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26 min
El taxidermista
Varios |
22.10.12
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Sinopsis

La felicidad es un concepto ambiguo, su baremo depende del punto de partida de cada cual. Lo que para unos puede resultar una existencia anodina a otros los puede llenar de dicha.

GREGORIO

El abogado me ha pedido que lo escriba todo, dada la dificultad que tengo para expresarme verbalmente. Me llamo Gregorio Cañas, pero todos me llaman Goyo. Y muchos, cuando no estoy delante, me dicen el gangoso. Porque lo soy. Quien no esté acostumbrado a oírme no se enterará de la mitad de lo que digo. Un defecto de nacimiento. Bueno. Me ganaba la vida fabricando rejillas de acero inoxidable que vendía a empresas de frio industrial, y me iba bien. Empecé en una nave alquilada junto a unas porquerizas, en las afueras de Torrejón de Velasco. Mi antiguo jefe me cedió el negocio para dedicarse a otros más productivos. Me dejó pagarle la maquinaria a plazos. Trabajé duro, aproveché la época de las vacas gordas, y me pude comprar una nave en el Ventorro del Cano, junto a la M-50, a la altura de Boadilla del Monte.

Como me cuesta relacionarme fuera del ámbito laboral trabajaba casi todos los fines de semana. Tuve una época de mucho trabajo. Las pocas veces que salía era para ir al cine, donde no se habla, pero casi siempre me quedaba en casa leyendo o viendo la tele. Como apenas daba abasto con los pedidos contraté a una chica rumana que se había escapado de casa y que encontré en un semáforo vendiendo pañuelos desechables. No quería constar en ningún papel, así que la contraté de palabra. Ilegalmente, podría decirse. Y cuando, con los meses, adquirimos confianza, le habilité una habitación en la entreplanta de la nave.

Tengo que decir que era preciosa. Rubia, de ojos verdes, con un cuerpo que quitaba el sentido. Denisa se llamaba, tenía veinticinco años. Llegué a pensar que podría llegar a algo con ella. Pero es que, además de gangoso, no soy nada agraciado. Me falta casi todo el pelo y tengo cara de pito. Así que apenas conseguí nada. A veces se dejaba magrear un poquito y me calmaba con su mano. Alguna vez que estuvo muy contenta utilizó la boca, pero muy pocas. Y no me dejaba llegar más allá. Que debíamos esperar, decía. Creo que esperaba un golpe de fortuna que la pudiese alejar de mi lado. No porque le diese asco ni nada parecido, ella estaba por encima de eso. Pero sabía reconocer lo que contemplaba al mirarse en el espejo. Y aunque no se iba a ir con ningún desgraciado sin dinero sé que esperaba encontrar a alguien sin taras, con un rostro más agraciado, con un habla normal. No habrán caído en ello, pero a los gangosos nos da reparo hablar de amor, tememos quedar en ridículo.

Bueno. A lo que íbamos, que me desvío del tema. Cuando bajó un poco el ritmo de pedidos y como contaba con la ayuda de Denisa pude disponer de más tiempo para mí. Al principio me quedaba cerca de ella, solo para sentir su roce y su presencia, pero se enfadaba si insistía mucho. En un viaje a Ciudad Real para abastecer a un cliente este me invitó a visitar una exposición sobre caza. Y fue allí donde me enamoré de la taxidermia, de la mano de Eusebio, un taxidermista jubilado que se negaba a abandonar su oficio. Resultó que vivía en Móstoles. Conectamos inmediatamente. Él tenía paciencia para escucharme a mí y yo la tenía para escucharle a él.

Reservé un rincón en mi nave para dar rienda suelta a mi nueva afición. Necesitábamos una cámara de congelación para meter las piezas recién cazadas. Recurrí a mis clientes, que se dedicaban a ello, y conseguí una de segunda mano, casi regalada, que habían retirado de un supermercado. Una vez congeladas había que desollarlas con mucho cuidado, para curtirlas a continuación. Eusebio resultó ser un maestro excelente. Después de quitarles la piel cubríamos la pieza con yeso mate para crear un molde. Una vez seco, lo cortábamos por la mitad para sacar los residuos orgánicos y luego lo volvíamos a unir. Finalmente, recubríamos el molde con poliéster. Curiosamente el poliéster también se emplea para el forrado de cámaras frigoríficas de obra y conseguía el material a través de unos conocidos. El último paso consistía en volver a colocar la piel, usando ojos de cristal, y a veces, dentaduras postizas.

Día a día, mientras Eusebio confeccionaba cabezas y animales enteros para sus antiguos clientes, me fue enseñando todas las artimañas del oficio. Lo aprendí todo de él. Hasta que se lo llevó un infarto cerebral mientras desayunaba en su casa. Estaba delante su hija. No sufrió, tan solo se desmayó y murió.

Guardábamos en la cámara un hermoso lobo cuando eso ocurrió. Encargado por un buscavidas que proporcionaba piezas ilegales a sus clientes. Cuando se enteró del óbito se empeñó en que concluyese yo la tarea. Aunque extrañaba a mi maestro me entusiasmó el hecho de acometer el trabajo en solitario. El buscavidas quedó muy contento con el resultado. Y así fue como me fui haciendo con parte de los encargos de Eusebio.

Como la actividad me ocupaba cada vez más tiempo contraté a una conocida de Denisa. Era también rumana, pero de ascendencia gitana. Morena y de ojos castaños, suculenta de carnes. Lo cierto es que dudé en admitirla o no, pero finalmente accedí. Como su nombre, Eva, era toda una tentación.

 

EVA

 

Fue Denisa la que lo lió todo. Me prometió que sería fácil, que Goyo estaba deseoso de tener una hembra en su vida y que viviría mucho mejor que con los míos. Aunque mejor que con los míos vive cualquiera, porque salía a paliza diaria. Y sino mi hermano Gica, que se colaba por la noche entre mis sabanas para tener sexo conmigo. Y no es que me disgustara lo de mi hermano, pero eso no es propio de un romaní. Si mi padre no me hubiese golpeado tanto no habría necesitado consuelo y nunca hubiera sucumbido a las caricias de mi hermano. Pero así las cosas necesitaba huir. El loco de Gica se libraría y a mi me matarían si me quedaba y nos terminaban pillando. Denisa me ofreció la solución. Las cosas como son. También me dijo que no me precipitara, que Goyo era gangoso pero no lerdo. Que no mostrase demasiado interés porque se pondría suspicaz. No me importaba que fuese gangoso, ni que fuera feo. Con que me diera un poco de cariño me bastaba. Yo no tenía sueños imposibles, como Denisa. Solo quería un hombre bueno que no me maltratara.

 

GREGORIO

 

Parecía como si nos conociéramos de toda la vida. Eva miraba más mis ojos que mi boca, de ahí sacaba la comprensión de lo que le decía. He visto muchas miradas en mi vida. Unas de burla, las menos, excepto cuando era pequeño, en el colegio, que abandoné en cuanto pude. Otras, incómodas al no entenderme y a la vez no querer molestarme preguntando evidenciando mi gangosidad. Absurda y falsa piedad, aunque estoy acostumbrado. También existen las interesadas, que no prestan apenas atención a lo que dices y solo buscan alcanzar sus objetivos. Aunque son buena gente, muchos de mis clientes a los que les vendo rejillas son así. Cosas de los negocios. Denisa, pese a tener que prestarme atención por la convivencia cotidiana, tenía una de esas miradas. Sus ojos solo se iluminaban cuando obtenía algún tipo de beneficio. Eva no, tenía toda la paciencia necesaria para preguntar con naturalidad hasta que me descifraba. Y buscaba mis ojos para entenderme. Si hubiese sido mudo me habría comprendido igual. Estaba llena de alegría, como si estuviese disfrutando por primera vez de la vida. Entusiasta en los momentos de ocio, sacándole jugo a todo. Convertía una breve interrupción para tomar una cervecita con aperitivo de mejillones en un momento entrañable. Mira que la vida me ha enseñado a desconfiar, pero ella me iba ganando poco a poco, carcomiendo con su vital disposición la coraza que me protegía del exterior. Con el paso de los días se adueñaba de mi corazón. Por primera vez en mi vida, me embargaba el sentimiento del amor.

Lo malo de bajar las defensas es que uno se vuelve vulnerable, accesible tanto a la felicidad como al dolor. Me dio miedo lo que empezaba a sentir, la verdad. No me importaba la necia burla de un desconocido, tampoco que Denisa empleara sus artes conmigo. Pero la posibilidad de sentirme rechazado por Eva me llenaba de angustia Y no me atrevía a dar el siguiente paso.

En esa disyuntiva estaba cuando apareció por la nave el buscavidas. Que un cliente suyo había cazado una pieza grande y que, temiendo que se estropeara en el transporte, la había congelado en su casa. “Pues que la traiga congelada” le dije yo. Pero al parecer se trataba de una pieza muy protegida y no quería arriesgarse. Que me llevaba a verla.

En mala hora monté con él en el coche. Me llevó hasta las afueras de Majadahonda y nos desviamos por un camino que se adentraba en un pinar. Un sitio poco transitado, entre los pinos conejos y ardillas se desplazaban confiados. Conforme nos adentrábamos se prodigaban otras especies de árboles. Cipreses en las veredas. Abetos, chopos, plátanos y encinas. Algún madroño también. El camino terminaba en una rotonda que daba acceso a una hermosa mansión, aislada de todo en mitad del pinar. En el centro de la rotonda tenían plantados tres membrillos y algunos rosales, se adivinaba la mano de un jardinero. De las copas de los árboles surgía un concierto de trinos anticipando el crepúsculo. Petirrojos, verderones y jilgueros competían en el canto, engullendo los graznidos de las urracas y el arrullo de las palomas. Veloces surcaban el aire unos pajaritos verdes de la familia de las cotorras, afincados en un entorno que, evidentemente, no era el suyo.

Se abrieron las verjas automáticas y accedimos al interior. En el aparcamiento, un Hummer destacando entre berlinas de Mercedes y BMW. Nos recibieron dos gorilas de aspecto intimidatorio que ocultaban su mirada tras unas gafas oscuras. Había una pequeña capilla junto a la entrada, con la imagen de una virgen. Desde el fondo de la finca ladraban dos mastines blancos de bella estampa encerrados tras un vallado metálico. Junto a la mansión, una mezcla entre el estilo Tudor y el colonial, praderas de césped salpicadas de macetones floridos en los límites. Un hall con el escudo heráldico del apellido Osorio mostrando dos lobos desollados en su interior daba paso a un enorme salón en torno a una hermosa chimenea forrada de granito azulado. Muebles macizos de roble y canapés de cuero rojo. Sobre las paredes trofeos de caza, algunos de los cuales identifiqué como obras mías. De cuerpo entero un oso, un león y un lobo. Reconocí el lobo, las otras piezas debían ser de Eusebio. Sobre un sillón de orejas, presidiendo la escena, el anfitrión. De origen latino, sin dudas, aunque más rellenito que los gorilas del exterior. Tras él, otro gorila con pose de guardaespaldas. Ambos con gafas negras. Gabriel Osorio se las quitó para saludarme. Casi lo lamenté. Su mirada era fría, despiadada. Intentó lisonjearme con un efusivo abrazo, pero se le notaba que no estaba acostumbrado a mostrar deferencia por los demás. La crueldad se le escapa en las palabras, en la mirada, en sus tortuosos gestos. Intentó halagar mi vanidad ensalzando mi habilidad como taxidermista y me ofreció una cerveza que rechacé, pese a encantarme. Quería terminar cuanto antes, rechazaría el trabajo. A fuerza de estudiar las reacciones de los demás frente a mi traba oral descubría en las miradas y en los gestos facetas de la personalidad que la mayoría de la gente no distinguía. Y Gabriel Osorio me daba muy malas vibraciones. Mire de soslayo al buscavidas, irritado por haberme buscado aquella encerrona.

No me sorprendió encontrarme con un cadáver humano cuando Osorio abrió la puerta de la cámara de congelación.

 

EVA

 

No necesité fingir, Goyo era una persona encantadora. Falto de amor, como yo. Atento, amable, cariñoso. Sus ojos decían todo lo que a su boca le costaba expresar. No entiendo que Denisa no supiera ver todas esas cualidades. Indeciso para abordar a una mujer, eso sí. Pero esa forma tan gentil de acercarse a mí dando rodeos conquistó mi corazón gitano, poco acostumbrado a la delicadeza. Era muy listo y había leído mucho, a pesar de haber abandonado el colegio muy pronto. Me enseñó a perfeccionar mi castellano, me daba libros para que los leyera y me corregía mis errores con su voz gangosa. Cuando no conseguía vocalizar como él quería recurría a Denisa para que pronunciara la palabra que me deseaba corregir. ¡Que salado! Tenía un montón de ternura escondida en su alma, deseoso de entregársela a alguien. Y yo la acepte, encantada. Que importaba que no fuera guapo si su corazón era de oro. Poco a poco, me fui enamorando de él. Comencé a desear sus besos, sus caricias, pero no se decidía. Una mañana me levanté dispuesta a que probara el sabor de mi boca, a que sintiera el deseo de mis carnes. Pero llegó un señor con mala baba, que me los conozco bien, y se fue con él. Cuando regresó noté la preocupación en su mirada.

 

GREGORIO

 

Señaló al cadáver y me dijo que era uno de los suyos, que le había traicionado. Lo quería disecado para dar ejemplo. No empleó sutilezas para amenazarme, dejó bien claro cual sería mi destino si me negaba o si decía una sola palabra de aquello fuera de allí. Yo y los míos lo pagaríamos con la vida. Si pretendía meterme el miedo en el cuerpo lo consiguió, me acojonó totalmente.

Cuando salimos de allí me acordé de todos los muertos del buscavidas. Alegó que también le había amenazado a él. Para ganar tiempo le dije que necesitaba unos días, que nunca había curtido una piel humana y necesitaba informarme, no fuera a ser que la estropeara y el mafioso en un arrebato de cólera me soltara una balacera. El muy mamón había indagado al respecto. Según me dijo se habían encuadernado libros con piel humana de reos en Estados Unidos, y también en Francia, en la época de la revolución. “No es lo mismo encuadernar un libro que volver a darle aspecto de piel humana”, le contesté. Quedamos en que pasaría a recogerme en una semana, para empezar el trabajo.

 

EVA

 

Me las apañé para que Denisa se fuera a dar una vuelta por ahí, con veinte euros para que se tomara algo que siempre fue interesada. Después me acerqué a Goyo, le pregunté que tal le había ido y antes de que contestara tomé su cara entre mis manos y besé sus labios. Su lengua inundó mi boca. Y toda la pasión contenida se desató entre los dos. Le conduje hasta la habitación y me desnudé para él, despacio, moviéndome como una gata en celo, para que disfrutara. Le excité tanto que se corrió en seguida. Pero me encargué de enarbolarle la bandera de nuevo, ya sin prisas, y disfrutamos el uno del otro. Era una oleada de pasión seguida de otra de ternura. Se preocupaba por ver que era lo que me daba placer. Eso me encantó. Creo que no hablaba para no estropear la magia del momento, pero su mirada lo decía todo. Poco a poco lo fui conduciendo a mi terreno y le saqué lo que le preocupaba. No supe que decirle, pero le ofrecí la ayuda de los míos. No podía recurrir a mi padre, pero mi hermano Gica y sus amigos nos ayudarían en lo que necesitáramos. Me dijo que lo tenía que pensar y seguimos haciendo el amor. Fue una tarde maravillosa, el amor nos transportó en sus dulces brazos.

 

GREGORIO

 

Todo lo que tuvo la mañana de horrible lo tuvo la tarde de maravillosa. Apenas llegué Eva vino a mi lado y me besó, fue como si hubiera adivinado mi estado de ánimo. No me lo podía creer. Encontré entre sus brazos algo que había estado buscando toda mi vida. El sexo fue maravilloso, pero lo que me hizo sentir en el corazón aún lo fue más. Nunca había sido tan feliz. Hacíamos el amor, hablábamos, volvíamos a hacerlo…Me sonsacó lo que me preocupaba y me ofreció la ayuda de los suyos. Para nada quería yo una guerra, desde luego. Aunque la mirada de Gabriel Osorio venia a amenazarme con su fría determinación. Pero ahora que había encontrado la felicidad no iba a permitir que nada ni nadie me la arrebatara, por muy mafioso que fuera.

Lo primero que tenía que averiguar era todo lo posible sobre él. Utilicé para ello a un conocido, un soldador que había abandonado el oficio y que trabajaba de vigilante de seguridad en el periódico El País y que se dejaba caer por el polígono de vez en cuando, a ver si le caía algún cubata gratis. A tres le invité aquella noche, contándole una milonga sobre un trabajo universitario de un sobrino que no tenía. Los periodistas son una fuente de información cojonuda, cuando quieren. Y quedé con Carlos para la noche siguiente. No pudo acudir hasta la otra. Mientras, gocé la pasión entre los brazos de Eva y me informé exhaustivamente sobre el desollado, para no cometer errores en casa de Osorio.

Los datos que me trajo Carlos no tenían desperdicio. Gabriel Osorio era colombiano, pero había forjado su carrera delictiva y su fortuna en Bolivia. Se sabía que se dedicaba al tráfico de drogas de diseño y, sobre todo, al blanqueo de dinero a cambio de un porcentaje. Se le suponían algunos ajustes de cuentas por cuestiones de territorio con un grupo de kosovares que lideraba un tal Adem Tijanic, y que se movían por la zona de Usera.

Aquella noche bebí un poco más de la cuenta. Hacía como que escuchaba a Carlos, pero en realidad iba pergeñando las ideas básicas de un plan destinado a liberarme de las garras del colombiano.

Usera era una zona con parte de población gitana. Me vendría bien la ayuda de Gica, el hermano de Eva. Quería que localizara el lugar donde paraban los kosovares, a los que iba a implicar en mis propósitos sin que lo supieran. Eva se alegró de poder ayudarme. Envió recado a su hermano por medio de Denisa, ya que ella no podía acercarse al poblado de chabolas donde vivían.

Su hermano se presentó a la mañana siguiente, mientras yo hacía acopio en un almacén de pinturas de varias latas grandes de disolvente, así como de herramientas de precisión para trabajar en el cadáver del esbirro de Osorio. También preparé varios sacos de yeso mate. Después fui a una agencia inmobiliaria para poner en venta la nave, a menos precio de su valor real, para que se pudiera vender. Y les pedí que buscaran otra, para alquilarla. Cuando volví al taller el hermano de Eva ya se había marchado, con el encargo de localizar a Adem Tijanic.

Gica llamó por la noche, los había encontrado en la discoteca Salem. Se dejaban caer por allí casi todas las tardes. Le dije a Eva que quería tener localizados algunos de los vehículos de los kosovares y ella se lo transmitió a su hermano. Mi tela se iba tejiendo poco a poco.

Seguí al buscavidas en mi furgoneta, porque en su coche no cabía todo el material que deseaba introducir en la casa. Pedí un cuarto para poder trabajar a gusto, pero Osorio se había anticipado despejando una habitación junto a la cámara de congelación. Con una mesa en el centro, para que me sirviera de banco de trabajo. Descargué el material de la furgoneta y lo llevé todo a la habitación. Osorio me contemplaba, ya sin mascaras, con esa mirada amenazadora que prometía dolor en caso de que se la jugara. No necesitaba amenazarme, mi cuerpo temblaba ante la posibilidad de que algo saliera mal. Pero es lo que quería transmitir, mi miedo. Era el lenguaje que él entendía, el que le haría despreocuparse de mi.

Mandó que trajeran el cuerpo. Menos mal que le habían desnudado antes de meterlo en la cámara. Examiné el cadáver en busca de lesiones, pero solo encontré las de las extremidades. Tenía arrancada todas las uñas. No pude evitar un escalofrío, recorriéndome de la cabeza a los pies. Me trajeron los restos de las uñas en un vaso, Osorio había pensado en todo.

—No pienses que se fue de rositas —dijo—. Le dimos algo de beber para que le corroyera las tripas. Tenía que sufrir, pero sin que se estropeara la piel.

Quería quedarme solo. Se lo dije. No solo para trabajar a gusto, sino para no tener que soportar su presencia. Eso no se lo dije. Sonrió y se fue.

Saqué las herramientas y comencé el desollado. En realidad no me importaba como quedase la piel porque no pensaba volverla a colocar, pero quizás estuviesen espiándome por alguna cámara, así que procedí con toda la profesionalidad posible. Pese a ello la falta de práctica con piel humana me hizo cometer varios errores. Afortunadamente quien me estuviese observando no podía saberlo.

Cuando obtuve la piel la puse a resguardo en un recipiente con sal, para que se conservara. A continuación empapé bien el cuerpo con disolvente, antes de hacer el preparado de yeso mate. Quería que ardiera con facilidad cuando llegara el momento. Parte del disolvente se evaporaría, inevitablemente, pero el resto quedaría allí. Luego llamé para que se llevaran el cuerpo a la cámara de congelación y di mi trabajo por terminado. Quedé en volver al día siguiente.

De regreso a casa, emergiendo entre los apasionados besos de Eva, le dije que quería hablar con su hermano. Le llamó por teléfono. Mientras, localicé a uno de mis clientes de la taxidermia que capturaba piezas vivas para los zoos y quedé con él para el día siguiente, quería que me prestara la escopeta y los dardos que usaba para dormir a los animales. Cenábamos cuando Gica llegó. Obvié los celos que me provocaba y le expliqué lo que quería que hiciera. Necesitaba un espía escondido en el pinar, vigilando la mansión de Osorio, precisaba saber cuando se quedaba sola. También quería la documentación de uno de los kosovares. Y a alguien que supiera robar coches pendiente de uno de los vehículos que empleaban. Uno que movieran a menudo, para tener la certeza de que no fuese robado. Le puse en la mano dos mil euros y le dije que habría más a medida que fuéramos llevando adelante el plan.

Volví al día siguiente a casa del colombiano y empecé el proceso de recubrimiento de yeso mate, después de volver a empapar otra vez el cuerpo con disolvente. Al terminar, me pasé por casa de mi cliente para recoger el rifle y los dardos tranquilizantes. Por la noche se los entregué a Gica, para que los empleara con los perros de Osorio si estaban sueltos el día que tuviesen que entrar a la finca. Sonrió al enseñarme la cartera de uno de los kosovares. Le serví unos Chivas mientras le explicaba el resto del plan.

Tardé un par de días en cubrir el cadáver con el yeso. Luego le practiqué unos agujeros para que el fuego lo alcanzara con facilidad. Y con una brocha también unté el yeso varias veces con disolvente. Le dije a Osorio que descansaría al siguiente día para darle tiempo al yeso a endurecerse. Con la esperanza que se ausentaran de la mansión, más no hubo suerte. Pero dos días más tarde, después que me marchara a casa tras mi sesión de lijado del yeso, Osorio y sus gorilas salieron. Gica me llamó. La maquinaria se puso en marcha. Gica y sus amigos serían los dientes de la rueda.

Robaron el coche de los kosovares y lo llevaron hasta la finca de Osorio, dejándolo en la rotonda y con el depósito de gasolina vacío. A continuación durmieron a los mastines. Ya dentro de la finca, junto a la entrada, dejaron en el suelo la cartera robada a los kosovares. Después utilizaron la gasolina sacada del coche para provocar el incendio. Todos llevaban pañuelos en el rostro, para que las cámaras no pudiesen identificarlos en el supuesto de que se salvaran las grabaciones del incendio. El cuarto donde estaba el cadáver del esbirro estaba lleno de disolvente, que extendieron por toda la casa. El fuego resultó espectacular.

A la mañana siguiente llamé al buscavidas. Le dije que había policía y bomberos en la finca del colombiano y que me había vuelto al taller, como si no supiera nada. Como esperaba Osorio culpó a los kosovares del incendio. Creyó que buscaban drogas en su casa y que al no encontrarlas se habían cabreado y la habían incendiado. No quedaron restos del cadáver del esbirro. Solo cenizas mezcladas con otras cenizas.

Volví a darle otros dos mil euros a Gica. Vendí la nave. Le cedí el negocio a Denisa, para no dejarla en la calle. Las máquinas también, tal como hiciera mi antiguo jefe conmigo. Solo que yo se las regalé. La nave que buscaba para alquilar era para ella. Interesada como era quiso demostrarme su agradecimiento con un polvo. Sé que no estuvo bien, pero la había deseado tanto que no me resistí. Fue una despedida, de ella y de todo lo que había sido mi vida hasta entonces. La hice jurar que Eva jamás se enteraría. Una semana después me traje a Eva a las Canarias y aquí hemos comenzado una nueva vida. Creo que Osorio aún anda liado con los kosovares, según hemos sabido por Gica. No he vuelto a tocar la taxidermia ni las rejillas de acero inoxidable, por si algún día la maquiavélica mente del colombino suma dos y dos. Ni siquiera Denisa sabe donde estamos, aunque Eva la llama de vez en cuando por el móvil. Se piensa que estamos en Oviedo. Hemos montado una droguería, para los gastos. Lo de la nave sigue guardado, por si acaso.

Bueno, escribí esto porque pensé que si alguna vez moríamos Eva y yo estaría bien que se supiera la verdad. Le pregunté al abogado que era mejor, si grabarlo o escribirlo, y me dijo que escribirlo, evidentemente, firmar todas los folios y depositarlos en una caja de seguridad a la que tuviera acceso el notario en caso de fallecimiento. No lo dije el contenido, claro. Pero Eva me acaba de decir que está embarazada. Así que por la seguridad de los míos creo que voy romper estas hojas. Aunque me gustaría gritar, para que todos lo sepan, que soy feliz. Gangoso, pero feliz.

 

EVA

 

No hay nada más lindo que estar enamorada y ser correspondida. Al final todo salió bien. Gica me echó una mano, como debe ser. Bueno, más de una, la verdad. Tuve que ceder una noche y acostarme con él, pero ha merecido la pena. El plan de Goyo salió a la perfección. Ya sabía yo que era cantidad de listo. Para compensarle por haberme acostado con mi hermano obligué a Denisa a que se acostara con él. Pobrecillo, se piensa que lo hizo por agradecimiento. Que va, la amenacé con cobrarle la maquinaria. Menuda interesada está hecha. Pero bueno, es mi amiga después de todo. Gracias a ella conocí a Goyo, que me hace feliz. Ahora esperamos un bebe.

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Comentarios
Valoraciones
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  • Muy bueno
    No es tan bueno como el de el mendigo y el par de zapatos ( extraordinario y fascinante, sencillamente genial ), pero lo he leído con interés hasta el final. Trama compleja, narración precisa y potente, ambientación muy lograda y notable construcción de los personajes. En resumen relato realista, trepidante y eficaz.
    ender vuelvo a leerte! genial!
    muy bueno ender. puta que sabes escribir!!
    Genial
    Que vida tan funesta ha tenido el gangoso, pero bueno al final el picante ha picado. He recordado a Evita Perón. Buen relato para ser relato del mes. Besotes.
    Muy largo, pero es un retalo que te deja mucho. Eva es alguien que logró ser feliz, siento que es como un ejemplo a seguir para las personas. Me gustó mucho porque es realista y te aporta algo importante. Saludos ender, haber que nos regalas en estas fechas de halloween.
    que decir!! excelente, atrapa de forma impresionante...
    Vaya, otro de tus "largos", de esos para los que hay que buscar un momento de relax y disfrutarlo con cafecito y cigarro. Fantástico ender, me resultaría dificil decantarme por uno de tus relatos, pero creo que este es de los de la "zona alta" de la lista. Además parece -me transmite esa sensación- que te has tomado tu tiempo y lo has desarrollado con calma, que has disfrutado haciéndolo.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
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