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4 min
El Suéter De Lana
Varios |
03.02.16
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Sinopsis

Cuando nuestra madre nos regala algo sea lo que sea, se convierte en nuestro mayor tesoro.

 Al cumplir Juan la mayoría de edad, su madre le tejió un  hermoso suéter de lana. El joven siempre lo usaba en las épocas de invierno. O cuando debía salir en la noche a visitar algún bar con sus amigos.

Aquel suéter de lana se había convertido en algo muy especial para Juan, él decía que cuando se lo colocaba;  sentía como si su madre Anna le diera un cálido abrazo en las noches invadidas por el frio.

Un invierno, Juan enfermo de una neumonía, Anna se quedo a cuidarlo en el hospital toda la noche.

Esa noche ella no logro dormir tranquila al ver a su amado y único hijo en esa situación, Juan lucia demacrado y delgado. Anna se la pasaba llorando en los corredores y rincones del hospital.

él pasó nueve semanas internado, atado a un sondaje naso-gástrico, para poder adminístrale la alimentación, fue muy duro para Anna y sus amigos verlo en esas condiciones. Los días pasaban y Juan seguía empeorando.

Mientras uno de sus amigos se ofreció a acompañarlo durante una noche. Este escucho un quejido. Se paró a un lado de la cama, y agudizo su oído. era Juan,  él trataba de articular algunas palabras. Federico le retira la máscara de oxigeno y acerca su oído a la boca de él…

- tengo frio mamá, tráeme mi saco de lana por favor. Le dice con voz débil a Federico.

Él se apresura y saca uno que está dentro de un maletín. Y se lo echa encima.

Juan echa un vistazo con dificultad y nota que no es su saco favorito…

- este no es mi saco, ¿dónde está mi suéter de lana? Grita con desesperación.

- tranquilo Juan no te agites, no es bueno para ti.

Los gritos de Juan se ahogaban en su garganta deshidratada, de repente comenzó a convulsionar, la alarma de emergencia se activo. Federico llamo a la señora Anna para decirle lo que estaba ocurriendo con su hijo.

Los médicos y enfermeras salían y entraban a su cuarto. Después de un rato, salió el médico que lo estaba tratando, tiene cara de malas noticias.

- Juan ha muerto a causa de un paro respiratorio, Hicimos todo lo posible. Lo siento mucho. Les dice cabizbajo. Mientras ellos rompen en llanto.

En su funeral, Juan llevo puesto un elegante traje negro y una corbata purpura. Su rostro reflejaba tranquilidad y lozanía. Parecía que nunca hubiera estado enfermo.

Su madre Anna lo visitaba todos los domingos, a veces lo hacía sola o en compañía de sus amigos, Esta vez fue sola al cementerio. Era una mañana muy fría, ella Llevaba un ramo de claveles rojos. En el cementerio solo estaba ella y el sepulturero. Anna lo coloco sobre la lapida de mármol. Justo en ese momento cuando baja el ramo, escucha un quejido que provenía desde la tumba de su hijo.

- tengo…frio mamá. Le dice la voz entre quejidos.

Ella se asusta un poco, observa fijamente la lapida y luego posa su mano sobre esta…

- hijo mío, ¿aun no te has marchado de este mundo? le pregunta con ingenuidad.

Él sepulturero la mira con curiosidad. Anna sigue preguntándole lo mismo, pero él no dice nada. Creía  que su pérdida la estaba volviendo loca.

El domingo siguiente volvió a escuchar las mismas palabras, entonces Anna recordó  el saco de su hijo, el que usa cuando tenía frio. Tal vez por esa razón no podía descansar aun.

Entonces su madre regreso a casa y busco el saco, al encontrarlo lo guardo en una bolsa plástica. La llevo al cementerio, lo saco y lo extendió sobre la lapida.

- ya no sentirás frio querido hijo. Le dice entre lágrimas.

Anna regreso al cementerio el domingo, noto que la prenda ya no estaba sobre la tumba de Juan. ¡Se lo llevaron! Pensó Anna. Busco al sepulturero para preguntarle. Y este le dijo:

- usted no me va a creer pero el domingo que usted lo dejo, yo intente recogerlo, pero este estaba aferrado al mármol. Como si estuviera pegado con cemento.  Al rato volvía a pasar por la tumba y el saco de lana había desaparecido.

Ella no le dice nada, simplemente mira al cielo y sonríe. Al cumplirse los 4 años de muerto, sacaron los restos del joven. Y ¡oh sorpresa! al abrir el ataúd. Juan llevaba encima de su traje desecho y lleno de polillas su suéter de lana, El cual seguía intacto como si los años no le hubieran pasado.

 

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