cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

9 min
EL RELOJ DE ARENA
Reales |
06.04.09
  • 4
  • 26
  • 19272
Sinopsis

A veces las personas bajo su apariencia nunca sospecharíamos de la vida que han llevado, muchas veces los mendigos son personas que nos enseñan la esencia de la vida... vaya este relato para "Rogelio" un mendigo especial y al cual tengo que agradecerle muchas cosas en esta vida, aunque él no lo sabrá nunca.

Vi ante mi aquel rostro curtido por el paso del tiempo, aquellos cabellos de plata, que en otros tiempos pudo ser del color del trigo, aquellas manos arrugadas que mostraban un anillo con un luminoso zafiro… y lo que más me llamó la atención, era su implacable monotonía de jugar con su reloj de arena.
Una y otra vez, le daba vueltas y contemplaba absorta como pasaba el tiempo, una y otra vez giraba el reloj… y yo la observaba desde la sombra de mi habitación.
Se convirtió en una rutina diaria, sabía a qué horas ella se encontraba en el parque. Con cautela corría el visillo que ocultaba mi presencia, y comencé una aventura que nunca hubiese iniciado, si no me hubiera llamado la atención
Aquella señora parecía estar en estado de gestación, me extraño debido a su avanzada edad, y a su peculiar estilo de vida.
Parecía llevar en aquel carrito de un hipermercado, todos los recuerdos de su vida, bolsas de plástico desordenadas se daban cobijo, junto a prendas de ropa y algunos enseres más.
Pero algo me llamó la atención… la ventana estaba abierta y pude escuchar nítidamente como el llanto ahogado de un bebé, me quedé junto a la ventana, contemplando la escena y me quedé boquiabierta cuando aquella anciana señora sacó de una bolsa, un recipiente de plástico y un tetrabrik de leche.
Depositó suavemente el recipiente en el suelo, y de una pañoleta que colgaba sobre su pecho, empezó a sacar un gatito, dos, tres… y así sucesivamente, pude contar hasta 5 gatitos de distintos colores.
No pude dar crédito a lo que estaban viendo mis ojos, la escena no podía ser más surrealista, ella los contemplaba con un mimo y cariño, que no había visto nunca en la vida en ojos de una persona.
Aquella misma tarde hablé con Antonio, el portero del edificio, y me contó detalles, que ya conocía por mí misma, pero me contó además que su nombre era Alicia de la Vega una gran señora que había residido durante muchos años en aquel elegante barrio madrileño.
Su esposo que todavía residía allí, había dado la orden de que a su esposa no le faltase de nada, si ella entraba a comprar en alguna tienda, se lo daban sin ninguna duda, él se pasaría siempre a pagar esas deudas.
La enfermedad de ella, la soledad de él, estaban unidas por un desasosiego, pero no quería saber nada de asuntos sociales, ella quería ser libre, y él no quería cortar esa libertad.
No habían tenido hijos, y ese había sido un gran desencadenante en sus vidas, no se habían culpado jamás uno al otro, pero había abierto una brecha difícil de cerrar.
Y las obligaciones de Antonio no pudieron terminar de acabar de contarme la historia. Y después día a día me sentí tan atraída por esa historia, que quise ser protagonista en primera persona y averiguar por mi misma el resto, porque tenía la certeza de que allí se escondía algo muy especial.
Esperé agazapada como el lobo espera a su presa, y cuando aquella tarde apareció en el parque con su peculiar compañía, me dirigí hacia ella.
Pude observar como los gatitos habían crecido, y allí estaban los 5 comiendo unas latitas de pescado que llevaba en su carrito. Quise desde el primer momento congraciarme con ella, y les había comprado unas galletas dulces, sabía que eso les gustaría.
-¡Buenas tardes! La salude y sin esperar la respuesta me senté a su lado.
-¿Le importa que me siente aquí? Pregunté un poco recelosa ante la mirada de ella. Haciendo caso omiso a mi pregunta, miró hacia los demás bancos como preguntándose por qué quería sentarme allí.
-¡Me gustan estos gatitos!- seguí llevando la iniciativa de la conversación… que a decir verdad, parecía un monologo, porque solo hablaba yo.
Abrí mi bolso y cogí el paquete de galletas, me dispuse a comerme una, ofreciéndole una a ella.
-¿Quiere una galleta? No me dijo nada, ni me cogió la que le ofrecí, pero yo seguía insistiendo, no iba a darme por vencida tan pronto.
- A ellos si puede gustarles ¡los gatos son muy golosos! Exclamé mientras desmenuzaba una galleta en trocitos, a los que los gatos se abalanzaron.
-¡Sí, si le gustan! Me contestó alborozada y con una amplia sonrisa… sí, si les gusta.
Le ofrecí el paquete de galletas y ella misma se las desmigó, para alegría de los gatitos.
Remolonearon un poco a nuestro alrededor, alguno de ellos se restregaron en las perneras de mi pantalón.
-¿Te he visto por el barrio, vives aquí? Me preguntó, y yo me sorprendí por la pregunta.
-Sí, sí, trabajo aquí cuidando un niño, hoy es mi tarde libre.
-Yo vivía aquí… bueno quiero decir que yo vivo aquí…pero fuera de mi casa. Me dijo señalando un edificio de enfrente ¡aquella era mi casa!
Miré hacia donde ella me indicaba, pero al quedarse callada no insistí en que me contase nada más, teníamos tiempo… y eso fue precisamente lo que hizo ella… parar el tiempo.
Sacó de su bolsillo el reloj de arena, y se dispuso a darle una vuelta, ambas nos quedamos mirando en silencio como aquella campana de cristal se iba llenando poco a poco con aquella arena blanca, cuando hubo acabado le dio de nuevo la vuelta y así sucesivamente.
No dijo nada más, y yo di por terminada aquella visita, tendría otra oportunidad otra tarde, así que me despedí de ella y regresé a la casa donde vivía.
Durante la semana siguiente aceché de nuevo su llegada al parque y desde mi ventana divisé como ella sacaba un paquete de galletas y las desmigaba, sonreí pensando que había sido buena idea.
Me dirigí hacia el parque y pude constatar que al verme y reconocerme una sonrisa iluminó su rostro, me hizo un gesto con la mano para que me sentase a su lado, y así lo hice…
-He estado pensando en ti.- me sorprendió con esas palabras.
-y para bien o para mal? Le molesta que le haga compañía? Yo también me siento sola aquí. De hecho casi vengo a despedirme.
Se sorprendió con mi respuesta, porque rápidamente me pregunto…
-¿te vas, a dónde?
- Solo vine a cuidar un niño durante los meses de verano, retornaré a mi casa con mi familia y seguiré con mis estudios.
Vi como empezaban a brillar sus ojos, pero no dijo nada… solo introdujo su mano en su bolsillo, y sacó de nuevo su reloj de arena.
-Quiero regalarte esto. Ya no me hace falta, desconozco mi edad, pero estoy segura de que mi fin está muy cerca, y me gustaría darle a alguien mi legado… es todo lo que poseo, bueno y también este anillo.
Me mostró su mano y en ella vi un precioso anillo.- Era de mi madre y nunca me lo quité de mis dedos, disculpa que no te lo regale, después me dará igual quién se quede con él.
Miró de nuevo el reloj de arena con pesar como si de despidiese de un gran amigo, yo me sentí culpable y no supe que decir.
Sacó una cajita de una de las bolsas, y de ella sacó unas fotografías, me entrego una que yo observé extrañada, era de una mujer joven, muy guapa y elegante.
-Soy yo, cuando me casé.
La miré sorprendida, entre esas dos fotos había una diferencia abismal, y ya no solo por los años que separaban una de la otra, la mujer de la fotografía expresaba un brillo en los ojos, una sonrisa que irradiaba la felicidad del momento.
Me mostró otra donde estaba con su marido y no… me pareció la misma mujer. Notó mi desconcierto porque rápidamente exclamó:
-¡Es ella!
-¿Quien es ella? Pregunté con curiosidad.
-Nunca quise saber su nombre, solo sé que estas fotos cayeron en mis manos por casualidad, y me alejé de ellos.
-¿Pero su marido se fue con ella? Volví a preguntar con sumo interés.
-No sé lo que ocurrió, nunca quise volver a mi casa ni con él… aquí soy feliz, con toda mi familia que tengo al lado, y sonrío a los gatitos que andaban a nuestro alrededor.
Dos pares de ojos me miraban sin pestañear, y yo allí con aquella fotografía en mis manos, una pareja joven sonriendo, besándose a plena luz del día, sin miedo a nada.
-No comprendieron que estaba viva, que yo quería a mi marido más que a nada en este mundo, ambos me rompieron la vida. ¿Tienes novio?
Su pregunta me dejó un poco perpleja, pero respondí con suavidad.
-Sí, si…
-Y si él te fuese infiel ¿qué harías?
-ufff, así a primeras, la verdad es que no lo sé.
-¿Perdonarle? ¿Y si fuesen dos veces o tres…?
Me entregó el reloj, recogió sus cosas y se marchó.
Durante las dos semanas siguientes la esperé, la busqué pero no la he vuelto a ver.
Hoy tengo en mis manos el reloj, después de 25 años de aquella tarde, le estoy dando vueltas una y otra vez, no quiero parar el tiempo, pero él no ha dormido esta noche en mi cama, ¿el desenlace de la historia?
Decirme ¿puedo perdonarle por esta vez? ¿Pero y dos? ¿Y tres?
Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Bárbaro relato, aunque el cierre se me hizo un poco brusco quizá le faltó algo de desarrollo
    Lucía, me ha interesado mucho tu relato. La narración es buena y fluida; pero lo que más me ha gustado es la idea de la repetición de los hechos y las vidas en el tiempo. Ese "testigo" que le da la señora a la protagonista, conlleva cierta determinación, los conflictos tienden a ser los mismos, a repatirse o reaparecer con el transcurso del tiempo. Enhorabuena
    un bello relato... Magnifico, y el final.. ¡ni que decir!
    Hermoso
    Un excelente relato. Un poco predecible y apresurado el final. Saludos...
    Me gusta, la vida esta llena de señales, eres una afortunada y viste una de tantas, enhorabuena.
    Enhorabuena por ser relato del mes, aquí mandan los lectores y éste es sin duda su mejor premio. Por mi parte darte también las gracias por valorar todos mis relatos (si no me equivoco creo que eres tú). Un beso.
    Muy bueno.
    Este no lo había leído, es estupendo , Lucía. Me alegro de que seas relato del mes.
  • Llegó mi turno... esta semana estaba muy liada pero no he querido que pasara más tiempo... así que Roberto es hora de que pienses en una buena venganza... jejeje. Esto se acaba y me da penaaaa...lo he pasado bien. Gracias a todos por dejarme compartir espacio en estas páginas.

    La historia se reparte en tres capítulos...los niños soldados y el porqué de su crueldad. Siempre detrás de ellos está la mano negra...

    La historia de Samir la voy a repartir en tres entregas...

    Espero que no tengamos que esperar a esto para firmar un contrato indefinido... ojalá se arreglen las cosas pronto...

    No he podido evitar incluir un toque de romanticismo...drama...y alguna sorpresa. Espero que os guste,lo he escrito con mi mejor intención y he disfrutado haciéndolo. Ahora le toca a nuestra compañera Marfull así que ánimo, y a seguir escribiendo que es lo de que se trata.

    De lo bueno a lo malo solo hay un paso...y viceversa...

    A veces se escoge el camino equivocado para llegar a un fin...

    Una ilusión... un hecho... y no solo una vida destruida. Es un relato largo y por eso lo enviaré en tres o cuatro capítulos. Me apetecía volver...

    A escribir se aprende escribiendo, no dejemos nunca de hacerlo.

  • 118
  • 4.55
  • 103

Me gusta escribir para transferir a la realidad cosas positivas. Y en esta balanza de la vida además de obligaciones compartimos aficiones.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta