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7 min
El reencuentro
Amor |
19.05.15
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Sinopsis

Martina e Irene se reencuentran, para descubrir que todo ha cambiado mucho, o quizás no...

 

El cruce de miradas tenso entre Irene y Marina lo rompió la primera con una ligera sonrisa mientras comenzaba a caminar hacia ella. Martina no pudo evitar observarla detenidamente. Estaba cambiada sin duda. Vestía un traje negro de chaqueta y falda, estilo ejecutiva. Llevaba su melena rubia con un corte recto a la altura de los hombros. Estaba guapa, probablemente más que guapa. Resultaba casi imponente. Siempre había sido llamativa y atractiva, ya en el instituto. Pero sin duda los años le habían sentado bien. Llego a su lado, y la miro, pero solo un momento, porque torcio su cara hacia la tumba de Esteban. 

- Aún me parece mentira que ya no este aquí...- La voz de Irene sí que no había cambiado. Lo que produjo un escalofrío en Martina - Lo siento, pero no pude llegar antes. Me hubiera gustado estar en el funeral pero tenía unos problemas que solucionar. ¿Cómo lo estas llevando?

- Eh bien...no, bien no,obviamente...yo, no se que decir la verdad- Martina se sentía estupida y bloqueada. Pero Irene volvió a sonreirla, y entonces poso una mano en su hombro. 

- Pareces cansada, supongo que no has comida nada en todo el día. ¿Quieres ir a alguna parte? Tienes que comer algo, y despejarte. Iremos a un sitio donde no haya mucha gente, para que nadie te venga a molestar. Tratan de ayudar, pero en estas ocasiones pueden llegar a agobiar, ¿verdad? - Irene se mostraba mucho más tranquila que Martina. 

 

 

Estaban sentadas en la barra de La Torre, un bar oscuro y pequeño. Martina lo conocía de su etapa en San Antonio, pero nunca había estado en él. No solía ir mucha gente, no era un bar para la gente joven. Pero tal y como Irene había prometido, nadie las miraba ni les hablaba allí. Para Martina era raro estar sentada en la barra de un bar con Irene tantos años después. Había tensión entre ellas, era inevitable.

Pidieron dos cervezas y unos pinchos, no es que allí hubiera mucho más donde elegir. Martina no podía soportar más el silencio, así que lo rompió. 

- ¿Vienes mucho por este bar? Porque es un poco lugubre la verdad...

- Bueno, cuando vengo al pueblo a veces me gusta ver a toda la pandilla, pero en otras ocasiones solo quiero tomar algo con Ana, las dos solas y sin que nos interrumpan, para hablar de nuestras cosas- contesto Irene mientras bebía un poco de su cerveza. 

- No me imagino a Ana en este bar- contesto Martina mientras pasaba la mirada por todo el bar. Las dos rieron ante el comentario. Lo cierto es que debía de ser extraño ver a la dulce Ana en un antro como ese

- Por cierto... Ana me dijo que fuiste tu la que encontraste a mi abuelo...

- No te sientas culpable- contesto inmediatamente Irene. A Martina la sorprendió que tanto tiempo después siguiera pudiendo leerle el pensamiento, pues era así como se sentía- Esteban ni siquiera se desperto, aunque tu hubieras estado aquí no habría cambiado nada. Pasaba a verlo cuando visito a mi padre y Ana. Ya sabes que para mi tu abuelo era como de la familia. Pasé mucho tiempo con vosotros, ¿no?

- Dices que cuando vienes de visita, ¿donde estas viviendo? ¿de qué trabajas? hace mucho que no sabemos nada la una de la otra- Martina quería cambiar de tema, no quería hablas de su abuelo ni de  no le interesaba revolver el pasado. Irene sonrió así que parece que estaba de acuerdo en darle un giro a la conversación. 

- Pues ya sabes que lo mio eran las fiestas- dijo mientras se reía- así que trabajo en una empresa organizadora de eventos, en una de las mayores de Madrid. 

- ¡Vaya Madrid! Yo también vivo en Madrid... Nos podíamos haber encontrado alguna vez de casualidad...- Martina no pudo evitar sentirse un poco conmocionada ante la idea de que Irene y ella vivieran en la misma ciudad. 

- Bueno ya sabes, Madrid es una ciudad grande. Dime que cumpliste tu sueño y eres medica- parecía que a Irene no le causaba la misma sensación la noticia. 

- Cirujana cardiovascular para ser más exactos- dijo Martina, sonriendo, intentando sobreponerse. 

Entonces Irene comenzó a hablar de Madrid, de los lugares que más le gustaban de la ciudad, y cuando se dieron cuenta estaban teniendo una charla como las de años atrás. Hablaron también de sus trabajos, y de lo que había sido la vida de algunos de sus antiguos compañeros de clase, de las universidades a las que habían ido, hablaron de muchas cosas excepto de ellas mismas, parecía que ninguna de las dos querían tocar temas demasiado personales. Pero aún así la conversación era muy comoda, y Martina no pudo evitar sentirse contenta, Irene provocaba en ella esa sensación casi magnética. En cierta manera era como si nada hubiera cambiado entre ellas, como si volvieran a ser dos adolescentes que se pasaban las horas hablando de cualquier cosa. Quizás cuando la conexión con una persona es real e intensa nunca llega a desaparecer del todo. 

Pero por otra parte Martina notaba que Irene estaba cambiada, era más segura de sí misma, parecía incluso un poco enigmática. Cuando se dieron cuenta habían pasado varias horas. Lo estaban pasando bien, se reían y disfrutaban hasta que el camarero les dijo que iban a cerrar, no se habían dado cuenta de que hora era.  

ban caminando hacia sus casas y continuaban con su charla cuando Martina se dio cuenta de que le vibraba el movil. Se había olvidado completamente, no lo había mirado desde que había llegado a San Antonio. Como era de esperar tenía un monton de mensajes y llamadas pérdidas de Juan, seguro que estaba asustado y preocupado por ella. 

¿Algo importante?- pregunto Irene al ver como miraba su movil.

- Si bueno, es Juan, se me olvido llamarle y estará preocupado.

- ¿Juan?- claro, Martina no le había hablado de Juan. Había evitado hablarle de él, y tenía que reconocer que la omisión no era accidental.

- Bueno... es mi novio. Vivimos juntos- Irene no parecío sorprenderse, en realidad parecía que en cierta manera no la sorprendía nada. 

- Bueno pues supongo que deberías llamarlo, además, ya hemos llegado a casa- le indico Irene mientras señalaba a las casas. 

Martina sabía lo que debía de hacer. Debía depedirse de Irene y entrar en casa, descansar porque a la mañana siguiente quería ir a ver al abogado de su abuelo para encargarse del tema de la herencia y poder volver a Madrid esa misma tarde. Tenía varios días de permiso pero no había pensado en aprovecharlos realmente. Sin embargo... le apetecía continuar hablando con Irene. 

- No, ya es tarde, así que le voy a mandar un mensaje, no lo quiero despertar, supongo que ya estara dormido. ¿Te apetece tomar la última copa en mi casa?- miro a la espera de la respuesta de Irene, pero esta pareció dudar. -Bueno, no se que habrá de bebida... - Martina titubeaba. 

- Esteban siempre tenía alcohol en casa y lo sabes-dijo Irene entre risas, y parece que se decidió. Comenzo a caminar hacia la puerta de la antigua casa de Martina. Y ella misma saco una vez más la llave de donde siempre estaba escondida -Bueno, pues tomemos la última. ¿No?. Y las dos entraron a la casa.   

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