—estoy orgulloso de ti, hijo. Yo también salvé a tu abuelo.

 

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  • Buen relato. Hasta la mitad parece un texto común; pero de pronto da un giro y se vuelve sorpresivo. Aunque me parece que se puede matizar mejor el cambio. Nadie dejaría entrar a un quirófano a un primerizo, hacer una operación de vida o muerte, así se lo pida su padre, y la referencia a la anestesia la empeora, creo que esta demás. A ver, mira tú. Saludos. Un abrazo.
    Buen relato. Buen legado. Continúa escribiendo. Un abrazo.
  • Tan fea era que hubo que sacar una Ley por la cual se multaba a quien osara exponerla en público.

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