cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

43 min
El Susurro
Terror |
04.02.15
  • 0
  • 0
  • 462
Sinopsis

¿Qué pasaría si susurran tu nombre y al voltear nadie te llama? Eso le pasa a nuestro protagonista. Es un día común. Una tarde en la oficina común. Pero Cristopher se topa con algo poco común. Una voz le susurra repetidas veces su nombre y lo acosa en el trascurso de sus días. ¿Cuánto tiempo está preparado un hombre para resistir lo paranormal? ¿Hasta cuándo podría su mente continuar siendo cuerda?

Me asustaste. Lo reconozco. O sea, quiero decir que… bueno…

Déjame ordenar mis pensamientos.

Muy bien, creo que quiero decir… hiciste todo muy bien. Desde un comienzo. Fuiste tan sutil que… Oh Dios, no sé como decírtelo. El punto aquí es que… bueno, estoy en cierta manera muy curioso ahora ¿Sabes?, quiero saber por qué diablos me pasó esto. ¿No respondes? ¿No hablas? Bueno, te rehago la pregunta…

¿Por qué?

 

*

Estaba trabajando arduamente esa noche, lo sé muy bien porque recuerdo exactamente que mi cabeza estaba reventando. Suele dolerme la cabeza cuando me concentro; y en especial cuando es algo importante. Importante al extremo.

Resulta ser que Salcedo me había mandando cierto trabajo, era básicamente una gran presentación de diapositivas para su siguiente reunión. Ese tarado… ser su secretario me había convertido básicamente en ser su segundón, su sirviente. Salcedo era quien me hacía hacer su propio trabajo, muy aparte del mío… pero supongo que ser primo del jefe le ayudaba mucho para que no se notaran sus incompetencias.

Esa noche eran aproximadamente las ocho y quince minutos, al costado de algunos documentos de mi oficina descansaba una taza de café, tal vez la número siete u ocho; eso me haría mal, pero necesitaba una bebida que me de las suficientes energías para hacer esas malditas diapositivas que se me encomendaron a ultima hora.

Esa fue la primera vez que creo haberte escuchado, ¿Lo ves? Tú hablas. Y lo haces perfectamente.

-Cristopher…-.

Vamos, ¿Todos las personas no somos acaso iguales? Yo creo que sí, las personas tenemos ciertas reacciones similares. Bueno, la mayoría. Lo primero que piensas es que estás realmente cansado, y que por eso te parece haber escuchado que alguien te llama; para luego, voltear a ver si realmente alguien te está llamando, es un acto reflejo de todos, supongo. La jornada era hasta las cinco y media de la tarde, y sabía muy bien de que algún trabajólico como Roberto, se quedaba más o menos hasta las siete máximo, y no más. Así que yo estaba (lo más probable) absolutamente solo esa noche.

Lo sabía perfectamente, mi sentido común me decía que no había nadie más que yo en el trabajo. Así que en el fondo, supe que era totalmente absurdo voltear a ver quién me llamaba porque sabía que nadie lo hacía. Ahora venía la segunda reacción de mi sentido común; simplemente estás muy cansado Pher, eso es lo que pasa, has estado trabajando las ultimas tres noches en los trabajos del idiota de Salcedo, tal vez los síntomas del mal sueño estén dando efecto.

Volví a escucharlo.

-Cristopher…-.

Nadie me llamaba Cristopher desde hace mucho. Todos me decían Pher, así que también me sobresalté de escuchar mi nombre completo dos veces. Cuando terminaba el trabajo lo escuché por una tercera vez. Pero para eso mi subconsciente ya había hecho una barrera en mi mente, mi propio muro de Berlín, que dividía mis pensamientos en: “Realmente necesitas ducharte y luego dormir por lo menos un día entero Pher” y el otro: “Un fantasma, espíritu, monstruo, incubo o súcubo te estaba llamando”.

Y obviamente me incliné por lo primero, porque la mente humana quiere eso, quiere sentirse segura y pensar que todo está bien. Que cosas como esas no existen, no pasan. Y si pasan, nunca le pasarían a uno.

Regresé a mi casa y tiré mi portafolio en el sofá. Dejé en el perchero mi saco y me desanudé la corbata, luego froté mis ojos con mis dedos índice y pulgar y traté de aclarar la vista para poder resistir un poco más despierto y poder comer algo. Tal vez los cereales que compré ayer. Esos son deliciosos.

Pelusa me recibió como siempre, moviendo su cola al compás de sus ojos juguetones que me miraban. Sacaba la lengua y ni bien yo le sonreí y me arrodillaba hacia ella, corrió y me lamió la mano. Mi perra me alegra mucho la vida; esa pequeña shit-zu es una gran compañera y siento mucho que se haya asustado contigo. Así como yo lo hice.

Después de comer mi cereal y de que Pelusa me acompañase al pie de la mesa, comiendo conmigo, me fui a tomar un baño y luego a dormir. Recuerdo haberme sentido muy cómodo esa noche. Descansé lo más que pude porque mañana era sábado. Por fin llegaba el fin de semana.

 

*

Al día siguiente, al entrar al supermercado y verme en el reflejo de algunos de los espejos, me pude dar cuenta de que soy un desordenado. Cuando no era día laboral, mi aspecto cambiaba y parecía un desempleado. Una persona que no tiene porque arreglarse y cuidar su aspecto; o bueno, Así me sentía.

Mi cabello estaba todo desordenado y con una especie de cacho en la parte de atrás. Me sorprendí de que mi barba creciera tan rápido de una noche a la otra, al afeitarme en las mañanas  todas las semanas, (como costumbre) nunca lo notaba, pero ahora eran como las diez de la mañana y yo lucía como un vago que recién está comprando sus cosas para desayunar.

Ciertamente estaba con una pinta muy mala como para mostrársela a Celeste. Pero no iba a cambiar mi aspecto en cinco minutos así que solo me quedaba ir a comprar rápido y ver si encontraría otro cajero que no sea ella para que no viera lo mal que luzco.

-¡Pher!-. Dijo una voz cuando yo estaba en la sección de panadería.

Me gustó mucho que me llamaran así después de haber escuchado mi nombre completo tres veces la noche anterior.

Cuando volteé vi a Sandro con una gran sonrisa como lo caracterizaba siempre.

Sandro era uno de mis compañeros de trabajo y amigo mío desde la secundaria, por suerte nos pudimos encontrar en la universidad y seguíamos la misma carrera. Y mucho mejor fue el hecho de trabajar juntos en la misma empresa. Ahora el tenía treinta años recién cumplidos; una esposa esperando un hijo y un futuro plan para viajar a Alemania el mes entrante. Su esposa se acercaba con el cochecito de compras del supermercado, habían comprado mucha verdura y un pollo entero, mientras que yo solo iba a comprar pequeñeces, ellos se llevaban el mercado entero.

-Te invito a ir hoy al billar-. Dijo Sandro.

-¿Y por qué esa invitación tan formal ah? Jaja quiero decir que… tú sabes que siempre estoy libre los sábados por la noche, ¿Es algo importante?-.

-Sí, es cumpleaños de mi primo y quiso celebrarlo ahí, con unos tragos y un poco de pool, ¿Puedes?-.

-Claro que sí, además hace mucho que no voy allí-. Dije.

-Excelente, entonces paso por ti a las nueve, ¿Ok?-.

-Claro-.

Sandro se despidió de mí con un apretón de manos y su esposa con un beso en mi mejilla, después de todo, al menos este sábado podía distraerme.

Cuando llegué a las cajas, para mi mala suerte todas tenían unas olímpicas colas enormes, y la única que estaba medio pequeña era la de Celeste. Así que de todas formas la vería. Esperé unos diez minutos y tocaba mi turno…

-Hola linda-. Dije, esbozando mi sonrisa que me marca un pequeño hoyuelo en las mejillas.

-No me digas así Pher, estoy trabajando…-. Dijo Celeste sin quitar la vista de los productos que ella pasaba por caja. -¿Estás libre mañana?-.

-Claro, ¿A qué hora paso a buscarte?-.

-Solo pregunté si estabas libre, no quise decir que quería verte…-. Me dijo, dibujando una pícara sonrisa y mirándome con sus ojos color castaño medio caramelo; ese color que me encantaba en extremo.

-Jaja… muy chistosa estás-. Dije mientras sacaba mi billetera para pagar la cuenta.

-No Pher, una broma, no te enojes tan fácilmente que te saldrán arrugas cariño… claro que quiero verte, ¿Almorzamos juntos?-.

-Me parece perfecto-.

-Pero solo los dos-.

-¿Disculpa? Claro que solo los dos mi amor…-.

-Ya te dije que no me llames así, estoy trabajando…-.

-Está bien; perdón, pero… ¿A qué te refieres con solo los dos? Siempre almorzamos juntos y Pelusa es muy bien educada, nunca nos molesta-.

-Me refiero a tu barba, Jaja no quiero que esa señorita esté presente…-.

Efectivamente, había olvidado por completo mi barba, ni siquiera Sandro me lo había hecho recordar, pero seguramente su esposa habría dicho algo como: -“Mira como está… que descuidado es tu amigo Cristopher…”-. O algo por el estilo.

Me toqué la cara y me di cuenta que estaba completamente áspera, odiaba mis excesos de hormonas masculinas. Miré a Celeste sonriendo y dije:

-Sí, olvidé afeitarme hoy-.

-Pues se te ve bien Pher… pero… si comemos spaghetti o algo así la salsa se te quedará toda pegada y eso no será bonito…-. Dijo Celeste, guiñándome un ojo.

-Oh bueno, entonces vemos que cenamos y según eso me afeito-.

-Me parece bien-.Terminó de hablar, con una sonrisa amplia y mirándome directo a los ojos. Luego ella volteó a su derecha… yo también lo hice.

Una anciana llegaba y me di cuenta que para mi gran suerte la cola no seguía detrás de mí. No me había percatado de eso; apuesto que si hubiera estado al menos una persona atrás, me hubiera dicho: -“Oiga, yo también quiero ir a mi casa”-.

Me despedí de Celeste en el preciso instante en que la viejecita llegaba a la cola con un envase de mermelada y pan; dije que la llamaría para coordinar mejor la hora que nos veríamos mañana.

Salía del supermercado y prendí mi celular, tenía dos mensajes no leídos y entre ellos estaba uno de Salcedo diciéndome que las diapositivas llegaron exitosamente a su correo y que estaban muy bien: “Me parece que tú eres el único capaz de realizar ese trabajo Cristopher, felicidades”. ¿Te parece que soy capaz? ¿O simplemente no tienes nadie más quien te lo haga, idiota?

No me animó mucho su mensaje porque me di cuenta que estaría esclavizado un largo tiempo haciéndole diapositivas a Salcedo. Definitivamente tengo que cambiarme de trabajo ¿Sabes? Pero después de tu llegada tan sorpresiva y tus llamaditas pienso que necesito vacaciones.

-Lo olvidaba, no me hablas ni un carajo-.

 

*

Me puse los audífonos al tomar el bus de regreso a casa, el modo aleatorio me llevó a escuchar Selene de Imagine Dragons… Al llegar a mi parada me bajé del bus y la canción iba algo como:

“Resolutions and lovers in the kitchen

Love is clueless and destiny is wishing

This is my heart, it´s on the line, Selene”

Cuando en eso me percato de que alguien me llamaba, un susurro como el de la noche pasada. ¿Eras tú verdad?... Maldición deja de mirarme como lo estás haciendo… ¡No me mires!

Olvídalo…

Como decía, escuché la misma voz apagada y algo relajante atrás de mí; justo detrás, en mi nuca. Hasta creí haber sentido una profunda exhalación en mi cuello. Eso sí me dejó helado, pero pensé que era simplemente mi imaginación… como ayer. Ni intentes reírte porque sino… sino… está bien, haz lo que te plazca. ¿Te debes de haber divertido muy bien en ese momento no? Como sea, con ese aspecto no creo que rías muy seguido… Déjame ordenarme otra vez.

Cuando volteé a ver quién me había llamado no había nadie obviamente, solo gente normal caminando para hacer algo que tenían planeado en su día normal, en sus estúpidas vidas normales. Porque esto… esto ya no era normal. Aunque lamento mucho haberme tardado tanto en descubrirlo.

Me quité los audífonos y puse cara de extrañado como siempre lo hago cuando no veo quien me llama. Me pasa desde siempre, cuando una persona me habla desde una cuadra aledaña, suelo no ver quien lo hace; o sea, me tardo mucho en descubrir quien me llama. Supongo que mis reflejos auditivos (O como se llamen) no me sirven mucho. Volví a repetir la canción, tal vez –pensé- había algún ruido raro en medio de ella que me parecía que sonaba como mi nombre. En primer lugar, no creo que un sonido llegue a sonar como mi nombre –y menos en inglés- y sabía muy bien que no había tal sonido. Y en segundo lugar, aunque encontrase un sonido que dijera mi nombre… sería imposible que sonara idénticamente igual a como sonó ayer en la noche.

Definitivamente, aunque pasé la canción dos veces más, no tuve resultados. El susurro no venía de ahí.

Llegué al apartamento un poco desconcertado, había escuchado mi nombre por cuarta vez en dos días y sentía un poco de confusión… Aunque nunca he creído en fantasmas o cosas por el estilo… sentí que una parte de mí si creía en ello. Y que esa parte quería ser la que tuviera la razón. Pero como te he dicho, las personas siempre nos queremos sentir cómodas y seguras. Así que deseché esa idea totalmente fuera de mi cabeza.

Pelusa me quitó todo mal ánimo y me ladró tiernamente a mi llegada. Es muy buena ella, mi Pelusa. Dejé las cosas que había comprado en la mesa y prendí la televisión. Era un programa de cocina japonesa que no sé muy bien lo que hacía realmente. No le presté atención. Me senté en el sofá para revisar mi Facebook y WhatsApp para ver que había de nuevo.

Luego entré a mi computadora para distraerme un momento. No tenía muchas ganas de ver películas, pero mi aburrimiento era tal que no sabía que hacer. Las horas pasaban y ya había visto Taxi Driver, Limitless, Non-Stop y Encuentros Cercanos de la Cuarta Fase. Para esto ya estaba realmente aburrido y solo eran las cinco de la tarde. Así que resolví pasear por el parque.

Cuando paseo por el parque, sinceramente, me siento como en las nubes… volando, y creo que es un poco extraño tener tanto placer con el solo hecho de caminar. Pero cada quien posee sus distracciones; y la mía, era caminar y despejarme un poco. Me senté al pie de un árbol, en su sombra y cerré los ojos. Mi mente aun le daba vueltas al asunto que me había ocurrido. ¿Realmente alguien me había llamado? Vamos Pher–pensé-, tu realmente te estresas mucho… ¿Y si no? Dijo la vocecilla en mi mente, la cual quería pensar que un ser extraño quería comunicarse conmigo.

-¡No es nada!-. Dije, levantándome bruscamente. Como queriendo zafarme del problema y de mis pensamientos con el solo hecho de pararme.

Me rasqué la cabeza e inhalé profundamente. –Tú te estresas mucho a veces Pher-. Me dije a mí mismo. Exhalé y continué con mi caminata. Esta vez me puse los audífonos y subí mucho el volumen. Quería extinguir hasta a mis propios pensamientos. Solamente deseaba sentirme en paz y relajado.

Me senté en una de las bancas y saqué mi libro de bolsillo. Lo había tenido en mi casaca todo este tiempo. Ya llevaba leyendo Crimen Y Castigo por lo menos tres semanas y aún no lo terminaba. Me quedé allí hasta muy tarde; aproximadamente las siete, cuando vi que el cielo se oscurecía un poco, resolví regresar a mi apartamento.

Cuando llegué, Pelusa me recibió como siempre; todo normal, me había convencido toda la tarde que en realidad nadie me había llamado. Que tú nunca habías estado allí mi querido amigo… -Reí- prosigo ¿Te parece? ¿Estas a gusto con mi relato? Es que… te noto muy serio.

 

*

Sandro tocó mi timbre cuando yo estaba cambiándome, le abrí cuando me ponía la camisa y el me dijo:

-Apura, ¿Aun no te alistas? Peor que mujer eres, Pher-.

-Lo siento Sandro, cinco minutos-.

-Como lo dije. Peor que mujer-.

Entré a mi cuarto, me eché un poco de colonia y saqué mi chaqueta de cuero, ahora que me veía mas arreglado y mejor peinado, creo que mi barba me iba bien.

Sandro me llevó en su auto y hablamos sobre su esposa, como le iba y por qué yo no había tenido nada serio aun con Celeste.

-Creo que no estoy preparado Sandro-.

-Pues llega un momento cuando las mujeres se cansan Pher, y… eres mi amigo; así que no me gustaría que te pasara eso, sé que quieres algo serio con Celeste en el fondo-.

-Pero es un gran compromiso Sandro…-.

Luego cambiamos de tema y hablamos del trabajo, de política, de cómo estaba jodido el tráfico últimamente y cosas como esas. Luego llegamos al bar de More

More era el dueño y la vez el bar tender, era una buena persona, cincuentón y siempre de buen carácter como ya lo he dicho. Había comprado hace un par de años un par de mesas de billar y así había atraído a más gente de la que tenía antes. Hice bien en irme arreglado porque el bar de de More ya no era un sitio cualquiera como antes. No iba desde hace meses y todo estaba cambiado. Nuevo tapiz, todo remodelado, sillas totalmente acolchonadas y las mesas nuevas.

-¡Hola More!-. Dije –A los años-.

-¡Hola Pher! Venga, dame esos cinco, eres un ingrato nunca viniste a visitarme-.

-Lo siento, ya sabes, el trabajo y cosas aburridas como esas, viejo-.

Allí también estaba el primo de Sandro, que a juzgar por su rostro yo los habría confundido más como hermanos que como primos. Había más gente de los cuales solo conocía a un par por lo menos, pero cuando comenzamos a jugar pool y hacer bromas o conversar de varios temas, todos terminaron por caerme bien. Unas cuantas rondas de cerveza, -No muchas Sandro porque tu conduces de regreso-. Risas por aquí, risas por allá… Y en eso…

-Cristopher-.

Y allí estabas tú de nuevo. Tu maldita voz de nuevo acosándome como lo venías haciendo desde el día anterior.

Volteé nada más como un acto reflejo pero reconocí totalmente esa voz, como si fuera familiar (aunque solo la había escuchado un par de días) tan grabada había quedado la ultima vez que tu voz fue completamente conocida para mí. Maldita sea.

-¿Me llamaste Sandro?-. Dije.

-No para nada Pher, ni que te fuera a llamar, estamos tan cerca que…-.

Sandro no terminó de hablar porque yo me fui dejándolo solo, caminé hacia el baño y allí recién me di cuenta de cuán borracho estaba ¡Oh no! Me veía tan desaliñado en el espejo que estaba avergonzado de mí y apenado a la vez porque me había costado mucho haberme acicalado en la tarde… “acicalado” Jaja, -Pensé- Esa palabra me dio risa.  Mierda, Pher, no estas pensando bien. ¿Tan mal me hacía no haber probado trago en un par de meses? ¿No conocía mis límites? Pareces un chico de secundaria que no sabe que hacer con el licor y que solo se lo toma a más no poder sin comprender las consecuencias. Pareces un pollo Pher.

Salí trastabillando del baño y aquí es donde la cosa empieza a ponerse rara. Por eso admito que me asustaste mucho. Hijo de puta…

Cuando tropecé un poco con la puerta del baño y me apoyé en el umbral de la puerta, tu voz se oyó nuevamente. ¡Pero solo para mis oídos! ¡Para mis malditos oídos!

-Cristopher, Cristopher, Cristopher, Cristopher-. Llamabas una y otra vez.

Maldije a Sandro, a su primo, a sus invitados, a More, a la rubia de ojos castaños que me miró toda la noche con ganas de hablarme pero que yo solamente puse cara de: “No me interesas, tengo una novia”. –Una novia con la cual no sabes si formar algo serio; porque tal vez solo la busques para tener un poco de sexo y sentirte acompañado- Dijo mi mente. ¡Cállate mente! No quiero que me abrumes más con tus pensamientos en este momento. No en este momento. No en este, en el cual hay una extraña voz llamándome para no sé qué cojones… No ahora, por favor.

Como te dije, maldije a todos en mi cabeza. Porque ellos no podían oírte, se veían tan felices y tan ebrios que los envidiaba. Ellos no tenían esta cierta paranoia que empezaba a brotar en mí.

Cerré fuertemente los ojos y los abrí de golpe, como queriendo decir: -Vamos, aclárate un rato y date cuenta que nada de esto está pasando, no has tomado en meses y por eso tú mismo te has jugado una mala pasada Pher-. Me senté en la barra y le dije a More. Ahora sí más tranquilo:

-Dame agua. Solo agua. Y que esté bien helada-.

More me miró con complicidad, como queriendo decir: “Lo sé, hace mucho que no vienes a mi bar Pher, ¿Ves lo que te digo?, debes venir más seguido así no te dan tantas alucinaciones por la cerveza”.

Me entregó el vaso con agua. Lo tomé rápidamente y me despedí de él diciendo:

-Nos vemos otro día viejo, ahora sí me siento mal-.

-Se te nota Pher, no te culpo. Visítame más seguido, ¡Adiós!-.

Luego me despedí del cumpleañero, de algunos de los invitados y de Sandro. A lo cual él me dijo:

-¿Tan temprano?-.

-Sí, es que me cayó mal la cerveza…-. Dije, poniendo cara de náuseas para ser más creíble-.

-Bueno Pher, de todas formas gracias por venir-. Dijo sacando un billete: -Esto te basta para llegar a tu casa con el taxi-.

-Oh gracias-. Dije, con una voz entre somnoliento y cansado. Pero entre todo: confundido por la serie de voces que había escuchado esta noche. Aún no sé si tú me llamaste tantas veces; o solo fue una vez y yo imaginé las demás. O tal vez esa noche no me llamaste nunca. ¡Rayos! Te has mantenido con esa expresión toda la maldita noche que te vengo contando esto. Siento que esa interrogante no tendrá respuesta nunca.

Como decía, recibí el billete y me fui del bar. Para luego tomar el taxi.

 

*

Llegué a mi casa tambaleando como una marioneta; bailando y siendo movida por pitas aleatoriamente. Pelusa me recibió como siempre, siempre fiel como era ella; aunque había estado durmiendo el tiempo que no estaba, cuando llegaba se despertaba para verme y mover su cola.

Estaba realmente preocupado en el fondo, ahora sabía que esto no era común, que lo que sea que me había llamado desde el viernes de veras quería contactarme o tan solo fastidiarme, “Mierda, ¿Otra vez Pher? Ya te dije que lo sobrenatural es para niños, es para historias y cuentos nada más. Solo historias, no pasan en la vida real, ¿Me comprendes? ¡No pasan en la vida real!” –Dijo mi mente.

Pero ahora me parecía que esto era lo suficientemente real como para empezar a preocuparme. Empezaba a… tener miedo.

La noche pasó rápidamente y bajo el efecto de las cervezas pude quedarme dormido en pocos minutos. Creí escucharte de nuevo pero estaba tan adormitado que no estoy seguro de eso.

 

*

Me desperté cerca de las doce del medio día y recordé rápidamente que Celeste almorzaría conmigo hoy. Pensé en pedir comida china, pero ya había comido comida preparada los últimos… ¿Cinco? ¿Seis? Bueno aproximadamente los últimos seis almuerzos y creo que era hora de prepararle algo. Pensé en spaghetti pero eso implicaría una salsa y eso implicaría afeitarme como me dijo Celeste, así que opté por otra cosa.

Después de buscar diferentes menús en internet (y decidir por los más fáciles) escogí Arroz con Pollo. Creo que no me fue tan arduo el trabajo.

Fui a comprar las cosas al supermercado, luego que regresé al apartamento comencé con la preparación (Receta directamente sacada de mi bendita computadora) y creo que me salió bien. Cuando faltaba poco, llamé a Celeste y dije que pasaría por ella en diez minutos, que la comida “sorpresa” ya estaba terminada. Luego de subirme al bus y llegar hasta la casa de Celeste, su madre me abrió la puerta y me dijo:

-¡Hola Pher!, Celeste ya baja en unos minutos-.

Efectivamente Celeste bajó las escaleras mientras se ponía el último de sus aretes, que consistían en un par de perlitas de color celeste muy claro y que tenían un borde color plata. Me gustaba ese par en especial, y hoy más porque hacía juego con sus zapatos. Ella tomó su cartera y se despidió de su mamá; me dio un beso y me dijo:

-Bueno, vamos-.

Celeste tuvo una gran sorpresa al ver que había preparado comida yo mismo, ¡Con mis propias manos!, se le notaba en el rostro que de veras estaba sorprendida, y cuando la probó se admiró muchísimo más porque me había salido todo muy delicioso. Estaba realmente orgulloso de mi comida, y creo que empezaré a cocinar más seguido, tal vez sea un don que aun no había descubierto. Un talento: el poder cocinar bien. Pero aquí es donde tú entras a tallar, ¡Tú! Maldita sea, otra vez ¡Tú!

Cuando terminamos de comer eran más o menos las cuatro y media o cinco de la tarde. Allí volví a oírte exactamente como ayer, además se agregó una respiración tibia en mi nuca (la cual ya había sentido con mis audífonos) y por último: un siniestro y misterioso cosquilleo en la oreja. Eso, lo admito, fue de lo peor. Te pasaste.

-Cristopher-.

-Cristopher-.

Volteaba un par de veces, por mero reflejo. Puede ser que en la primera Celeste no se dio cuenta, pero definitivamente en la segunda vez que volteé me dijo extrañada:

-¿Qué pasa Pher?-.

-Nada nada, ¿Te gustó mi amor?-. Dije, tratando de disuadirla un poco.

-¡Claro que sí! Me hubiera gustado de todos modos, porque la has preparado tu, pero a pesar de eso, ¡Está muy rica! y eso te da puntos extras Jaja…-.Me dijo ella, guiñándome el ojo como siempre lo solía hacer.

-No pensé que lo haría tan bien. Por cierto, deja los huesitos para Pelusa-.

-Ah claro, Pelusita, Pelusita, ven aquí-. Dijo Celeste, haciéndole caritas tiernas a mi Pelusa. A lo cual ella le movía la cola y le ladraba un poco. Miré a Pelusa y pensé que tuve mucha suerte de que mi perra no sea celosa de mi enamorada.

-Cristopher-. Volviste a decir.

Ahora sí estaba realmente enojado, atácame cuando esté solo; maldita voz, ¡Pero no cuando esté con Celeste! No quiero que… que me vea teniéndote miedo. Volteé de nuevo solo para maldecir a la nada, para molestarme un poco y para reafirmar que esto era totalmente real. “Ahora no hay audífonos, licor, estrés o algo parecido ¿No?” –Dije en mis adentros-. Definitivamente estaba asustado y algo curioso por saber qué mierda era lo que quería el susurro. Pero no ahora. No con Celeste. Ella no tiene que verme en esta situación.

-Cállate maldita voz-. Dije levemente en voz baja.

-¿Estás bien cariño?-. Dijo Celeste.

-Sí, es que… ¿No tienes calor? ¿Vamos a pasear un momento linda?-. Dije, pensando que yéndome de mi departamento podría alejarme y huir de tu voz. De tu susurro.

Celeste asintió algo extrañada pero de todas formas aceptó. La llevé rápidamente y también saqué a pasear a Pelusa. Esta era la primera vez que esa voz me atacaba en mi casa y no quería dejar a Pelusa con “eso” a solas. Como notarás, la parte mía que pensó que todo este asunto era producto del estrés había desaparecido. Ahora luchaba contra algo (o alguien) real y tomaba mis precauciones.- ¿Qué pasó Pher? ¿Ahora le temes a la voz de un ser inexistente?  ¿Qué sigue? ¿Verás duendes?-. Dijo una parte de mi mente.

-No, esto no es inexistente, esto es jodidamente real. Muy real-. Pensé.

Cuando salimos a caminar todo estuvo normal y sentí una gran paz en mi corazón. Sabía que esa voz estaba dentro de mi casa y que no me había seguido. Llegué a no pensar en todo lo que había pasado en este bizarro fin de semana. Celeste tenía esa cualidad, ella me despejaba del mundo, de mis problemas, de las diapositivas de Salcedo. De todo. Sus besos eran placer para mi ser y sus ojos; esos ojos castaños caramelo hermosos que solo ella poseía, me llevaban al paraíso y me traían de vuelta en un segundo. Celeste. Mi Celeste. Si tan solo ella comenzara a escucharte, si por algún motivo dejaras de hablarme y comenzaras a hablarle a mi Celeste, allí estaré muy furioso. Demasiado.

Me alegré en cierta forma de pensar en ello. Yo estaba preocupado y con miedo de ti, pero Celeste no. Y eso me daba mucha paz.

Cuando llegamos al parque, había un número improvisado en la rotonda del parque, eran un par de cómicos vestidos uno de payaso y otro de mago; hacían reír a toda la gente. Aunque a veces esos cómicos no me causaban gracia, Celeste me convenció de ir a verlos, nos paramos y tratamos de abrir paso entre la gente para ver mejor… y allí estaban.

Realmente estos fueron los mejor que había visto en mi vida. Cierto es que la risa es la mejor medicina porque olvidé todo de ti en esa hora y media de función. Cuando se despedían los artistas en medio de ovaciones y aplausos, Celeste miró su reloj y dijo:

-Ya es tarde Pher, mi mamá me espera para cenar y estará toda mi familia. Perdón amor, pero tengo que irme, ¿Me acompañas?-.

-Claro, además tengo que organizar unos asuntos para el trabajo, no estaré aburrido Jaja-.

Fuimos en el bus y tuve mucha suerte de que no dijeran nada por Pelusa, normalmente no dejan que alguien suba con animales. Al dejar a Celeste en su casa y regresar ya habían dado las ocho de la noche. Mi corazón comenzó a latir fuertemente pensando que volverías a atormentarme con tus llamados. Pero después me convencí a mi mismo: “¿Eres un hombre? Maldición Pher, estás temblando ante una vocecita, ponte los pantalones, es tu casa además y no debes dejar que nadie se apodere de ella”.

Pelusa no protestó con ningún ladrido. Era como si para ella no existiera alguna presencia o algo parecido en mi departamento. Y sinceramente para mí tampoco, pero si algo me llamaba, es porque ese “algo” era en realidad “alguien” –supuse- y por ende, “alguien” debe de estarme esperando.

Entré a mi departamento con el corazón en la boca. Maldije entre dientes. Sostuve fuertemente la correa de Pelusa. Ella no mostró signos de miedo, al contrario de mí. Y entonces no sucedió nada. Nada de nada.

Poco a poco mi corazón bajó la velocidad de sus latidos y me tranquilicé. El susurro se había ido… por ahora.

Luego de cenar, ducharme y ponerme el pijama, comencé a trabajar en el balance de algunas cuentas de Salcedo. Maldición Salcedo, si no me hubiera quedado hasta tan tarde con tus diapositivas el viernes, tal vez no me estaría pasando todo esto. Iba media hora de trabajo cuando tú apareciste. Me alegró en cierto modo que dieras la cara. Ahora, no tenía miedo. Miedo había sentido en la tarde pero ahora sabía que regresarías, en cierta manera quería estar preparado (o al menos sentirme preparado) para afrontar a la voz y a quién me llamaba.

-Cristopher-. Llamaste de nuevo.

Respiré hondo. Esta vez no, no ahora. Ya no me molestes más.

-¡Dime hijo de puta!-.Grité, con todas mis fuerzas. Pelusa; que reconocía cuando estaba enojado, se metió debajo del sofá pensando que ella había hecho algo malo.

-Cristopher-. Volviste a llamar.

-¿¡Qué!?-. Volví a gritar.

Me volteé rápidamente para verte. Realmente no sabía si vería algo pero quería saber a qué me enfrentaba. Quería estamparle un buen puñetazo en el rostro. Pero lo peor era eso mismo. No podía verte, ni siquiera sabía si existías.

-¡Cristopher!-. Dijiste, y esta vez no fue un simple susurro, fue mucho más alto. Fue la primera vez que me ibas a gritar en esa noche.

-Aquí estoy cobarde, vamos, muéstrate y dime quién eres-. Me levanté de la silla donde había estado trabajando con mi computadora y miré a todos lados de mi casa. No encontré nada y me sentía realmente frustrado, no sabía qué hacer.

-Cristopher-. Volviste a susurrar. Detrás, justo detrás de mí y botaste tu respiración en mi nuca como te gustaba hacerlo y sentí cosquilleos en la oreja como los sentí la vez pasada. Eras un malnacido.

-Te mataré, ¿Oíste? ¡Te voy a matar si es que no te muestras! Ya basta de jueguecitos, quiero verte, si tan valiente eres ¡Muéstrame tu rostro!-. Grité. Grité y Lloré, estaba realmente asustado como nunca en la vida. Quería volver a ser pequeño, y que mi mamá venga a protegerme cuando tenía pesadillas. Pero ahora. ¿Quién me despertará de este mal sueño?

Seguía llorando y volteaba cada vez que me llamabas y me susurrabas detrás del oído. A veces sentía tu respiración caliente y a veces helada. Era mucho peor cuando sentía que era helada.

No sé por cuanto tiempo estuvimos así. Tú llamándome y yo maldiciendo al aire. Seguí llorando atemorizado y furioso a la vez. Impotente. Pelusa temblaba bajo el sofá pero no osaste nunca a atormentarla como me lo hacías a mí. Eso me gustó.

Me senté y escondí mi cabeza entre las palmas de mis manos. Me sequé las lágrimas y dije que todo esto era una maldita alucinación mía y que mañana mismo tendría que ir al psicólogo. Al diablo con Salcedo, me tomaría el día libre. Además, él no puede hacer nada sin su secretario estrella –pensé- y luego comencé a reí y llorar a la vez.

-Cristopher-. Llamaste de nuevo.

-Eres un desgraciado-. Dije. Pensando que me escuchabas. Al menos, después de todo el tormento que me habías dado, quería que escucharas mis insultos hacía ti. Que te sientas un poco ofendido.

No obtuve respuesta esta vez. No sabía que hacer, no podía huir de nuevo de mi propia casa. Tenía que enfrentarte maldición. Pero… ¿Enfrentarme a qué?

Me senté con la mirada perdida en ningún lugar. Miraba tal vez el tapizado de mi sala. La computadora seguía prendida sin razón alguna. Así como iba la noche yo no planeaba trabajar más.

Seguí absorto sin nada más que decirte. Hasta que volviste a llamar:

-¡Cristopher!-. Dijiste.

Me asusté mucho porque hasta ahora no habías utilizado ese tono de voz conmigo, tan fuerte y estruendosa, más fuerte que cuando me gritaste. Si lo anterior había sido un tormento. Esto empezaba a ponerse realmente peor. Me sobresalté y abrí mis ojos de par en par. Pensé que solo gritaste una vez más para hacerme recordar que seguías allí. Pero supongo que te habrá sido muy gracioso verme en esa posición. Porque tú no tenías planeado parar de joder.

-¡Cristopher! ¡Cristopher! ¡Cristopher! ¡Cristopher!-. Gritaste una y otra vez. En diferentes tonos, entre muy agudos y muy graves, algunos muy molestosos, muy fuertes, otros muy bajos y otros susurrantes que me invitaban a sentirme plácido. Seguiste gritando mucho. Ya no aguantaba más.

-¡Por favor! ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me buscas? Porque… Dime por qué. ¡Ya basta, déjame en paz!-.

Pero no entendías razón, seguiste gritando y gritando, cada vez más fuerte con todas las voces en todos los volúmenes y tonos que se puedan imaginar. Me mareaba escucharte y mis oídos comenzaban a sentir ese pitido agudo que se siente cuando te baja la presión. Trataba de aclarar mi vista a cada momento para sentirme menos chalado de lo que ya estaba. Caminé tambaleándome hacia mi refrigeradora en busca de agua o alguna bebida helada que tenga para refrescarme. Pensé que eso me aclararía un poco el panorama.

Lo único que encontré fue una botella de vodka; pero no trastabillé. Tomé la botella helada y la abrí. Comencé a beber a tragos muy grandes, hasta yo mismo me asustaba por todo el alcohol que consumía. Unos pequeños chorros de vodka salieron por los costados de mi boca debido a la gran velocidad con la que lo tomaba.

-¡Cristopher!-. Volviste a gritar, y comenzó de nuevo tu concierto donde la única letra de la canción era mi nombre. Cantada con cientos y miles de voces escalofriantes que tú y solamente tú podías hacer a la vez. Me asustaste de nuevo e hiciste que me resbalara, aun no sé el porqué pero me caí al pie del refrigerador, apoyando mi cabeza en el y dejando caer la botella de vodka que se rompió en muchos pedazos. Creo que unos trozos de vidrio fueron a incrustarse en mi mano pero la verdad es que no lo sentí, veía mi mano totalmente ensangrentada y algo que parecía ser un trozo de mi uña estaba roto y salido de mi dedo anular. Acerqué mi mano y otro trozo de vidrio era el que se había metido entre la uña y la piel. Me horroricé con el solo hecho de verlo pero no sentí dolor. No supe si era por el rápido efecto que me había hecho el alcohol o porque tú tenías mis oídos sufriendo con mi nombre.

En esos momentos odiaba mi nombre.

Y por ultimo, después de todo lo que había pasado ya, volteé mi cabeza para ver en el reloj de pared que tenía, que hora había pasado. Solo eran las diez y media de la noche. Solo habían pasado unas dos horas desde que comenzó la tortura. Como un humano indefenso que era. Como lo somos todas las personas; indefensas si es que no tenemos ningún arma, así, sin nada más que hacer que solamente pedir piedad, en ese estado tan denigrante que me habías obligado a ponerme, solamente lloré y golpeé mi mano contra el suelo. Mi uña quedó colgando de un poco de piel y me dio asco mi propia herida. Pero no dolor. Dolor no. Mis ojos estaban entrecerrados y recosté mi cabeza en la refrigeradora.

-Me rindo-. Dije, totalmente impotente sin poderte hacer nada. Cerré mis ojos y espere que me mataras, que me torturaras, o algo así. Las miles de voces que escuchaba desaparecieron. Ahora solo oí un “Cristopher” que venía de la sala. Me levanté apoyándome en donde podía porque mi equilibrio estaba seriamente afectado. Estaba ebrio y se me había secado las lágrimas en la cara. Mi dedo estaba recubierto por un poco de sangre y en general toda mi mano izquierda estaba cortada y muy ensangrentada. Recién me percaté que había estado sudando en todo el momento, mi cuello y mi nuca estaban empapados, pasé la mano y efectivamente estaba lleno de sudor. Mi polo estaba muy mojado y se me había acalambrado una pierna. Logré, finalmente, pararme bien y pude ver por fin a quien había llamado desde la sala. Eras tú. Después de todo, cuando ya me tenías hecho trizas, decidiste aparecer.

 

*

El monstruo frente a mí era un intento de ser humano. No eras humano o un fantasma de un ser humano en definitiva, porque ciertamente no creo que haya habido una persona tan fea para que su fantasma luzca así. Eres muy pálido, eso fue lo que más me asustó de ti, obviando el hecho de que estabas completamente desnudo. Carecías de órgano sexual así que no sé bien que género eras. Tu cuerpo era muy delgado, unas piernas cortas y un torso tan flaco, dejabas ver unas pseudo-costillas que sobresalían demasiado y eras bastante jorobado. Tus hombros eran solo unas esferas amorfas que eran seguidas de tus largos brazos que parecían no tener huesos, tus manos eran grandes y flacas como todo lo tuyo y tus dedos no tenían uñas ni garras. Solamente eran como tubos alargados que casi llegaban a tus tobillos.

Pero lo peor de todo tu aspecto tan terrible, era tu rostro. Como lo dije eres un intento de ser humano, no tienes oreja ni cabello, solo unas arrugas muy marcadas en toda tu cabeza, tu nariz estaba solamente hecha por dos huecos, y tus ojos eran horribles. Solo veía dos cuencas vacías que brillaban un poco en tu interior, como una calabaza de halloween que tiene una vela. Así lucías, muy fofo y con un pequeño resplandor muy en el fondo. Un engendro.

-Por fin te veo-. Dije, con un envalentonamiento inusual en mí. Con frialdad. Me sentía sin nada que perder. Creo que en esos momentos, no recordé a Celeste.

No respondiste nada. Y aquí termino, aquí termina mi historia si es que querías saber como me sentí después de todo. Ahora estamos en este punto. ¿Ves todo lo que me pasó desde el viernes? Aunque me gusta estar tan sereno.

El monstruo me miró y volvió a tratar de susurrar mi nombre, abriendo su boca que solo era una rendija en su cara.

-¿Ahora no hablas? ¡Anda pedazo de animal! ¡Habla!-. Tal vez el trago había hecho efecto en mí de una forma diferente: sereno y ahora me enojaba. Pelusa -que había estado hasta ahora escondida en el sofá- salió y corrió detrás de mí y se puso entre mis piernas. Temblaba.

El monstruo me miró sin expresión alguna, no dijo nada.

-Sinceramente, ahora que lo pienso bien, eres un cobarde. Pero te doy el mérito de haberme hecho sufrir así. Ahora tengo que deshacerme de ti de una buena vez-. Dije, corriendo y abalanzándome contra el monstruo. Este se zafó y yo terminé empotrándome en el sofá. Luego volteé el rostro y lo vi sentado en mi silla de la computadora. Me reí.

-Ahora comenzamos a jugar… Creo que llegó la hora que yo tome el mando de esta situación-.

Corrí de nuevo hacia la silla y el monstruo volvió a escaparse, tropecé y boté el teclado de mi computadora. Se salieron un par de teclas, creo que fueron la W y la Q.

Ahora estabas en el mismo lugar de antes. Muchas cosas pasaron por mi cabeza, lo poco de conciencia que me quedaba me decía: “Cristopher estás perdido, no sabes como lidiar con esta cosa, no lo sabes”. Pero muy en el fondo sentí que una persona que realmente vale la pena tiene que luchar hasta el final, y aunque suene muy trillado, ese sentimiento me bastó para lanzarme de nuevo, saltar encima del sofá y -aunque el monstruo quiso escaparse de mi- logré atraparlo finalmente y caí con él en el suelo. Con ese cuerpo tan deforme el monstruo no podía luchar bien, quiso arañarme pero el único daño que me hizo fue torcerme un dedo y dejarlo en una posición nada normal. Esa fractura sí me dolió, y allí recién comencé a sentir los dolores de mi anular, de mi mano cortada, de mi pierna adormecida y que ahora estaba mucho más entumecida. Sentí todo, pero no dejé de lado al maldito fenómeno que quiso enloquecerme. Si es que tenía algún órgano o algo que lo matase (porque realmente su aspecto era fofo y muy elástico, pensé que tal vez no moriría nunca, pero con el solo hecho de ser tangible supuse que lo mataría de alguna forma) Trataría de encontrar el método para eliminarlo. Lo ahorqué.

-¿Qué sientes ahora? ¡Di mi nombre si quieres maldito engendro!-. Gritaba. La adrenalina corría por mi cuerpo y mi sangre estaba hirviendo en mis venas. Mis manos aplicaban más fuerza a su frágil cuello, las venas se me pronunciaron más y sentí que tal vez alguna había estallado, una hemorragia interna quizá. Aunque la derecha tenía un dedo hecho mierda, y la izquierda estaba con muchos cortes y sin una uña, mi cerebro solo mandaba impulsos eliminando el dolor que sentía y que el único objetivo de mi cuerpo era matar a mi adversario.

Pelusa comenzó a ladrar al monstruo y este la asió con una de sus espantosas manos en el cuello, Pelusa se calló y comenzó a gemir queriendo pedir auxilio. Me di cuenta rápidamente y una de mis manos golpeó al monstruo en su hombro que correspondía al brazo que estaba agarrando a Pelusa. Su hombro se hundió mucho como si hubiera golpeado plastilina y este soltó a Pelusa (la cual corrió hacia detrás de mí). Profirió un gemido seco y casi imposible de oír. Su cara trataba de hacer muecas de dolor pero fracasaba.

-Eso déjaselos a las personas, malnacido-. Dije, apretando más mis manos y hundiendo mis dedos. Quería saber si tenía sangre.

-¡Muérete!-. Lo repetía muchas veces. -¡Muérete, muérete!

De pronto, el monstruo desapareció; mis ojos se abrieron y pensé que este había hecho uno de sus trucos que me había hecho todo el fin de semana. Pero no. Lo busqué por todo el departamento. Había desaparecido.

Me puse muy furioso en primer lugar porque no pude darle todo lo que merecía. Pero luego tuve una sensación de paz que jamás había sentido antes. Me paré y logré recostarme hasta un sofá. Pelusa corrió y me miró. Yo solo le sonreí y le acaricié la cabeza.

-Buena chica-. Dije.

Cerré los ojos, siempre alerta esperando a que aparecieras. Pero nunca más regresaste.

 

*

Pasaron muchas semanas y nunca más escuché el susurro. Tu susurro. Mi mente no quería comprender que todo esto había terminado esa noche cuando te confronté (bajo el efecto del vodka). No puedo decir que mi vida fue feliz después de todo esto. Tuve que tomar muchas pastillas para dormir porque las primeras noches no podía. Sentía que te aparecerías a susurrarme a la oreja y dejar una bocanada de tu respiración en mi nuca. Me mudé de apartamento por razones obvias. Pero después del primer mes por lo menos, pude dormirme por mi cuenta.  Al año ya casi trataba de olvidarte, pero debo admitir que no pude hacerlo.

Ahora, después de cuatro años, que termino de escribir esto en mi computadora (porque quiero dejarlo grabado en alguna parte) me he olvidado casi por completo de ti. Tengo la seguridad de que tú no volverás. Y si por casualidad cometes el error de volverme a hablar, no dudes que esta vez si te mataré. Guardo todo lo que he escrito, cierro Microsoft Word. No quiero leerlo muy a menudo, pero quiero dejarlo en algún lugar. Como anécdota quizá.

-Cristopher-. Dice una voz dulce detrás de mí. Mi cuerpo se estremece como la primera vez que tú me llamaste. Pero pensándolo bien, definitivamente, esa voz no es terrorífica como las tuyas. Solo fue un reflejo pensar que eras tú.

Volteo solo para reafirmar mi idea de que tú no volverás jamás, porque al ver atrás, Celeste está vestida con su pijama del mismo color que su nombre.

-Pher, Ya ven a dormir, necesito que vengas porque la cama está muy fría-.

Sonrío y digo:

-Vale, ya voy mi amor. Espera que apague esto-.

-Ok, no demores-. Me dice Celeste y me manda un beso volado.

Sonrío otra vez, porque Celeste lo que siempre hace es sacarme sonrisas, le mando otro beso volado, ella me sonríe y se va a la cama. Nunca le conté sobre lo que sucedió. Nunca le dije como es que me lastimé aquel día. Qué bueno que no vio que mi uña no estaba porque se hubiera desmayado. Ahora mi anular está perfecto. Algunas cicatrices de mi mano ya no se ven, solo un par.

Apreto el interruptor de la nueva computadora que me regaló mi tío este año. Y me quedo mirando la pantalla en negro.

-Sí. Definitivamente no volverá-. Me digo a mí mismo.

Camino hacia mi cuarto y veo a Celeste viendo TV, cuando me ve la apaga y me dice que ya es hora de dormir. Me echo a su costado, le doy un beso en la boca (esos besos suyos que me llevan al paraíso y me traen de vuelta). Finalmente me volteo, ella me abraza, nuestros pies se tocan; realmente los suyos estaban un poco fríos. Los caliento con los míos y después de unos minutos, ambos quedamos dormidos.

 

FIN

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 11
  • 4.47
  • 407

Amo la novela de ciencia ficción y terror. A mis 16 años (pronto 17) soy un aprendiz de escritor en mis ratos libres y amante de la escritura. Cuando algo pasa en la calle, un pequeño suceso, siempre; casi siempre, tengo que escribirlo.

Tienda

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta