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4 min
El Santo
Varios |
24.01.15
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Sinopsis

hace mucho tiempo...

El Santo

  Hace mucho tiempo, cuando los niños todavía salían de los huevos de las cigüeñas, apareció un hombre. El hombre tenía un rabo de toro bravo en su mano y una gorra muy extraña en su cabeza.

_ No es una gorra, es un circulo luminoso grande flotante – dijo él, buscando su cubo de pintura líquida.

_ ¿Y por qué no esta flotando? – Le preguntaron.

_ Porqué sois ciegos.

_ No somos ciegos, estamos viendo todo lo que se puede ver – dijo el más viejo de todos – no es un circulo flotante, es una gorra de payaso.

_ ¿Qué es un payaso? – Preguntaron de todos lados.

_ El payaso es este – contestó el viejo, señalando con el dedo al hombre con el rabo – y ahora, seguramente va a alegrarnos.

_ No tengo tiempo para alegraros – dijo él, continuando su búsqueda de la pintura con la mirada – ¿Dónde esta mi pintura?

_ ¿Qué es pintura?

_ Generalmente los payasos están maquillando sus caras con la pintura para ser más graciosos – explicó el viejo.

_ ¿Qué es maquillaje? – Preguntaron unos.

_ ¿Qué significa ser gracioso? – Preguntaron otros.

  El viejo estaba pensando.

_ ¿Cómo te llamas hombre con rabo?

_ ¡Rob, me llamo Rob!

  El viejo todavía estaba pensando, cuando uno de los ausentes de este encuentro tiró una piedra al Rob. El hombre gritó del dolor. Todos empezaron a reír a carcajadas.

_ Eso es ser gracioso – dijo el viejo, cogiendo una piedra con la mano.

_ ¡Espera! – Gritó uno de ellos – ¡Esperaos! Quiero su gorra de payaso.

_ Pues, ponte al lado suyo – aconsejó el viejo.

  Cayeron más piedras de todos lados. Ya nadie escuchaba sus gritos. Muy pronto Rob perdió el conocimiento. Cuando abrió sus ojos, vió al viejo, que estaba limpiando la sangre de su cara con un trapo mojado.

_ ¿Sobrevivió el muchacho? – Preguntó Rob.

El viejo empezó reír a carcajadas:

_ ¿Bromeas? Le maté yo mismo, tengo buena puntería.

_ ¿Se han ido ya? – Preguntó otra vez Rob.

_ ¡Sí! Llevaron su cadáver a su casa. Por cierto, ¿para qué  necesitas este rabo, payaso?

_ No soy un payaso.

_ Yo sé que no lo eres. Pero contéstame a la pregunta: ¿para qué  necesitas este rabo, payaso?

_ Me voy a pintar, pero no sé donde perdí el cubo de pintura.

_ No lo vi tampoco – dijo el viejo – si vas a bajar al pueblo, allí, cerca de  la casa del patrón, verás un almacén grande, donde hay cualquier cosa. Las puertas siempre están abiertas. Allí, seguramente encontrarás lo que necesitas. Sólo un consejo, quítate esta gorra de payaso, si no quieres que te maten otra vez.

_ No es una gorra, es una corona luminosa grande flotante – gritó Rob.

_ Yo sé, que es una corona grande flotante, pero, por si a caso, quítate esta gorra o ponte una gorra de verdad.

_ No tengo.

_ Pués espérate aquí, yo bajaré al pueblo, buscaré la pintura y mandaré con alguien – dijo el viejo y, dejando un poco de pan y agua, se marchó.

  Rob esperó mucho. Ya era bastante tarde y oscuro, cuando vino el viejo arrastrando el cubo. Él explicó, que nadie quería subir, por eso tardó tanto. El viejo se tumbó allí mismo y se durmió.

_ ¡El color violeta! Mi color preferido – gritó Rob – ¿Cómo te has enterado que quería expresamente este color?

_ Lo sabía – murmuró el viejo – déjame descansar un poco, por favor.

  Rob empezó a pintar todo de color violeta: encima de los árboles, de la hierba, de las piedras, de las flores y las hormigas; de la tierra, al viejo también, que le molestaba mucho, porqué estaba tumbado justo en el medio de la cara norte de la roca. Cuando pintó toda la montaña, con un gran susto fijó que estaba terminando la pintura. No tenía otro remedio, con las últimas gotas de pintura pintó una capa de pintura encima de la luna que esa noche estaba bien redonda, y esperó hasta el amanecer.

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