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4 min
El Vals de los Platos Rotos
Amor |
23.11.19
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Sinopsis

Esta es la historia de dos amantes que bailan el vals de una forma muy particular.

¿Qué tipo de platos hay en tu casa? Los platos heredados de la abuela, los de la tía que murió de soltería y los que son el premio de aquella lotería en la que casi te negaste a participar. En la de ellos no hay ninguno que valga. Pat y Gerardo son dos jóvenes de temperamento muy volátil, pero aún así se siguen amando. Pat le increpa a Gerardo todos los días que siempre que se queda dormido para ir al trabajo –no le culpo, observar una cámara de seguridad en blanco y negro todos los días durante 12 horas o más puede joder tu reloj biológico–. Cada vez que llega de su trabajo, Gerardo se queja de sus amadas azucenas, las inocentes plantas de la ventana que da a la calle, porque se están secando. Se desviste hasta quedar en ropa interior, como Pat, la cual pasa semidesnuda casi todo el día en casa por su trabajo. Pat, quien trabaja horas y horas frente a una pantalla dibujando con trazos digitales figuras y dibujos que les darán de comer, también olvida hidratarse a sí misma. Entonces ella salta de la computadora de la sala como una fiera. Se molesta con Gerardo por preocuparse más por sus plantas que por su novia. Se muerde sus agrietados labios por la frustración y empiezan a gotear sangre. Gerardo sube el tono a la discusión recordándole que es una persona grandecita y que no debería estar todo el día sin beber agua.

–Descárgate una aplicación o algo, señora Cactus –ironiza él.

–Y tú compra un despertador de verdad, Bella Durmiente –se mofa ella.

La tensión entre ambos aumenta. El sangrado de Pat se convierte en río de sangre a lo Kubrick. Gerardo mira embelesado el rostro de su fúrico de su novia. Por alguna extraña razón, verla enojada siempre le pone a mil. Siente como sus bajos instintos afloran y su entrepierna empieza a incomodarle. Puede ver en cámara lenta como las gotas de sangre caen sus mientras ella diserta con insultos sobre sus ilustraciones incompletas, los plazos de entrega, las malditas plantas que se secan, las cuotas de su nuevo coche eléctrico y el cosplay de Juana de Arco que quiere hacer para la convención que habrá dentro de un mes en Madrid. Las venas de su sien se hinchan y su pelo corto y azabache se crispa como las víboras de una medusa con complejo de Pixel Picasso. Pat, indignada, encolerizada y con la certeza de que Gerardo ya está teniendo otra de sus fantasías raras, corre hacia la cocina y coge con rapidez los platos de la despensa. Inmediatamente ella arroja platos al suelo, formando un campo de minas improvisado. Estallan en mil pedazos, inmaculados pero cortantes, a los pies de Gerardo. Fragmentos de cerámica y vidrio vuelan por todos lados. Gerardo, en medio del éxtasis de la violencia, se posa torpemente sobre un filón prominente que se clava en la planta de su desnudo pie derecho. Gerardo podría exclamar mil improperios y despotricar sobre la tumba de los antepasados de Pat, pero no lo hace. Es parte del juego. Luchar contra los impulsos, y al mismo tiempo, dominarlos. Pat continúa en su frenesí lanzando platos hacia su amante. Él se arrastra sobre el pie sano, dejando un reguero de sangre con virutas puntiagudas. A ella se le acaban los platos y las ganas de seguir peleando. Algo bulle en su interior. La excitación de la sangre, en ella y en su amante, estimula sus sentidos. Gerardo finalmente la alcanza y la toma de la cadera y la arrastra hacia él. Ahora ambos bailan sobre los platos rotos. Es una rutina de la que no pueden salirse. Pelean, se aman y sangran como locos. Probablemente lo están, pero al fin y al cabo son amantes. El corazón no atiende razones. De hecho, es él quien pone la canción pasional que escuchan. Salen de la sala y suben hasta la habitación. Ahí se relamen sus heridas de guerra, en la cama, antes de continuar con el místico ritual. A fin de mes ambos van juntos al mercadillo a reponer los platos que rompieron, porque lo único que quieren es volver a bailar el Vals de los Platos Rotos.

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  • Además de amor y pasión, también les une esa salida a fin de mes en busca de una nueva vajilla que romper. Me gustó, Victor. Un abrazo
    Vaya, bailes hot y sangre, me encaaaaaanta. You are the best!
  • Esta es la historia de dos amantes que bailan el vals de una forma muy particular.

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