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4 min
El triste recuerdo
Amor |
05.05.06
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Sinopsis

Desperté a media noche, la ansiedad se apodero de mi boca, ansiedad de agua recorrida de labios a garganta. Sentí que mi cuerpo había estado corriendo toda la noche, lo creería si no fueran por los vagos recuerdos que rondaban en mi conciente. De a poco me puse de pie, la casa en penumbras daba una imagen de total desolación, lo único vivo del lugar era una ventana movida por un murmullo de brisa otoñal. Guiado por el tacto pude encender la luz, esta revelo lo estrepitoso de mi llegada a casa Una botella a medio beber de agua ardiente revolvió mi estomago causando que mis rodillas tocaran el suelo, vomite todo lo ingerido horas antes, a tientas pude acomodarme en una silla para caer en el recuerdo, de un amargo atardecer.

Caminaba sin rumbo fijo con los ojos perdidos en la calle, aun quedaba en mi mejilla una lagrima de impensado dolor; ella flotaba en mis ojos, el alcohol en mi sangre era el aliciente para esa alucinación, ese alcohol que se denomina curador de heridas de amor, ahogándolas, haciéndolas desparecer a cada vaso bebido. Son solo mentiras de borrachos, son solo frases sin sentido.

El ambiente estaba enrarecido, el ultimo sorbo de mi copa anunciaba la partida del bar, la efímera acompañante se despidió, llevándose de regalo mi billetera, no tenia dinero ni control de mis actos. Mis ojos se nublaron, quizás por la embriaguez mezclado –quizás- con la densa neblina creada por humo de tabaco, o ¿era solo la nostalgia de encontrarme con la soledad?. El local nocturno estaba en el ocaso de su cierre a esto conspiraron en mi ida un par de tipos sacándome a empujones, deseaba haberme marchado antes sin embargo mi obstinación hacia enfrentarme a ellos, el alcohol saco a relucir la asquerosidad de mi ser mi mente trastornada vislumbraba ante mi todo lo mal que había pasado en los últimos meses, el sufrimiento de esos días cegaron mis ojos, y solo percibí que delante de mi estaba todo el sentir de aquellos días, y para líbrame de ello solo bastaba con romperlo con mis propias manos, zafe de uno para empujar al otro a una mesa de vasos vacíos, el ruido atrajo a los circundantes estos se agolparon sobre mi, quedando yo inconsciente, sentía el arrastre de mi cuerpo llevado hasta la calle, intente levantarme para caer sin fuerzas a causa de una patada en pleno rostro.

Premio de consuelo por llamarla de algún modo era un joven de desquiciado semblante, se sentó a mi lado, con disimulación su mano buscaba algo en mi pantalón, dieron me ánimos sus intenciones. Busque su boca, hasta encontrar sus labios, la bese con ganas, sin un dejo de vergüenza, me aventure en su piel, acariciando su pierna, subiendo a su cintura para después dejarme llevar por uno de sus pechos. Creí que esto disminuiría la amargura de aquella noche, que ella era el consuelo de mi desventura; Ella, solo me pidió un cigarro, yo solo quería de ella un buen rato, que fuera, el suplemento de mi vodka. No miraba su cuerpo, su figura, sus ojos ni aun su cabello, era su boca la que imantaba el impulso de poseerla.

Guiado por un perro llegue a un bar, entre, ya sentado pedí un vodka reteniendo la botella. Al primer contacto de mis labios con el liquido sentí el gusto de la rabia, rabia de estar en este estado, el amor de los últimos meses que sentí cambio a ser odio, despreciaba mi vida, caer en el vahído del recuerdo de lo que pudo ser, para terminar en el sufrimiento del indestino. Sin pensar en nada tome la botella para llenar el vaso, la retórica inercia desvanecía mis sentidos.

Caminaba con tristeza, con la nostalgia de que nunca hubiera ocurrido todo lo que había imaginado, ella quedaba atrás, sentí que se
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