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5 min
El rosal sin rosas.
Terror |
21.02.15
  • 3
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Sinopsis

Las rosas son las flores mas hermosas que puedan existir. Hay rosas, blancas, rojas, amarillas... en fin, una variedad. Son un espectáculo divino de ver en primavera. Pero existe otro lado, las espinas. Es la otra cara de la moneda; pero, ¿Quién se fija en ellas cuando las protagonistas son las rosas? Pero, ¿Qué sucedería si ya no habría rosas sino, solamente espinas? En una noche, una joven y su madre lo están a punto de descubrir...

Clarisa iba corriendo, su rutina de ejercicios; solamente acompañada de su madre, quien la seguía, cuidadosamente, caminado a paso de tortuga. Lo usual para ser una mujer de una edad avanzada.

Cuando Clarisa diviso que, a su derecha, se encontraba un descampado cubierto de arbustos, los cuales impedían la visión hacia el interior, se detuvo, pensativa. Algo la inquietaba, algo no era normal.

<<Algo no está bien…>> pensó.

Pero prosiguió. Quizá le daba miedo, el hecho de que era totalmente oscuro, o solamente era el rosal cubierto de espinas que había en el lugar. Salvo que sin una sola rosa.

<<No hay rosas, solamente espinas…>> volvió a pensar, en esa época del año era común ver las flores, rosas, margaritas, claveles, por todos lados. Pero ninguna en ese rosal.

Ejercito durante bastante tiempo. Termino agotada.

Cuando ambas volvían, vieron una pareja de adolescentes discutiendo en el lugar del rosal.

-¡Te dije que aquí es!

-¡No, no puede ser, como carajos piensas que pasemos por estas espinas!

-No lo sé, solo sé que esta es la dirección de la fiesta. Me dijeron que era en  la casa de Esteban y que para acortar camino pasáramos por aquí.

Ambos eran una máquina de gritos, era más que obvio que estaban molestos.

<< Se perderán la fiesta del año>>  pensó con sarcasmo Clarisa.

-¿Escuchaste eso? hay una fiesta.- dijo su madre sacándola de sus pensamientos.

-Sí, mama.

-¿Porque no vas?- le dijo su madre con una mirada de ilusión.

-No mama, no empieces.

-Hija por mi culpa tú ya no sales, estas encerrada cuidándome. No me pasara nada.

-No me colare a la fiesta, mama.

-Si puedes, se cuántas veces te escapaste de casa y te metiste en fiestas que ni te conocían.- dijo eso con una sonrisa, además con un tono juguetón y un poco de reproche.- así que anda ve.

-No lo sé, no me gusta este lugar.

-Por lo menos ve a verlo.

-No mama. ¡No te metas allí!- le grito Clarisa, no le gustaba ese lugar, realmente era aterrador, estaba todo oscuro, no podía concebir la idea de que unos adolescentes estuvieran allí.

-Está bien…- dijo su madre con resignación. Se acercó hacia su hija, pero enseguida, ella corrió, lo más rápido que pudo, en dirección al rosal.

-¡NO, MAMA!- grito Clarisa y se dirigió hacia su madre.

-Mira, esa señora se metió. Y tú ni te animas.- le dijo el chico a su amiga. –no pasara nada vamos.- Esta vez bajo su tono de voz para lograr calmarla y así proseguir el camino indicado.

-No espera.- esta vez fue ella quien hablo- Esperemos que salgan… por favor.- le dijo en forma de súplica.

- Está bien…

Pasaron los minutos y nada. Ninguna de las dos aparecía, comenzaron a imaginar que ellas estarían en la fiesta, la joven con uno de sus amigos, quien le gustaban las-según ellos- “maduras”. Y la anciana con un balde de cerveza. Ambos reían ante esos pensamientos y comentarios.

Cuando por fin se decidieron en atravesar el rosal, escucharon un grito desgarrador, la curiosidad los invadió y vieron que desde la dirección, donde las mujeres habían ingresado salía la joven, con su madre en la espalda. Ambas sangrando parecía como si las hubiesen apuñalado, las heridas eran muy grandes para ser producto de unas pequeñas espinas.

Pero eso no era lo más perturbador. Ambas gritaban, y entre medio de sollozos y gritos pudieron ver como la madre tenía las ramas del rosal enredadas a la mitad de su cuerpo y las espinas incrustadas en su estómago, como si fuese una soga que la arrastraba hacia la oscuridad. La joven mediante sollozos intentaba empujar a su madre para liberarla.

Pero era inútil.

En un abrir y cerrar de ojos, las espinas arrastraron a la anciana devuelta. Gritaba y pataleaba, mientras volvía a la profundidad.

Clarisa cayo de rodillas al suelo.

Antes de que los adolescentes pudieran acercarse a ella, esta volvió a introducirse en el rosal, en un desesperado intento de volver a ver a su madre.

Los jóvenes, impactados, no sabían que hacer, los inundo la desesperación, la ansiedad y sobre todo el miedo. ¿Qué era aquello que se había llevado a la anciana?

Corrieron hasta su auto, estacionado al frente de donde estaban y desde adentro pudieron ver como la joven salía cargando en su espalda un arbusto lleno de espinas. Llorando, se lo quitó de encima y lo hecho al suelo.

Corrieron a socorrerla, pero se llevaron una increíble sorpresa, al ver que no era un simple arbusto.

Sino que era su madre, la anciana, que había sido envuelta por el rosal. La había tragado. Y ahora ella, era una parte de él.

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  • Está bien narrado, a pesar de las tildes, y hay escenas interesantes como cuando la madre sale envuelta por las espinas. Me gustó también que presentaras la situación de madre e hija mediante el diálogo. Lo único que me parece un tanto raro es que se introduzcan en el rosal, lleno de espinas. Pero no estás nada mal el relato. Te seguiré leyendo. Saludos.
    Una idea interesante y me gustó. Sólo ten cuidado con las tildes, te faltaron algunas, pero a mí me pasa también. Bienvenida al sitio. Sigue escribiendo...saludos.
  • Las voces no me dejan tranquila, perdón.

    ¿Cansado de tus ojos marrones? ¿Deseas con toda tu alma tener ojos de color? Pero ¿No sabes como conseguirlos? Preguntenle a Agustina... ella les explicarà todo... y atrèvanse a visitar a su doctor... o dejen que los atrape...

    Gracias de verdad por hacerme quien soy.

    Esto va para las personas que mas amo en la vida. Mis padres.

    Estoy obligada a hacer que me vean como algo que no soy; solo para que me acepten... Pero...

    Perdóname… por favor ... perdóname

    Lo que encontramos en esa página nos sorprende y asusta muchas veces...

    Todos hemos de imaginar, alguna vez una utopía. Y quien diga que no; está mintiendo. Porque… ¿qué ha hecho cuando no se puede conciliar el sueño? nada más ni nada menos que imaginar. Imaginamos que esa persona especial nos habla. Imaginamos conversaciones que nos dejan una sonrisa. Imaginamos un mundo sin violencia. Imaginamos felicidad. Imaginamos momentos únicos e inolvidables que quizá no ocurran. Imaginamos ideales inalcanzables que quizá jamás sean concebibles en el mundo. Imaginamos pequeña utopías a nuestro gusto.

    Dormir, algo tan simple, pero ¿Qué ocurre cuando la tarea más simple para el ser humano, se ha convertido en un lo más aterrador para otro? Lo llaman “Insomnio”. Ese maldito. Poco a poco te domina. Te esclaviza. Innumerables veces has perdido contra él. Pero, lo peor de todo, es lo que ocurre mientras lo tienes de visita alguna noche. Tu mente se transforma en tu enemiga más poderosa. Hace que puedas ver algo; que no está allí realmente, ver, sentir cosas que no son reales. O es lo que creemos… Te has repetido más de una vez que no es real. Pero cada día se vuelve más y más real para ti. Sollozas y ruegas que no se repita otra noche. Pero nadie tiene la seguridad de ello. Solo intentas sobrevivir. Si llegas a la mañana sabrás que has sobrevivido, le ganaste. Al menos por ahora…

    Las rosas son las flores mas hermosas que puedan existir. Hay rosas, blancas, rojas, amarillas... en fin, una variedad. Son un espectáculo divino de ver en primavera. Pero existe otro lado, las espinas. Es la otra cara de la moneda; pero, ¿Quién se fija en ellas cuando las protagonistas son las rosas? Pero, ¿Qué sucedería si ya no habría rosas sino, solamente espinas? En una noche, una joven y su madre lo están a punto de descubrir...

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