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4 min
El tren. (Solo los buenos mueren jóvenes)
Reflexiones |
20.12.14
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Sinopsis

Marcos Figueroa... Marcos era un tipo apático y un poco antisocial. Cuando le conocí tenía veintitrés años y vivía con sus padres. De no ser por su carácter soñador tal vez podría haber ido a la universidad, pero no estaban hechas las aulas para él, o él para las aulas.Pensaba que no había sitio en ellas para los librepensadores. "Todo son normas y adoctrinamiento" escribía en su diario. Le gustaban la literatura y la filosofía. Leía entre horas. También disfrutaba de los grandes compositores de música clásica y aborrecía la simplicidad de la música comercial moderna, prefabricada siempre con la misma sustancia azucarada sin ningún tipo de originalidad. Marcos creíase especial, sin llegar a serlo. Era un joven medio culto, y ni eso. 

Trabajaba en un almacén de electrodomésticos ocho horas al día a turno partido cobrando el salario mínimo interprofesional. Detestaba a su jefe. Un trepa con halitosis que había llegado a ser gerente por medio del enchufismo, costumbre endémica española. Y sobre todas las cosas odiaba a su compañero, a su igual, un victimista empedernido. Si , la verdad es que me odiaba tanto como me apreciaba.
Marcos Figueroa no tenía mucho tiempo, ni mucho dinero. Algo que tampoco tenía era la esperanza de que esto cambiase. Tuvo la suerte de nacer en España y bañarse en el Mar Mediterráneo, pero siendo joven le toco vivir "La gran crisis". Según decían los medios de manipulación masiva, no tenía parangón. Tampoco tenía parangón el nivel de corrupción de los políticos españoles. A pesar de todo, tenía trabajo. Desde el gobierno le decían que era mejor esto que nada.
Viajaba en tren, una vez por la mañana y otra vez por la noche. Para él era un calvario enfrentarse cara a cara con la muchedumbre. Todos los días sufría en ese tren cincuenta minutos de repugnancia y falta de fe en la humanidad, que no era otra cosa que falta de fe en sí mismo. En el almacén, por lo menos podía tratar con el vulgo con aires de superioridad. Sentía la tranquilidad de saber más que sus clientes en temas de televisores y detrás del mostrador toreaba con arte al consumidor. Alguien le dijo una vez que la vida es voluntad de poder. Leía mucho pero a veces no entendía nada. Algunos nazis alemanes también leían mucho.

"En el tren... en el maldito tren, todos, absolutamente todos, respiramos el mismo aire". Ver su propio rostro en los ojos de los demás no era algo que le gustase demasiado. 

Miraba por la ventana y disfrutaba de los inhóspitos paisajes. A veces, cuando el tren de la vía contraria se acercaba a toda velocidad deseaba una colisión mortal. Un acto de bondad decía, "toda esta gente ansía una vida mejor y está sufriendo por ello, deberían morir por su ingratitud, además, ¿quien va a echar de menos un museo donde la protagonista es la fealdad humana?" Acto seguido se daba cuenta de que a la humanidad no le quedaba mucho. "Dentro de poco, nuestra sociedad morirá por exceso". Era un consuelo para alguien de su calaña saber que llegado el momento podría decir: "os lo dije".
Pero, ¿y si no llegaba? Siempre había pensado que moriría joven. ¿Pero, y si llegase al lecho de muerte siendo un viejo decrépito con problemas para controlar sus esfinteres?
Toda su vida habría sido una larga espera. Un quiero y no puedo.
Esa noche llegó a su casa y se acostó con dolor de cabeza y estomago. A las dos semanas dejó su empleo en el almacén. El gobierno le proporcionó una subvención y durante años le perdí la pista. Creo que dedicó gran cantidad de su tiempo a la pereza y a la mendicidad.
Marcos Figueroa pasó sus últimos años en una residencia de ancianos del barrio. Donde coincidimos. 
Por lo que sé, tuvo una vida plena. Llego a viejo. Nunca tuvo esposa. Nunca tuvo hijos. Nunca tuvo dinero. Las últimas mañanas de su vida, miraba  por la ventana y con ojos legañosos y cansados vislubraba como el sol se separaba del horizonte esperando una catástrofe que nunca llegaría a presenciar.
Una noche templada de octubre, unos días después de su cumpleaños, simplemente se cansó de esperar y murió con una irónica sonrisa sintiéndose vencido.

 

 

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