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3 min
EL VIOLADOR
Varios |
19.10.14
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Sinopsis

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                Cierto violador solía rondar un sendero por el que por la tarde, antes de que el sol cayera, solían pasear las mujeres. Cuando el sol se ocultaba, y antes de que el halo luminoso del crepúsculo se extinguiera, aún se apresuraban las mujeres rezagadas por aquel camino térreo. Era aquel momento propicio cuando el violador planeaba sus asaltos.

Previsto de un pasamontañas, un día se situó al acecho de su víctima tras unos arbustos del camino. Desprotegida y solitaria, la mujer ya había sido marcada de forma precisa y definitiva en los días precedentes. Aquella no era la primera víctima, ciertamente, pero podemos decir que sí fue la última, pues a partir de aquel abordaje se retiró del oficio que, a la postre, tanta humillación le causaría.

La mujer, de cuarenta y ocho años, se demoraba por aquel sendero engrosando su ramo de flores silvestres. No conocía, desde luego, las violaciones que habían acontecido en aquel paraje, y por esa razón, en el momento en que el violador la abrazó por detrás pensó por un momento en una broma de su marido o de su hijo mayor, si acaso. Pero no, aquello no era ninguna broma, el violador había arremetido ya contra su sexo, difícilmente, sin demasiados gritos, con una simple amenaza al oído. Sin embargo, en aquella ocasión todo aconteció de un modo inesperado: de pronto, la mujer comenzó a besar el brazo del individuo, le lamió la mano y comenzó a respirar exageradamente, como corresponde a un acto sexual apasionado. El violador quedó sorprendido por aquella reacción, lo que le alteraba el equilibrio adrenalínico con que había preparado aquel acto violento. Entonces, para su desgracia, una frase sonó vagamente en sus oídos: “Por favor, dime algo bonito, algo cariñoso. Dime que me quieres, que me quieres mucho, dime palabras bonitas.” El violador, cuyas manos de piel blanca dejaban entrever que más bien era una persona de oscuridades, no pudo, ante tal insistencia, más que ponerse a pensar qué podía decir a aquella mujer para que se callara y no le desconcentrara. Mientras su ímpetu sexual se iba tambaleando, el hombre pensaba y pensaba, y su mente incluso recurría a imágenes de hollywood para saciar las expectativas amatorias de aquella mujer. Fueron preciosos segundos los que su imaginación perdió, pues finalmente cuando cayó en la cuenta del absurdo del que estaba siendo víctima, recurrió a lo que tantas otras películas le habían enseñado, lanzando aquel famoso ¡zorra! con el que abandonó el lugar sin haber consumado siquiera el acto, tan potente como se prometía.

A ella tampoco le cayó nada bien aquella huida. 

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  • Muy bueno. De lo mejor que he leido hasta ahora en esta web
    Esta muy bien, pero estaría mejor redactado si se estructuraran correctamente los diálogos. Como: Y ella correspondiendo a tal acto dijo entre jadeos desesperados- Dime algo bonito, algo cariñoso. ¡Por favor!-
    Como siempre, un placer leerte, amigo Joenn. ¡Magníficas letras! Un abrazo y hasta otra.
    Entretenido relato, que invierte los papeles entre agresor y víctima desconcertando al lector que no adivina de antemano el giro que toma la trama. Aunque la escena tiene quizás improbable traducción a la vida real, constituye una acertada introspección de la mente de esta clase de sujetos. Saludos.
    Tiene mucho sentido; el animal salvaje quiere cazar, no que lo alimenten; la violación pierde el sentido si ella lo consciente. Yo no pensé que era una estrategia, más bien me dio la impresión de que la mujer estaba sabía del violador y de hecho lo buscaba. Luego remataste magistralmente con la hilarante escena del violador buscando una frase romántica y finalmente el "¡zorra!", para luego emprender la retirada. Simplemente brillante.
    Valiente relato compañero. Me gusta como das la vuelta a la tortilla y juegas con nuestras bien pensantes mentes. Como dice Umbrio, no me podía imaginar otra cosa que no fuese una estratagema de ella, por lo que el final me ha dejado sorprendido. Personalmente, quizá lo remataría un pelín más. Con alguna frase de ella o pensamiento, que nos hiciera ver más hasta que punto se ha quedado insatisfecha. En definitiva, un buen y muy curioso relato. Cinco estrellas para tu violador(a).
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