cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

4 min
El relato utópico
Reflexiones |
05.04.15
  • 0
  • 1
  • 238
Sinopsis

¿Es la venganza la solución a nuestros problemas? Quizás la evitamos por miedo a caer en un espiral de sangre que podría desagradarnos menos de lo que esperamos. Tal vez en un mundo en el que la venganza fuese "plato de buen gusto" la gente seria mas feliz y se darían menos los comportamientos que hoy en día consideramos reprochables.

Y ahí me hallaba, empapado de sangre, observando el cuerpo inerte que yacía delante de mí cual  infante recién nació estudiando, meticulosamente, el mundo que le rodea, preguntándose qué ha ocurrido. Después de nueve meses de incesante paz y protección dentro del útero materno se ve forzado abandonar el Edén y es condenado a una vida mortal, una vida más en un mundo que cada día iba a menos.

 

Siempre me gustaron los debates, soy de “esa clase de personas” que no desiste con facilidad en sus convicciones, mi madre siempre me llamo “El abogado del demonio” pues, discutir conmigo era una ardua tarea de la que pocos salían airosos. Más de una, y de dos veces, me enzarce en peleas por ideas que, a mi criterio, eran del todo erradas, no puedo decir que me enorgullezca de ello, tampoco podría negarlo.

Salí del trabajo ansioso por llegar a casa. No soportaba la idea de pasar un minuto más allí dentro, odiaba mi trabajo, odiaba mi vida, odiaba a mis compañeros. No eran más que marionetas, ni tan solo podía considerarlos personas. No tenían ambiciones ni pasión, eran autómatas con existencias vacías, no trabajaban para vivir, ellos vivían para trabajar.

Me disponía a cruzar la puerta, lo único que ocupaba mi mente en ese momento, era samanta. Mi vello se erizaba al pensar en ella, en el calor de su cuerpo, en las eternas caricias, que,  realizaba con suma maestría por mi cuello cuando me acurrucaba en su regazo. Era capaz, con sus suaves movimientos, de sumirme en un estado catatónico y controlarme a su antojo como si de magia se tratase.

Agarre el paño de l puerta con fuerza. Antes de poder girar el pomo oí mi nombre a la lejanía. Me gire rápidamente deseando fuese una confusión de mi cerebro, pero, no fue así. El jefe me reclamaba, los balances no eran correctos. Si bien él sabía que ese no era mi trabajo, pretendió que dedicase algo de mi tiempo libre en revisarlos. Debía pasar más tiempo en aquel cubículo de paredes blancas, con un ordenador del paleolítico y papeles en trámite frente al escritorio. La política de la empresa prohibía las fotografías o decoraciones en el cubículo  “sin distracciones se rinde mas” decian.

Trate de disuadirle. Mis argumentos, al parecer, no eran suficientes para dejarme libre, pero, no desfallecí. Nos enzarzamos en una discusión referente a mis horarios y a mi rendimiento empresarial. Varios minutos de recriminaciones mutuas que rozaban el insulto precedieron el previsible agrandamiento de los órganos genitales del jefe. Vi como la principal arteria de su cuello doblaba su tamaño mientras me chillaba obscenidades, bueno, en realmente, escupía más de lo que decía. No me inmute, me disponía a irme hasta que, de su boca salió algo que no podría obviar. Esas tres palabras consiguieron sacarme de mis casillas, desearía que jamás hubiese dicho eso en mi presencia. Tragarse sus palabras le hubiera salvado la vida.

Invadido por la rabia me dirigí al mi cubículo, eche de menos una foto de Samanta que me persuadiese de los actos que me disponía a cometer, Cogí un bolígrafo y me abalance sobre la abultada vena de mi jefe. Le aseste innumerables puñaladas en el cuello, pude haber parado cuando dejo de moverse, pero, algo me empujaba a seguir. Era un bucle del cual no podía salir.  El recuento final del forense fue de 33 perforaciones. Me parecieron pocas.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Agradecería algún comentario / indicación libre sobre mi obra, esto supondría que puedo valorarla desde diferentes perspectivas en base a vuestras ideas. Gracias
  • Este relato no tiene valoraciones
  • ¿Es la venganza la solución a nuestros problemas? Quizás la evitamos por miedo a caer en un espiral de sangre que podría desagradarnos menos de lo que esperamos. Tal vez en un mundo en el que la venganza fuese "plato de buen gusto" la gente seria mas feliz y se darían menos los comportamientos que hoy en día consideramos reprochables.

Joven, iluso, soñador, desvivido, amante, cínico, sexo, venganza, muerte, paz. Persona.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta