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6 min
El sonido del silencio.
Drama |
19.04.15
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Sinopsis

Las consecuencias que puede traer a la persona el consumo de alcohol, el drama de alguien que lo ha perdido todo por culpa del consumo excesivo de alcohol y otras drogas.

La tarde  gris con el cielo lleno de nubes negras de tormenta y amenazando lluvia, dio paso a una noche oscura cerrada y fría. Juan conducía con cuidado con mucha precaución por la carretera estrecha y de firme irregular que camino a la aldea donde vivía, a lo lejos diviso el escaso alumbrado del pueblo y respiro aliviado, eran tan solo nueve kilómetros lo que le separaban de la ciudad, pero eran unos nueve kilómetros interminables y mas estando el tiempo como estaba.

Llego a la puerta de su casa y aparco el vehículo , salió de el y  cerrando la puerta ,se encamino hacia las escaleras que subían a su hogar con paso cansado después de un largo día de trabajo, antes de subir, abrió el buzón y cogió la escasa correspondencia que tenia, llego hasta lo alto de su vivienda, en la oscuridad de la noche apenas llegaba a atinar la llave en la cerradura para poder abrir, de que lo consiguió la puerta se abrió y entro dentro encendiendo la luz del hall, dejo las llaves en la mesita de entrada, y quitándose el abrigo lo dejo en el perchero de la entrada, mientras caminaba por el pasillo al salón iba leyendo los remitentes de las cartas que tenía en la mano, encendió la luz del salón y se podía verse aun en la chimenea de leña los rescoldos y las cenizas calientes que quedaba de la noche anterior, hecho varios palos nuevos  y avivo la lumbre que no tardo en encender, dejo las cartas encima de la mesa y se dirigió al gran ventanal del salón mirando fuera como se iluminaba el oscuro cielo con los rayos de la tormenta que se presumía aun lejos ya que no se oían los truenos, encendió un cigarro y dándole una  honda calada seguía mirando fuera  con la mirada perdida no se sabe a dónde y enfrascado en no se sabe que pensamientos, el primer trueno de la tormenta que se avecinaba lo saco de sus pensamientos, se dirigió a la cocina para buscar la cena, abrió la nevera y sacando un plato, lo llevo al microondas  para calentarlo, cogió un vaso y la botella de Ron, la llevo al salón después regreso a por el plato de comida, el cubierto y el pan, puso el televisor y en el apareció un señor bien trajeado y muy repeinado que estaba dando las noticias, se sentó y comenzó a cenar mirando la televisión y volvió a sus pensamientos, un segundo trueno volvió a sacarle de sus pensamiento y recogiendo la mesa se sentó al fuego con su inseparable botella de Ron.

Miraba el oscuro líquido encerrado en aquel  envase de cristal y pensó todo lo que aquel maldito líquido le había arrebatado.

Sus pensamientos volvieron a aquella noche, una noche que parecía un calco de la que estaba sucediendo. Recuerda que su amor por aquel líquido le hizo beber más y más, era un día de alegría, de celebración, se casaba su hermano pero no tardaría en convertirse el día mas triste y aciago de su vida. La fiesta llegaba a su fin, eran altas horas de la madrugada, la familia se monto en el coche, delante iba  Sonia, su esposa, su amor desde niños, aquella niña de larga trenza, que desde bien pequeño hacia que su corazón se acelerase y el sudor cállese frio por su frente  y sus dos pequeños, Manuel y Rebeca, iban en la parte de atrás, sus dos hijos que le habían alegrado su vida y le habían hecho sentirse el padre más orgulloso de la pequeña aldea donde Vivian,  se puso en carretera , no sin oír las quejas de su mujer por el estado en el que iba.

- Tranquilízate que voy bien.

 

Decía él para que su esposa dejase de reñirle, recuerda aquella maldita curva, aquel punto kilométrico por el que tiene que pasar todos los días, que es su mayor castigo, era el recordatorio a diario de su mala cabeza del error que llevaría siempre consigo.

Lo que recuerda a continuación es el sonido de la ambulancia camino del hospital que se mezclaban con el ruido de los truenos y la luz de los relámpagos que entraban por las ventanillas  de aquel vehículo, recuerda la sala del hospital, mucha gente a su alrededor, goteros, agujas, y las voces de los sanitarios hablándole, después se sumió en un profundo sueño que lo tuvo tres días dormidos, pero el despertar fue amargo, triste, cuando le comunicaron el fallecimiento de su esposa y sus dos hijos,  de sus ojos salieron lagrimas, un rio de lagrimas que no podía contener.

Pero lo más duro aun estaba por llegar, tres meses después cuando recibió el alta y llego a la puerta de su casa, la abrió, ya no estaba el ruido de los niños jugando, peleándose, ya no estaba el sonido de su esposa en la cocina con los cacharros haciendo la cena, ya no se oía nada solo el sonido del silencio,  un silencio abismal, aterrador, la alegría de aquella casa se había esfumado, sus ojos se llenaron de lagrimas su corazón se encogía, era un dolor insoportable el que sufría por dentro.

Un nuevo trueno le devolvió a la realidad, a la realidad de aquella casa vacía a la realidad de su vida vacía de haberlo perdido todo y cogiendo la botella se sentó en el sofá al lado de la chimenea que expulsaba el calor que inundaba  toda la sala, y siguió bebiendo, pensando en lo irónico que era la vida, aquel mismo liquido que le hizo perder todo lo que apreciaba y quería era el único que en aquellas horas le daba consuelo y volvió a dormirse como tantas noches en el sofá al lado de la botella, el agua empezó a caer haciendo un ruido sobre los cristales que le era familiar y pensaba como todas las noche, que era él quien había cometido el error, que era él quien debía de haberse ido,  supo que su castigo era ese el seguir viviendo, el seguir sufriendo la culpabilidad hasta el final de sus días de haber sido el único responsable de aquella amarga vida de  agonía.

                                                                                                                  Kili.

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