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2 min
EL UNIVERSO DE MARCELO (II)
Varios |
03.03.18
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Sinopsis

El mundo de Marcelo es complejo y confuso. No tiene pie ni cabeza.

EL UNIVERSO DE MARCELO (II)

 

Un ángel de alas blancas, pero grises, bostezaba en un rincón escondido. Un árabe barbudo, vestido solamente con una túnica transparente, observaba todo atentamente. Era torcida su mirada. Yo pensaba que Doris me vería y vendría separando, como siempre, sus largas y sensuales piernas para que yo, vencedor vencido, escribiera en ella mi blanca canción. El árabe era casi negro. Me miraba. Yo me distraía con el ángel y Doris, que era dorada, le decía algo al ángel que dormitaba en un rincón. El sarraceno insinuaba cosas y Doris, que percibía todo, se hacía la que no entendía. Entonces, Doris vino y con ella el mahometano. El ángel ensayó un vuelo indeciso sobre nosotros y dejó caer una pluma blanca o gris.

Todo parecía un sueño estúpido y tal vez era. De un árbol nacían dedos azules. A veces, los dedos parecían penes. Azules, también. Penes con uñas. Era un árbol mórbido. ¡No! Fantástico. ¡No! Erótico. Domingos sabía la historia del árbol. En algunas ocasiones caminaba por mi sueño y se quedaba de boca abierta mirando al árbol. Decía que eran bananas. Bananas de dinamita. Bananas que explotarían y harían tortilla, mierda, a todos los milicos. Claro, Domingos no era terrorista ni extremista, revolucionario ni nada. Simplemente estaba en la moda ser contra los milicos, odiarlos, escupir insultos contra ellos, amenazar con una revolución que nunca se concretizaba. Domingos se quedaba allí por un tiempo interminable, mirando al árbol, pensando no sé qué. Después se alejaba por el camino ocre, que parecía una serpiente retorciéndose y vibrando por el campo anaranjado. Al día siguiente, yo le preguntaba qué había del otro lado de la colina o hasta dónde llevaba el sendero ocre. Domingos me miraba con una mirada extraña, como si yo hablara locuras o pavadas, como si yo tejiera locuras en mi mente. Tal vez él tenga razón. Debo estar quedando loco o, por lo menos, trastornado. En determinados momentos me invade la confusión y ya no sé quién está desequilibrado, trastornado o fragmentado. O si alguien miente sobre este asunto crucial. Algo nebuloso y enigmático me envuelve.

 

De la novela Nebuloso Losango - Carlos Higgie

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