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5 min
El superviviente en Stalingrado
Históricos |
08.03.15
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Sinopsis

Una victima más de la guerra, otro reclutado por el camarada Stalin, se encuentra en la situación limite de un desierto nevado, una locura intermitente y cinco balas para cinco sombras.

Frío en sus pulmones, una gélida masa de dolor, en su pecho, aunque su cuerpo no era menos. Debía estarse quieto, la epoca que vivía era dura, y en las calles de Estalingrado no había mas ejército que el mismo, y no había más enemigo que cualquier alma que se moviese, independientemente del sexo, edad, nacionalidad o especie... En el infierno todas las almas son iguales y el destino que le aguardaba se escribio en el mismisimo momento que sus camaradas decidieron tomar parte en esa locura, en esa carniceria, por una mentira, un sueño, un reflejo en el fino hielo que cubría el agua que hace dias que no probaba, ese fantasma, ese espiritu que calentarían las almas, eso que el camarada Stalin llamó comunismo... El querría ver a sus altos cargos en la situación en la que se hallaba, tirado en un edificio en ruinas con un cadaver en avanzado estado de descomposición cubriendo sus famelicas espaldas, que junto con sus costillas, ya que sus pectorales los deboró el hambre y el intento desesperado de no morir por otra razón ajena al disparo, en contacto con una fría masa de nieve, que no se desintegraba pese a que lo hubiese hospedado durante una dura semana... Una semana con aquel cuerpo encima, una semana hacía que sus instintos más animales se apoderaran de sus actos y le llevasen a degollar un cuello con un cristal roto con la facilidad con la que se corta la mantequilla... Dos semanas viendo sombras y nieve, apuntando con aquel fusil alemán, y nunca finalizando el disparo, por el temor de que este le sucediese otro y otro y otro hasta que su fallecida coraza no soportase más y finalmente uno de esos silbidos le alcanzase llevandolo a un triste final, nada diferente de el de un perro enfermo y vagabundo... Dos semanas abasteciendose de los recursos de aquel pobre diablo, una cantimplora con cafe, otra con agua y una petaca con vodka que mantuvo durante algunas horas su cordura y el poco calor corporal que le quedaba... Por su aspecto cualquiera hubiese jurado que era la mismisima parca, una huesuda cara donde las ojeras parecían grabadas a martillazos, una piel tan pálida que sentía envidia del color de la nieve, una nariz al borde de la fractura, no como los dedos de sus manos los cuales pudo proteger con unos guantes que su víctima le habia proporcionado... Ese saco de huesos se cubría con un triste uniforme gris acompañado de una capa que un día debio de ser verde... Empuñaba tembloroso el fusil, pensando que podría cumplir con azañas tales como las de Vasili Zsaitsev, pese a que segurente carecia de la fuerza necesaria para apretar aquel gatillo cubierto de desesperación en forma de escarcha... Ni las cerillas encendían en aquel páramo olvidado, y cada vez ansiaba más llegar al infierno, ya que no podía ser muy diferente a aquel salon de las torturas... No orinaba, ya que no solo podria deshidratarse, sino que la orina era el poco calor corporal que lo mantenía vivo y si lo hacia seguramente se congelaría con el riesgo de perder la pistola y verse incapaz de manejar el fusil por el dolor... Seria imposible no cuestionar su cordura, ya no distinguía las pesadillas de la vida real y cada sombra que se asomaba parecía más ficticia... Pero sabía que había llegado al precipicio de su cordura, y que movilizarse era cuanto menos indispensable, pero necesitaba energía, abrigo, agua y armamento... Pero el movimiento era la opción b... No quería seguir librando la batalla, aunque no se marcharía de esta sin una medalla. 

Resaltaron sombras entre la ventisca... Movio las manos y comprobó que seguian funcionando... Utilizo la poca fuerza que le quedaba para limpiar la mira microscópica, movilizó el fusil y apuntó al menor y superior de los salientes que presentaba una de esas 5 sombras humanoides... Empleó toda su alma en mover el gatillo. Y un sordo impacto acompañó a una fuente roja... Había impactado... Los gritos no llegaban a sus oidos, no podia distinguir el idioma, pero el subidon de adrenalina hizo que ignorase su deseo de ser rescatado x algún camarada... Una media luna se dibujo en sus labios y con esfuerzo titánico arrastro la palanca hasta hacer sonar un click que le permitia llevarse consigo una nueva alma... Apuntó a otra de las sombras, esta vez la fuente llegó más lejos, impactaría en la cabeza o el cuello... Automático cual máquina repitió el proceso, y conforme las 5 sombras caían en un idioma desconocido la sonrisa se le agrandaba... Tal fué el sentimiento con la caída del ultimo de los cuerpos que se apresuró hasta a ellos como un niño a ver a su madre... Aunque lo que iba a ver no era precisamente algo que le fuese a alegrar... Los cuerpos abatidos eran 5 sujetos, con su mismo uniforme, con su misma escualidez y sin ningun arma... Reviso el fusil y comprobó que no le quedaban balas... La desesperación y el arrepentimiento le invadieron... No podia ser, estaba condenado a morir en la ventisca... Ya no veía su puesto... La angustia baño su cuerpo como una ola de errores... Y entonces fue cuando observó los craneos, fragmentados y afilados como dagas oseas curvas... Una macabra sonrisa se dibujo en sus labios... Fue lento pero más lento hubiese sido el sobrevivir.

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