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16 min
El viajante
Reflexiones |
02.05.15
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Sinopsis

Se relata la efímera vida de un profesional de la venta ambulante.

No tengo ninguna duda, si tengo que definir mi vida con alguna palabra diría que es un continuo viaje. No se trata de ninguna metáfora, sino que es algo literal. Soy viajante de artículos para el hogar y vendo todo lo que un ama de casa pueda necesitar, y sobretodo vendo todo lo que nunca ha necesitado y seguramente nunca necesitará. Sí señor, soy un vendedor a domicilio y además de los mejores.

Cómo llegué a dedicarme a esta profesión no está claro, pero supongo que ella me eligió a mí, o al menos eso quiero pensar, ya que a priori nadie en su sano juicio se dedicaría a esto por voluntad propia. Viajar toda la vida de pueblito en pueblito, durmiendo en toda clase de moteles y sintiéndose extraño entre desconfiados de actitud huraña hacia toda cara que les resulte desconocida, no es algo que suene muy atrayente para el común de las personas. En mi caso no tuve elección, nací para esta vida y espero morir con las botas puestas, no enclaustrado entre cuatro paredes.

No tengo familia propia, y la verdad es que es mejor así, ya que serían unos perfectos desconocidos a los que llamar mi familia y, seguramente, me odiarían cordialmente por no formar parte de sus vidas. No, un verdadero viajante no debe encariñarse con nadie. Todo en mi vida es fugaz y pasajero, si, sé que toda vida es en su medida es fugaz y por supuesto pasajera, pero en la mía es su esencia y razón de ser. Siendo así las cosas, no hay lugar para una familia. Mi misión en esta vida es vender y eso es lo que mejor se hacer, no en vano he sido uno de los mejores vendedores de la compañía en los últimos diez años. Esto que digo no es vanidad, ni que tenga un repentino empacho de ego. Tengo mis defectos, como todo el mundo, pero en lo que a los resultados de mi trabajo se refiere, mandan los fríos y sinceros números y estos me cuentan que sí, que soy uno de los mejores.

Lo cierto es que la venta a domicilio y la vida que ello conlleva, es solo para aquellos que nos hemos auto desterrado de la rutinaria y sedentaria vida de las sociedades modernas, donde la felicidad parece estar al alcance de un botón. En mi caso, ya nací desterrado, ya que nunca conocí a mis padres y me crié en diferentes familias de acogida. Así que el ir de aquí para allá ha sido una constante para mí desde mi más tierna infancia. Pero no reniego de mi condición de nómada, al contrario, esta vida me ha permitido conocerme a mí mismo, cosa que pocas personas pueden decir hoy en día. A mí entender, las comodidades y distracciones de la vida moderna alejan a los individuos de sí mismos, hasta el punto de no saber quiénes son ni cuáles son sus sueños.

Como digo, yo nací para esta vida de vendedor ambulante. No quiero ni imaginar cómo sería mi vida si trabajase para una empresa de mi ciudad y tuviera que ir todos los días a la misma oficina y sentarme frente a un ordenador durante ocho horas. No, esa vida no es para mí. Yo necesito del cambio constante. Nuevos lugares que pisar y ver cada día caras que me resulten extrañas. Aunque parezca infantil, me gusta sentirme como un explorador en un mundo nuevo y desconocido. Si, la emoción de lo incierto me estimula y me hace sentir vivo. La rutina por el contrario, me anula como persona. Siempre digo que en otra vida debí de ser un cíngaro errante o un mercader de la ruta de la seda, siempre en movimiento de un lugar para el otro en busca de nuevas oportunidades.

A pesar de tener una idea romántica de esta vida que llevo, soy consciente de que mi profesión desaparecerá más pronto que tarde. Las costumbres y los hábitos de compra cambian en la medida en que lo hacen las sociedades, y sin duda estamos viviendo tiempos de rápidos cambios sociales, pero todavía hay sitio para profesionales como yo. Aún existen innumerables pueblos donde la tecnología no ha calado en poblaciones aisladas y envejecidas que algún día formarán parte del pasado. El día que ellas desaparezcan mi profesión habrá acabado. El día que eso pasé, supongo que siempre me quedará la opción de apuntarme a uno de esos aburridos y deprimentes cursos que nuestra compañía está impartiendo a lo largo y ancho del país para reciclar al excedente de vendedores a domicilio en vendedores on line, creo que se dice así, no lo sé. Afortunadamente ese día aún está lejos y quedan muchas personas que embaucar, o como digo yo, que ayudar con mis convincente presencia a vencer sus atávicos miedos rurales a todo lo que un extraño pueda ofrecerles a la puerta de sus casas.

Por mi propia experiencia puedo decir que las personas, salvo raras excepciones, tienden a ser y hacer lo mismo que las otras que les rodean, es lo que yo llamo pertenecer a un rebaño de personas. Si consigues comprender la manera de pensar de una de esas personas (por un momento estuve tentado de decir oveja), lo harás con la del conjunto. Puede parecer un razonamiento simple, pero es que a mi entender la mayoría de personas son simples. Están más interesadas en los cotilleos y en los problemas de sus convecinos, que en las bondades técnicas de los artículos que vendo. Si sabes de un buen chisme que contar de su vecino es más fácil que la persona baje la guardia y la venta estará más cerca que si solo pretendes vender el producto sin más. Es por ello que siempre que llego a un nuevo pueblo, dedico un tiempo a conocer al paisanaje y comprender las pequeñas peculiaridades de la comunidad, como son las fechas señaladas (festividades, etc...), si están contentos con el alcalde o cualquier otra pueril información que pueda serme útil para romper el hielo y poco a poco ganarme la confianza de algún paisano.

Mi manera de trabajar me ha traído algún que otro problema con cada nuevo jefecillo de ventas que la compañía promociona cada pocos años. Estos vendedores de oficina, como yo los llamo, no comprenden que en la venta a domicilio primero hay que sembrar para luego recoger la cosecha. Aunque lo que diga es una obviedad, su inseguridad de principiantes los lleva a presionar a los vendedores para vender lo más rápido posible y así poder ofrecer buenos resultados que los hagan merecedores de los cargos que ostentan. La consecuencia de ese proceder, no puede ser otro que malas ventas presentes que anulan las posibles futuras.

Conmigo no funcionan las presiones, ni las prisas. Soy un viejo zorro y los números me dan la razón. Uno de mis secretos para evitar las presiones de los jefes es el no responder a sus llamadas telefónicas, ni a sus e-mails durante un largo periodo de tiempo, de esa manera al poco tiempo desisten y puedo tener la tranquilidad que requiero para realizar el objetivo principal de mi profesión, la venta. Tengo compañeros que responden a las llamadas de sus jefes, incluso durante una venta. Craso error, lo único que logran así es habituarlos en uno de sus peores defectos, molestar a sus vendedores con estúpidas demandas de información para alimentar las estadísticas de la compañía. Yo en cambio, cuando estoy frente a un potencial cliente y puedo oler una venta, no hay fuerza en el mundo que pueda sacarme de ese estado de gracia en el que mi mente solo tiene una meta, que no es otra que cerrar la venta, no importa la cuantía de esta. Para mí, cada venta, es una prueba para comprobar que mis dotes de convicción, oratoria, psicológica y  astucia siguen en plena forma. Al fin de cuentas para un vendedor, sus cualidades personales son sus instrumentos de trabajo, los cuales no pueden ser adquiridos en ninguna tienda, se tienen o no se tienen. El día que pierda estos atributos, mi vida de vendedor habrá pasado a mejor vida. Es por ello que en cada venta que logro, me reivindico a mí mismo, a lo que soy y a lo que he sido toda mi vida.

Por supuesto, en mi profesión he vivido momentos malos, en los cuales, las ventas escaseaban y con ellas mi confianza y mi autoestima, que a la postre son las verdaderas armas de todo buen profesional de la venta a domicilio. Un vendedor sin confianza es como un Sansón sin su melena, un patético personaje que jamás cerrará una venta. ¿Cómo alguien compraría algo que realmente no necesita si no fuera por la arrebatadora personalidad de la persona que se lo ofrece? Las personas comunes caen rendidas al influjo de una personalidad fuerte y segura. Esto que digo suena realmente mal y es inapropiado decirlo así abiertamente, pero es algo que pasa constantemente en la vida. Bien pensado, qué es un político en campaña electoral, si no un vendedor a domicilio. Piénsenlo, va de casa en casa ofreciendo algo que no va a pasar, una vida mejor para los pobres votantes que caigan rendidos bajo el yugo de su carisma. Sí, el éxito en una venta es una consecuencia lógica de tener personalidad y voluntad, lo que llamaríamos persuasión.

Ciertamente ha habido ocasiones, no pocas, en las que el potencial comprador ha demostrado tener criterio y no se ha dejado arrastrar por mis encantos. Lo importante en estos casos es cuantificar lo antes posible la voluntad del cliente, ya que con este tipo de personas solo es posible cambiarles su criterio en base a datos objetivos y sinceramente las cualidades de mis artículos no tienen un largo recorrido. Si pasados unos minutos no cambia de parecer, es mejor seguir tu camino y buscar un cliente más fácil al que convencer.

Mi cliente favorito y que más éxitos de venta me ha proporcionado, han sido, sin duda, las amas de casa. Si hay algo a lo que una ama de casa, las pocas que quedan ya en nuestro país, no puede resistir es que un hombre atractivo les haga sentir especiales y flirtee con ellas. Estas mujeres necesitan algo que las aparte de sus aburridas y poco valoradas vidas, y quien soy yo para negarles un poco de autoestima. Supongo que sólo se trata de un juego entre egos marchitos. A determinadas edades, el sentirse merecedor de la seducción es más importante que la seducción en sí misma. Como he dicho antes, la mayoría de personas son simples, y normalmente responden mejor a estímulos sentimentales que a fríos razonamientos y datos técnicos. Alguien podría pensar que manipulo a las personas para que compren mis artículos, pero yo prefiero pensar que es una relación de compromiso entre embaucador y embaucado. Además, por otro lado, está la propia utilidad de los artículos que vendo, que no siempre resultan del todo inútiles.

Sin duda, y es solo una manera de hablar ya que todo en la vida es incierto, lo importante en toda venta a domicilio es que el cliente crea que domina la situación. Que crea que es la persona importante en el trato y por tanto solo ella es la que decide en la transacción. Por supuesto, no es así. Si fuera así, no podría vender casi ningún artículo. Pero tampoco voy explicar aquí todos mis secretos, eso es algo que me llevaré  a la tumba.

Otra parte fundamental de mi vida y a la cual prácticamente soy un adicto, es la de conducir millas y millas por las carreteras rurales. Por supuesto, forma parte de mi trabajo, es decir, para poder vender necesariamente he de trasladarme de un lugar a otro. No obstante, Yo prefiero verlo desde un aspecto más romántico, el viajar me da la oportunidad de huir de una vida estática y amplia mis horizontes vitales. El ver como el paisaje va cambiando, percibir las diferentes tonalidades de la hierba y los diferentes tipos de arboles, observar los pequeños cambios en las ondulaciones del horizonte, esto no lo cambiaría por nada del mundo. Toda esta variedad paisajística estimula mi espíritu y me llena de vida. Algunos filósofos afirman que los sentidos nos engañan, si es así, no puedo pensar en un embuste más bello y dulce del que ser víctima. Y los olores, no podría ser de otra manera, no son menos embusteros. Porque si de algo me he dado cuenta en todos mis viajes, es que los lugares, al igual que las personas, tienen su propio olor. Incluso hay veces que decido parar en lugar y no hacerlo en otro, solo sugestionado por el olor. Me pregunto si con las personas pasará lo mismo, que la afinidad entre individuos venga marcada por su olor corporal, no lo sé, supongo que solo es una de mis ocurrencias.

Por algún motivo hay un paisaje al que me veo inclinado a volver una y otra vez, me refiero a las planicies desérticas del país. Si, lo sé, un lugar desértico no parece el mejor lugar para las ventas a domicilio, pero viendo la infinitud de sus paisajes es cuando realmente siento que no hay límites. Nunca me ha gustado verme encerrado, ni vivir en pequeñas ciudades situadas en estrechos valles, ni limitar mi vida a seguir la senda que los demás han decido por mí. No, lo mío es ser un nómada, lo mío son las grandes extensiones de tierra plana donde la  imaginación vuela libre y sin obstáculos. Los paisajes angostos me embotan las ideas y es por ello que necesito de estos espacios abiertos para recordarme por qué amo tanto esta profesión. Porque amo mi libertad.

Sé que muchas personas, lo he vivido en primera persona, sienten cierta lastima por la gente, que como yo, vivimos una vida nómada y sin familia,  una vida que denominaríamos como no convencional. Lo cierto es que yo también siento lástima por ellos, que nunca podrán experimentar la libertad de no sentir ningún tipo de atadura y poder observar la riqueza de paisajes de este hermoso país. La tranquilidad de no sentir añoranza de un lugar, mas por el contario, sentir el privilegio de pertenecer a todos y a cada uno de los nuevos parajes en los que me encuentro. El sentir esa infantil emoción en cada nueva ruta que emprendo, en cada nuevo rincón que descubro. Si, puedo decir que soy un hombre afortunado. 

Aunque pueda parecer contradictorio, pienso que el llevar una vida itinerante y el pasar fugazmente por los lugares, a algunos de los cuales probablemente nunca volveré, hace que mis sentidos estén más receptivos y perciban con mayor frescura su esencia. Seguramente las personas que habitan toda su vida en un mismo lugar no logran captar los pequeños matices que dan personalidad a un sitio, por el contrario, estos con la rutina se vuelven vulgares y desgastados. Esta particular manera de sentir los parajes en los que me hallo, me permiten mantener la ilusión de estar vivo y tener una mirada un tanto ingenua y pura del mundo que me rodea.

Lo que más me ha ensañado esta vida que llevo, es asumir que no hay certezas, es más, tengo bastante claro que la no certeza es la esencia misma de la vida.  La vida sedentaria y acomodada de la gente “normal “, es solo un sueño del que muchos despertarán más pronto que tarde. La historia de la humanidad  nos enseña que la vida es un cambio constante y una lucha por no quedarse atrás, por lo tanto una sociedad acomodada y estancada no tiene más futuro que su desaparición. No pretendo ser ningún Nostradamus, lo cierto es que es ciencia, creo que lo llaman Darwinismo social. El día que esto ocurra, los tipos como yo seremos los ganadores. Si alguien está acostumbrado a la vida de verdad, a la vida con mayúsculas, no a ese sucedáneo de vida en la que vegetan las sociedades modernas, somos nosotros. Los viajantes, los nómadas oportunistas, los expatriados de la “vida “sedentaria heredarán ese mundo en el que la comodidad y la autocomplacencia solo serán un recuerdo del pasado. Vaya, sin pretenderlo, me estoy desviando del tema que pretendía hablar. Solo quería mostrar unas pinceladas de mi vida errante, nada más.  Y sobre todo, que nadie piense que estas son las palabras de un renegado o un antisocial, solo son las reflexiones de alguien que ve la vida desde un ángulo diferente, o más bien desde múltiples ángulos. El vivir una vida nómada te da una perspectiva diferente del espacio y del tiempo, y sobre todo asumes el no dar por sentado nada en la vida.

Por algún extraño motivo, últimamente me veo arrastrado a escribir mis ideas y reflexiones, seguramente porque no quiero que sean fugaces y pasajeras, como lo es todo en mi vida.

Creo que por hoy ya he hablado suficiente, mañana me espera otro largo viaje.

Nota: Si has leído estas notas, será que te hospedas en el mismo motel en el que yo lo hago mientras escribo estas palabras y que has encontrado este manuscrito. Si es así, es probable que seas un nómada como yo y que comprendas lo que aquí digo.

Buen viaje y mejor venta, amigo.  

  

 

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