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16 min
♟El último peón ♙
Suspense |
16.11.14
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Sinopsis

Sandra descubre enterrado en el suelo de su jardín un peón de oro. Buscará en Internet y descubrirá que pertenece al ajedrez de oro del emperador Justiniano. Mientras tanto Jacques, historiador francés busca el peón en España, si lo consigue controlará el mundo.

Era sábado y Sandra se despertó, cogió el movil de la mesilla y miró la hora.

                                                                  9:34                                                                                                                Sábado, 15 de junio de 2014

Se levantó de la cama y se estiró. Cogió su bata rosa, esa bata le traía muy buenos recuerdos, la compró en su viaje a China. Ese fue el último viaje que hizo con su marido Alejandro, que murió semanas después en un accidente de tráfico. Dejó de pensar en ello y fue a la cocina. Abrío el frigorífico y cogió la botella de leche, sacó del armarito un tazón y lo llenó, lo acompañó con un par de magdalenas.

Más tarde, se dirigió al baño, se miró en el espejo y sus ojos de esmeralda vieron como los cabellos rubios le caían sobre los hombros. Su piel, blanca como el talco, relumbraba bajo la tenue luz del baño. Se desnudó y abrió la ducha. Al salir rodeó su cuerpo con una toalla de color carmesí y se vistió allí mismo.

Después se marchó a su habitación, subió la persiana y la claridad inundó la habitación desastrosa, tenía que ordenar la ropa, hacer la cama, barrer, fregar... Se puso a la labor, cuando acabó, miro de nuevo el móvil

                                                              10:45                                                                                                                 Sábado, 15 de junio de 2014

Volvió a la cocina y fregó los cacharros del desayuno, cogió una botella de agua y salió al jardín. Al salir vió que todo estaba, también, hecho un desastre, malas hierbas, flores muertas y arrancadas. Tenía que hacer algo. Fue al garaje y cogió las llaves del coche y salió hacia la floristería para cambiar de imagen su jardín. Llegó a la floristería y decidío llevarse unos cuantos pensamientos, un par de rosales y una semilla de hierbaluisa, aquel árbol le encantaba.

Volvió a casa y sacó los utensilios de jardinería de la caseta del mismo, arrancó las malas hierbas y recogió las flores muertas. Plantó los pensamientos y los rosales y empezó a cavar justo al lado de la entrada para plantar la semilla de hierbaluisa. Al cavar unos treinta segundos notó que algo duro chocó con su pala

-¡Vaya por Dios! Aquí hay una piedra-pensó Sandra- Voy a ver si puedo sacarla.

Metió la mano en aquel agujero y se dio cuenta de que aquello no era una piedra, el tacto le recordaba a la... madera. ¡Claro!. Hizo fuerza y consiguió sacar la caja. Estaba llena de tierra y barro. Entró a casa sin plantar la semilla, pero si tapándo el agujero. Lavó la caja con agua y jabón, cuando se aclaró vio que en ella había una inscripción: AD IPSUM... Abrió la caja y en su interior encontró envuelto en un pañuelo de lana, un peón de oro.

                                                           ♦ 

Por fin- Gritó Jacques- por fin he encontrado el alfil de oro. Ya solo me queda ese maldito peón en España.

Jacques Candau era un hombre alto, de piel morena, sus antepasados eran marroquíes, ojos oscuros, y pelo rizado y castaño. Era historiador en el museo de historia natural de Paris, se dedicaba a ello gracias a su familia que siempre había estado relacionada íntimamente. Dentro del museo había oído hablar del ajedrez de oro, la historia contaba que una vez el emperador bizantino Justiniano mandó crear una ajedrez en el que las piezas y el tablero fueran completamente de oro. Al construirlo decidió jugar con él, retando al experto ajedrecista del reino. Perdió y con ello la mano de una de sus hijas. La rabia le invadió tanto que mandó repartir las piezas y el tablero por todo el mundo conocido en esa época. Pero Jacques sabía que ahí no acababa, sabía gracias a sus contactos alrededor del mundo que aunque la leyenda no lo contase, quien consiguiera todas las piezas del tablero y este mismo podría hacerse con el control de todo el mundo.

Él había conseguido reunir todas las piezas y el tablero recorriendo desde China a Francia, y ahora iba a por la última pieza, el último peón, que se encontraba en España.

                                                          ♦ 

-Oh Dios mío, un peón de oro- se dijo para sí Sandra-¿Cuánto tiempo llevara esto aquí?

Sandra volvió a guardar el peón en la caja, fue al dormitorio se cambió de ropa, cogió las llaves del coche y fue al centro. Le costó encontrar un sitio donde poder aparcar, pero cuando lo hizo se dirigió rapidamente a la tienda de antigüedades, entró:

-Buenos días, ¿Qué desea?-le dijo el dependiente.

Tendría alrededor de 50 años, vestía con ropa muy anticuada, su pelo era blanco como la nieve pura y sus ojos eran dos zafiros.

-Hola, buenos días-contestó Sandra-Quisiera hacerle una consulta. ¿Sabe qué es esto?

Sandra le entregó el peón dorado, el hombre encendió una lámpara y la enfocó en el peón. Empezó a inspeccionarlo a simple vista y después con una lupa que sacó debajo del mostrador. Tras unos minutos en los que el silencio reinaba en aquel comercio, el hombre dijo:

-Sinceramente, en los 35 años que llevo en esto de las antigüedades no había visto nada parecido. Es un peón de hace unos 1300-1400 años y es de oro macizo. Su valor para mí es incalculable pero puede ir al Museo de Historia Madrid, allí conozco a un buen amigo que la atenderá y le podrá decir el precio de este peón

-Muchas gracias-respondió Sandra- Aqui tiene mi telefono.

El dependiente siguió:

-Cuando consiga una cita la llamaré, no se preocupe.

Sandra salió de la tienda y se dirigió a su casa.

                                                           ♦

Jacques Monteau llegó a Madrid el día 17 de junio, lo primero que hizo fue ir a su hotel, el Hotel Quatro, en la puerta del Sol. Dejó su equipaje y se sentó en la cama, había conseguido llegar a España y gracias a sus contactos alrededor del mundo, sabía que la pieza fue enterrada en alguna parte de la ciudad de Madrid, Sin embargo, no sabía que hacer en ese momento, no sabía donde buscar, no sabía donde investigar ni sabía si realmente la pieza estaba allí.

Cogió su maleta y la abrió de ella sacó con sumo cuidado el tablero de ajedrez y lo puso en la mesa de la habitación, sobre él colocó las piezas de oro. Volvió a meter la mano en la maleta, y en este caso sacó su ordenador portátil, antes de ponerse a investigar bajó a la calle. 

Salió del hotel y el calor azotó la cara de Jacques, el sol le daba en los ojos, metió la mano en el bolsillo y se puso sus gafas de sol. Se dirigió hacia la Plaza Mayor, sabía que allí encontraría muchos puestos, entró en ella y vio que estaba llena de personas y de esculturas vivientes que pedían dinero. Se acercó a la que mas le llamaba la atención, una escultura de un soldado que se encontraba en plena guerra, metió en la hucha del soldado una moneda de 1 euro. Después se acercó a un puesto, en el letrero ponía:

                                             INFORMACIÓN

Se acercó a la mujer que atendía, La mujer le habló:

-Buenas tardes, ¿Quiere usted una guía o un mapa?

-Un mapa. Cóbrese-dijo Jacques muy seco

-Son 1´50 euros. Aquí tiene el cambio. Gracias

Jacques volvió a su habitación del hotel. Sacó de la maleta un par de chinchetas y puso el mapa en la pared. Comenzó la investigación.

                                                           ♦

El teléfono de Sandra empezó a sonar y ella creía que era la llamada que llevaba esperando durante dos semanas, cogió el telefono:

-Hola, ¿Es usted Sandra Hernández?-dijo una voz de mujer.

-Si, soy yo. ¿Quién es?-contestó

-Hola, buenas tardes soy María Jesús le llamo de Movistar y me gustaría hacerle una ofer...

Sandra colgó, frustrada, cuando llegaría la llamada que llevaba esperando dos semanas, ya era 29 de junio y el amigo del dependiente de la tienda de antigüedades no llamaba. Cansada de esperar fue de nuevo a la tienda. Al llegar la puerta estaba cerrada y en ella estaba colgado un cartel en el que ponía

                                              SE VENDE                                                                                                                     912740926

Sandra llamó al teléfono para preguntar por el señor, alguien respondió:

-Hola, ¿Quién es?

-Hola soy Sandra y estaba interesada en el local que vendes-mintió- Pero, ¿Porqué ha cerrado la tienda?

-Bueno-la mujer que cogió el teléfono empezó a llorar- el dueño falleció hace dos semanas. Y no se que hacer con ella.

-Entonces no me interesa, lo siento-respondió Sandra muy maleducada.

Colgó y se preguntó si lo que le había pasado a aquel hombre era por su culpa, en ese mismo momento se dio cuenta de que cuando estaba observando el peón estaba muy nervioso. Decidió volver a casa e investigar ella por su cuenta en casa.

Llegó a casa y subió al estudio. Encendió el ordenador y vio el fondo de pantalla, en él salía Sandra con su marido, los recuerdos volvieron a inundar la cabeza de Sandra, pero decidió dejarlos de lado para poder buscar más sobre el peón. Entró en internet y buscó ``Antiguo Ajedrez de oro´´. El buscador le dio miles de millones de opciones, pero la primera fue la que le llamó al atención. Era un foro en el que tema era el legendario Ajedrez de Oro del Emperador Justiniano. Leyó la historia y pensó que iba a comentar:

Sandra1453:

Hola, creo que tengo una de esas piezas ¿Me podéis ayudar?

Junto a ese comentario subió una foto. 

                                                           ♦

Jacques llevaba ya más de dos semanas y media buscando información sobre el peón de oro. No encontraba nada, tan solo un foro en el que hablaban de ello, obviamente todos los miembros del mismo desconocían que si eras capaz de reunir las fichas conseguirías un gran poder. Volvió a entrar por curiosidad, sabía que allí no encontraría nada. Al entrar algo le llamó la atención, un nuevo comentario en el que decía que ella tenía el peón, aquel peón que llevaba buscando durante años y años, por todos los rincones del mundo, sufriendo el calor del desierto asiático del Gobi, hasta el frío de la Siberia rusa. Pasando por la Gran llanura europea y por las grandes montañas de la cordillera del Himalaya. Y encontrar a aquella mujer a la que podría localizar, asesinar y conseguir así el peón que le faltaba le hizo sentir mucho más cerca de la pieza y por tanto del poder absoluto. Escribió otro comentario:

Jacques76:

Hola, podría quedar contigo para ver la pieza, un cliente quiere coleccionar este ajedrez y justamente le falta ese peón. Está dispuesto a pagar 10000 euros. Mi teléfono es 675937832.

                                                         

Sandra estaba atenta a la página, para ver si alguien le contestaba, dos días después de publicar su comentario, alguién estaba dispuesto a pagarle 10000 euros por ese peón. Agregó al contacto y habló con el por Whatsapp.

-Hola✓✓

                                                                                                  -Hola ¿Quién eres?✓✓

-Soy Sandra, la chica del peón✓✓

                                                                                                 -Oh bueno, ¿Qué le                                                                                                       parece que quedemos a las                                                                                           14:45 en la Puerta del Sol✓✓

-Bueno, me parece bien✓✓

Lo que Sandra no sabía es que esa era su mayor trampa. Jacques se reunió con ella en la puerta del Sol. Se encontraron, fueron a un bar y se sentaron para charlar sobre el precio, Jacques se dio cuenta de que Sandra se había puesto sus mejores galas para aquella ocasión:

-10000 euros y no se hable más-dijo Jacques

-Bueno, con eso me conformo, voy un momento al baño y vuelvo.

Jacques no estaba cumpliendo con su plan, debía de intentar enamorar a aquella mujer para conseguir llegar hasta su casa asesinarla y robarle el peón. Al regreso de la mujer, Jacques le dijo de manera picarona:

-Alguna vez le han dicho que es usted muy bella.

-Pues la verdad es que desde que falleció mi marido no he salido con chicos.

Él sabía donde atacar, no iba a asesinar a alguien sin saber a ciencia cierta que tendría su recompensa. Sabía que tenía el peón, sabía la dirección de su casa, la muerte de su marido, sus horarios... Lo sabía todo sobre ella. Tras unos picardeos consiguió que Sandra le invitara a su casa, al llegar le ofreció algo de vino pero el rápidamente la asesinó cogiendo un cuchillo de la encimera, las últimas palabras de Sandra fueron.

-¡Socorro!, ¡Socorro!

Cuando iba a pronunciar el tercer socorro el cuchillo se clavó en su garganta dejándola muerta y sin habla. Jacques comenzó a buscar el peón por todas partes, debajo de la cama, entre los cojines, en la cisterna del baño, dentro del horno y no encontró nada. Salió al jardín, debía de estar enterrado allí, pero, ¿Dónde?. Vio a lo lejos un pequeño montículo de tierra, se acercó corriendo, eso debía ser lo que llevaba buscando años. Comenzó a excavar cada vez se acercaba más a aquella pieza, siguió excavando hasta que sus uñas tocaron algo duro, una caja de madera. Metió la mano para sacar el peón, cuando:

-Quieto ahí, manos arriba, señor Jacques Monteau queda usted detenido por el asesinato de Sandra Hernández.

                                                    FIN                                   

 

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Me gusta escribir! Y espero que haciendo esto mejore mucho más.

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