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23 min
El río celestial.
Fantasía |
03.02.15
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Sinopsis

Víctor es un hombre que adora a los niños, aunque no puede estar con ellos. Un domingo escuchó sobre un supuesto río que cumple deseos. Víctor acompañado de su único amigo, Joseph, se embarcará en un viaje en busca del río celestial, con el objetivo de cumplir el deseo de Víctor: Poder estar con los niños de una vez por todas.

1.-Un domingo por la tarde.

Había una ciudad grande, demasiado quizás. Ahí vivían personas como en cualquier ciudad, con sus vidas normales y tranquilas. Hacía mucho tiempo atrás que la ciudad se había librado de los crímenes y la injusticia, todo era tranquilo, había paz.
Pero nuestro protagonista no se encuentra en esa ciudad, se encuentra en un pueblo en las afueras de la ciudad, un pueblo bastante poblado, casi se le podía llamar ciudad. Ahí vivía un hombre peculiar.
Víctor era un hombre de 32 años cualquiera, si no fuera por dos cosas, amaba a los niños demasiado y tenía un aspecto aterrador, cabello negro y largo, ojos negros que iban acompañados de ojeras y una barba que cubría casi por completo su boca. Sin contar que era delgado y alto. El vagabundo por defecto.

Víctor vivía en la parte trasera de la iglesia del pueblo, cada domingo se deleitaba con las maravillosas melodías que los niños cantaban y coreaban.
El padre del pueblo ayudó a Víctor dejándolo vivir en la iglesia, a cambio de algo, no salir cuando se esté dando la misa.

Un domingo por la tarde, todavía no empezaba la misa y Víctor comenzaba a desesperarse.
-Padre ¿Cuándo empezará la misa?- Preguntó Víctor al padre.
-Pronto.- Respondió el padre. Un hombre de cabello corto y negro, tenía 33 años.
-¿Cuánto es pronto?
-Unas 2 horas más.- Víctor quedó desilusionado. El padre se percató de eso y trató de no dejar la habitación en manos de un silencio incómodo.
-¿No has pensado en rasurarte esa barba?- Preguntó el padre refiriéndose a la gran barba de Víctor.
-No, si me rasuro la barba los niños no me reconocerán como lo hacen ahora.
-Si te la rasuras los niños no te temerán y se acercarán a ti, eso no es una excusa, Víctor.- Víctor, tras oír esas palabras quedó en silencio.
-Víctor, ¿Cuál es la verdadera razón?- Preguntó el padre. Después Víctor soltó la respuesta.
-Un día como cualquier otro yo estaba en casa de mis padres, esto pasó hace años aunque no lo recuerdo con exactitud. Ese día discutí con mis padres, no recuerdo porqué, solo recuerdo que fue una discusión lo suficientemente fuerte y ruidosa cómo para que los vecinos llamaran a la policía. Robé las llaves de mi padre y tomé su auto a la fuerza, hoy en día me arrepiento de haber hecho eso. Iba manejando a una velocidad increíblemente alta, llevé al auto de mi padre al límite hasta que a causa de una pequeña niña que cruzaba la calle me desvíe por involuntariamente y choqué contra una tienda de electrodomésticos. Salí disparado por el parabrisas y me estampé en la pared con la que choqué, sufría graves lesiones, mi rostro se deformo y me rompí un brazo y algunas costillas. Alguien llamó a una ambulancia y yo solo podía pensar en lo que había pasado mientras todo se volvía borroso y oscuro.
Me internaron en un hospital un largo tiempo, habían alcanzado a salvarme a tiempo gracias a la apresurada llamada de la persona misteriosa. Unos 2 días después de que despertara tuve una visita, yo esperaba que fuera algún familiar o mis padres, pero no. La niña que pudo haber muerto por mi culpa estaba ahí, frente a mí, estaba acompañada de su madre.
-Gracias.- Dijo la niña con voz dulce.- Gracias por evitar arrollarme, te devolví el favor.
-Me avisó de inmediato que usted había chocado contra una tienda.- Dijo la madre casi llorando.- No sé cómo agradecerle, de verdad, gracias.- La madre soltó finalmente las lágrimas y comenzó a abrazar a su hija fuertemente.- Casi la... pierdo, pero gracias a usted ella está... aquí.
Desde entonces no puedo olvidar (Y nunca lo haré) que ella me salvó la vida. Ella me hizo pensar en que los niños no son malos ni fastidiosos, creo que todos los niños pueden ser como la niña que me salvó, por eso mi amor hacia ellos.

El padre quedó sorprendido por origen del amor de Víctor hacia los niños, no se había enterado de aquella historia que llevaba Víctor detrás.
-Vaya ¿Porqué nunca me contaste?- Dijo el padre conmovido por la historia.
-Creí que no sería necesario...- Dijo Víctor en un tono bajo.
-Víctor, prepárate. Te mentí, la misa está a punto de comenzar.- Dijo el padre tratando de animar a Víctor.
Eso le levantó el ánimo a Víctor quien ya se había levantado de la cama y se había dirigido hacia el órgano que se encontraba en la misma habitación.
Víctor tocaba el órgano, lo hacía para que los niños cantaran siguiendo su ritmo, siempre terminaba siendo una canción maravillosa, con la melodía del órgano y las voces angelicales de los pequeños, hasta que finalmente comenzó la misa.

2.- Morado y Rojo.

La música sonaba alegre, el órgano y  el canto de los niños se complementaban excelentemente.
Víctor estaba feliz, todo iba bien, pero había algo que le incomodaba, no era la música ni el olor a humedad de la habitación, era algo más pero ni si quiera sabía qué era.
Al terminar la misa ya eran las ocho de la noche y Víctor yacía en su cama pensando en aquella cosa que le incomodaba. <<El canto de los niños sonaba perfecto, no era eso. El órgano sonaba bien y no parecía que algún tubo estuviera tapado. No toqué mal, o al menos no recuerdo haberme equivocado. ¿Qué me incómoda?>> Esas y más cosas pensaba Víctor, hasta que dio en el clavo.
-¡Eso es!- Exclamó Víctor mientras se levantaba bruscamente de su dura cama.
-¡No puedo estar con los niños, eso es lo que me incomoda, era obvio, Víctor!- Luego de casi gritar eso, Víctor se deprimió casi inmediatamente. << ¿Cómo puedo acercarme a ellos?>> Pensó Víctor hasta quedarse sin ideas, luego simplemente se volvió a tumbar sobre su dura cama.
Víctor (deprimido) decidió abrir un poco la ventanilla que había en la habitación y comenzó a mirar a los pajarillos que volaban y cantaban alegremente en los árboles. <<Ustedes sí pueden estar con ellos, que envidia. >> Pensó Víctor refiriéndose a los pajarillos que bastante seguido bajaban a la tierra a comer migajas que les dejaban niños y adultos. <<Ojalá fuera un pajarillo, podría estar con ellos. >> Pensaba Víctor mientras miraba a algunos pajarillos que estaban junto a varios niños que trataban de estar quietos para no asustar a las pobres aves.
Entonces dos señoras de ya avanzada edad pasaron junto a la pequeña ventana donde se asomaba Víctor y se detuvieron ahí, sin darse cuenta de que Víctor estaba espiando, comenzaron su charla.
-¿Cómo va la familia?- Preguntó la primer señora que iba vestida con un vestido morado y una bufanda emplumada en su cuello.
-Bien, aunque hay un problema.- Respondió la segunda señora que iba vestida con un vestido rojo y con una bolsa colgando de su hombro.
-¿Un problema?
-Sí, Josué sigue con su obsesión, pobre muchacho.
-¿Qué obsesión?
-¿No le conté?
-Oh, le aseguro que no había oído cosa semejante, creí que era un joven saludable.
-Eso creíamos también pero nos equivocamos.
-¿Le molestaría contarme los detalles?
-Claro que no, pare oreja.
-Le escucho.
-Mi pobre Josué está obsesionado con un supuesto río celestial.
-¿Río celestial?- Preguntó la señora de morado sorprendida.
-Así es, ¿Puedes creerlo? ¿Quién creería en un río que supuestamente cumple deseos?
-Dios mío, siga.
-Lo que pasa es que Josué sigue insistiendo en que le llevemos a donde está.
-Y ¿Dónde está ese supuesto río?
Antes de que la señora de rojo pudiera contestar, dirigió su mirada a la ventana en la que se encontraba Víctor, apenas visible por la suciedad de la ventana y la larga barba que Víctor poseía la cual le ayudaba a camuflarse en la oscuridad, pero no tenía barba en todo el rostro, sus ojos y parte de su piel eran visibles lo cual le delató.
-¡Vaya!- Gritó la señora de rojo asustada.- ¡Un espía!
La señora de morado le siguió con su propio grito.- ¡Dios mío, es un horrible vagabundo!
-¡¿Cómo pudo un vagabundo entrar a la iglesia?!
-¡Vámonos!- Acto seguido las señoras de morado y rojo se alejaron disgustadas por la incómoda mirada de Víctor a través de la ventana.
-¿Un río celestial que cumple deseos?- Se preguntó Víctor a sí mismo en voz baja.- ¡Eso es!- Exclamó Víctor rompiendo el silencio que había en la habitación para luego dirigirse hacia el teléfono de la habitación y llamar a su amigo.
-24315...- Dijo en voz baja mientras presionaba los botones con sus respectivos números, en ese orden.- ¿Padre? Tengo un favor que pedirle.

3.-La hora acordada.

-Claro, ¿Qué favor, Víctor?- Preguntó el padre un poco sorprendido por la repentina llamada de Víctor.
-Quiero que...- Víctor se detuvo debido a los nervios que le provocaba la petición, hasta que tomó valor.- me lleve al río celestial.- Hubo un silencio incómodo.
-¿Río celestial? ¿De qué hablas?
-Escuche a dos señoras hablar de él, creo que puede ayudarme a acercarme a los niños. Al parecer el río cumple deseos.
-Escucha lo que dices, Víctor. Es una locura dedicar tiempo a buscar un tal “Río celestial que cumple deseos” que muy probablemente sea falso.
-Joseph, por favor, ayúdame.
El padre quedó atónito ante aquellas palabras. Víctor nunca le había llamado por su nombre, siempre le llamaba “Padre”, fue entonces cuando se dio cuenta de que Víctor estaba desesperado, esta vez de verdad.
-De acuerdo, te ayudaré.- Dijo Joseph decidido.- Te veré ahí mañana a las 10:00 am, levántate temprano.
-¡De acuerdo! - Respondió Víctor con una voz notablemente alegre, luego colgó el teléfono y no le quedó más que esperar hasta mañana, se acostó en su cama y pensó: <<El padre me ayudará, pronto podré estar con ellos finalmente. >> Luego cerró los ojos y cayó en un largo y profundo sueño.

4.-Las instrucciones.

El lunes por la mañana los pajarillos cantaban y volaban alegremente alrededor del pueblo.
Mientras tanto, Víctor estaba mirando por la ventanilla  entreabierta  de su habitación. Eran ya las 9:54 am pero él no lo sabía << ¿Cuándo llegará el padre?>> Se preguntaba Víctor desesperado. << ¿Cuánto más piensa retrasarse? ¿Ya es hora? ¿Se le habrá olvidado la hora?>> Ni si quiera se molestó en mirar el reloj de pared que poseía en la habitación. Él estaba seguro de que se había pasado la hora.
Parecía un niño pequeño esperando a sus padres para que le llevasen a la juguetería.
Cuando un pequeño pájaro se posó sobre la ventana.
-Oh, bienvenido.- Dijo Víctor dirigiéndose hacia el pajarillo.- ¿Estás cansado? ¿Tienes hambre?- Víctor tomo una migaja de pan que tenía envuelto en papel.
El pajarillo tomó la migaja con su pico y se lo comió.
-¿Te gustó? Tengo más.- Víctor le dio un par de migajas más al pajarillo con lentitud para evitar asustarle.- Te envidio, puedes estar con los niños, yo no, aunque desearía poder hacerlo, los adoro, pero ninguno quiere estar conmigo, soy desagradable. Quisiera ser cómo tú.
Luego, el sonido de una puerta abriéndose y cerrándose sonó en la entrada de la iglesia.
-¿Víctor?- Preguntó en voz alta el padre tratando de localizar a Víctor.
-Aquí estoy, padre. ¿Porqué llegas tarde?- Respondió Víctor mientras salía de su habitación con un poco de ira.
-¿Tarde? Pero si son las 10:00 am, como acordamos.
-¿Enserio?- Víctor se dirigió rápidamente hacia su habitación para mirar el reloj de pared. Eran las 10:00 am, Joseph tenía razón.- Me parecía que se había pasado la hora hace unos momentos.
-Bueno, no importa. ¿Estás listo?
-Estoy listo desde ayer.
-Bueno ¿Dónde está el río?
-Creí que usted lo sabía.- Dijo Víctor sorprendido y preocupado.
-¿Eso pensabas? Si ni siquiera sabía de su existencia. Esto es un problema.
-¡¿Tú crees?!- Exclamó Víctor molesto.- ¡¿Cómo llegaremos?!
-Tranquilo, Víctor. Preguntemos.- Víctor guardó silencio luego de oír esas palabras. Joseph salió de la iglesia y preguntó a la primera persona que vio.
Al cabo de un rato volvió.
-¿Y bien?- Preguntó Víctor preocupado.
-Pues, después de varias burlas de parte de jóvenes (Y algunos adultos) conseguí la supuesta localización.
-Bien, ¡Vamos!- Dijo Víctor con entusiasmo.
Joseph miró a Víctor con asombro, no le había visto tan animado desde hace tiempo. Luego, Víctor y Joseph salieron de la iglesia (Ignorando a la gente que los veía juntos) siguiendo las instrucciones que les habían dado, comenzando su viaje en busca del río celestial.

5.-El gran árbol.

Víctor y Joseph habían empezado su viaje hace ya unos minutos, dejando la iglesia y el pueblo atrás, con instrucciones dudosas y mucho coraje.
Las instrucciones sobre cómo llegar al supuesto río eran:

1.-Desde el centro del pueblo ve hacia el oeste.
2.-Sigue el camino que se encuentra al lado de un árbol grande, lo identificarás en cuanto lo veas. Luego del árbol grande no habrá más árboles.
3.-Siguiendo el camino probablemente pienses que te perdiste, el camino se camufla bastante bien entre la tierra, pero no desesperes, sigue en línea recta.
4.-Cuando sigas por el camino verás algunos pajarillos volando en la misma dirección en la que se supone que vas, si es así vas en la dirección correcta.
5.-Una vez te acerques empezarás a ver algunos árboles y ahí lo verás, junto con los pajarillos y la luz del sol.

-¿Quién te dio las instrucciones?- Preguntó Víctor mientras él y Joseph salían del pueblo hacia el Oeste.
-Un viejo que estaba dando de comer a las palomas y pájaros.- Respondió Joseph caminando con su mochila puesta.-No es muy confiable, pero eso lo único que tenemos.
-Debemos confiar en él, no nos queda de otra.- Dijo Víctor decidido a encontrar dicho río.
-Si tú lo dices...
Víctor guardó silencio.
 Caminaban expuestos a la luz del sol siguiendo las instrucciones, parecía que no iban a ninguna parte.
-Esto parece infinito...- Dijo Joseph en voz baja.- Espera, necesito agua.
-Bébela mientras caminamos.
-Que cruel.- Joseph sacó de la mochila que llevó al viaje una botella de agua y bebió de ella mientras caminaba cómo Víctor dijo, en estos momentos no parece conveniente llevarle la contraria.
-¿Dónde está el camino?- Preguntó Víctor mirando alrededor.- Llevamos horas caminando en línea recta.
-El viejo dijo que estaba al lado de un árbol grande, pero no veo ninguno.
-Sigamos.
Siguieron en línea recta hacia el oeste, cómo el viejo dijo, pero no veían ningún árbol grande. Joseph no estaba hecho para estas cosas, sudaba a mares y tomaba agua cada 5 minutos. Víctor era peor, después de todo se la pasaba metido en su habitación de la iglesia, tocando el órgano y mirando por la ventanilla. Aún así él seguía, sin rendirse y de alguna forma sin tomar agua.
-¡Ahí está!- Finalmente gritó Víctor, señalando con su dedo índice un gran árbol que dejaba una sombra de su tamaño, era perfecto para descansar.- ¡Vamos!
Víctor se dirigió corriendo hacia el árbol con una alegría sorprendente.
-¿Cómo puedes... correr?- Preguntó Joseph con una voz débil mientras caminaba con cansancio (Y mucho sudor) hacia el gran árbol.- ¿Puedo... descansar?
-Claro.- Víctor se recargó en el árbol mientras finalmente tomaba agua. Por su parte, Joseph se tumbó en la tierra sin importar lo irritable que fuera.
-¡Finalmente!- Exclamó Joseph mientras respiraba por la boca.
Finalmente habían alcanzado el árbol, pero evidentemente el viaje apenas comenzaba, pero por ahora se dedicaron a descansar debajo del gran árbol mientras les iluminaba un hermoso atardecer.

6.- Caminata en la oscuridad.

El sol se ponía y empezaba a oscurecer. Víctor y Joseph estaban debajo del gran árbol ignorando por completo la oscuridad que empezaba a envolver todo su entorno.
-¿Joseph?- Preguntó Víctor mientras dirigía la mirada hacia Joseph, el cual estaba acostado en el suelo dándole la espalda a Víctor.- ¿Joseph? ¿Estás dormido?
Víctor se dirigió hacia Joseph para darle la vuelta, aparentemente estaba dormido.
-¡Despierta!- Víctor agitó bruscamente a Joseph, quien se despertó al instante.
-¿Qué... pasa?- Preguntó Joseph desorientado.
-¿Cómo que qué pasa? ¡Está oscureciendo!
-¿Y?
-¿Hablas en serio?- Víctor abofeteó a Joseph quien recuperó la razón.- ¿Tenemos algo de iluminación?- Preguntó Víctor.
-¡Oh! Es cierto.- Joseph abrió la mochila que traía y sacó una linterna.- Traje esto.
Víctor tomó la linterna y la encendió. Apuntó con su luz al suelo y al gran árbol.
-No ilumina mucho, pero servirá.- Dijo Víctor.
-Sabía que sería útil.- Una brisa pasó por el cuerpo de Joseph haciendo que éste se encogiera de hombros y cruzara los brazos.- Está empezando a hacer frío.
-En realidad no.
-Es fácil para ti decirlo, tienes el cabello largo y una gran barba que cubre casi completamente tu cara.
Víctor dejó escapar unas leves risas.- ¿Tienes algo para el frío?
-No creí que tardaríamos tanto en llegar.
-¿Entonces porqué trajiste la linterna?
 -Creí que entraríamos a una cueva o algo oscuro no que estaríamos en la nada a lado de un árbol gigante y de noche.
-Vaya... bueno, tenemos dos opciones. Esperamos a que amanezca ó seguimos caminando con la linterna, decide tú.
-Pues eso depende de ti, tú eres quien quiere pedir un deseo, yo solo te acompaño.
Luego de un largo silencio Víctor decidió.
-Sigamos adelante.- Víctor comenzó a seguir el camino mientras lo iluminaba con la linterna. Joseph se puso la mochila y siguió a Víctor.

La oscuridad envolvía cada vez más a Víctor y Joseph provocando que solo dependan de la leve iluminación de la débil linterna.
-No veo nada.- Dijo Joseph tratando de orientarse con la luz de la linterna.
-No tenemos opción, necesito llegar a ese río.
-De todas formas ¿Habrá un río aquí? Es decir, está todo vacío, no hay nada más que tierra.
-Tenemos que confiar.- Dijo Víctor, dirigiendo la mirada hacia Joseph  y aunque no se veía casi nada, éste se dio cuenta de la penetrante mirada de Víctor aún sin luz.
-Ya entendí, me callo.- Víctor se sentía satisfecho con la decisión de Joseph, ahora mismo no necesita que le digan que no podrá estar con los niños porque dicho río no existe.
Víctor y Joseph caminaban y caminaban, siguiendo el camino al cual le iluminaban con la linterna. La oscuridad los desorientaba bastante seguido, se veían forzados a mirar la luna (Que era eclipsada por nubes casi todo el tiempo) para orientarse.
-¿Qué más te dijo el viejo?- Preguntó Víctor.
-Déjame recordar...- Joseph se rascó la cabeza tratando de recordar el siguiente paso en las instrucciones.- ¡Eso es! El siguiente paso era: “Sigue por el camino, verás aves que vuelan en la misma dirección en la que vas, si es así vas en la dirección correcta.” O algo así.
-Vaya...- Víctor miró al cielo tratando de buscar algún ave.- No podremos ver a los pajarillos si es de noche.
-Parece que era mejor quedarse debajo del gran árbol.
Víctor pensó y pensó hasta quemarse la cabeza. Decepcionado por no poder ver los pajarillos finalmente se rindió.
-Creo que lo mejor es descansar.- Dijo Víctor, mientras paraba su caminata y se sentaba en el suelo.
-¡Por fin entras en razón!- Exclamó Joseph.
-Debemos descansar hasta que amanezca, entonces veremos a los pajarillos.
-¡Tienes razón!- Acto seguido, Joseph se tumbó en la tierra con la mochila como almohada.
Y ahí estaban, el padre del pueblo y el hombre al que todos temen  en medio de una oscuridad muy espesa. Víctor estaba sentado, mirando las estrellas. Joseph ya había caído dormido y aunque la tierra no es la mejor cama fue suficiente como para que cayera en un sueño profundo.
 Finalmente, después de un largo rato, Víctor se rindió y se acostó en la tierra junto a Joseph, acompañándole en el profundo sueño en el que éste ya se encontraba.

7.- El río celestial.

El sol comenzaba a iluminar los rostros de Víctor y Joseph. Víctor se había levantado minutos atrás mientras que Joseph (Cómo siempre) dormía cómoda y profundamente.
<<Le dejaré dormir ésta vez. >> Pensó Víctor mientras dejó salir unas leves risas. <<Qué hermosa mañana.  Ojalá los pajarillos pasen pronto. >>
Y se le concedió, los pajarillos pasaron, en una dirección, sin desviarse.
-¡Ahí están!- Gritó Víctor.- ¡Padre, despierta!- Le gritó a Joseph mientras le agitaba bruscamente. Hasta que despertó.
-¡¿Qué?!- Joseph se levantó alarmado.- ¡¿Qué pasa?!
-Ya pasaron las aves, ¡Vamos en la dirección correcta, cómo dijo el viejo!
-Oh, ¿Enserio? Vaya...
-Vamos, toma la mochila y sígueme.- Víctor comenzó a seguir el camino corriendo, había olvidado por completo que tenía algunas hormigas en su cuerpo.
-¡Oye!- Gritó Joseph.- ¡Espérame!- Tomó la mochila y comenzó a correr detrás de Víctor.- ¿Cómo puede correr sin haber tomado agua hace ya un buen rato? Yo me acabé mi botella...- Dijo para sí mismo.

Joseph siguió a Víctor por varios minutos hasta que éste paró.
-¿Qué... pasa?- Preguntó Joseph mientras respiraba por la boca y tosía.
-Ahí... está.- Respondió Víctor boquiabierto.
-... ¿El río?
-Míralo, es hermoso.- Víctor dejó salir unas cuantas lágrimas mientras miraba el río.-Al fin llegamos.
-Ya... veo.
-¡Vamos!- Víctor corrió una vez más pero esta vez era a nada más y nada menos que el río celestial. Era un río hermoso que se extendía desde el norte hacia el sur, rodeado de árboles (Aunque alrededor no había) y pajarillos por todas partes volando y cantando, era un evento hermoso.
Joseph siguió a Víctor hasta que llegaron al río.
-No puedo creer que... exista.- Dijo Joseph aún cansado.
-Yo sabía que existía.- Víctor se hincó frente al río.- ¿Cómo puedo pedir... mi deseo?
-Yo...eh...- Joseph se puso nervioso, tanto que olvidó el cansancio.- El viejo no me dijo.
-¡¿Qué?!
-Lo siento, pero no me dijo nada de esto, te dije que no era confiable.
-¡Genial, todo esto para nada!- Víctor se levantó rápidamente para golpear un árbol que estaba cerca.- ¡Genial, simplemente genial!- Víctor se recargó en un árbol mientras miraba al río desilusionado.-No puedo... creerlo.- Dijo Víctor una última vez un poco más calmado.

Joseph miraba a Víctor con lástima. << ¿Por qué no me dijo el viejo?>> Se preguntaba una y otra vez, hasta que se rindió y se recargó al lado de Víctor.
-Quizás...- Dijo Joseph tratando de animar a Víctor.
-No, es inútil.
-Pero, no has intentado nada, quizás solo debas pedir tu deseo frente al río, o quizás debes beber de él y pedir tu deseo, vamos, inténtalo.- Eso le levantó el ánimo a Víctor, no se le había ocurrido nada de eso, quizás el no haber dormido (Y bebido agua) lo suficiente le afectó al fin, o tal vez solo era el sorprendente calor que hacía para ser apenas las 07:00 am.
-Tienes razón.- Dijo Víctor mientras se dirigía al río casi corriendo.- Lo intentaré.- Lleno de esperanza, Víctor pidió su deseo frente al río.
-Deseo poder estar con los niños a todas horas.- Pero, no ocurrió nada.
-Tranquilo, prueba bebiendo un poco.- Dijo Joseph apresuradamente para evitar que Víctor se desilusionara.
-Bien...- Víctor bebió un poco del río con la botella vacía de Joseph.- deseo poder estar con los niños a todas horas.
De repente el tiempo se pausó, pero Víctor, Joseph y el río seguían en movimiento.
-¿Qué pasa?- Joseph miró a Víctor respondiéndole con la mirada.- Las aves quedaron flotando en el aire.- Dijo Víctor sorprendido y confundido a la vez.
-Me doy cuenta.- Dijo Joseph igualmente sorprendido.
-¿Qué es esto?
-No lo s...- Antes de que Joseph pudiera responder, una deslumbrante luz apareció al otro lado del río.
-Bienvenidos.- Dijo una voz que venía de la luz.
-¿Qué es esa voz?- Preguntó Víctor.
-No tengo idea.- Respondió Joseph.
-Soy el río.- Dijo la voz. Luego, la luz se iba desvaneciendo hasta que desapareció y en su lugar quedó un hombre viejo, con un bastón y una boina.
-¡Usted es el viejo!- Exclamó Joseph.
-Soy yo.- Dijo el viejo.
-¿Usted es el río?- Preguntó Víctor.
-Así es. Llevo años aquí, cumpliéndole los deseos a la gente, pero en los últimos 35 años no ha habido nadie que crea en mi. Ustedes ó mejor dicho tú, Víctor, has creído en mí y por ende concederé tu deseo, tranquilo, no dejaré a tu amigo atrás.
-¿Los últimos deseos que concederás?- Preguntó Víctor.
-Así es, piénsenlos bien.
-Vaya...- Dijo Joseph en voz baja.
-Yo sé qué pedir desde que comenzamos, ¿Y tú?- Dijo Víctor a Joseph.
-Pues ahora que lo pienso mi vida no es tan mala, me gusta cómo vivo, creo que simplemente pediré volver al pueblo.- Respondió Joseph.
-Que así sea.- Dijo el viejo apuntando con su bastón a Joseph haciendo que éste desapareciera.
-¿Qué ha pasado?- Preguntó Víctor mientras miraba alrededor.
-Le he concedido su deseo. Tu turno.- Respondió el viejo.
-¿Volvió al pueblo sano y salvo?
-Así es. Tu turno.
-Deseo... poder estar con los niños en cualquier momento, sin que ellos me teman.
-Que así sea.- El viejo apuntó con su bastón a Víctor y éste se desvaneció en un santiamén.
-Mi trabajo ha concluido.- Dijo el viejo mientras se dirigía hacia el río.- Es hora de descansar.- El viejo caminó sobre el agua hasta que llegó al centro, luego simplemente se sentó con su bastón en mano y comenzó a hundirse lentamente hasta perderse entre el agua del río.

Joseph volvió al pueblo sano y salvo cómo el viejo dijo, continuó su vida como si nada hubiera pasado.
Joseph nunca supo qué pidió Víctor exactamente. Cree que se convirtió en alguna clase de animal o ya de plano en un niño aunque nunca lo sabrá con exactitud. <<Espero que haya pasado lo que querías. >> Pensó Joseph mirando por la ventanilla de la habitación. <<Espero que todo ese viaje no haya sido en vano. >> Joseph entrecerró la ventanilla para luego dirigirse a la sala principal de la iglesia a dar la siguiente misa.
Justo después de que Joseph saliera de la habitación una ráfaga de viento logró abrir la ventanilla, esa ráfaga se hizo cada vez más grande e intensa mientras recorría toda la habitación hasta concentrarse únicamente en el órgano logrando que éste sonara una vez más.

-FIN-

 

 

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Una persona que un día decidió escribir, cayó en la tentación y no pudo salir.

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