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3 min
El Seguro
Drama |
29.01.15
  • 5
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  • 650
Sinopsis

La insensibilidad puede estar en todas partes, pero ¿por qué se concentra en los juzgados?

El Seguro                    

Es el día de la audiencia. La Licenciada me pregunta si me capacitaron para maniobrar la rebanadora de carne y por cuánto tiempo lo he hecho.

Cada vez que me cuestiona parece que se le desorbitan los ojos. Cuando contesto, me tiemblan las manos.

“¿Por qué nadie estaba presente en el lugar de los hechos?”,  me pregunta incisiva.

Me recrimina con su mirada como si dijera: es claro que usted se cortó el dedo adrede para cobrar el seguro. Usted es tan pobre, que por cincuenta mil pesos metió el dedo en la rebanadora. Todos los empleados cuando firman el contrato, saben que tienen un seguro por accidentes de mutilación. Pero, usted, señora, ignora que los seguros no se pagan por fraudes. Al Juez no le importa que lo hubiera hecho porque está desesperada, porque tiene un hijo discapacitado, perdón, señora, persona con capacidad diferente, según los derechos humanos. ¿Acaso, cree, que no he visto cosas peores? He visto quedarse gente sin sus casas, hijos sin sus madres; también, he visto destruir proyectos de sentencias bien hechos porque así lo mandan arriba. Yo, estoy curtida, señora, y por eso, no me conmueven las personas avariciosas.

Ella no sabe lo terrible que fue ese día.

Después de pensarlo durante varias semanas, tenía que hacerlo.

Margarita me platicó que el Seguro indemnizó a su esposo y que no investigaron nada.

Sin embargo, cada vez que estaba decidida frente a la máquina, el impulso de supervivencia me lo impedía; es como si mi mano retrocediera por voluntad propia.

Para darme valor, me tomé antes varios analgésicos; cerré los ojos, puse el dedo primero y después, presioné el botón de encendido.

Fue cuestión de segundos, como rebanar una pieza de pollo.  La sangre salió como en las películas: escandalosa. Mientras gritaba por ayuda, pensaba que valía la pena. Podría comprar finalmente la silla de ruedas y la cama para el niño, tapar los agujeros del techo, hasta un calentón.

¿Cómo podría imaginarme en ese momento que tendría que ir con una abogada de oficio para que me ayudara a cobrar el seguro? Jamás podría haberme imaginado que la Licenciada que tanto me observa, esté pensando:

¡Pobre, estúpida!, hasta para hacer fraudes se necesita inteligencia. Nunca leyó en la póliza de seguro que aplicaba sólo en el caso que se perdieran dos dedos o más.  Cuando esto termine, tendré suficientes datos para terminar el proyecto de sentencia, tal y como me lo han pedido. 

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  • La clave de tan buen relato es la descripción. Muy real.
  • Era una locura no lucir esta segunda piel sin imperfección. Cero varices, arrugas, celulitis y estrías. Quien no ha recorrido con la mano esta piel lisa, inmaculada se ha perdido la esencia de estos días: un avatar que te permite ser lo que quieras.

    Cuando dos personas tienen una conexión se presenta la ley de la anticipación. No se requiere de un vínculo muy especial o fuerte, basta que se abra una rendija en el subconsciente de ambos.

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    Supe finalmente cuál era el infierno del soldado: un hambre que recorre el cuerpo como un látigo, un abismo que se instala en el estómago, escalofríos que te empujan a querer comer lo que sea. Pero también supe cuál era el paraíso...

    De pronto, todo lo tuvo claro: se acostaría con él. Decidió que se volverían dos mexicanos que la gente apuntara con el dedo cada vez que pasaran.

    Las personas que estaban en la pista de baile se dividieron como si una mano invisible las hubiera separado para dejar pasar a la extraña pareja. Bocas abiertas, ojos como platos, exclamaciones de indignación. La música no cesó, al contrario, se escuchaba más fuerte...

    En esta historia los contratos con sangre siguen vigentes.

    Sin darnos cuenta nuestra historia puede ser la repetición de otra. El personaje de este cuento debe tomar conciencia de esto, sino está condenado a repetirse una y otra vez.

    La vida de un hombre depende de un objeto; en realidad, el objeto y él parecen ser un sólo ser.

    La insensibilidad puede estar en todas partes, pero ¿por qué se concentra en los juzgados?

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Muchas historias las he descartado por miedo a que no fueran lo suficientemente buenas. Entonces me di cuenta que tenía que vencer esa inercia: no tengo que escribir cuentos perfectos para publicarlos. El deleite está en compartir.

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