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6 min
El reloj de pared
Suspense |
20.06.12
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Sinopsis

Un simple reloj de pared puede cambiar tu viciosa vida

 

Sentado en la silla, con el  respaldo volcado hacia atrás y las piernas apoyadas encima de la mesa, elevé mi cabeza y fijé la mirada en la pared de la habitación. Allí, un muro desnudo de color ocre con una única decoración, un reloj redondo con un reborde plástico que envolvía nuestro más preciado tesoro: el tiempo.  Los números en caracteres romanos, distribuidos en círculo eran de un color negro excesivamente vulgar. Los puntos entre números marcaban el paso de los segundos, 4 negros puntos separaban una hora de otra. El fondo era blanco, pero no un luminoso blanco, si no un tenue color claro en el que se adivinaba el paso del tiempo, el discurrir de las horas, la monotonía de sujetar algo tan mecánico y a la vez tan rutinario.

Las  2 manillas del reloj partían desde la zona central para alcanzar,  la más grande ellas las cifras horarias, la más pequeña apenas llegaba la mitad del diámetro. El único toque de color que tenía la sala  era el segundero, bendito segundero, de un color rojo intenso que incluso se iluminaba en la oscuridad de  la tenebrosa  habitación.

Recostado en la silla y con la mirada fijada en el único toque de color que había en la habitación, comencé a seguir la aguja del segundero con mis ojos,  recorriendo circularmente el reloj, segundo a segundo y completando una vuelta, más tarde otra y otra más.

Mis ojos seguían como si de un acto reflejo se tratara el paso exacto y mecánico de la aguja roja, mientras me daba tiempo a reflexionar, a pensar en lo efímero de la vida, a que ese tiempo seguido con la mirada  que nunca jamás podré recuperarlo. Estaba perdiendo una parte de mi vida, no estaba aprovechando esos instantes. Cada segundo que pasara sería un poco más viejo, mis células estarían algo más deterioradas y mi cuerpo notaría el peso del pasado. Pero qué me importaba, probablemente también el ver pasar las horas significaría no cometer errores, no tomar decisiones, no arrepentirse de los impulsos poco razonados.

Mientras pensaba,  mis ojos se iban cerrando, mi esfuerzo por continuar siguiendo el ritmo acompasado del reloj se hacía cada vez más difícil, no tenía sueño pero me estaba durmiendo. Pronto mis párpados de unieron y quedé sumido en un profundo sueño, en una situación de lo más placentera. Todo el estrés diario, los nervios, la tensión y las preocupaciones se habían borrado de un plumazo.

Así me sentía yo, como si estuviera flotando en el aire, como si este sueño me hubiera abstraído de la realidad terrenal, para pasar a otra dimensión, a comprender un mundo sin todo lo malo que han propuesto los humanos, una vida en la que predominaban los blancos, la luz, la verdad, en la que los vicios desaparecían, en la que la vida volvía a recobrar el sentido originario.

escuché una voz que me preguntaba:

-      ¿Qué tal te sientes?

Yo contesté, sin saber muy bien de quien me venían esas palabras, pero confié, me transmitió tranquilidad y sosiego. Me siguió haciendo preguntas

-      ¿Crees que te falta algo?

-      ¿Qué es lo que ves?

-      ¿Sientes alguna necesidad?

Las preguntas se sucedían y yo contestaba con franqueza. Me sentía mejor que nunca, no necesitaba nada, aunque nada tenía y todo era claridad, un mundo sin vicios, limpio, en el que se respiraba un aire puro.

De repente sin saber muy bien por qué y tras sentir un pequeño golpe en la frente ,  la claridad se había tornado en oscuridad, el silencio pasó a ser un ruido insoportable y el aire limpio ahora era un ambiente sucio, cargado, con un espeso humo que no dejaba ver más allá de lo que alcanzaban las manos.

Otra vez la voz en un tono más firme me volvió a preguntar

-      ¿Qué tal te sientes?

-      ¿Crees que te falta algo?

-      ¿Qué es lo que ves?

-      ¿Sientes alguna necesidad?

Las mismas preguntas, pero esta vez  lo veía todo negro, había un ambiente irrespirable, quería salir de allí, me estaba poniendo malo, no aguantaba más ese sueño y quería despertar de una vez.

Un pequeño golpe en la cabeza, me despertó súbitamente. Afortunadamente mi pesadilla concluyó. Abrí los ojos y descubrí una habitación con una claridad que nunca había visto, un sol que penetraba por todas las estancias, un reloj ,de una blanco luminoso, que  hacía que la numeración de las horas resplandeciera con un rojo brillante, que las manecillas del reloj deslumbrasen a su paso acompasado y circular por el maravilloso mecanismo de ingeniería. Los segundos no existían, su aguja había sido retirada, las horas pasaban a su debido tiempo, y el vicioso pasado había sido desterrado. El tiempo no se había detenido, pero no sentía el paso del mismo, simplemente viviría una mundo mejor, más claro,  más sano y con menos humos.

Me levanté de la silla atravesé la habitación  y salí a la calle. El día era maravillosamente claro y luminoso. No sentí la necesidad de fumar, de coger ese estúpido cigarrillo que me estaba matando. Comprendí que lo había conseguido que no tenía que venir más.

 Y es que hoy  por fin había terminado. Hoy había sido mi última sesión de hipnosis para dejar de fumar. Afortunadamente creo que desterré los malos humos y mi vida comenzaba  con  un aire puro y renovado. Hoy el tiempo no lo veía pasar, simplemente lo disfrutaba.  Hoy, gracias a dios y al hipnótico reloj, había  dejado de fumar.

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Comentarios
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Otros relatos del autor
  • Muy buen relato, no se si conoces el tema de la hipnosis pero lo has clavado, felicidades
    Me ha gustado. Sientes como te atrapa el tiempo. Saludos.
    Sorprende !
    Me gustó la historia. Saludos
  • Solo nos damos cuenta de lo importante,cuando nos falta.

    Tan fea era que hubo que sacar una Ley por la cual se multaba a quien osara exponerla en público.

    Hubiera deseado no conocerte, pero caíste en desgracia y yo contigo

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